domingo, septiembre 03, 2006

¿Y si hubiera entrado Carmen Electra ofreciéndome un vaso de horchata fresquita?

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Sábado por la noche. Acabo de conseguir mi objetivo, EL objetivo. Este consistía en llegar a la meta que me había marcado con mis apuntes y que venía a ser llegar a subrayar hasta la parte de el coordinador, para entonces poder irme a cenar y empezar a escribir esto.

Las fuerzas han flaqueado al final, y es que en las últimas hojas ya he pasado de primero leer lo que iba a subrayar, razonarlo y entonces después subrayarlo, a sin darme casi cuenta subrayar al mismo tiempo que iba leyendo. He caído en esto cuando he subrayado una frase entera que era una absoluta gilipollez y ni siquiera había reaccionado a mitad de frase para dejar de colorear de amarillo. Después, para reafirmarme que llevaba un rato con la cabeza en Cuenca he mirado las dos últimas hojas y me he dado cuenta de que mi criterio de selección (que es para lo que se supone que uso el subrayador) se limitaba a eliminar una frase que estaba entre paréntesis, la cual si que era importante, pero coño, estaba entre paréntesis.

Un poco cabreado conmigo mismo he intentado enmendar mi error y empezar a prestar un poco de atención a lo que estaba leyendo, entonces he tomado una postura de portero de discoteca frente a las palabras que me ha hecho sentirme un poco mejor.

Pero una nueva dificultad se abría ante mí.

Al principio creí que era porque había estado un momento sin tapa, luego creí que estaba apretando muy poco el subrayador contra el papel, pero finalmente borré el autoengaño de mi cabeza y me convencí a mi mismo de que efectivamente, a mi subrayador se le estaba acabando la tinta.

Una vez lo miré con detenimiento lo que me pregunté es como cojones no se había gastado en la primera hoja.



Me faltaban tres hojas en las que debía ir apretando más para poder llegar mi objetivo, a el coordinador. Usando mi poderoso ingenio tapé el subrayador durante un momento para ver si cogía energía, pero nada, a mi joven amigo le faltaban pocos minutos. Como ir a buscar otro subrayador me parecía de cobarde y poco leal, opté por una opción bastante más valida en mi cabeza: subrayar menos. Y es que no solo conseguiria llegar a mi objetivo sino que además me podría ir a cenar antes (un puto genio, sí).

Apretando y escapando a ciertas frases importantes, lo conseguí.

¡Llegué!.

La última hoja hay que mirarla con un catalejo para distinguir algo de amarillo en ella, pero eso no me preocupa, lo que me preocupa es tener que ir a buscar ahora otro subrayador, que mira que como no queden amarillos, con lo maniático que soy yo con eso de “quieromisapuntesdeunmismocolor” puede haber problemas.

En fin, aun confío en que mi pequeño amigo haya repostado en boxes mientras yo he cenado y he escrito esto, el tiempo suficiente como para dejar los apuntes de el coordinador como mi cojín.



El vaso de horchata que está al lado del cojín es gentileza de mi madre. Creo que el verme estudiando un sábado por la noche le ha llegado al corazón y se ha visto obligada a recompensarme de alguna manera, aunque ella solo me haya dicho “¿Quieres un vasito de horchata fresquita?”

Si Carmen Electra hubiera entrado en mi habitación ofreciéndome sexo, me hubiera pensado más la respuesta.

Ayer empecé los exámenes y este que me estoy estudiando lo tengo el lunes, y bueno, el hecho de que estos coincidan con los días en los que mi deporte favorito ocupa las portadas de los periódicos y encabeza los telediarios, es algo que me encanta casi tanto como una buena patada en la boca del estómago.

Mañana juega España la final del mundial contra Grecia y ni ningún coordinador que se preste, ni ningún subrayador chungo, evitarán que yo me la pierda. Faltaría más.

lunes, agosto 28, 2006

Dime lo que escuchas y te diré quien eres

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Estás pensando. Te encuentras tan metido en tus pensamientos que por un momento te parece que no existe un contexto físico que les rodee, solo están ellos, como cuando estás soñando. Una voz en alemán te hace volver a la realidad. Te encuentras tumbado en el sofá de tu casa y llevabas como unos treinta segundos haciendo zapping en la tele sin tener ni idea que estaban echando en alguna de las cadenas que se han pasado por delante de tus ojos, solo ese tío del teletienda alemán con un pelapatatas en sus manos te ha conseguido despertar.

Sobresaltado como si te acabaras de despertar de una siesta, te preguntas a ti mismo: ¿yo no tenía que hacer algo?

Tras maldecir en voz alta, te levantas de un salto del sofá y te diriges a tu habitación a vestirte y es que salir de tu casa tan solo con esos gallumbos de cuadros no estaría muy bien visto. Llegas tarde. Con una mano te lavas los dientes, con la otra te peinas y mientras te intentas poner las zapatillas a pesar de que lo único que estés consiguiendo sea dejarla como una alpargata porque la parte de atrás de la suela no entra si no es con alguna ayuda. Lo intentas empujando con el otro pie. Nada, tienes que agacharte a colocarlas con las manos. La realidad es que has perdido cinco segundos, tu realidad es que por esa mierda de detalle vas a llegar tarde.

Por fin sales de casa poniéndote la chaqueta mientras andas hacia la parada del autobús. El camino se te hace especialmente largo y vayas para la dirección que vayas, el viento siempre te da en la cara. Has quedado dentro de cinco minutos y tardas cuarenta minutos en llegar a tu destino, eso si tienes suerte. ¿Suerte? Esa palabra se ha ido a tomar un descanso en ese autobús que ves marcharse a lo lejos y en el que tú debías ir.

Te tocas los bolsillos y compruebas que no tienes el móvil por lo que tu intención de avisar para decir que llegas tarde se desmonta. Ves que llega otro autobús a tu parada y confías en que tu suerte cambie esperando que sea el tuyo. Nada, te toca seguir esperando.

Te tocaría seguir esperando, pero decides subir a ese autobús el cual ni siquiera sabes muy bien a donde va. No te preocupa no saber en que autobús estás, ni a donde se dirige, lo único que te importa es que por fin estás sentado en ese asiento esperando llegar a un sitio.

Tras un buen rato relajado en tu asiento te levantas y te diriges al conductor para preguntarle que a donde te lleva. Justo en ese momento ves subir a tu amigo Santi:

- Coño Santi, ¿como tú por aquí?

- Pues nada, que había quedado con estos cabrones, pero me acaban de llamar al movil para decirme que al final lo de esta noche nada, ¿no te han avisado a ti?.

- Pues puede que si, lo que pasa es que me he dejado el móvil en casa, asi que como para enterarme.

- Y si no sabias que se habia cancelado el plan, ¿que coño haces en este autobús?

- Pues esperarte, hombretón

- Jaja, deja de hacer el maricón, que sabes que me pone nervioso.

- Bueno y tu ahora que vas a hacer

- Pues voy con los amigos de la facultad, ¿te vienes?

- Ufff, no sé.

- Venga hombre, no te hagas de rogar…

- Venga, vale, me apunto.



Tu timidez siempre te ha hecho desconfiar de este tipo de planes, pero esta vez es diferente.


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Dialogo extraido de la película "En Tierra de Nadie":

- Joder, vaya profesión

- Si...

- Un experto en minas solo comete un error en su vida

- Dos errores

- ¿Y eso?

- El primero, escoger esa profesión.

martes, agosto 22, 2006

Desempolvando

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Me acuerdo que una vez, cuando era pequeño, en vísperas a un duro día de clase de invierno en el que ni siquiera había clase de gimnasia para hacerlo más llevadero, me encontraba yo tumbado en la cama de mi habitación pensando una buena excusa para no ir a clase al día siguiente.

En ese momento mi inspiración se encontraba bajo cero y la única excusa que se me ocurría era la de decir que estaba malo. Tirando de clásicos. Como lo de mentir no se me da demasiado bien y la excusa era esa mierda, decidí descartar la idea de la excusa en sí y quedarme con la esencia del “estaba malo”, así que, pensando en lo eterna que se me hacía siempre la clase de Matemáticas para hacerme más fuerte, me destapé (sabana y edredón included), me quité los calcetines y me remangué los pantalones del pijama hasta las rodillas. Ahora solo tenía que esperar a que la calefacción no fuera demasiado generosa y que el frío de la calle se colara entre las rendijas de mi ventana y los poros de mi cuerpo.

Mi plan no podía fallar, al día siguiente estaría con la fiebre en el punto justo para no poder ir a clase pero si para poder jugar al Street Fighter 2 en la Super Nintendo que le habían dejado a mi hermano esa misma semana.

Me desperté al día siguiente, y entre legañas pude comprobar que estaba tapado hasta el cuello (sabana y edredón included) acurrucado como si se acabara el mundo, y con los pantalones del pijama sin remangar (desarremangado suena bastante mal). Mi plan había fracasado dándome cuenta (y lamentando) que el sentido común no desaparece ni siquiera cuando estamos dormidos.

Últimamente agradezco mucho los momentos previos a dormirme, siempre en estos momentos maquino muchas historias, quizá demasiadas. El modelo de este tipo de historias que se pasan por mi cabeza suele ser el que empezaría por las palabras “Y si”. Digamos que serían el encabezamiento de los sueños ya que todos esos pensamientos giran en torno a situaciones supuestas. Unas veces parto de historias inventadas a las que dejo que la imaginación haga su trabajo, otras veces cojo historias ya creadas pero les cambio el desenlace o meto factores nuevos que hagan que la historia de un giro inesperado y otras veces, las que menos, me limito simplemente a recordar.

Creo que el hecho de que me encanten estos momentos, se debe también a la situación que viene después, que no viene siendo otra cosa que dormir y lo que ello implica. No sé, no sería lo mismo beberse un vaso de horchata y que luego te dieran una ostia, que beberse un vaso de horchata y después tumbarse en el sofá y escuchar tu canción favorita.

A lo mejor no es positivo que una de las mejores partes del día (si no la mejor) venga siendo esa en la que estoy durmiendo, pero esa sensación de despreocupación que se tiene por todo y no ser consciente de nada, me hacen tener la sensación de que si yo mismo fuera un mando a distancia, le acabaría de haber dado al botón de apagado, porque todo lo que hay en ese momento en la tele es una mierda.

martes, agosto 15, 2006

Veremos mañana...

