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A veces me pongo a imaginar en las reacciones de las personas cuando estas ven a otras en situaciones, no sé, llamémoslo raras.
Hace cinco minutos estaba en la cocina con la nevera abierta intentando elegir el sabor del yogur que me apetecía en ese momento. Alargué la mano y cogí el primero que a tientas salió de ahí sin la necesidad de disclocarme el brazo para romper el pack de cuatro. ¿Frutas del bosque? De puta madre.
Dejando la nevera abierta para que la única la luz de la cocina en ese momento me siguiera alumbrando, fui a por una cucharilla e inmediatamente después abrí el yogur de frutas del bosque pensando que el sonido que hacía la tapa del yogur al abrirse era bastante guay. Fffflip. Un sonido limpio y la tapa sin un solo churrete que tener que relamer con la lengua y asi no correr el riesgo de pillar Lupus (porque sí... es así como se pilla Lupus). La aparición de un nuevo pensamiento absurdo surgía en mi cabeza al mismo tiempo que metía la cuchara en el yogur y, recordemos, aún con la puerta de la nevera abierta.
¿Cómo es posible que un yogur de frutas del bosque sea de color blanco?
Supongo que esa es una de las causas por las que ese yogur cuesta la mitad que un danone, pero Eh! Ese pensamiento no había aparecido aún en mi cabeza. Se entrecortó a mitad de frase para dar pie a otra que enlaza con la primera frase del post.
La situación: Un tío a oscuras en la cocina de su casa, con la camiseta de los Miami Heat de Dwayne Wade hiperancha por el relleno de vacío que este ocupa y con los pelos del pecho asomando por el pico del cuello, metida por dentro de unos pantalones cortos del Gestisa Alameda de Osuna con un numero 12 semigastado, descalzo, con gafas y cara de sueño, mirando fijamente a un yogur blanco sabor frutas del bosque e iluminado únicamente por la luz de su nevera mientras se pregunta: ¿Por qué un yogur blanco de frutas del bosque?
Entonces, en mi cabeza, antes de dar respuesta a esta pregunta y mirando a mi camiseta ha aparecido una idea que vendría a ser:
¿Que cojones pensaría Dwayne Wade si viera esa situación en ese momento?
Y según acabo de escribir la pregunta me pregunto si realmente esta era digna de un post, pero bueno, qué cojones... YO CREO QUE SÍ.
Quiero decir, si yo fuera Dwayne Wade y...
Creo que lo voy a dejar aquí.
domingo, agosto 31, 2008
jueves, agosto 28, 2008
Staple Center de Farmington
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A veces ocurren historias en el día a día de las que se pueden sacar titulares impactantes. De esos que cuando los oyes ya necesitas saber de que va esa historia aunque te imagines el transcurso de esta sin saber más que su titular. A veces, para los que tenemos un blog, se nos presentan este tipo de historias y nos vemos con una especie de come come por dentro ( lo que me gusta esta expresión y las pocas oportunidades que tengo de utilizarla) que nos dice que debemos dejar constancia de esas historias por aquí aunque sea testimonialmente. Como una obligación implícita. Algo así como que si de una historia pudiera sacar el titular: "Ayer me encontré a Angelina Jolie comiéndose un bocata de Morcilla en las fiestas de Parla" pues, aunque lo único que haya ocurrido en toda la historia sea precisamente eso, el deber del bloggero es dejar constancia para su bienestar interior.
Todo esto es para comentar un titular que tengo estos días en mente y que mi responsabilidad como bloggero (cada vez más en declive por la pasividad y la pereza) me lleva a relatar y que dicho me parece bastante molón (quizá no tanto como el de Angelina Jolie). Y dice así:
Tengo cuatro grapas clavadas en mi cabeza.
Sabeis lo típico de cuando estas sentado en una silla de coca cola haciendo un descanso del estudio en la biblioteca y tienes unas escaleras de acero encima tuya y llevas tanto tiempo sentado debajo de ella que ya se te ha olvidado que estan y entonces te levantas con impulso para ir lanzado a estudiar y entonces te das en la cabeza, te haces una brecha, la escalera vibra, tu te mareas, la cabeza te sangra, tu hermana y una amiga suya te llevan al ambulatorio para que te miren, te tienen que poner grapas pero alli no tienen y entonces tienes que ir al Ramón y Cajal y una vez allí esperas más de tres putas horas hasta que te grapan sin anestesia y te vas de allí sin el informe porque te quieren hacer esperar para dártelo a pesar de que ya tienes el petipuá en la cabeza???
Pues eso me pasó.
Y bueno, no es un gran asunto, pero insisto, el titular me parecía tan imprescidible que merecía la pena contar el resto de la historia.
Y hablando de responsabilidades:

Responsabilidad mía es recomendar The Shield a toda persona...humana.
¿Y qué es The Shield, Curro? Oh... Todo aquel que le surja esa pregunta en su cabeza ya merece la más absoluta de mis envidias.
The Shield es la mejor serie de televisión que un servidor ha tenido la suerte de ver jamás. Y podría dar muchas razones, pero con la que me quedo y creo que diferencia a esta con las demás es el hecho de, no solo no dejar un cabo suelto (alguien ha dicho Lost?), sino de jugar con ellos, entrelazarlos entre todas sus temporadas y no dejar nada a la casualidad, sino que toda lo que ocurre tiene un por qué. TODO.
Recomendada queda pues esta serie a todo el mundo en general, y a los amantes de las series de polis en particular (yo no lo era).
Intercambio de sms a mediados de la primera temporada entre mi hermano Rafa(el que me la recomendó a mí) y yo:
Curro a Rafa *bip bip * bip bip: El Comisario es también una serie de polis, verdad?
Rafa a Curro *bip bip * bip bip: Sí, y Papa Piquillo una peli del oeste.
Increible como he simulado la vibración de la llegada de un sms, eh?. Qué puedo decir, soy un tipo de recursos. Eso, y si veis The Shield hacerlo en Version Original, por los clavos de cristo.
A veces ocurren historias en el día a día de las que se pueden sacar titulares impactantes. De esos que cuando los oyes ya necesitas saber de que va esa historia aunque te imagines el transcurso de esta sin saber más que su titular. A veces, para los que tenemos un blog, se nos presentan este tipo de historias y nos vemos con una especie de come come por dentro ( lo que me gusta esta expresión y las pocas oportunidades que tengo de utilizarla) que nos dice que debemos dejar constancia de esas historias por aquí aunque sea testimonialmente. Como una obligación implícita. Algo así como que si de una historia pudiera sacar el titular: "Ayer me encontré a Angelina Jolie comiéndose un bocata de Morcilla en las fiestas de Parla" pues, aunque lo único que haya ocurrido en toda la historia sea precisamente eso, el deber del bloggero es dejar constancia para su bienestar interior.
