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Llega la Navidad, tiempo vacacional para comer turrón y cantar villancicos rodeado de los tuyos pero, un momento, ¿qué pasa cuando los tuyos no están cerca?.
Cosas de la vida en mi familia no hay un sólo madrileño, dividiéndose esta entre canarios por parte de padre y sevillanos por parte de madre. Hasta hace unos años, cuando mi padre conseguía billetes de avión gratis, los Gil teníamos a bien escaparnos una mitad de la navidad a Canarias y la otra a Sevilla alternándose Nochevieja y Nochebuena según el año. Se acabaron los billetes gratis y se acabaron las navidades divididas. Los Gil pasaríamos desde entonces toda la navidad en Madrid.
Canarias, Sevilla, distintas borracheras en distintos lugares, abrazos por aquí, reencuentros por allá. Lo que asi pueda quizá sonar bien, el recuerdo que tengo yo de ese tipo de navidades venía a ser una maratón de visitas a familiares, algunas de ellas sufridas como un parto, que se alejaban bastante de lo que para mí unas vacaciones deberían ser.
Creo que el problema de la Navidad es la propia Navidad. La gente de forma inconsciente tiende a crearse un concepto de ella atribuyendo acontecimientos: Si algo malo ocurrió en la Navidad del 87, las Navidades apestarán porque la gente parece que me obliga a ser feliz cuando lo que quiero es guardar el recuerdo que ese algo merece. Ya no importa que no trabaje y tenga vacaciones, no importa las reuniones con la familia, no importa que me den regalos y coma como en mi vida, no, lo que importa es que tal día ocurrió tal cosa y resultó que era Navidad.
En Marzo me hice un esguince de tobillo. Marzo me parece un buen mes, me molestaría odiarlo por culpa de ese esguince.*
¿La Navidad? A mi me gustan las vacaciones, me gustan los regalos, me gusta comer bien y me gusta que mis hermanos y padres nos reúnamos en una mesa para cenar y hablar porque siento que no necesito nada más. Y sí, odio la gente que canta villancicos con voz nasal, me jode que la crisis afecte a que no encuentre un puto trabajo precario y no a que el alcalde se gaste más dinero que el año pasado en luces, y desde luego no me gusta que la gente espere de mi que me comporte mejor que el resto del año por el vomitivo y forward fenómeno del "espiritú navideño".
Odiar o amar la Navidad no es más que poner en una balanza los pros y los contras de esta. A mi es que me da una pereza siquiera ir a buscar una balanza...
En fin, que feliz 2009 para todos.
* Ejemplo discutible a todas luces. Soy consciente.
Cotidianeidad
Hace 7 horas