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Hay una canción de Poison the Well que se llama “Apathy is a Cold Body”. La canción me gusta, y mucho, pero creo que lo mucho que me gusta es directamente proporcional a lo tremendamente en desacuerdo que estoy con el título.

¿La apatía es un cuerpo frío?.

La apatía es un círculo vicioso del que resulta enormemente salir y del que uno se empieza a sumergir cuando tiene delante de sí mismo mucho tiempo libre y pocas cosas que hacer a corto plazo. Teniendo esto en cuenta, creo que queda evidente que estos momentos se dan lugar en verano, con mucho tiempo de vacaciones por delante, por lo que aquello de que la apatía es un cuerpo frío me queda bastante lejos. Quizá Poison the Well pillan vacaciones en invierno.

Tiempos de apatía los que corren pues. Los días se suceden sin ningún tipo de plan a la vista, lo que me hace plantearme cambiar de camino, coger uno algo más empedrado, pero la apatía me encierra en esta habitación y solo me deja hacer cosas que sean necesarias y en las que el desgaste de esfuerzo sea mínimo. Si tengo que ir a la cocina, comeré algo que no haya que cocinar. Si tengo que sacar al perro, lo sacaré el tiempo justo en el lugar más cercano. ¿Estudiar? Mañana. ¿Ordenar el desastre que tengo por cajón? Mañana. ¿Hacer limpieza de disco duro en el ordenador? Pufff… Mañana.

Lo complicado de la apatía creo que es la estrecha relación que mantiene con el estado de ánimo. Y es que cuanto más triste o abatido estás, más apático te sientes y esa apatía a su vez provoca tristeza y abatimiento, por lo que salir de ese círculo vicioso resulta complicado a veces.

Personalmente, en los días de apatía me veo más feo en el espejo.

Pero entonces que pasa ¿qué cuando estas hasta arriba de cosas que hacer, te quejas y cuando no tienes nada que hacer también?

Esa es la cuestión, en que ambas cosas tienen su lado negativo sobre las que sacar una crítica constructiva. Y creo que ahí es donde estoy intentando llegar, en ponerme a parir e intentar esclarecer que es lo que tengo por delante, para conocer el problema y así salir de él.

En baloncesto hay un término conocido como “scouting”, y viene a ser el seguimiento que hace un equipo sobre el equipo contra el que va a jugar para conocer así sus puntos débiles para atacarlos mejor, y conocer también sus virtudes para estar más preparados ante estas.

Digamos que este texto ha empezado a ser un “scouting” sobre mí mismo en el momento en el que he empezado a escribir, y es que la apatía, entre otras cosas, también me quita las ganas de poner un dedo encima del teclado.

lunes, agosto 14, 2006

Gracias por su visita Sr. Gil

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Hasta hace cosa de un año conceptos como: Visa Electrón, Cajero o “esperad un momento que tengo que sacar pasta”, estaban tan alejados a mí como lo pudiera estar la vida sentimental de Inmaculada Galván o los controles antidoping de la clásica de Alcobendas.

A causa del comienzo de mi actividad en el mundo laboral a principios de Octubre del año pasado, me saqué una de esas tarjetas de crédito. Y si me dicen que es de débito me lo creo, porque a pesar de que me han explicado mil veces la diferencia entre una y otra, es una de esas tantas cosas que se cuelan en un importante vacío en mi memoria y consigo retenerlo por un margen de tiempo que tampoco consigo recordar, pero el cual sé que es muy corto.

Hoy por hoy, en cambio, tengo esos tontos debates conmigo mismo y por lo que he podido hablar con otros usuarios de este trozo de papel charol, ocurre con bastante frecuencia. Hablo de las dos posibilidades que se presentan cuando toca sacar dinero que vienen a ser:

1) Sacas lo justo para gastarlo y no desparramar en exceso ¿Qué pasará? Que acabando la noche te entrará un hambre horrible y no te llegará el dinero que tenías en la cartera por lo que te cagarás en la puta por no haber sacado más en su momento.

2) Sacas dinero de más acudiendo al siempre recurrente “por si acaso”. ¿Qué pasa entonces? Pues que “por si acaso” unos cojones. Crecido por lo bien que te lo estas pasando, abres la cartera y sin pensar en las consecuencias sueltas pasta a diestro y siniestro. Con la boca seca, resacoso, y tirado en la cama recuerdas el dinero que has gastado y maldices a Inmaculada Galván y a toda su familia.

Este jueves pasado opté por la segunda opción pero con lo agradable excepción de que no gasté casi nada por lo que mi cartera llegó a casa bien surtida de dinero.

Un momento, ¿he dicho “llego a casa”? Error.

Si con el abono transporte ocurre que se pierde cuando es principio de mes, la cartera la perderás cuando la tengas de pasta hasta las trancas.

Tras haber estado un par de días con el puteo en lo alto del cuerpo una llamada inesperada de Nieves me decía que la cartera estaba en su casa, que me pasara a recogerla.

Puf.


Aprovechando la aparición de Nieves en el blog comento que mañana se va durante un año a Mississippi (que no se si escribe así) a estudiar, disfrutar y en definitiva, a vivir.

A modo del impertinente “puedo saludaaaaaar” que se oye en algunos programas de televisión, saludo desde aquí a Nieves deseándola mucha suerte en esta aventura.




Take care my friend.

lunes, agosto 07, 2006

¿Quién observa al observador?

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J: - Mira tío, se ha subido la hermana del Carlos

S: - ¿La hermana de quién?

J: - ¡Del Carlos!, el que vive al lado del quiosco y tiene unas ojeras que flipas y una camiseta de Blind Guardian.

S: - ¡Ah coño! Ya se quien es… ¿y esa es su hermana?

J: - Si, y no puede darme más asco.

S: - ¿Y eso?

J: - Pues por nada en especial. Por existir supongo. ¿No hay veces que alguien te cae mal por que sí?

S: - No. Si acaso me cae mal alguien por algún estúpido motivo que es ajeno a él y me hace crear contra el cientos de prejuicios.

J: - Si bueno, creo que en realidad a eso me refería

S: - ¿Si? Y cuales son esos estúpidos motivos.

J:
- Mmmmm, no sé espérate que piense… Vale, ¡lo tengo! Creo que es su escote.

S: - ¡Ostias!, ¿su escote?

J: - Si, su escote. Y en realidad nunca me lo había planteado hasta que me has hecho pensar en ello…

S:
- ¿Y qué coño le pasa a su escote?

J: - Me traumatiza. Esa línea que va desde su cuello hasta su ombligo sin hacer ningún alto en el camino y del que parece sentirse tan orgullosa... Dios, lo siento, pero no lo puedo aguantar ¿y sabes lo peor de todo?

S: - ¿Qué?

J: - ¡Que no puedo dejar de mirarlo! Tiene una especie de extraño imán que a pesar de que la primera vez que lo he visto me ha dado muchísimo asco, no puedo evitar mirarlo tres o cuatro veces más.

S:
- Joder… ¿no será que te gusta?

J: - ¿Te refieres al escote o ella?

S: - Yo que sé, dímelo tú.

J: - Quita quita, que me está viniendo un sudor frío hiperchungo.

S: - ¡Coño mira!

J: - ¿Qué pasa?

S: - Se ha subido Emilio… ¡y está saludando a la hermana de Carlos!

J: - ¡Coño! Cuidao no mires, que vienen para acá…



E: - ¡Hey! ¿Que pasa tíos?

J: - Pues ná, aquí…

E: - Mirad, esta es Nati, la hermana de Carlos…

J y S: - Hola

N: - Hola... Yo a ti te conozco.

J: - ¿A mi?

N: - Si, eres el hermano de Nacho, ¿no?

jueves, agosto 03, 2006

Si yo fuera rico

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Si algo tiene el ser humano es capacidad de adaptación.

Notas que tu estómago parece removerse. No te preocupas hasta que prestas atención al sonido que de él sale.

Blrrrrrrrruuuuuuuarrrrrrrr.


Con tu culo ya en la taza del váter estiras el brazo para alcanzar el revistero y hacer más ameno el viaje. Doblas tu espalda hasta que alcanza el tope y sorprendido por lo que ha dado de si, sigues sin llegar al revistero. Optas por el plan b, y echando la espalda hacia atrás y sin mover un solo centímetro tu culo de la taza, estiras la pierna, el pie… EL DEDO GORDO DEL PIE, llegas al revistero lo suficiente como para darle un leve empujón hacia donde te encuentras. Con el objetivo ahora más asequible, vuelves al plan a y con la punta de los dedos consigues hacerte con una revista. En ese par de segundos en el que por fin te has hecho con ella no importa la revista que sea, ni el día en el que fue publicada, lo que importa es que está entre tus manos.

La revista digo.

Suspiras por el éxito de tu hazaña y miras entonces cual ha sido la recompensa: Saber Vivir, con Eugenia Martinez de Irujo en portada y un titular que cita algo así como:ADELGAZA SIN PASAR HAMBRE; con la dieta de refuerzo de Saber Vivir.

Una vez te has cagado en la puta, abres la revista y la hojeas (que no ojeas) intentando encontrar algo de provecho. Llegas a la página 57, pasando las páginas de tres en tres, acabas la faena y sudoroso, más por la revista que por otra cosa, sales un tanto cabreado de ahí y piensas: Algún día pondré alguna revista nueva. Y lo piensas a pesar de que sea una trola tan grande como la de la propia portada del Saber Vivir.

Sofocado llegas al sofá del salón y te sientas estirando las piernas en esa mesa, la cual agradeces que sea de mármol por el frescor que desprende. Enciendes la tele y una sensación de deja vú (de ese) te invade cuando en las noticias de Antena 3 te encuentras con una de esas imágenes partidas. A la izquierda Susana Grisso y a la derecha el típico reportero con camisa azul que empieza a hablar algo perdido, y en cuya espalda se encuentra una playa plagada de sombrillas y quizá algún chiringuito al fondo.

- Temperaturas altas en toda la costa ¿no es así, Paco Roselló?
- Emmm.... Asi es Susana, el calor es asfixiante aquí en la playa de bla bla bla bla bla bla bla…


Da paso entonces al mismo video de mierda que a ti te ha parecido ver quinientas mil veces en el que el periodista pregunta a dos veraneantes por el calor. Después lo de siempre, imágenes de la gente en la playa con abanicos y la siempre recurrente tía haciendo topless para que no decaiga el reportaje. El reportaje.