Todo esto es para comentar un titular que tengo estos días en mente y que mi responsabilidad como bloggero (cada vez más en declive por la pasividad y la pereza) me lleva a relatar y que dicho me parece bastante molón (quizá no tanto como el de Angelina Jolie). Y dice así:
Tengo cuatro grapas clavadas en mi cabeza.
Sabeis lo típico de cuando estas sentado en una silla de coca cola haciendo un descanso del estudio en la biblioteca y tienes unas escaleras de acero encima tuya y llevas tanto tiempo sentado debajo de ella que ya se te ha olvidado que estan y entonces te levantas con impulso para ir lanzado a estudiar y entonces te das en la cabeza, te haces una brecha, la escalera vibra, tu te mareas, la cabeza te sangra, tu hermana y una amiga suya te llevan al ambulatorio para que te miren, te tienen que poner grapas pero alli no tienen y entonces tienes que ir al Ramón y Cajal y una vez allí esperas más de tres putas horas hasta que te grapan sin anestesia y te vas de allí sin el informe porque te quieren hacer esperar para dártelo a pesar de que ya tienes el petipuá en la cabeza???
Pues eso me pasó.
Y bueno, no es un gran asunto, pero insisto, el titular me parecía tan imprescidible que merecía la pena contar el resto de la historia.
Y hablando de responsabilidades:

Responsabilidad mía es recomendar The Shield a toda persona...humana.
¿Y qué es The Shield, Curro? Oh... Todo aquel que le surja esa pregunta en su cabeza ya merece la más absoluta de mis envidias.
The Shield es la mejor serie de televisión que un servidor ha tenido la suerte de ver jamás. Y podría dar muchas razones, pero con la que me quedo y creo que diferencia a esta con las demás es el hecho de, no solo no dejar un cabo suelto (alguien ha dicho Lost?), sino de jugar con ellos, entrelazarlos entre todas sus temporadas y no dejar nada a la casualidad, sino que toda lo que ocurre tiene un por qué. TODO.
Recomendada queda pues esta serie a todo el mundo en general, y a los amantes de las series de polis en particular (yo no lo era).
Intercambio de sms a mediados de la primera temporada entre mi hermano Rafa(el que me la recomendó a mí) y yo:
Curro a Rafa *bip bip * bip bip: El Comisario es también una serie de polis, verdad?
Rafa a Curro *bip bip * bip bip: Sí, y Papa Piquillo una peli del oeste.
Increible como he simulado la vibración de la llegada de un sms, eh?. Qué puedo decir, soy un tipo de recursos. Eso, y si veis The Shield hacerlo en Version Original, por los clavos de cristo.
miércoles, agosto 20, 2008
Otro de esos
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Cinco palabras:
Yahe ter mi na do
Las que, a petición propia y desde el más oscuro rincón de la casa, podía oir mi madre en forma de canturreo y con voz infantil e inocente.
Cuando termines, me avisas – decía ella sin perder la compostura en ningún momento.
Ser madre no se escribe en el Currículum. Las madres no se pavonean de serlo. Las madres van al mercado y dicen “mi hijo es ingeniero agrónomo”, o “pues el mío tiene su propio bufete de abogados” pero en ningún momento dicen “SOMOS MADRES”.
- Mamá, mamá... que tengo caca mala.
- Mmmmmm... ¿has tirado ya de la cisterna?
- Si – respondía con la cabeza gacha y semiavergonzado por haberlo hecho.
- Ya te he dicho que si tienes caca mala me avises. La próxima vez que no se te olvide.
- Si, mamá
Y entonces llega esa próxima vez cuando desde el cuarto de baño de la casa se oía ese canturreo: Yaaaaaheeee teeeeer miiiiii naaaaaaa dooooooooooo (el cual tengo aún perfectamente grabado en la cabeza). Y tu madre deja de cocinar y va al cuarto de baño para ver como de mala es tu caca, tira de la cisterna y vuelve a la cocina para prepararte una manzanilla.
Y uno se tumbaba en la cama y en seguida se ponía a pensar en donde estaría esa canica que le falta, o si ya se habría pasado la hora en la que echaban Oliver y Benji sin pensar realmente en que lo que acaba de ocurrir. Eres un niño y todo lo que es habitual que se haga, no es un gran asunto, porque así es como funcionan las cosas. Y tu madre acaba de mirar cara a cara a ese montón de mierda que ha salido por tu pequeño culo y tu sigues pensando en las canicas y en Oliver Y Benji.
Madres del mundo, años después de que todo eso ocurriera: GRACIAS.
Y bueno, quizá un día de estos en el blog deje de hablar de caca y de pis, pero eso será solo quizá, y si recibo comentarios amenazantes para que deje de hacerlo.
Cinco palabras:
Yahe ter mi na do
Las que, a petición propia y desde el más oscuro rincón de la casa, podía oir mi madre en forma de canturreo y con voz infantil e inocente.
Cuando termines, me avisas – decía ella sin perder la compostura en ningún momento.
Ser madre no se escribe en el Currículum. Las madres no se pavonean de serlo. Las madres van al mercado y dicen “mi hijo es ingeniero agrónomo”, o “pues el mío tiene su propio bufete de abogados” pero en ningún momento dicen “SOMOS MADRES”.
- Mamá, mamá... que tengo caca mala.
- Mmmmmm... ¿has tirado ya de la cisterna?
- Si – respondía con la cabeza gacha y semiavergonzado por haberlo hecho.
- Ya te he dicho que si tienes caca mala me avises. La próxima vez que no se te olvide.
- Si, mamá
Y entonces llega esa próxima vez cuando desde el cuarto de baño de la casa se oía ese canturreo: Yaaaaaheeee teeeeer miiiiii naaaaaaa dooooooooooo (el cual tengo aún perfectamente grabado en la cabeza). Y tu madre deja de cocinar y va al cuarto de baño para ver como de mala es tu caca, tira de la cisterna y vuelve a la cocina para prepararte una manzanilla.
Y uno se tumbaba en la cama y en seguida se ponía a pensar en donde estaría esa canica que le falta, o si ya se habría pasado la hora en la que echaban Oliver y Benji sin pensar realmente en que lo que acaba de ocurrir. Eres un niño y todo lo que es habitual que se haga, no es un gran asunto, porque así es como funcionan las cosas. Y tu madre acaba de mirar cara a cara a ese montón de mierda que ha salido por tu pequeño culo y tu sigues pensando en las canicas y en Oliver Y Benji.
Madres del mundo, años después de que todo eso ocurriera: GRACIAS.
Y bueno, quizá un día de estos en el blog deje de hablar de caca y de pis, pero eso será solo quizá, y si recibo comentarios amenazantes para que deje de hacerlo.
miércoles, agosto 06, 2008
Relato de un pobre infeliz
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La duda me asalta en un día cualquiera de Agosto.
Abro el cajón de los calzoncillos y puedo ver que solo hay unos los cuales la última vez que me los puse, Jacinto de Gran Hermano estaba en la cresta de la ola. El plan B era coger unos pantalones cortos del equipo de baloncesto y ya. Este tipo de duda me humaniza. A por ello.
