Sábado por la noche. Acabo de conseguir mi objetivo, EL objetivo. Este consistía en llegar a la meta que me había marcado con mis apuntes y que venía a ser llegar a subrayar hasta la parte de el coordinador, para entonces poder irme a cenar y empezar a escribir esto.
Las fuerzas han flaqueado al final, y es que en las últimas hojas ya he pasado de primero leer lo que iba a subrayar, razonarlo y entonces después subrayarlo, a sin darme casi cuenta subrayar al mismo tiempo que iba leyendo. He caído en esto cuando he subrayado una frase entera que era una absoluta gilipollez y ni siquiera había reaccionado a mitad de frase para dejar de colorear de amarillo. Después, para reafirmarme que llevaba un rato con la cabeza en Cuenca he mirado las dos últimas hojas y me he dado cuenta de que mi criterio de selección (que es para lo que se supone que uso el subrayador) se limitaba a eliminar una frase que estaba entre paréntesis, la cual si que era importante, pero coño, estaba entre paréntesis.
Un poco cabreado conmigo mismo he intentado enmendar mi error y empezar a prestar un poco de atención a lo que estaba leyendo, entonces he tomado una postura de portero de discoteca frente a las palabras que me ha hecho sentirme un poco mejor.
Pero una nueva dificultad se abría ante mí.
Al principio creí que era porque había estado un momento sin tapa, luego creí que estaba apretando muy poco el subrayador contra el papel, pero finalmente borré el autoengaño de mi cabeza y me convencí a mi mismo de que efectivamente, a mi subrayador se le estaba acabando la tinta.
Una vez lo miré con detenimiento lo que me pregunté es como cojones no se había gastado en la primera hoja.

Me faltaban tres hojas en las que debía ir apretando más para poder llegar mi objetivo, a el coordinador. Usando mi poderoso ingenio tapé el subrayador durante un momento para ver si cogía energía, pero nada, a mi joven amigo le faltaban pocos minutos. Como ir a buscar otro subrayador me parecía de cobarde y poco leal, opté por una opción bastante más valida en mi cabeza: subrayar menos. Y es que no solo conseguiria llegar a mi objetivo sino que además me podría ir a cenar antes (un puto genio, sí).
Apretando y escapando a ciertas frases importantes, lo conseguí.
¡Llegué!.
La última hoja hay que mirarla con un catalejo para distinguir algo de amarillo en ella, pero eso no me preocupa, lo que me preocupa es tener que ir a buscar ahora otro subrayador, que mira que como no queden amarillos, con lo maniático que soy yo con eso de “quieromisapuntesdeunmismocolor” puede haber problemas.
En fin, aun confío en que mi pequeño amigo haya repostado en boxes mientras yo he cenado y he escrito esto, el tiempo suficiente como para dejar los apuntes de el coordinador como mi cojín.

El vaso de horchata que está al lado del cojín es gentileza de mi madre. Creo que el verme estudiando un sábado por la noche le ha llegado al corazón y se ha visto obligada a recompensarme de alguna manera, aunque ella solo me haya dicho “¿Quieres un vasito de horchata fresquita?”
Si Carmen Electra hubiera entrado en mi habitación ofreciéndome sexo, me hubiera pensado más la respuesta.
Ayer empecé los exámenes y este que me estoy estudiando lo tengo el lunes, y bueno, el hecho de que estos coincidan con los días en los que mi deporte favorito ocupa las portadas de los periódicos y encabeza los telediarios, es algo que me encanta casi tanto como una buena patada en la boca del estómago.
Mañana juega España la final del mundial contra Grecia y ni ningún coordinador que se preste, ni ningún subrayador chungo, evitarán que yo me la pierda. Faltaría más.