¿Y cual es el fin de este tipo de reportajes?, ¿Informar de que hace un calor de tres pares de cojones? La idea me parece tan absurda que me apoyo en la teoría de que esos reportajes existen para hacer ver que no somos los únicos a los que nos está puteando el calor.

Y es que ya se sabe: Mal de muchos, tia haciendo topless en una hamaca.

Vas a la nevera, bebes agua, maldices que de tres botellas no haya ninguna que lleve más de dos minutos metida en la nevera.

Hace cuatro días estaba en el campo agradeciendo cualquier mínimo detalle y hoy me putea las mismas cosas que me han puteado siempre, y me doy cuenta que la capacidad de adaptación es innata al ser humano, y más cuando esta capacidad de adaptación va unida al concepto de comodidad.

Si yo fuera rico…


No quisiera cerrar el post de hoy sin recomendar el blog de mi amigo Litos, que ha nacido hace nada (el blog, no mi amigo) y que promete estar en la órbita de la bloggosfera:

www.kanalua.blogspot.com


Suerte Sr. Márquez.

lunes, julio 31, 2006

Ah bueno

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Para explicar bien todo lo vivido durante estos quince días necesitaría que alguien metiera un cable USB en mi cabeza y que ese alguien fuera sacando toda las ideas y sensaciones que tengo dentro, ya que ahora mismo tengo la sensación no solo de que se me ha olvidado escribir, sino que lo vivido me ha desbordado de tal forma que es imposible explicarlo de una manera medianamente fiel a la realidad. Sea como sea, lo voy a intentar.

La vuelta a casa que tuve ayer fue la más extraña que he tenido en toda mi vida. Me sentía como el típico protagonista de la película de sobremesa de un sábado en telecinco, en la que un indio llega a la ciudad tras haber pasado toda su vida rodeado de árboles y animales.

La única luz nos la proporcionaban las linternas, los lumos de gas o las velas o mecheros. El agua potable la recogíamos de un pueblo cercano en bidones y cuando te tocaba beberla rara era la vez que en el recipiente no veías flotar a media fauna de Logroño dentro de el. La no potable, que usábamos para bañarnos cuando venían las olas de calor, para ducharnos a base de champú y regaderas o para hacer la colada ayudados por el jabón lagarto, corría de parte del río Najerilla el cual nos hacía recordar a nuestros endurecidos pezones la grandeza del agua caliente. El cuarto de baño se resumía a un pequeño habitáculo construido con maderas, tela y un importante hoyo donde dejar tu aportación al medio ambiente. La cama como es de suponer, constaba de una esterilla de tres centímetros de grosor y un saco con el que taparse hasta el cuello ya que por las noches el frío que hacía allí se mezclaba con un rocío exagerado para una urbanizada mente como la mía. Despertarse sin ninguna picadura era una suerte de la conseguí escapar los primeros días. Aún hoy tengo los brazos como si de una camisa de Paco Clavel se tratara.

La frase de: Si la vida te da limones, haz limonada, se convirtió en profética durante estos días y cualquier mínima cosa que en Madrid solo serviría para darle patadas en dirección a una alcantarilla cercana, allí se hacía imprescindible para facilitar alguna importante labor.

Y si las pasamos así de putas: ¿Por qué ahora estoy tan abatido y tengo ganas de irme corriendo a la selva con la única compañía de un taparrabos?

La zona donde acampamos estaba rodeada de montes lo que hacía que por las noches la oscuridad fuera muy cerrada. Al tumbarte al suelo y mirar hacia arriba te perdías entre las incontables estrellas que había y te daba la sensación de que estabas en el planetario. En esos momentos en el mundo no existía otra cosa que no fueran el cielo y tú, y quizá el ruido de la corriente del río que relajaba tu ya de por sí tranquilizada cabeza.

En el campamento no teníamos cobertura, ni radio, ni periódicos ni ningún tipo de información del exterior. En una escapada al pueblo pude enterarme de un par de fichajes de fútbol lo cual no me importaban un carajo y por encima también me enteré del ataque de Israel a Líbano. Quizá de una forma egoísta tras enterarme de todo esto las ganas de no saber nada de lo que pasaba a mi alrededor se multiplicaron.

Así pues puedo decir que durante quince días he vivido en un paréntesis, conviviendo con unos amigos que han conseguido fortalecerse aún mas y conociendo a gente con la cual he compartido cosas que con gente que conozco de hace años aún no he compartido. A todos ellos, gracias.

En cuanto a la experiencia como cocinero, puedo decir que me he desenvuelto mejor de lo esperado, gracias eso si a la ayuda de un cocinero que ya llevaba un campamento del mismo estilo a sus espaldas y a otra cocinera que apareció la segunda semana y que facilitó enormemente el trabajo. Solo tuvieron lugar un par de incidentes, uno de ellos fue que se chamuscó el chorizo en la sartén y salieron hechos unos torreznos, eso sí, a algunos les encantó y ya piensan comercializarlo en forma de snack. El otro incidente tuvo lugar con unas natillas que quedaron ligeramente chamuscadas. Por lo demás, bastante bien.

A pesar de los: “¿Queda mucho?” “¿Qué hay de cenar?” “¿Me das un poco?”, que podía escuchar diez veces por segundo cuando estaba cocinando, voy a echar mucho de menos a los niños que andaban por ahí y que alguno me ha dejado con la sensación de que era el hermano pequeño que nunca tuve.

De vuelta, ya en casa, empecé a flipar con ciertas estupideces como el hecho de mirarme al espejo, y es que allí no me veía la cara en todo el día salvo los dos segundos en los que me ponía las lentillas. O darle a un interruptor y encender la luz, o beber agua sin tener que preocuparme de cuantos bichos me iba a tragar. Lo que se aprende a valorar y agradecer las cosas cuando no las tienes es algo que hay que vivir para entenderlo (teníamos una guitarra a la que se le rompieron tres cuerdas durante el campamento y no te lamentabas de que faltaran tres cuerdas, sino que agradecías que aún le quedaran las otras tres)

Tras estas primeras impresiones llegó el DPC.

El DPC era algo de lo que me hablaron los amigos que ya habian acudido a este tipo de campamentos, y no era otra cosa que las siglas de las tres primeras cosas que haría cuando llegara a casa ya que lo echaría de menos tras quince días en el campo.

D: Ducha
P: (¿hace falta que lo diga?)
C: Cama

Posibles variantes dentro del DPC, como PDC, CPD, DPPPC, todas validas y agradecidas.

Y aquí termino con el relato de lo que han sido estos quince días. Han pasado 24 horas desde que llegué, pero van a tener que pasar muchas más para abandonar estas ganas de irme a vivir al Amazonas.

Os echo de menos, JODER.

jueves, julio 13, 2006

Aprieta el culo. Llegan curvas.

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Ayer fue un día complicado en cuanto a conciliar el sueño se refiere. Sudé, di vueltas sobre mi mismo, di vueltas a la almohada, me levanté a beber agua (mis ojos estaban completamente achinados por el daño que me hacía la luz y es que llevaba ya un buen rato a oscuras), me volví a acostar, el calor en el ambiente hizo que sudara más y el sudor hizo que me entraran unos extraños escalofríos que intentaba solucionar tapándome con la sábana y ya de paso sentir lo agradable que me resulta dormir con ese ligero peso sobre mi cuerpo. Nada, lo único que conseguía era tener más calor.

Desesperado volví a encender el ordenador y me puse una película. A mitad de esta, pude ver entre mi persiana como asomaba la luz de un nuevo día que me hizo caer en la cuenta lo asqueroso de la situación.

Cuando acabó la película, a las ocho y media de la mañana, era ya completamente de día, ya entonces me volví a acostar y tras unos minutos en los que maldije a los gorriones que cantaban en el patio que da a mi ventana, me dormí.

Creo que el tiempo es el factor que hace que nuestros sentimientos más impulsivos pierdan intensidad.

No hay más que ver a aquellas parejas que rompen tras muchas discusiones y problemas y que siempre dicen aquello de “no vuelvo a ver a un tío/a en mi vida”. El tiempo es aquel que hace que el tío que acaba de salir de una relación complicada, se empiece a plantear que no necesariamente todas las relaciones han de ser así.

Yo cuando me peleaba con mis hermanos (lo voy a poner en pasado para parecer un tio maduro de esos), siempre intentaba guardar cierta sensación de rencor dentro de mi, por lo mucho que me habían llegado a cabrear. Orgullo que lo llaman algunos. Al principio ese rencor me salía de forma natural, no tenía ganas de verles, ni hablarles, pero poco a poco ese rencor se iba haciendo más artificial y quizá se me escapaba alguna pregunta a estos como si nada hubiera pasado y después me decía a mi mismo “Mierda, ¡si no te hablabas con el!”.

Otro ejemplo:

Al acabar el bachillerato, muchos de los que nos conocíamos e incluso éramos buenos amigos, perderíamos ese contacto obligado que teníamos que no era otro que el de vernos en clase. Para no perder el contacto posponíamos el vernos fuera, quedar para tomar algo, esas cosas que se dicen. Con el tiempo estructuras tu vida ajena a aquello, y lo que al principio eran ganas de ver a toda esa gente luego se reducía a la simplicidad del concepto de selección y los que quedan son los que te ha unido algo más que la casualidad de coincidir con ellos en un aula. Algo como la amistad.

Y tras estas dos polladas de ejemplos digo que yo, que soy de mala memoria, olvido rápidamente lo mal que lo paso cuando no consigo conciliar el sueño y siempre creo que será menos malo de lo que en realidad es. Es por esto que en el momento que lo estoy pasando mal me digo “joder, ni un puto día más. Hay que coger el horario de sueño”, pero con el paso del tiempo, en frio, me digo… “bueh!, no será para tanto”.

Y ya son más de las 4.

Para acabar con el post comentar que el blog va a andar cerrado hasta el 1 de agosto o por ahí, y es que mañana trabajo todo el día de segurata en el festival del Summercase y después de este me voy prácticamente del tirón a un campamento a hacer de cocinero.

Serán 15 días en el campo en un pueblo perdido de La Rioja, y al más puro estilo superviviente conviviremos entre árboles, sin electricidad y supliendo las duchas por regaderas y las lavadoras por jabón lagarto.

Ya contare cosicas cuando vuelva, y es que no sé si buena o mala, pero esto será una verdadera experiencia.