Salgo de la ducha y me tumbo en la cama pensando por qué no me ducho tres veces al día. Aun con la reflexión en la cabeza entra mi padre a la habitación descojonandose:
- ¿Tu has ido a hacer pis?. Un balbuceo resume mi respuesta en lo que se correspondería a un “Bueno, si te refieres a alguna vez en mi vida: si! Hace poco? Más bien no, quizá hace un par de horas” o lo que es lo mismo: Puebllbuee....mrfff.
– Lo digo porque está la taza meada por fuera macho.
Si me hubiera dicho algo así seriamente pues mi contestación de “yo no he sido” habría quedado lógica, al estarse descojonando cualquier replica sonaba a pataleta de tio de 23 años que se hace pis en los pantalones.
-Ah por cierto, saca a Rey.
Hoy por hoy hace calor para cualquier cosa en el mundo. Sacar al perro no es una excepción. Calor, Calor, Calor.

Dios, todo el mundo habla del calor. Del calor y de la crisis económica. Y pensar en la crisis económica da aún más calor. Y tres noticias principales por telediario nos invaden de distinta forma. Tres reporteros que se van a la playa micrófono en mano, y nos dicen con la playa detrás como hace un calor de la ostia. Y tu te preguntas porque cojones no suelta el micrófono, se desnuda y se mete en el agua en vez de quedarse ahí diciendo lo que ya todos sabemos. Hazlo, innova, y que la gente se cague en tu puta madre o que al menos se ria y piense que no todos estamos tan puteados. De eso te puedes librar, ¿de la crisis económica?. Te dicen que la gente no se va de vacaciones, que en Madrid hace años se notaba el tráfico más fluido pero que ahora sigue igual porque la gente no se ha ido de vacaciones, porque no tiene un puto duro. Te lo dicen de siete formas distintas.
Yo creo que en realidad no hace calor. DE VERDAD. Es que repitan lo jodidos que estamos 18 veces al día lo que nos sofoca. Y luego voy yo y pienso: ¡Aiba! Si nome han renovado en el trabajo. Y pienso en la crisis económica. En el calor.
EN SU PUTA MADRE.
Y espero a que se haga de noche para sacar a Rey. Y en un momento de brisa ya de noche de repente creo que el tiempo es bastante perfecto y creo que, aunque solo sea durante ese rato, mi vida es perfecta, porque el tiempo es la ostia y sacar a mi perro es gratis.
La duda me asalta en un día cualquiera de Agosto.
Abro el cajón de los calzoncillos y puedo ver que solo hay unos los cuales la última vez que me los puse, Jacinto de Gran Hermano estaba en la cresta de la ola. El plan B era coger unos pantalones cortos del equipo de baloncesto y ya. Este tipo de duda me humaniza. A por ello.
Salgo de la ducha y me tumbo en la cama pensando por qué no me ducho tres veces al día. Aun con la reflexión en la cabeza entra mi padre a la habitación descojonandose:
- ¿Tu has ido a hacer pis?. Un balbuceo resume mi respuesta en lo que se correspondería a un “Bueno, si te refieres a alguna vez en mi vida: si! Hace poco? Más bien no, quizá hace un par de horas” o lo que es lo mismo: Puebllbuee....mrfff.
– Lo digo porque está la taza meada por fuera macho.
Si me hubiera dicho algo así seriamente pues mi contestación de “yo no he sido” habría quedado lógica, al estarse descojonando cualquier replica sonaba a pataleta de tio de 23 años que se hace pis en los pantalones.
-Ah por cierto, saca a Rey.
Hoy por hoy hace calor para cualquier cosa en el mundo. Sacar al perro no es una excepción. Calor, Calor, Calor.

Dios, todo el mundo habla del calor. Del calor y de la crisis económica. Y pensar en la crisis económica da aún más calor. Y tres noticias principales por telediario nos invaden de distinta forma. Tres reporteros que se van a la playa micrófono en mano, y nos dicen con la playa detrás como hace un calor de la ostia. Y tu te preguntas porque cojones no suelta el micrófono, se desnuda y se mete en el agua en vez de quedarse ahí diciendo lo que ya todos sabemos. Hazlo, innova, y que la gente se cague en tu puta madre o que al menos se ria y piense que no todos estamos tan puteados. De eso te puedes librar, ¿de la crisis económica?. Te dicen que la gente no se va de vacaciones, que en Madrid hace años se notaba el tráfico más fluido pero que ahora sigue igual porque la gente no se ha ido de vacaciones, porque no tiene un puto duro. Te lo dicen de siete formas distintas.
Yo creo que en realidad no hace calor. DE VERDAD. Es que repitan lo jodidos que estamos 18 veces al día lo que nos sofoca. Y luego voy yo y pienso: ¡Aiba! Si nome han renovado en el trabajo. Y pienso en la crisis económica. En el calor.
EN SU PUTA MADRE.
Y espero a que se haga de noche para sacar a Rey. Y en un momento de brisa ya de noche de repente creo que el tiempo es bastante perfecto y creo que, aunque solo sea durante ese rato, mi vida es perfecta, porque el tiempo es la ostia y sacar a mi perro es gratis.
sábado, julio 19, 2008
Again, And Again, And Again
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Hay algo en los españoles, un deje, un aire... un tufo. Creo que fue en Londres cuando empecé a darme cuenta de esto y a su vez desarrollé una habilidad especial para detectarlos. Como un sentido de alerta les veo llegar de lejos y sin necesidad de que digan una palabra lo sé. Se que son españoles, que se me van a poner los pelos de punta y que me van a hacer callar la boca para siempre hasta que pasen, para que no descubran que soy de los suyos.
No amigos, esto no se trata de un sentimiento antiespañol político de los cojones, esto va más allá. Y es que la importancia de unas vacaciones tiene que ver, no solo con el sitio al que vas, sino el sitio que dejas y la necesidad de desconectar de este. Y es por eso que cuando andando por Goteborg, Estocolmo, Malmo o Copenhague escuchaba un grupo de españoles de interrail con “ganas de conocer gente y salir de marcha” me encerraba en un cascarón asqueado, arrancándome los pelos de los brazos y cagándome en la puta por ser español. O porque ellos lo fueran.
El sentimiento postvacacional es eso. Es subirte a un avión y empezar a notar la masiva afluencia de españoles hijos de puta como tú. Y bajarte de este y ver que todos los que te rodean son unos hijos de puta como tú, sin excepción alguna. Y piensas en encerrarte un mes en tu habitación saliendo solo a mear y a coger horchata de la nevera.
No sé en que estado me encuentro ahora mismo, jodido, triste, cabreado... solo sé a pesar de todo, ha merecido la pena.