Y me voy a dormir.

lunes, julio 10, 2006

La colina de Beberly

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¿Su nombre?



Brenda Walsh.

La pared de mi habitación esta contigua a la del salón, y a la tele del mismo, por lo tanto, en cuanto el volumen de la tele se sube más de lo normal me toca utilizar mi puño como mando a distancia dando dos golpes a la pared a modo de “¡baja eso!”. Otras veces en cambio me toca aguantarme porque hay ciertas horas intempestivas que es más normal ver la tele, que estar durmiendo.

Me encontraba el sábado tendido en la cama, con la boca seca y los ojos a medio abrir, cuando empecé a escuchar la tele. Ese sonido acartonado que aún no podía diferenciar muy bien me estaba despertando, y la duda se apoderó de mí ya que no sabía si aporrear la pared con las dos manos porque aún estaba medio dormido y probablemente fuera muy temprano o aguantarme porque sería una hora normal para que alguien pudiera ver la tele sin sobresaltarse. Así que, para averiguar que hora era sin tener que moverme para alcanzar el móvil, o encender la luz para mirar el despertador, presté atención a lo que se podía escuchar al otro lado de la pared para guiarme a través de la programación televisiva:


- Joder, desde aquí no puedo oír nada, me voy a acercar más a la pared. Aquí mejor… ¿Lomo?¿Aceite de oliva?... Coño, este va a ser el Arguiñano. Va a ser que no es tan temprano…
- Un momento… esta no es la voz de Arguiñano. ¡Ah, joder!, este es el cocinero enzarpado ese de La 2 que invita a famosos a cocinar con el. Si.. si, va a ser ese…
- Pero… ¿este tío no estaba por las tardes?¿le han cambiado de horario?
- Y si…

En ese momento, con la mosca detrás de la oreja, alargué el brazo para coger el móvil y ver así la hora:

Las 18:38.

Llevaba 14 horas seguidas durmiendo a causa del sueño acumulado y aún tenía la sensación de poder dormir un par de horas más. Seguí unos cuantos minutos más tirado en la cama sin entender muy bien como nadie me había venido a despertar para comer o para comprobar que no estaba muerto.

Probablemente a causa del aturdimiento que tenía en mi cabeza llegué a un tipo de pensamiento que poco sentido tenía y era el parecido razonable que encontraba entre el hermano de Blossom, aquel joven drogadicto con la nariz algo menos alargada que la de su hermana y tupé y Jason Prestley, aquel que hacía el papel de Brandon Walsh en Sensación de Vivir y que también llevaba tupé. Y que además era hermano de Brenda.

De Brenda Walsh.

Hay algunos pensamientos que mecánicamente y en cuestión de segundos me llevan a recordar otros. Yo que se:

Kebab ---> Mancha

Lorenzo Sanz ---> Ojeras

The Cure ---> Robert Smith

Abre Fácil ---> Mentira

Brandon ---> Brenda


¿Y que coño pasa con Brenda?
– pensarás.

Brenda fue la primera tía de la que me enamoré
. Y no hablo de Shannon Doherty (su nombre real) si no de aquella actriz que siempre estaba enamorada de Dylan. Lo que me encandiló creo que fúe la cara de inocente que tenía pero que en el fondo todos sabíamos que era de mentira, y es que la Brenda de hoy, la que salía en Embrujadas, esta buena si, pero las tetas operadas y los treinta y tantos le hacen quedar como una tía buena más.

Asi que eso, hoy el blog dedicado a Brenda.

Y bueno, a partir de hoy quito lo que está sonando porque he conseguido colar una lista de lo que estoy escuchando debajo del almacenaje. Pa que os metais conmigo.

jueves, julio 06, 2006

So Many Nights

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Me sitúo lejos, en un campo de trigo de Castilla La Mancha. Hablo de uno de esos campos que uno puede ver cuando sube a un avión y mirando hacia abajo se da cuenta que no todo el país está formado de edificios y urbanizaciones. O cuando nos encontramos en el coche en uno de esos largos viajes a la playa y mirando a través de la ventana lo podemos ver en un ambiente desértico y bastante desolador.

En uno de esos campos hay una casa. Una pequeña casa rodeada de campo, de sol, de un viejo tractor y de una silla en la que se encuentra un señor mayor. Lo has podido ver fugazmente a través de la ventana de tu coche, pero lo has visto. Allí estaba él, mirando su cosecha con la única compañía del ruido de los coches que pasan por la carretera de al lado, el chirriar de los grillos y quizá una radio o alguna vieja tele.

Cambio de escenario. Me sitúo ahora en la casa de Ana Frank durante la segunda guerra mundial. Ajena al mundo que la rodea con la única información de una radio que puede escuchar en contadas ocasiones como si del mayor de los lujos se tratara, Ana escribe en su diario lo que le va aconteciendo a lo largo de la semana en su casa con una precisión matemática.

La capacidad de observación es algo que personalmente admiro mucho y creo que determinadas características como puedan ser la soledad, o la falta de recursos, pueden agudizarla de forma muy palpable.

Este post, que resulta ser el número 100 del blog, coincide con el primer año de vida del mismo. Para poner un poco de coherencia entre los primeros párrafos y este cumpleaños, diría que este blog, durante este año y estas 100 entradas, me ha servido para parecerme más a ese señor mayor que mira a su campo de trigo sentado en su silla o a la propia Ana Frank. Sin pretenderlo he agudizado la observación de los pequeños detalles que me rodean dándome cuenta de que en realidad estos no eran tan pequeños como yo creía y he conseguido muchas veces, por medio de la escritura, reestructurar algunos pensamientos que tenía dispersos por la cabeza.

Y para expresar lo siguiente, no voy mas que a copiar y pegar un diálogo de una grandísima película de esas que me ha respondido a muchas preguntas que ni siquiera aún me había planteado. La peli, “Antes del Amanecer”:


“Normalmente es de mí de quien quisiera huir. En serio piensa esto:

Nunca he estado en ningún lugar, donde no estuviera yo.

Nunca he besado a alguien sin ser uno de los que besaban y nunca he ido al cine sin estar entre el público.

Nunca he ido a jugar a los bolos sin estar allí contando algún estúpido chiste… Por eso tantas personas se odian a si mismas. Es porque están hartos de estar consigo mismos. “



Para aclarar a donde quiero llegar con este párrafo diría que yo nunca he leido algo mío, sin ser yo el que lo había escrito. Es esa una de las razones por las que me resulta difícil ser crítico conmigo mismo y cuesta diferenciar lo bueno de lo malo cuando el que lo ha escrito es uno mismo. Con el paso del tiempo he intentado escapar un poco de esta sensación acogiéndome a aquello de que lo lo importante es lo más o menos a gusto que me haya quedado después de haberlo escrito.


No me queda mucho más por decir, simplemente agradecer a todas las personas que me han leído y han dado constancia de ello, ya que digamos que si yo fuera el oculista del blog, y los post fueran la visión, esos comentarios me han servido como unas gafas que quizá algunas veces hacía falta graduar, pero que aún así seguían siendo unas gafas (que están caras, coño)


Sudoroso, con pocas horas de sueño por delante (dos y media para ser exactos) y un mosquito empotrado en la pantalla de mi ordenador, me despido hasta el próximo post.


Suena: Kwoon – Eternal Jellyfish Ballet

miércoles, julio 05, 2006

Historias mínimas

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De una forma extraña siento como este año que ha acabado (entendiendo por año el periodo que va desde el final de un verano, hasta el principio del siguiente) no ha sido sino más que una etapa de transición. Aquí me encuentro hoy, mirando atrás y viendo que mi tiempo libre se reducía a pequeños ratos por la tarde, y otros tantos bien entrada la noche.

Clase, trabajo, entrenamiento y vuelta a empezar…

Esos tiempos acabaron, momentáneamente claro, y es que un día como hoy mi vida se ha parecido mucho al concepto de tirao que siempre he tenido de mi mismo, pero aprovechando y pudiendo hacer cosas que durante el año, o bien no me daba tiempo a hacer, o bien no tenía ni puta gana por el cansancio acumulado.

Una de esas cosas ha sido poder sacar a mi perro. Y bueno si, para sacar al perro siempre hay un hueco por muy ocupado que uno esté, lo que quiero decir es que por fin puedo sacar al perro en condiciones.

Con el calor que hace, Rey siempre ocupa los lugares más frescos de la casa para dormir. Estos vienen siendo el suelo de la cocina y el del cuarto de baño. Los alterna frecuentemente y si no está en el baño, probablemente pueda notar aún en el suelo de la cocina una zona más caliente donde habrá dormido durante largo rato. Y viceversa.

Mi perro como ya he dicho se llama Rey, pero si quieres que te haga caso cuando estas en casa no intentes llamarle por su nombre, no, llámale o “¡VÁMONOS!” o “¡TOMA!”, También son recurrentes el “a la calle” o “a comer”. Es pronunciar una de estas palabras y ya puede estar en el séptimo cielo y roncando como un animal, que se levantará disparado hacia donde te encuentres y te seguirá de un lado para otro hasta que cumplas con tu palabra. Una vez aprendida esta lección yo siempre me visto, me pongo las zapatillas, las lentillas, cojo las llaves y entonces ya le digo que nos vamos, si no hacer todas esas cosas con el metiéndose entre mis piernas puede ser una tarea digna de prueba de Humor Amarillo.

Una vez cuando estaba sacando a Rey, una niña me dijo con su madre al lado:

- Ayyyy que bonitoooo, jo, ¡yo quiero uno! ¿A que no es muy aburrido sacarlo?

Personalmente creo que hay muchísima distancia entre lo que pudiera ser la pregunta “¿es muy aburrido sacarlo?” a la de “¿a que no es muy aburrido sacarlo?”. Si bien con la primera pregunta pensaría mi respuesta, de la segunda forma contestaré “no, no es muy aburrido” prácticamente por inercia.

Lo cierto es que ahora que de alguna forma saco a Rey de verdad, y no simplemente para mear como hacia en tiempos de guerra, puedo asegurar que no me resulta nada aburrido y es que incluso en más de una ocasión siento que es Rey el que me saca a mi. Ya le hemos enseñado a que se siente y de la patita, a ver si conseguimos que diga “¡Vámonos!”.