Hay algo en los españoles, un deje, un aire... un tufo. Creo que fue en Londres cuando empecé a darme cuenta de esto y a su vez desarrollé una habilidad especial para detectarlos. Como un sentido de alerta les veo llegar de lejos y sin necesidad de que digan una palabra lo sé. Se que son españoles, que se me van a poner los pelos de punta y que me van a hacer callar la boca para siempre hasta que pasen, para que no descubran que soy de los suyos.
No amigos, esto no se trata de un sentimiento antiespañol político de los cojones, esto va más allá. Y es que la importancia de unas vacaciones tiene que ver, no solo con el sitio al que vas, sino el sitio que dejas y la necesidad de desconectar de este. Y es por eso que cuando andando por Goteborg, Estocolmo, Malmo o Copenhague escuchaba un grupo de españoles de interrail con “ganas de conocer gente y salir de marcha” me encerraba en un cascarón asqueado, arrancándome los pelos de los brazos y cagándome en la puta por ser español. O porque ellos lo fueran.
El sentimiento postvacacional es eso. Es subirte a un avión y empezar a notar la masiva afluencia de españoles hijos de puta como tú. Y bajarte de este y ver que todos los que te rodean son unos hijos de puta como tú, sin excepción alguna. Y piensas en encerrarte un mes en tu habitación saliendo solo a mear y a coger horchata de la nevera.
No sé en que estado me encuentro ahora mismo, jodido, triste, cabreado... solo sé a pesar de todo, ha merecido la pena.
miércoles, julio 02, 2008
Sverige 2008
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Este viernes a las cinco menos veinte de la tarde Fanny, Quico y yo estaremos cogiendo un avión que nos dejará en Goteborg, Suecia. Estaremos dos semanas de vacaciones en las que pasaremos cuatro días en Goteborg, cuatro en Estocolmo, tres en Malmo terminando en Dinamarca para pasar los tres últimos días en Copenhague.
Vacaciones en el sentido más estricto de la palabra. No hay doble lectura. Viajar, oh viajar, resulta curioso que las cosas por las que continuamente más me ilusione estén ligadas al hecho de irme lejos de donde estoy. Escapar, tomar aire y sentir que allá donde voy nace una persona con dos semanas de vida que morirá en el momento en el que baje del avión que me traiga de vuelta. Así es un poco como recuerdo los otros grandes viajes que he hecho a lo largo de mi vida. Un periodo de tiempo en el que las responsabilidades forman parte del ocio y que la mayor preocupación que debo tener es no perder el tren que me lleve a la siguiente ciudad en la que emborracharme.
¿Y por qué Suecia? Pues...
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Todo se empezó a gestar hace cosa de un año cuando a raiz de conocer a Víktor, este chico con tan cara de sueco que sale en la foto, y pasar este unos cuantos días en casa de Manolo, dijimos algo asi como “el año que viene vamos para Suecia”. Que una propuesta así se haya convertido en una realidad y no haya quedado en ese puto saco roto donde quedan todas esas promesas sin cumplir, es algo que me emociona y que me hace coger con más ganas si cabe este viaje.
Manolo no viene finalmente haciendo de esto el gran “pero” de las vacaciones. Como meta a futuro esperamos conseguir que ese “ya lo haremos otro año” no caiga en el saco de mierda del que hablaba.
Y es que me encanta, me encanta que los recuerdos se construyan paso a paso sin tener que hacer nada, sin tener por qué gastarnos cinco gigas de memoria en la camara digital y contentarnos a veces con pasear al lado de una costa o mirando por la ventana de un tren que se convierte en el puente entre dos ciudades. Y sí, hoy me permito ser cursi en este último post antes de irme por dos razones:
1) Porque me sale de los cojones
2) Porque me sale de los huevos
No sé que más decir. Estoy emocionado.
Nos vemos a la vuelta.
Este viernes a las cinco menos veinte de la tarde Fanny, Quico y yo estaremos cogiendo un avión que nos dejará en Goteborg, Suecia. Estaremos dos semanas de vacaciones en las que pasaremos cuatro días en Goteborg, cuatro en Estocolmo, tres en Malmo terminando en Dinamarca para pasar los tres últimos días en Copenhague.
Vacaciones en el sentido más estricto de la palabra. No hay doble lectura. Viajar, oh viajar, resulta curioso que las cosas por las que continuamente más me ilusione estén ligadas al hecho de irme lejos de donde estoy. Escapar, tomar aire y sentir que allá donde voy nace una persona con dos semanas de vida que morirá en el momento en el que baje del avión que me traiga de vuelta. Así es un poco como recuerdo los otros grandes viajes que he hecho a lo largo de mi vida. Un periodo de tiempo en el que las responsabilidades forman parte del ocio y que la mayor preocupación que debo tener es no perder el tren que me lleve a la siguiente ciudad en la que emborracharme.
¿Y por qué Suecia? Pues...
Todo se empezó a gestar hace cosa de un año cuando a raiz de conocer a Víktor, este chico con tan cara de sueco que sale en la foto, y pasar este unos cuantos días en casa de Manolo, dijimos algo asi como “el año que viene vamos para Suecia”. Que una propuesta así se haya convertido en una realidad y no haya quedado en ese puto saco roto donde quedan todas esas promesas sin cumplir, es algo que me emociona y que me hace coger con más ganas si cabe este viaje.
Manolo no viene finalmente haciendo de esto el gran “pero” de las vacaciones. Como meta a futuro esperamos conseguir que ese “ya lo haremos otro año” no caiga en el saco de mierda del que hablaba.
Y es que me encanta, me encanta que los recuerdos se construyan paso a paso sin tener que hacer nada, sin tener por qué gastarnos cinco gigas de memoria en la camara digital y contentarnos a veces con pasear al lado de una costa o mirando por la ventana de un tren que se convierte en el puente entre dos ciudades. Y sí, hoy me permito ser cursi en este último post antes de irme por dos razones:
1) Porque me sale de los cojones
2) Porque me sale de los huevos
No sé que más decir. Estoy emocionado.
Nos vemos a la vuelta.
martes, junio 24, 2008
Worst Post Ever
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Estoy tumbado boca abajo en mi cama con la habitación semi oscura iluminada tan solo por la pantalla del ordenador. Suena el Mezzanine de Massive Attack, un oído lo tengo puesto en el disco y otro en el cuarto de baño esperando a que la puerta se abra para asi poder entrar de una vez. Mientras, empiezo a recordar la consulta del médico que he tenido esta misma tarde.
Se abre la puerta del cuarto de baño, noto que alguien ha hincado la rodilla en colchón y puedo intuir que será mi hermana en uno de esos abrazos que me da a traición y sin que yo me lo espere... nada más lejos de la realidad. En lugar de eso tengo a mi hermano Alex en cuestión de segundos sentado encima de culo y azotándome en este insinuándome que “no sea maricona”. Hoy es su 25 cumpleaños, no le he regalado nada e imagino que vendrá a por lo suyo.Sin tiempo a que le de una respuesta se marcha y me deja meditando sobre la consulta del médico. For my family forever.