Del momento de sacarle, si que hay uno del que todo dueño ha intentado hacer como que-no-ha-visto-nada y es el momento en el que toca sacar esa bolsa negra. Como bueno cagón que es mi perro siempre llevo dos o tres de esas bolsas en el bolsillo, y una cosa he aprendido: Siempre, SIEMPRE, hay que abrir la bolsa negra antes de salir de casa. Y es que si bien cuando estés en tu casa abrirás la bolsa sin ningún tipo de problema, basta que te encuentres en la calle, a punto de recoger el pastel para que esa bolsa tenga un cierre hermético que muchas bolsitas de ketchup del McDonalds envidiarían.

La imagen de una persona abriendo una bolsa de plástico delante de…en fin, de eso, durante unos minutos, es la imagen que encontraría cualquier persona en el diccionario al lado de la palabra: Bochornoso.


Y bueno, para cerrar este insulso post recomiendo desde aquí una película argentina que ví ayer a eso de las 3 de la madrugada:



Que una película me consiga despertar tantos sentimientos mostrando tres historias tan cotidianas y normales, merece al menos una mención por mi parte. Esta es.


Suena: Kwoon – I Lived on The Moon

jueves, junio 29, 2006

El cielo

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Estábamos a punto de volver de las vacaciones, el trayecto sería Matalascañas – Sevilla. Una hora en coche nos esperaba por delante la cual parecía más larga de lo que en realidad era, debido a que en los tres meses que estuvimos allí no habíamos montado en un coche durante más de diez minutos seguidos.

Mi madre llevaba ya un buen rato sin parar de moverse de un lado para otro de la casa. Siempre se pone especialmente nerviosa y de mala leche en los momentos previos a un viaje y una de estas consecuencias es tener que revisarlo todo quince mil veces para comprobar que está en orden.

En una de esas ochocientas vueltas que dio se encontró con mi abuela de pie en medio del salón, ya llevaba así un buen rato y no parecía que tuviera intención de sentarse. Al verla mi madre, con un tono mas de petición que de queja, le dijo algo así como “¡Ay! ¿Por qué no te sientas?, ya llevas de pie un buen rato…” a lo que mi abuela respondió, “Hija, voy a estar una hora entera sentada sin casi poder moverme, deja que me canse de estar de pie hasta que entremos al coche…”

No puedo explicar muy bien por qué la respuesta de mi abuela me pareció lo más sensato que había oído en muchísimo tiempo. Hoy por hoy, cada vez que voy a clase en transporte público y me toca estar de pie porque todos los asientos están ocupados, recuerdo las palabras de mi abuela y me animo a mi mismo recordando que será mucho mejor coger asiento cuando me haya cansado de estar de pie.

Una vez entramos al coche en ese mismo viaje, pude ver a mi abuela mirando al cielo. Cuando dejó de mirar me dijo que el cielo estaba enladrillado. Miré entonces al cielo esperando que, por sus palabras, el cielo estuviera nublado y con una tormenta próxima a nosotros.

Cuando mire hacia arriba lo que pude ver fue algo así:




Volvía ayer de ver el partido de fútbol con alguna cerveza que otra de más, me bajé del autobús ya en mi barrio y de repente noté como una gota de agua del tamaño de pelota de golf caía sobre mi espalda. “¿Quien me ha escupido?”, pensó el borracho que relata la historia. Antes de que pudiera caer en la cuenta de la tontería que acababa de pensar, otras dos gotas de agua cayeron sobre mí. Saqué el lado racional que llevaba dentro y miré al cielo pensando que aquello que caía quizá no eran escupitajos, sino que probablemente fueran gotas de lluvia. Así era. El cielo estaba totalmente encapotado, y apareció el olor tan característico a asfalto mojado que precede a la tormenta.

“Bueno, menos mal que ya estoy llegando”, pensé. Justo entonces, en el horizonte, el cielo durante dos segundos se volvió completamente morado y un rayo enorme atravesaba ese increíble flash. Al no tener a nadie a mi lado al que poder dar un codazo y decir “joder, ¿has visto eso?”, no pude hacer otra cosa que llevarme las manos a la cabeza y gritar: “¡JODER!”

Empezaba a llover entonces con mucha fuerza, ya veía el portal de mi casa al fondo, pero esperé de pie mojándome como un cabrón, a ver si conseguía ver otra vez aquel increíble relámpago.

Volvió a suceder, con menos fuerza que la anterior vez. La lluvia sin embargo caía muy fuerte por lo que me hice los pocos metros que me quedaban hasta casa corriendo…

Y me acordé. Me acordé de lo increíblemente enladrillado que me parecía que estaba el cielo y me dí cuenta de que la mejor forma de mantener vivas a las personas, es recordándolas.



Suena: Eyes Of Fire – Dead to the World

domingo, junio 25, 2006

Viceversa

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Era jueves por la noche y apenas corría el aire por la estrecha calle donde nos encontrábamos. Ahí estábamos unos cuantos amigos charlando de cosas intrascendentes la mayoría de ellas y que solo recordaríamos de casualidad a lo largo de la noche.

Resultó que al rato se produjo una de estas casualidades.

Me contaba un amigo, en un contexto que le excusaba de parecer un fantasma, como una vez una chica se acercó a el y sin mediar palabra le empezó a besar. Lejos de rechazarla este amigo le siguió el juego o lo que quisiera que fuera aquello.

Pocos minutos después de que este amigo nos contara la anécdota, un grupo de chicas pasó al lado nuestro. Una de ellas se desmarcó y vino hacia nosotros. Sin tiempo a entender que hacía ahí la chica en cuestión, se empezó a acercar a mí por lo que yo la empecé a mirar como intentando acordarme de si era alguna vieja amiga a la que no había visto de hacía tiempo y no lo recordaba. Parecía ser que no. Una vez llegó y se puso enfrente de mí, la rubia me miró a los ojos y me dio un beso en la mejilla.

¿Qué hizo ella después? Irse. ¿Qué hice yo?

Quedarme parado con cara de gilipollas.


Una vez pasado el impacto inicial una pregunta me surgió en la cabeza y fue la de, ya no como hubiera reaccionado ella si el que hubiera hecho eso, hubiera sido yo, sino la de ¿cómo de fuerte hubiera sido el guantazo que me habría dado?


He aquí un post corto dedicado a la reflexión…


Suena: Thrice – Stand And Feel Your Worth

lunes, junio 19, 2006

Los 40

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Son las 4 de la madrugada y me encuentro en la plaza de Cibeles esperando al autobús que me llevará a casa. Mucha gente espera ese mismo autobús que aún no llega mientras que yo intento coger una buena posición para sentarme, de lo contrario seguramente me siente en el suelo del autobús.

Estoy de pie cuando llega, mis rodillas empiezan a temblar de lo excesivamente cansado que estoy. Entre codazos y forcejeos consigo hacerme un hueco y sentarme en un sitio individual. Imagino que tardaré pocos segundos en dormirme y así es. A pesar de lo tremendamente incómodo que me encuentro, estoy tan dormido que parece que estoy muerto, el único que consigue hacerme volver al mundo real es el hilo de baba que noto que empieza a resbalarse por la comisura del labio. Rápidamente miro a mi alrededor y suspiro al observar que nadie me estaba mirando en ese momento…

Miércoles, jueves, viernes y sábado son los días en los que he trabajado en el Vicente Calderón haciendo de segurata para el concierto de los 40 principales. Los dos primeros días la sensación de no hacer nada eclipsaba cualquier tipo de ganas de empezar a hacer algo que no fuera sentarse y darle vueltas a la cabeza…

Los jefes nos colocaban según les venía en gana habiendo unos sitios verdaderamente cojonudos, donde podías hablar con otros compañeros y veías el tránsito de gente y otros sitios completamente solitarios en los que costaba mucho no desquiciarse en las muchas horas que se pasaban allí.

El viernes me colocaron justo delante del escenario, podía ver los ensayos de los grupos que había allí lo cual suponía toda una suerte para algunos, pero nada de eso para mí ya que me tocó estar de pie al sol unas cuantas horas. Lo único que se salvó fue una extraña sensación o sentimiento (no se como llamarlo) que tuve cuando estaba ensayando Bisbal. Empezó a cantar el “Ave María” con toda la coreografía (patadas, tirabuzones de 360 grados… ya sabes) y parafernalia rodeándole. Las últimas notas de la canción llegaban a su fin, la música se elevaba para concluir en un rotundo “¡¡¡¡¡chan!!!!!” cuando acabó la canción… y a continuación, ¿sabeis que pasó?... ¿SABEIS QUE PASÓ?:


NADA

Eso es, no pasó absolutamente nada. Un silencio sepulcral invadía el Calderón, si acaso el ruido del martillo de algún trabajador. Cuando acabó la canción miré a mi alrededor como preguntándome que era aquello tan extraño que estaba ocurriendo y que no llegaba a saber que era, entonces caí en la cuenta que aquello tan extraño se llamaba silencio, el silencio más inesperado posible cuando lo que esperas es una ovación que te haga salir corriendo de allí.


SÁBADO.

Ya habían pasado muchas horas haciendo el paripé vigilando zonas a las que nadie importaba y a en las que jamás nadie se le ocurría entrar y en el caso de que lo hiciera saldría tras comprobar que no allí había nada que ver.

Era sábado, el día del concierto y el día en el que iba a tocar pringar de verdad. Tenía un turno de 18 horas.

Salí de casa a las 7 de la mañana, entré a las 8. Uno de los jefes me puso en una zona ambientada con alfombras rojas y muchas plantas y objetos decorativos. Estaba al lado del set de entrevistas donde los presentadores de los 40 principales entrevistarían a todos los artistas y en seguida me di cuenta de que tuve mucha suerte porque las horas se pasarían sin duda mucho más rápidas viendo al alto standing de la música pop española.

Justo al lado estaba el bar donde me situaron a mi. En ese bar entrarían los que tuvieran la pulsera incdicada a tomarse unas copas después de su actuación. Mi función era controlar quien llevaba la pulsera de color morado o dorado la cual permitía acceder al bar y también controlar que no se sacara bebidas fuera del mismo.

Ya llevaba allí muchas horas muerto del asco cuando por fin empezó a haber más tránsito. Al principio, comentaba con un compañero que tenía al lado, a quien íbamos viendo: “!Eh mira! Los Celtas Cortos” “y ese es Mikel Erentxu…” ostia, ostia… esa es Alaska!”

A medida que pasaba el tiempo ya se veía a los famosos como el que se encuentra con alguien del barrio en otro lugar que no sea el barrio. Como esa sensación de… yo te he visto antes, pero tampoco me importa.