Recuerdo la cara del médico. La cara de un tipo soso que se aburre detrás de un ordenador y que lo que ve detrás de su escritorio son minutos de menos que le falta hasta que se vaya a casa a ver Mira Quien Baila o lo que ostias echen ahora.
- ¿Qué te pasa Francisco?
- Pues nada, desde ayer vengo teniendo mareo y dolor de cabeza. También tengo fiebre y esta mañana me he despertado con flemas...
Escribía y escribía en su ordenador para entonces mirarme a través de sus centelleantes gafas y hacerme una pregunta que me pillo fuera de juego:
- ¿De que color son las flemas?
Como reponderle “No lo sé, la mayoría de ellas me las trago porque me pilla en la cama y por no levantarme ya se sabe” no me parecía muy decoroso, le dije que:
- Pues tampoco es que me fije mucho pero yo diría que son transparentes...
Me mandó entonces a la camilla, me senté, cogió la linterna, echó un vistazo a mi garganta y como el mecánico que dice “esto es de las bujías” al conductor, a mi me dijo “esto es amicdalítis”. Ibuprofeno, Paracetamol y un protector gástrico para que no me vaya por la pata abajo con tanta pastilla.
Algo así es lo que se me había ocurrido escribir tumbado en la cama, escuchando el Mezanine y con mi hermano acabado de azotarme en el culo. Te he dicho ya que felicidades?
Estoy tumbado boca abajo en mi cama con la habitación semi oscura iluminada tan solo por la pantalla del ordenador. Suena el Mezzanine de Massive Attack, un oído lo tengo puesto en el disco y otro en el cuarto de baño esperando a que la puerta se abra para asi poder entrar de una vez. Mientras, empiezo a recordar la consulta del médico que he tenido esta misma tarde.
Se abre la puerta del cuarto de baño, noto que alguien ha hincado la rodilla en colchón y puedo intuir que será mi hermana en uno de esos abrazos que me da a traición y sin que yo me lo espere... nada más lejos de la realidad. En lugar de eso tengo a mi hermano Alex en cuestión de segundos sentado encima de culo y azotándome en este insinuándome que “no sea maricona”. Hoy es su 25 cumpleaños, no le he regalado nada e imagino que vendrá a por lo suyo.Sin tiempo a que le de una respuesta se marcha y me deja meditando sobre la consulta del médico. For my family forever.
Recuerdo la cara del médico. La cara de un tipo soso que se aburre detrás de un ordenador y que lo que ve detrás de su escritorio son minutos de menos que le falta hasta que se vaya a casa a ver Mira Quien Baila o lo que ostias echen ahora.
- ¿Qué te pasa Francisco?
- Pues nada, desde ayer vengo teniendo mareo y dolor de cabeza. También tengo fiebre y esta mañana me he despertado con flemas...
Escribía y escribía en su ordenador para entonces mirarme a través de sus centelleantes gafas y hacerme una pregunta que me pillo fuera de juego:
- ¿De que color son las flemas?
Como reponderle “No lo sé, la mayoría de ellas me las trago porque me pilla en la cama y por no levantarme ya se sabe” no me parecía muy decoroso, le dije que:
- Pues tampoco es que me fije mucho pero yo diría que son transparentes...
Me mandó entonces a la camilla, me senté, cogió la linterna, echó un vistazo a mi garganta y como el mecánico que dice “esto es de las bujías” al conductor, a mi me dijo “esto es amicdalítis”. Ibuprofeno, Paracetamol y un protector gástrico para que no me vaya por la pata abajo con tanta pastilla.
Algo así es lo que se me había ocurrido escribir tumbado en la cama, escuchando el Mezanine y con mi hermano acabado de azotarme en el culo. Te he dicho ya que felicidades?
lunes, junio 23, 2008
Rojo menstruación
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La marea roja. Joder. Dos horas de un partido aburrido nos llevan a los únicos cinco minutos que merecen la pena. Abrazos, saltos, despedidas, un chicle de menta y un tren de la linea cinco de metro que tardará 13 minutos en llegar.
España contra Italia en los cuartos de final de la copa de Europa. Contra Italia, y en los cuartos. Por si los presagios no fueran suficientes para una derrota segura de la selección, tras un partido aburrido en el que España ha jugado mejor, han llegado a los penaltis.
Y España ha ganado.
Cuando uno no estudia un examen y las posibilidades de aprobar son casi nulas, tiene la ventaja de que en el caso de que entre a este no va a estar nervioso porque el suspenso asoma al otro lado del folio. Con el partido de hoy, pues igual. España contra Italia, en cuartos y en la tanda de penaltis... yo no estaba nervioso. Enhorabuena Italia. Otro año será. Jugamos mejor pero no pudo ser. La tanda de penaltis es una lotería. A por ellos, oé, oé, oé... Y va España y gana.
Tócate los huevos.
Alegría, buen rollo en el cuerpo y un chicle que tiro en la papelera del transbordo del metro, abre la brecha para que empiecen a salir adolescentes con carta blanca para hacer el cafre en el momento y de la forma que sea. Tras el transbordo llego al andén de la linea 5 y el cartel luminoso me ha da un ostiazo diciendo que tengo que esperar 13 minutos para que llegue el tren.
Viva España. Enredemos nuestras banderas alrededor de nuestro cuello, pintémonos la cara, quitémonos las camisetas pero sobre todo... CANTEMOS COMO HIJOS DE PUTA. Por que sí, porque somos felices y porque el “LO” es una sílaba lo suficientemente potente como para convertirla en la letra del himno de nuestro país. Cantala. “No seas soso.... que hemos ganao”.
“Rubia guapa! Tu también!!”
Entonces el tren se va vaciando, entra Fer, comento el partido con él, se baja a las tres paradas, bajo del metro, veo que mi padre tiene el coche aparcado en la puerta, llego a casa, saludo a Rey que me espera con la zapatilla en la boca y recuerdo que España ha ganado por penaltis en los cuartos de final de la copa de Europa a Italia.
Estoy feliz aunque mañana sea lunes.
La marea roja. Joder. Dos horas de un partido aburrido nos llevan a los únicos cinco minutos que merecen la pena. Abrazos, saltos, despedidas, un chicle de menta y un tren de la linea cinco de metro que tardará 13 minutos en llegar.
España contra Italia en los cuartos de final de la copa de Europa. Contra Italia, y en los cuartos. Por si los presagios no fueran suficientes para una derrota segura de la selección, tras un partido aburrido en el que España ha jugado mejor, han llegado a los penaltis.
Y España ha ganado.
Cuando uno no estudia un examen y las posibilidades de aprobar son casi nulas, tiene la ventaja de que en el caso de que entre a este no va a estar nervioso porque el suspenso asoma al otro lado del folio. Con el partido de hoy, pues igual. España contra Italia, en cuartos y en la tanda de penaltis... yo no estaba nervioso. Enhorabuena Italia. Otro año será. Jugamos mejor pero no pudo ser. La tanda de penaltis es una lotería. A por ellos, oé, oé, oé... Y va España y gana.
Tócate los huevos.
Alegría, buen rollo en el cuerpo y un chicle que tiro en la papelera del transbordo del metro, abre la brecha para que empiecen a salir adolescentes con carta blanca para hacer el cafre en el momento y de la forma que sea. Tras el transbordo llego al andén de la linea 5 y el cartel luminoso me ha da un ostiazo diciendo que tengo que esperar 13 minutos para que llegue el tren.
Viva España. Enredemos nuestras banderas alrededor de nuestro cuello, pintémonos la cara, quitémonos las camisetas pero sobre todo... CANTEMOS COMO HIJOS DE PUTA. Por que sí, porque somos felices y porque el “LO” es una sílaba lo suficientemente potente como para convertirla en la letra del himno de nuestro país. Cantala. “No seas soso.... que hemos ganao”.
“Rubia guapa! Tu también!!”
Entonces el tren se va vaciando, entra Fer, comento el partido con él, se baja a las tres paradas, bajo del metro, veo que mi padre tiene el coche aparcado en la puerta, llego a casa, saludo a Rey que me espera con la zapatilla en la boca y recuerdo que España ha ganado por penaltis en los cuartos de final de la copa de Europa a Italia.
Estoy feliz aunque mañana sea lunes.
lunes, junio 16, 2008
This is one called: Perfao
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Si alguien le preguntara a una persona a la que apuntan con una pistola en la cabeza y puede notar el frío acero de esta en su sien, qué siente, esta no respondería miedo. O si a algun niño futbolero desde pequeño y fan del Real Madrid le dejan jugar un partido en el Bernabeu con todas sus estrellas, este tampoco diría que siente felicidad. Es algo que sé. ¿Y por qué? Pues porque ayer, con motivo de trasnochar para ver el quinto partido de la final de la NBA, no dormí más que una hora. Lo que sentí por la mañana al despertarme y luego en el trabajo no era sueño, era una pistola apuntándome a la cabeza, era un partido de fútbol en el Bernabeú, era algo más.
El sueño, cuando me levanto, me hace bostezar, remolonear en la cama largo rato, estirarme... no sé, esas cosas. La sensación de esta mañana al sonar el depertador fue estirar el brazo para apagarlo como si no hubiera ocurrido nada y entonces seguir durmiendo. Pero entonces una pequeña voz dentro de mí que resultaba ser la única parte consciente que tenía en ese momento me relataba lo que acababa de ocurrir: Tío, ha sonado el despertador, luego has estirado el brazo para finalmente apagarlo y ¿sabes por qué ha sonado el despertador? - me decía esa vocecilla. Y entonces yo me despertaba de una vez, en seco y asustado para coger el despertador con la mano derecha, mirarlo y entonces decir algo así como:
¡Y UNA POLLA!
Lavarme la cara no servía, la ducha tampoco. Me movía por la casa con los ojos rojos y la boca abierta buscando algún sentido a aquello: “No puede ser” “No puede ser” me repetía. Cualquier cosa que no fuera seguir durmiendo era la idea más absurda que a nadie se le hubiera ocurrido, y si esta idea resultaba ser ir a trabajar, pues bueno, esto... era peor aún. La idea de llamar al trabajo y decir que no podía ir porque TENÍA MUCHO SUEÑO, se me pasó por la cabeza mientras iba a desayunar y de hecho, si a quien se lo contara le pudiera reflejar en una milésima parte mi estado en aquel momento, vendría a casa a contarme un cuento, arroparme y darme un beso en la frente para seguir con su labor no sin antes acariciarme el pelo y decir “ay.... pobre”.
Pero claro, luego asalta el motivo por el cual estaba así de puteado lo cual si para todo ser humano supone un “tío, pues te jodes” a mi me ha dejado la sensación de “ha merecido la pena” a pesar de todo.
Recuerdo con especial cariño dos momentos de los playoffs de la NBA que me hicieron gritar y saltar a las seis de la mañana como si hubiera ganado un viaje a Cuba en un rasca y gana. A alguno le sonará.
Ayer no hubo un final tan dramático. De hecho, los Lakers (equipo al que apoyo) ganaron sí, pero siguen abajo en la eliminatoria y lo tienen más que jodido para llevarse el título. Aun con esas el reencuentro con la NBA de madrugada me pareció muy mágico y algo por lo que mereció la pena despertarse puteado un lunes e incluso, escribir este post.
Y supongo que este post podría responder también a la pregunta de ¿Qué tal llevas el examen del viernes?
Emmm, ufff, he perfao...
Si alguien le preguntara a una persona a la que apuntan con una pistola en la cabeza y puede notar el frío acero de esta en su sien, qué siente, esta no respondería miedo. O si a algun niño futbolero desde pequeño y fan del Real Madrid le dejan jugar un partido en el Bernabeu con todas sus estrellas, este tampoco diría que siente felicidad. Es algo que sé. ¿Y por qué? Pues porque ayer, con motivo de trasnochar para ver el quinto partido de la final de la NBA, no dormí más que una hora. Lo que sentí por la mañana al despertarme y luego en el trabajo no era sueño, era una pistola apuntándome a la cabeza, era un partido de fútbol en el Bernabeú, era algo más.
El sueño, cuando me levanto, me hace bostezar, remolonear en la cama largo rato, estirarme... no sé, esas cosas. La sensación de esta mañana al sonar el depertador fue estirar el brazo para apagarlo como si no hubiera ocurrido nada y entonces seguir durmiendo. Pero entonces una pequeña voz dentro de mí que resultaba ser la única parte consciente que tenía en ese momento me relataba lo que acababa de ocurrir: Tío, ha sonado el despertador, luego has estirado el brazo para finalmente apagarlo y ¿sabes por qué ha sonado el despertador? - me decía esa vocecilla. Y entonces yo me despertaba de una vez, en seco y asustado para coger el despertador con la mano derecha, mirarlo y entonces decir algo así como:
¡Y UNA POLLA!
Lavarme la cara no servía, la ducha tampoco. Me movía por la casa con los ojos rojos y la boca abierta buscando algún sentido a aquello: “No puede ser” “No puede ser” me repetía. Cualquier cosa que no fuera seguir durmiendo era la idea más absurda que a nadie se le hubiera ocurrido, y si esta idea resultaba ser ir a trabajar, pues bueno, esto... era peor aún. La idea de llamar al trabajo y decir que no podía ir porque TENÍA MUCHO SUEÑO, se me pasó por la cabeza mientras iba a desayunar y de hecho, si a quien se lo contara le pudiera reflejar en una milésima parte mi estado en aquel momento, vendría a casa a contarme un cuento, arroparme y darme un beso en la frente para seguir con su labor no sin antes acariciarme el pelo y decir “ay.... pobre”.