Lo curioso de la noche fue cuando en la puerta, con las piernas ya rotas de la cantidad de horas que llevaba de pie, pude comprobar aquello que gusta tanto de “que famosos eran majos y quienes no”.

Me he dado cuenta que normalmente cuando alguien encuentra con un famoso tiene un concepto equivocado del “es majo” y es que este es majo se confunde con un “es correcto o educado”. Me refiero a que uno no puede saber si alguien es simpático por el simple hecho de que te diga “hola, buenas noches” o que no te muerda la oreja por pedirle que te firme un autógrafo. Digamos que el termino medio estaría entre el ser educado (gente como Sabina, Iván Ferreiro, Malú o Julieta Venegás (o como la conocía “La Juleta Venegas esa”)) que es gente que entra, saluda, no da problemas en que le pidas que te enseñen la pulsera para acceder al bar y se despide cuando se va. Luego estarían los maleducados (Álex Úbago, Antonio Orozco, el guitarrista de Amaral) que es gente que no te saluda cuando entra, y a las cual les molesta que les pidas la pulsera y se quedan pidiéndote explicaciones de por qué no se puede sacar la bebida.

Luego ya en los extremos estarían los que son simpáticos como el de Estopa (cuando le dije a uno de ellos que no se podía sacar bebida, se acabó casi una copa entera del tirón y dijo "ale, se acabó el problema") el guitarrista de la oreja de Van Gogh que se quedó hablando un rato conmigo, los de Pereza (les comenté que era del barrio y claro…) o el cantante de Jarabe de Palo. Y en el otro extremo estarían los endiosados que se creen que por salir en la tele tienen derecho a tratarte como si no existieras, es el caso del presentador de los 40, Tony Aguilar, del cantante de Ketama, de Loquillo o de Miguel Bosé.

Y luego, independiente de todos ellos se encuentra él.

Francis Lorenzo.



Aún retumba en mi cabeza el eco del traqueteo de su mandíbula.

Mi turno se alargó dos horas más de lo establecido. Como protesta empecé a sacarme wiskazos bebiéndomelos en cuestión de segundos para que el jefe no me viera lo que provocó que entre esto y el cansancio que tenía, acabara con una borrachera importante lo que hizo que vacilara a algunas mozuelas asegurandolas que no se podía entrar al bar en zapatillas.

Después me fui a Cibeles a coger el buho.


Suena: Sonic Youth – Cross the Breeze

lunes, junio 12, 2006

¿Qué le pasa a la gente?

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En este mundo hay dos tipos de cosas: las que entendemos y las que no.

Dentro del primer apartado diría que:

- Para poder permitirse algún viaje en verano hace falta dinero, para tener dinero hace falta trabajar, para trabajar muchas veces hay que coger lo que venga aun a riesgo de no estar del todo convencido…

¿A donde quiero llegar a parar? Pues a que a partir de este miércoles y hasta el lunes que viene estaré trabajando de lo que se conoce como segurata, en el concierto que organiza los 40 principales en el Calderón y al que irán todos aquellos artistas tan a favor de la SGAE y tan en contra del buen gusto en general.

Me siento un poco escéptico ante el trabajo porque no sé muy bien si sucumbiré ante el montón de horas que me esperan de pie aguantando a quinceañeras rebeldes, o si por el contrario sacaré partido de alguna anécdota que seguro se sucede en los cinco días que andaré por ahí…

Sea lo que sea, supongo que acabaré contándolo por aquí. O no, yo que sé. En cualquier caso si alguién quiere que le llame al móvil cuando Bisbal cante alguna versión de Pantera, que me lo haga saber en forma de comentario.





- Dentro del segundo apartado destacaría algo a lo que llevo dándole muchas vueltas últimamente, y no es otra cosa que a la gente que no tiene cara de a lo que pertenece. ¿Qué de que hablo?:



Jeff Hornacek


¿Y quién es Jeff Hornacek? Os preguntareis muchos.

¿Acaso es un vendedor de seguros? ¿Un ex-repartidor de pizzas?,

¿Es Jeff Hornacek el que hacía de granjero en alguna peli de los 70?

No joder, Hornacek es un ex-jugador de la NBA Y DE LOS BUENOS. Jugó en Utah Jazz y enchufaba triples que daba gusto. Quien te lo iba a decir ¿eh?.




Luis Aragonés.

Quizá este cueste más hacerlo encajar en otro papel porque ya le tenemos más visto que el tebeo y más hoy por hoy con toda la parafernalia que se monta con el Mundial, pero joder ¿acaso Luis Aragonés no tiene cara de familiar cabrón?.

Hablo de ese típico tío abuelo tuyo al que ves una vez cada bastantes meses y que te echará la bronca por tu forma de hablar, por los piercings que tienes en la cara o las orejas o por la ropa que llevas, y aparte de todo esto, jamás te soltará un duro por mucho tiempo que haga desde la última vez que lo viste.

ESE, ese es Luis Aragonés. Si no lo veis de esta forma, quizá lo encajeis más dentro del típico vecino cascarrabias que se levanta temprano para ir a comprar el pan con su chandal de táctel azul turquesa y su periódico debajo del sobaco.



Curry Valenzuela.


- Seño, Seño, puedo ir a hacer pis

- Aguantate Luisito, que ya va a sonar el timbre.



¿Es Curry Valenzuela (no quiero chistes en relación a su nombre y el mío, panda de cabrones) la clásica maestra de esos primeros cursos de Primaría?

No joder, no, Curry Valenzuela es presentadora y moderadora de un programa de debates en Telemadrid. Yo desde luego no doy crédito, y sus alumnos supongo que tampoco mucho.


Suena: Unearth – Lie to Purify

miércoles, junio 07, 2006

Viaje de vuelta

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Otro examen más.

Hace cinco minutos me preguntaban si quería que me acercaran a casa. Me negué simplemente porque me apetecía volver solo, cosa que tras ver entre unos matorrales como se me iba un autobús y como el siguiente en el que entré no conseguía sitio, me hicieron dudar sobre si mi respuesta había sido la acertada.

Siento como el hecho de que este cansado anímicamente, provoca que también lo este físicamente. Abatimiento es la palabra que se me viene a la cabeza, la cual tengo apoyada en una barra del autobús, esperando a llegar a Moncloa y allí coger el metro.

Llego al metro y bajando las escaleras veo al tren arrancar sin ni siquiera darme la opción de correr para intentar alcanzarlo. Suspiro. Miro el marcador y me dice que quedan 2 minutos para que llegue el próximo. El próximo tren.

Me siento en uno de esos asientos de metal del andén que casi siempre están ocupados, y es que alguna ventaja debía tener que al conductor no le hubiera dado la gana esperar diez segundos más.

Entro al metro y pillo sitio. Suspiro otra vez y cierro los ojos sin llegar a dormirme. Cuando los vuelvo a abrir ya habían pasado dos paradas. Noto como las lentillas se me secan por el sueño y me tengo que frotar los ojos para dejar de ver borroso. Cuando finalmente consigo abrirlos del todo y ver con nitidez lo que hay a mi alrededor, me sobresalto al ver que la tía que tengo sentada justo delante lleva unas gafas de sol que le cubren tanto la cara que se acerca más a mi concepto de máscara, que de gafas.

Agacho la cabeza un poco y sin siquiera haberlas visto acierto en cual es su tipo de calzado:

Alpargatas rosas.

Llego a otra estación sorprendido porque no hubieran pasado dos paradas más. Antes dos paradas se me hicieron como una, ahora una se me hace como dos.

Me cago en las alpargatas.

Vuelvo a cerrar los ojos para poder ver cosas agradables como zapatillas azules, o unas gafas de sol de verdad. Consigo apartar de mi cabeza imágenes desafortunadas para recordar la extraña sensación que me aborda cuando coincido con alguien en el cuarto de baño porque ambos nos lavamos los dientes. Siempre hago una carrera aún sin el conocimiento de la otra persona pero en el que la persona que gana es aquella que acaba más tarde. Supongo que se me ha quedado una rencilla de cuando era pequeño y tenían lugar este tipo de eventos en los que si uno acababa antes, la típica recriminación del que estaba al lado saltaba en modo de: “Joe eh! Que poco tiempo te lavas los dientes… ¡se te van a poner amarillos!”.

Vuelvo a abrir los ojos. Solo quedan dos paradas y me doy cuenta que los viajes se me hacen más cortos cuantas menos ganas tengo de llegar a mi destino.

Se baja la tía de las alpargatas.

No puedo evitar mirar prácticamente todos los pies de las personas que tengo delante a pesar de lo poco que me gustan. Demasiadas sandalias.

Demasiados cayos.

Llego a mi parada y bajo trastabillado por esa mujer que entró sin dejar salir y que me hace resoplar algo así como: “Jrfffffff”.

Veo a mi hermano entrar por otra puerta al vagón del que yo salgo y le grito un “¡¡hasta luego!!” que no consigue oir a diferencia del resto del andén que me mira con ojos de “¿es a mi?”. Al no parecerme apropiado responder “no, no es a vosotros”, estiro la cabeza y la muevo de un lado a otro para hacer ver que busco al destinatario de mis palabras. Ni puto caso.

Llego al autobús que me dejará en casa. Saludo al conductor y no responde. Si no le pego es porque lleva zapatos, y no alpargatas.

Me siento atrás del todo con la esperanza de no encontrarme con nadie y poder acabar el viaje de manera digna.

Arranca el autobús y cierro los ojos buscando algún otro pensamiento que tan útil me había sido en el metro. Sin saber como llego al recuerdo de un sueño que me hizo sudar mares durante la noche anterior, y es que ví como el que era mi jefe me recriminaba el por qué había dejado de ir a trabajar si el contrato aún estaba vigente.

Y solo de escribirlo ya he vuelto a sudar.

Intento recordar algún otro sueño más alegre y recuerdo uno bastante extraño en el que me veía a mi mismo pensando en un montón de estupideces yendo hacia la facultad para hacer un examen.


Suena: Mogwai – Moses?

jueves, junio 01, 2006

Como tu veas

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A veces, el remordimiento de saber que tengo que madrugar y ser consciente de que voy a dormir muy poco debido a lo tarde que se me ha hecho, me hace irme a la cama sin llegar a tener sueño esperando encontrar este entre los muchos pensamientos que tengo en este momento y es que entre el silencio y la oscuridad, poca cosa queda aparte de darle vueltas a la cabeza.