Pero claro, luego asalta el motivo por el cual estaba así de puteado lo cual si para todo ser humano supone un “tío, pues te jodes” a mi me ha dejado la sensación de “ha merecido la pena” a pesar de todo.
Recuerdo con especial cariño dos momentos de los playoffs de la NBA que me hicieron gritar y saltar a las seis de la mañana como si hubiera ganado un viaje a Cuba en un rasca y gana. A alguno le sonará.
Ayer no hubo un final tan dramático. De hecho, los Lakers (equipo al que apoyo) ganaron sí, pero siguen abajo en la eliminatoria y lo tienen más que jodido para llevarse el título. Aun con esas el reencuentro con la NBA de madrugada me pareció muy mágico y algo por lo que mereció la pena despertarse puteado un lunes e incluso, escribir este post.
Y supongo que este post podría responder también a la pregunta de ¿Qué tal llevas el examen del viernes?
Emmm, ufff, he perfao...
domingo, junio 01, 2008
Quizá algun día
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Días de lluvia ya metidos en Junio me trasladan a Londres. Llueve, se despeja para al cabo del rato volver a llover y acabar el día con un desconcierto en el cielo que hacen de las nubes un cuadro. Otra vez recordando. OTRA VEZ. Recuerdos buenos en días de hastío hacen de estos historias que creías olvidadas, quizá por una forma de autodefensa o de un contraataque que se echa encima sin pedirlo, películas con bandas sonoras que se engrandecen en sus últimas notas haciéndote mirar otro lado para que nadie vea que de tus ojos está a punto de salir una lágrima del tamaño de tu puño.
Me gusta ver una foto y meterme dentro de ella, buscar cosas que me den pistas para saber lo que allí detrás pasaba. Relojes, prendas de vestir, expresión de las caras, desperdicios del suelo, reflejos en cristales abandonados o en las gafas de sol de cualquiera que se deje, anuncios de próximos eventos o de productos nuevos sin trascendencia, aquel padre que le echa la bronca a su hija, semáforos en rojo o el marcador del metro que te dice cuantos minutos faltan para que este llegue. Eso es al fin y al cabo una foto, un montón de recuerdos en forma de imagen que a su vez evocan otros recuerdos.
Pero eso ya no vale.
Hoy en día lo que vale es la foto como escaparate. Que la única motivación de alguien sea hacer de una foto un JOTA PE GE en el que te enseño lo grandes que son mis tetas o lo bien que salgo en esta foto en la que, por caprichos del destino o alguna luz/sombra en el lugar apropiado, mis defectos se ocultan. Personalmente me parece una putada.
Cumpleaños, reyes... comuniones, cualquier excusa puede ser buena para regalar una cámara digital. Antes la gente tenía la limitación de tener que apoquinar para revelar una foto lo que hacía a esas personas pensarse dos veces si dirigir la cámara a sus testículos afeitados o a lo que se ve por su ventana. Ahora esa traba no existe y para mí es como si de un día para otro a todo el mundo se le diera la oportunidad de grabar un disco o rodar un corto con el único sacrificio de tener que recargar la batería cuando esta se te acabe. Que si aún con esas la mierda desborda, pues hagámonos una idea.
¿Alguien dijo Fotolog?
Días de lluvia ya metidos en Junio me trasladan a Londres. Llueve, se despeja para al cabo del rato volver a llover y acabar el día con un desconcierto en el cielo que hacen de las nubes un cuadro. Otra vez recordando. OTRA VEZ. Recuerdos buenos en días de hastío hacen de estos historias que creías olvidadas, quizá por una forma de autodefensa o de un contraataque que se echa encima sin pedirlo, películas con bandas sonoras que se engrandecen en sus últimas notas haciéndote mirar otro lado para que nadie vea que de tus ojos está a punto de salir una lágrima del tamaño de tu puño.
Me gusta ver una foto y meterme dentro de ella, buscar cosas que me den pistas para saber lo que allí detrás pasaba. Relojes, prendas de vestir, expresión de las caras, desperdicios del suelo, reflejos en cristales abandonados o en las gafas de sol de cualquiera que se deje, anuncios de próximos eventos o de productos nuevos sin trascendencia, aquel padre que le echa la bronca a su hija, semáforos en rojo o el marcador del metro que te dice cuantos minutos faltan para que este llegue. Eso es al fin y al cabo una foto, un montón de recuerdos en forma de imagen que a su vez evocan otros recuerdos.
Pero eso ya no vale.
Hoy en día lo que vale es la foto como escaparate. Que la única motivación de alguien sea hacer de una foto un JOTA PE GE en el que te enseño lo grandes que son mis tetas o lo bien que salgo en esta foto en la que, por caprichos del destino o alguna luz/sombra en el lugar apropiado, mis defectos se ocultan. Personalmente me parece una putada.
Cumpleaños, reyes... comuniones, cualquier excusa puede ser buena para regalar una cámara digital. Antes la gente tenía la limitación de tener que apoquinar para revelar una foto lo que hacía a esas personas pensarse dos veces si dirigir la cámara a sus testículos afeitados o a lo que se ve por su ventana. Ahora esa traba no existe y para mí es como si de un día para otro a todo el mundo se le diera la oportunidad de grabar un disco o rodar un corto con el único sacrificio de tener que recargar la batería cuando esta se te acabe. Que si aún con esas la mierda desborda, pues hagámonos una idea.
¿Alguien dijo Fotolog?
lunes, mayo 26, 2008
Andrómeda
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Me lavo la cara con fuerza en frente del espejo del cuarto de baño, me miro fijamente sin secarme y me quedo embobado con esa gota que se decide a saltar de mi nariz hacia el lavabo. Parece caer a cámara lenta, parece que me habla en ese corto espacio de tiempo. Me saluda y la veo despedirse de mí agitando una improvisada mano mientras cae por el sumidero. La culpa es de Moulin Rouge, tiene que serlo. Que me de pena una gota de agua que corre por una tubería se debe a estar catalogando en el trabajo la banda sonora de Moulin Rouge. Come what may y sécate la cara ya, gilipollas.
Salgo de casa fresco, mirando al cielo con los cascos puestos, comiéndome un plátano y pensando que estoy a gusto. Por un momento pienso en que la ropa que he elegido influye, pero que coño, si hubiera estado catalogando Caníbal Corpse todo lo que no hubiera sido chupa de cuero y calzoncillos de tachuelas hubiera sido una soberana mariconada.
En mis oídos suena Health Control, entro al metro y me siento donde siempre. Siguiente parada y unas madres entran cos dos niñas y un niño de edad parecida que debía rondar los seis años. El niño está justo en frente de mi. Al rato se arranca a bailar y a moverse como poseído. No puedo dejar de mirarle y lo cierto es que su contoneo me empieza a parecer bastante bastante gracioso. Cruzamos miradas. Envidio de los niños ese pasotismo a la hora de esquivar situaciones tensas, el niño seguía moviéndose de un lado para otro como si el que le estuviera mirando fuera un muñeco de cera. Es entonces cuando me pregunto si todo eso tenía alguna razón. Encuentro un porque al quitarme los cascos y escuchar un acordeón que suena desde la otra punta del metro. ESBOZO una sonrisa, saco la psp desde la que escucho música y aprovecho el parón para cambiar de disco. Pongo el Ultrasónica de Los Piratas y me pregunto si en el mundo entero existe algún nombre de un disco que suene menos popi que ese. Es solo pensarlo y de mi piel brotan lunares rojos y complementos del HyM.