Una de las cosas que pienso a menudo, y lo digo a pesar de parecer un gótico de esos que llevan camisetas de Cradle of Filth y se disfrazan de El Cuervo sin ni siquiera ser Halloween, es en la muerte. Y ahora cambio de párrafo para explicarme un poco.

No es que piense en la gente que ya se ha ido o en suicidarme por alguna razón, pienso en las consecuencias de qué pasaría si muriera alguien que quiero o incluso llego a pensar que pasaría si muriera yo. Vamos, que pienso más en lo que pasaría, que en lo que ha pasado. Una de esas veces en las que me encontraba con la cabeza en la almohada caí en la cuenta de una razón no tan aparente de porque la muerte resulta tan triste y es que, uno no siente solo su pena, sino que siente también la de los demás.

Por ejemplo, cuando un amigo nuestro nos dice que se ha muerto alguien cercano a él, lo sentimos mucho a pesar de no tener ni idea de quien es ese cercano, lo importante es lo que esa persona significaba para él. También creo que puede pasar eso cuando muere alguien conocido nuestro, y es que no solo sentimos nuestra pena, sino que sentimos la pena de lo que esa pérdida ha significado en tanta gente a la que queremos.

Y para quitarle oscuridad a todo esto, he de decir que caí en la cuenta de todo esto gracias a una similitud que resulta bastante opuesta a todo lo que he hablado antes: la felicidad.

Este pasado fin de semana estuve en uno de los mejores conciertos que he visto y también tuve la suerte de ascender de categoría con mi equipo de baloncesto. Pude compartir ese concierto con muchos amigos y sabía simplemente mirando a los ojos a estos o con un simple gesto, lo que estaba significando también para ellos, era algo así como una felicidad contenida a la vez que desbordante. Con el equipo de baloncesto esta felicidad fue bastante distinta, más explosiva. En cuanto acabo el partido empezamos a abrazarnos todos, manteamos al director del equipo a pesar de cargar con más de 100 kilos en lo alto, nos metimos todos en la ducha saltando y gritando “eh eh eh eh!” (para quitarle mariconeo al asunto, estábamos vestidos) y luego nos fuimos a celebrarlo entre risas y borracheras de por medio.

Lo que quiero explicar es que esta felicidad fue realmente completa por eso que dicen de que la verdadera felicidad, es esa que se comparte.

Y aquí estoy yo, en plenos exámenes y hablando de la felicidad… contradicciones putas.

Me voy a la cama a ver que se me ocurre.


Suena: Breach – Big Strong Boss

domingo, mayo 28, 2006

Be Agressive

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- Curro, ¿el próximo post está claro sobre qué será, no?

- ... y como coño explico esto.



Esto comentaba ayer con Pepe en el Festimad entre canción y canción del concierto de Tool.

El concierto tuvo lugar después del partido de ida de las semifinales de baloncesto que perdimos de 6 jugando en casa en un partido desastroso.

Hoy jugabamos la vuelta la cual teníamos que ganar de 7 puntos o más para pasar a la final y de esta forma ascender automaticamente.



Acabo de volver del partido. Hemos ganado de 21 y en unos minutos me iré con todo el equipo para celebrarlo como buenamente podamos.



En fin, esta es la manera que he contrado para explicar todo esto, lo mismo cuando vaya asimilando me sale algo mejor.

Ah!, Felicidades Rafa


Suena: Faith No More - Get Out

jueves, mayo 25, 2006

Una hora menos en Canarias

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Día tras día que pasa de la semana, ando como un zombi cuyas piernas se mueven más por impulsos que por órdenes del cerebro. Me doy cuenta de la penosa imagen que desprendo al verme andar reflejado en un escaparate sin apenas balancear los brazos y arrastrando los pies notablemente. Cambio a una disposición más activa para no dar tanta lástima pero a los diez metros vuelvo a mi estado natural al haber olvidado que el tío que había visto reflejado en ese escaparate era yo.

La principal causa de este abatimiento es lo poco que duermo a pesar de lo mucho que lo necesito. No hay día en el que no escuche aquello de “tío, tienes que dormir más”, y es que algunas veces es porque no puedo, pero otras tantas es sencillamente porque no quiero. Y es que no se trata de que me levante excesivamente temprano es que, y lo digo con el puño cerrado en contacto con mi pecho:

Me encanta la madrugada.

Y no hablo de esos fines de semana perdidos entre cerveza y cerveza, hablo de la tranquilidad, la evasión o la complicidad que me puede llegar a dar un martes cualquiera a las tantas.

Quizás es por esa sensación de que, aunque yo no lo vea, la mayoría de la gente ya está durmiendo y que aunque solo sea durante ese momento, no existen los gritos, ni los ruidos (aunque muchos digan que la música que escucho lo es), no existe el stress, ni las horas punta, ni los empujones en las taquillas del metro, simplemente existe el descanso físico de miles de personas que logra producir tu descanso mental y que solo conseguirían abatirlo con algún ronquido fuera de tono…

Me acuerdo que hace unos cuantos años, cuando acababa de llegar Internet a mi casa, yo deseaba muchas veces que mi hermano Rafa pasara la noche fuera, para poder así ocupar su habitación durante toda la noche y poder conectarme a Internet hasta altas horas de la madrugada. El IRC se convertía en una especie de barco de colegas en el que quedaban cuatro gatos y a pesar de hablar de tonterías, esas tonterías estarían cargadas de complicidad.

Hoy por hoy, cuando hablo con los amigos por Internet, prefiero hacerlo a altas horas de la noche. Mi disposición cambia y de alguna forma evito esas conversaciones en los que el colega de turno te manda las fotos de “mi finde en Monegros” en las que sale este haciéndose esas autofotos tan odiosas con sus amigas ultrapeinadas y sacando la lengua para enseñar el piercing de la lengua.

De alguna forma si se da alguna conversación de este tipo, esta especie de buena disposición que tengo, consigue que todo eso pase inadvertido para centrarme en conversaciones que aportan verdadera complicidad y que bien te hacen parecer que están sacadas de algún buen guión.

Y algunas veces una tarde cualquiera te la transforman en una buena madrugada.

Y al revés.

Y bueno, con todo esto ya de paso he explicado la segunda parte del título del blog. La primera…


Suena: Tote King – Nosotros Mismos

lunes, mayo 22, 2006

I love this game

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Llevo tres días seguidos durmiendo algo inquieto por la misma y distinta razón al mismo tiempo.

Este fin de semana he empezado los playoff de baloncesto para ascender de la liga federada a la liga autonómica, en lo que en fútbol sería algo así como luchar para ascender de cuarta división “b” a cuarta división.

Y qué importa, la cuestión no es el mucho o poco valor que pueda tener esto a nivel deportivo, la cuestión es que, a día de hoy, es por lo más alto que he llegado a competir en toda mi vida, y teniendo en cuenta lo que me encanta este deporte eso significa para mi tanto como pueda significar para un profesional, competir por subir de segunda “b” a segunda.

El viernes dormí inquieto por lo que me esperaba el sábado: el partido de ida de cuartos.

Comenzarían los playoff, lo cual llevábamos esperando todo el equipo desde hace ya unos meses. La expectación sobre el “qué pasará”, “como saldremos al campo”, “que tal partido me saldrá” o “con que ventaja/desventaja llegaremos al partido de vuelta” es lo que más intranquilo me dejaba. Muchas vueltas en la cama, muchos sudores y muchas idas y venidas a la nevera o al baño para beber agua o lavarme la cara. Ya ni sabía si hacía calor, o era yo el que lo desprendía.

Dormí menos de lo habitual para ser sábado, y me pasé el día esperando a que llegara la hora de irme, mirando el reloj más de lo debido y sin ideas sobre que hacer para matar el tiempo.

Llegó la hora. El partido resultó muy igualado, y a pesar de llegar a tener una ventaja de 7 puntos en el último cuarto, finalmente perdimos de 2, lo que nos haría tener que superar esta desventaja en el partido de vuelta que sería al día siguiente en nuestro pabellón.

Sábado y de nuevo en la cama. Los síntomas se repetían esta vez por la intranquilidad que me daba el resultado de la ida. En mi cabeza no paraba de reproducir jugadas del partido que si hubiera hecho mejor podría haber valido para llegar con ventaja a la vuelta. Se mezclaban las sensaciones sobre lo que había pasado hacía unas horas y sobre lo que me imaginaba pasaría dentro de otras tantas. Las sábanas de mi cama no eran más que un estorbo y pronto quedarían en mis pies deseando que no estuvieran allí para que los calores fueran menos sufridos…

Me desperté habiendo dormido poco. Tendría que esperar algunas horas hasta que empezara el partido, llenando estas de cualquier forma posible. La historia se repetía.

Subí al pabellón muy concentrado, con los cascos en mis oídos dándome cuenta que lo genial del mp3 no es ya que te permite escuchar lo grande que puede ser la canción que sale de tus cascos en ese momento, sino que te da la posibilidad de no escuchar las gilipolleces que te rodean como era aquellos chavales de 15 años con unas pintas que daban que pensar. Si, llamadme prejuicioso.

Empezó el partido con unas cien personas rodeando el campo, entre ellos algunos amigos que por cierto me encantó ver ahí. Estábamos jugando realmente bien, e incluso a mi me entraban los tiros cosa extraña cuando me viene a ver alguien, es como una ley de murphy que ayer no se cumplió.

Al descanso íbamos 11 arriba, pero aun no estaba nada sentenciado, de hecho nada más empezar el tercer cuarto se acercaron a cinco puntos.

Se acaba el partido. Ganamos 86 a 59.

Otra vez tocaba dormir y otra vez me costaría a pesar del cansancio físico. Esta vez era diferente, casi me alegraba de poder estar despierto en la cama para poder rehacer en mi mente las jugadas del partido.

La felicidad superaba al sueño y al cansancio.


Y este fin de semana: las semifinales.


Suena: Mare – Sun of Miles

miércoles, mayo 17, 2006

Buenas trencas

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C: no sé cuanto será

C: diez euros o así supongo...

L: hombre, son 1600 pelas

C: ahí está

L: pastas pastas

C: no está mal

C: aunque joder, lo pienso y digo...

C: son dos jodidas copas en un garito

C: y digo... putas copas, que caras son

L: te entiendo, pero me gusta más con atún

C: ya tio, es como ir al mar

L: pero en caballo

L: y sin la batidora cuesta más

C: bueno pero no te creas, que se hizo mechas y llamó a Lucas para contárselo

L: pero se comía la papilla de acelgas con pajita ¿no?

C: no joder!!! SI!!!!

L: ¿si?

C: tengo una idea

C: BASTA!!!

L: d

L: 448w6er33c

L: ya

C: si

C: ya

C: sabes que?

C: wiksy

L: orn

L: bueno, me voy a tender, que la florida chica espera a las esterillas salvajes....sin sémola

L: buenas trencas!

L: un farfullo





Litos, el colega de barba con ese aire a Vinny Paul pero en mejor, me ha conseguido una invitación para ir al festimad el 27 de mayo.

Moraleja: Si quieres salir en este blog, regalame una entrada... ¿no?


¡Gracias de nuevo!


Suena: Tool - The Pot

lunes, mayo 15, 2006

Diario de un vecino chiflado

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Muchas cosas que en el fondo son iguales, resultan distintas por simplemente la atmósfera que se cree alrededor de ello. Como ejemplo puedo poner un recurso que se utiliza en las películas que a veces consigue hacernos creer que un diálogo de mierda, es lo mejor que hemos oído en nuestras vidas. No hace falta más que la voz en off del protagonista; una voz cavernosa y penetrante la cual posiblemente en alguna otra ocasión haya realizado numerosos doblajes para anuncios de pasta de dientes. Tras esa voz un fondo oscuro intercalando imágenes de corta duración: primero una cama deshecha, después el despertador que esta junto a ella el cual marca una hora muy temprana, a continuación la sombra del protagonista a través del biombo de la ducha... ese tipo de cosas. Y ya está, este simple recurso puede parecer que todo aquello que oigas resulte interesante, y si eso mismo que está diciendo el protagonista, se lo hubieras escuchado decir a tu vecino mientras estás con él en el ascensor, probablemente le hubieras tachado de loco.

Y toda esta introducción es para decir que voy a intentar escribir algo que sin saber muy bien que rumbo cogerá, probablemente sea una mierda, así que, querido lector, para solucionar esto te recomiendo que me veas como el prota molón de esa peli moderna y no como al chiflado de tu vecino.

Entro al baño. Dejo el grifo abierto para que el agua vaya cogiendo la temperatura idónea y mientras me voy despelotando dejando la ropa desperdigada por todo el suelo.

Siempre ignoro el espejo cuando estoy en paños menores.

La ducha me sienta bien a pesar de haber empleado más tiempo en apretar el casi vacío bote de gel, que en darme la ducha. Me siento un perrito caliente debajo del ketchup.

“Mffffffggggffff”
es el ruido que hago al agacharme para recoger toda la ropa desperdigada por el suelo. Me seco, me visto y salgo directo a echar toda esa ropa a lavar.

Abro la puerta del salón y me encuentro a mi madre con mi perro a sus pies durmiendo en una de sus aparatosas posturas. El perro, no mi madre. Tras volver de echar la ropa a lavar mi madre me dice lo siguiente:

“Hijo ciérrame la puerta de la terraza que como me levante yo voy a despertarle” (señalando a Rey (el perro)).

La cortina está echada e hinchada por la corriente pero sin apenas zarandearse… como si el aire corriera siempre con la misma fuerza. Acercándome a cerrarla, siento la perfección en cuanto al clima se refiere y antes de obedecer a la que me abastece, salgo a la terraza para sentir esa agradable corriente.

Vivo en un bajo. Las vistas son una mierda.

Entro de nuevo al salón, cierro la puerta de la terraza y me voy a mi cuarto.

Me siento delante del ordenador y me pongo a escribir lo que acaba de pasar, es decir, esto.

Es curioso que un simple retazo de la rutina diaria pueda hacerme sentir tan bien. Creo que la clave muchas veces está en no imaginarte que algo tan cotidiano y que tienes tan visto pueda hacer crecer una mínima sensación de tranquilidad. Hablo de ese factor sorpresa, como cuando por ejemplo te regalan algo que tanto te apetecía porque si o simplemente recibes un sms de algún amigo en vez del 244 o un mail de verdad en lugar de uno de esos asquerosos Forwards


Y después de todo esto creo que ha quedado claro que el vecino chiflado soy yo, pero la suerte es que vivo en un bajo y nadie comparte ascensor conmigo.


Suena: Rapsusklei – Sueño, no lo soy

martes, mayo 09, 2006

Esta mierda no es buena

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A veces siento que todo lo que tengo alrededor me desborda. Demasiada gente, demasiadas “obligaciones”, demasiados pensamientos… demasiadas preguntas. Es como querer parar el tiempo aunque sea tan solo por un instante, y así sentir que nada es tan importante como para tener la cabeza dando vueltas sobre ello.

El problema quizá no es no saber cuales son las respuestas que me digan que debo hacer, el problema es no saber encontrar las preguntas que den pie a esas respuestas.

Estar cabreado o triste y no tener ni idea de por qué…

¿Y si es que las personas necesitamos explotar nuestros sentimientos aunque no tengamos ningún motivo aparente para ello?¿Y si me empeño en buscar explicaciones en lo que me rodea cuando el único culpable de lo que me pasa soy yo?

Me imagino naciendo ya con 21 años. Nada existe, no hay recuerdos, palabras, problemas, personas…. Solo existo yo y lo que me va pasando a medida que avanza el tiempo, ¿Cuál sería entonces mi estado de ánimo?¿Estaría triste por no tener amigos o feliz por no tener enemigos?¿Estaría feliz por no tener responsabilidades y sentirme más libre o triste por no tener en lo que ocupar el tiempo?

Todas estas tonterías que me van surgiendo van a parar a una misma pregunta: ¿Hasta que punto dependemos de lo que nos rodea para ser como somos y sentir como nos sentimos?

Y a medida que escribo me siguen surgiendo dudas tontas… ¿de verdad que lo que querría sería parar el tiempo? Creo que en el caso de que el problema fuera exclusivamente mío, así sería, pero si de verdad lo que me importara fuera lo que tengo a mi alrededor, lo necesario sería que pasara el tiempo y que así las cosas cambiaran. Sería tan solo cuestión de tener paciencia, de esperar a que las cosas se pusieran en su sitio, o en el sitio que me gustaría que estas estuvieran, o al menos en uno diferente al que estaba inicialmente… ya se sabe que lo nuevo siempre resulta más enigmático y por tanto más interesante, aunque luego acabe resultando ser la misma mierda que tenía al principio (moraleja: si me vas a dar una mierda, que sea una mierda fresca)

Y con todo lo que he escrito no se muy bien si he sabido expresar algo y es que es el riesgo a correr escribiendo todo de carrerilla, pero al menos haciéndolo así resulta más liberador en ocasiones, a pesar de que luego esto se quede como un montón de párrafos sin pies ni cabeza.

Y bueno hasta aquí llega esta búsqueda de explicaciones (guión) pataleo, no sin antes decir una última cosa:



Este es Chubaca.



Suena: Head Automatica - Laghing at you

miércoles, mayo 03, 2006

Politono. Fiebre.

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Mi sobaco izquierdo está apretando un termómetro cuyo mercurio una vez más, me ha producido un escalofrío al notar el contraste entre el frío y el calor. Estoy escribiendo un post con uno de mis codos adheridos al costado, por poco tiempo, porque ya es hora de mirar cuanto marca la barrita plateada sobre el fondo amarillo. Siempre me he sentido especialmente torpe para conseguir llegar a ver la temperatura.

37,2 marca el termómetro tras un minuto de haberle dado vueltas como un pollo para llegar a ver cuanta fiebre tenía.

Estar solo y que te de igual estarlo a pesar de estar rodeado de mucha gente, es coger el móvil y probar las diferentes melodías que tiene este simplemente por curiosidad. Ya puede ser la primera vez que haces eso, pero te dará la impresión de que todos y cada uno de los tonos que suenan ya los has escuchado antes diez mil veces. Será que a muchas personas no les importa estar solas.

El otro día leí en el periódico que en el 2007 ya habrá cobertura dentro del metro. Ya no habrá excusas para los estresados ejecutivos que achacan el problema de no tener cobertura en el móvil a estar en el metro a pesar de que la verdadera razón sea que lo tienen apagado porque se están echando la siesta en un colchón de agua.

Me gusta imaginarme al otro lado de la línea cuando oigo a alguien hablar por teléfono aunque no me importe absolutamente nada de lo que esté hablando este. Si son demasiado predecibles, resulta aburrido llegar a adivinarlo:

Portador del móvil: - Hola Mamá, era para decirte que voy a llegar más tarde
Madre:
PdM: Pues como a las tres o por ahí.
Madre:
PdM: Si, si tengo llaves
Madre:
PdM: Vale, tranquila, un beso
Madre:


Este tipo de conversaciones no fomentan la imaginación ya que resulta poco inquietante averiguar lo que está diciendo la madre: “¿A qué hora llegarás?”, “¿Y te has llevado llaves?”, “Bueno, pórtate bien hijo”, “Un beso”.

Por otro lado tampoco molan las conversaciones en las que por mucho que lo intentes no conseguirás sacar nada entretenido de ellas ya que son demasiada complicadas y aburridas:

Portador del móvil: - ¿Y entonces en cuanto tiempo lo tendrás?
Quien sea:
PdM: - Y como cuadrará el balance de las juntas para que llegue a tiempo el informe
QS:
PdM: - Bueno, Martín estaba de acuerdo en eso ¿Qué te comentó?
QS:


Me aburro, joder.

Las conversaciones interesantes de verdad son aquellas en las que sin ser predecibles, puedes hacerte a la idea de lo que puede ir, o bien inventarte tu propia película lo que te hará desear que esa persona no cuelgue y así se te pase antes el viaje:

PdM: - Ah bueno, ¿pero entonces le conocía?
Perico el de los Palotes:
PdM: ¡No jodas! ¿Y le conoció así?
PedlP:
PdM: ¿Y ella se dejó?
PedlP:
PdM: Ah bueno, entonces es normal que lo hiciera
PldP:
PdM: ¿Y donde dices que estaba ese armario?
PldP:
PdM:¡Y UNA POLLA!



Y bueno, os dejo a vosotros que rellenéis el espacio de Perico el de los Palotes, que yo tengo fiebre y me voy a la cama.


Suena: Drive Like Jehu – Turn it Off