Paradas después se bajan los niños mientras pienso en lo...mmmmm... raro que me resulta cuando un niño me sujeta la puerta para que entre al portal. Es como... ¿por qué tengo la sensación de que un simple gracias no vale, sino que tengo que sonreírle, darle las gracias y darle un toque en la cabeza en una especie de “muy bien muchacho!”? Qué se yo, Moulin Rouge o algo.
Pasa una parada y se sienta un hombre con cara de simpático en frente mía con una niña al lado de unos diez años. Empiezan a jugar a las palmas: Cho – co, Cho – co, La – La, Cho- Co, Cho – co, Te – Te... conozco ese juego. Cada vez lo hacen más rápido y es el hombre el que siempre se equivoca provocándome otra sonrisa de la que ni Terminator hubiera escapado. El padre me mira, yo miro hacia abajo y veo en el suelo una muestra de colonia de Bodybell. Siguen jugando, suena El Equilibrio es imposible y sus risas se vuelven más contagiosas por momentos cuando la canción llega a sus notas más altas. Se me hace un nudo en el estómago
Me lavo la cara con fuerza en frente del espejo del cuarto de baño, me miro fijamente sin secarme y me quedo embobado con esa gota que se decide a saltar de mi nariz hacia el lavabo. Parece caer a cámara lenta, parece que me habla en ese corto espacio de tiempo. Me saluda y la veo despedirse de mí agitando una improvisada mano mientras cae por el sumidero. La culpa es de Moulin Rouge, tiene que serlo. Que me de pena una gota de agua que corre por una tubería se debe a estar catalogando en el trabajo la banda sonora de Moulin Rouge. Come what may y sécate la cara ya, gilipollas.
Salgo de casa fresco, mirando al cielo con los cascos puestos, comiéndome un plátano y pensando que estoy a gusto. Por un momento pienso en que la ropa que he elegido influye, pero que coño, si hubiera estado catalogando Caníbal Corpse todo lo que no hubiera sido chupa de cuero y calzoncillos de tachuelas hubiera sido una soberana mariconada.
En mis oídos suena Health Control, entro al metro y me siento donde siempre. Siguiente parada y unas madres entran cos dos niñas y un niño de edad parecida que debía rondar los seis años. El niño está justo en frente de mi. Al rato se arranca a bailar y a moverse como poseído. No puedo dejar de mirarle y lo cierto es que su contoneo me empieza a parecer bastante bastante gracioso. Cruzamos miradas. Envidio de los niños ese pasotismo a la hora de esquivar situaciones tensas, el niño seguía moviéndose de un lado para otro como si el que le estuviera mirando fuera un muñeco de cera. Es entonces cuando me pregunto si todo eso tenía alguna razón. Encuentro un porque al quitarme los cascos y escuchar un acordeón que suena desde la otra punta del metro. ESBOZO una sonrisa, saco la psp desde la que escucho música y aprovecho el parón para cambiar de disco. Pongo el Ultrasónica de Los Piratas y me pregunto si en el mundo entero existe algún nombre de un disco que suene menos popi que ese. Es solo pensarlo y de mi piel brotan lunares rojos y complementos del HyM.
Paradas después se bajan los niños mientras pienso en lo...mmmmm... raro que me resulta cuando un niño me sujeta la puerta para que entre al portal. Es como... ¿por qué tengo la sensación de que un simple gracias no vale, sino que tengo que sonreírle, darle las gracias y darle un toque en la cabeza en una especie de “muy bien muchacho!”? Qué se yo, Moulin Rouge o algo.
Pasa una parada y se sienta un hombre con cara de simpático en frente mía con una niña al lado de unos diez años. Empiezan a jugar a las palmas: Cho – co, Cho – co, La – La, Cho- Co, Cho – co, Te – Te... conozco ese juego. Cada vez lo hacen más rápido y es el hombre el que siempre se equivoca provocándome otra sonrisa de la que ni Terminator hubiera escapado. El padre me mira, yo miro hacia abajo y veo en el suelo una muestra de colonia de Bodybell. Siguen jugando, suena El Equilibrio es imposible y sus risas se vuelven más contagiosas por momentos cuando la canción llega a sus notas más altas. Se me hace un nudo en el estómago
jueves, mayo 22, 2008
Introspección
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Estos son dos, se cae el de la derecha y dice el del medio: joder, para una vez que no me toca a mí.
Buenas o malas, lo que nos mueve por dentro y nos hace sentir cosas son las sensaciones nuevas, las inesperadas. Ese tío que aparece en mitad de un oscuro pasillo sin que tu lo esperases te hará gritar como hacía tiempo que no lo hacías. Un adolescente que se tropieza con una farola que no ha visto venir, te hará descojonarte sin saber por qué. Los aprobados que mejor saben son de esos exámenes por los que no dabas un duro y los suspensos que más duelen son esos otros que habías bordado. ¿El mejor regalo? Que no se lo espere, que cuando lo desenvuelva te mire a los ojos y se pregunte como has sido capaz de encontrar eso independientemente de cuanto te haya costado.

Hoy me ha dado por revisar el blog (vale sí, a veces lo hago) he pinchado en abril de 2006, he leído unos cuantos posts y he pensado “joder... ¡mola!”. Con la objetividad que produce el leerse al cabo del tiempo ya que lo escrito lo he visto con ojos de que lo ha podido hacer cualquiera, lo que se me ha venido a la cabeza es que la persona que ha escrito eso me caería bien. Acto seguido me he preguntado por qué no escribo tan fluido como antes y por qué tengo la sensación que a mi yo de dentro de dos años, si leyera lo que escribo ahora, no le despertaría esa simpatia. La respuesta es fácil y breve, tan breve como una sola palabra: Exigencia.

Y esto del blog no es una cuestión de demostrarle al mundo lo gorda que la tengo y lo bien que lo hago, porque siendo sinceros, si antes no me leía mucha gente, la inconstancia de los posts hace que hoy por hoy me lea mucho menos. Lo hago por mí. Exigencia, espiritú de superación, putada, llámalo como quieras, pero leerme a mi mismo hace un tiempo me ha hecho tener ganas de que desaparezca esta sensación.

Leo a Gonzalo y pienso, “que cabrón, que pedazo de post le ha quedado” y no ha escrito mas que una tarde en la que se ha ido a comprar unos vaqueros y se ha cruzado con un par de personas. Sin pretensiones, simplemente escribiendo y dejando a un lado intentos en vano de hacer de un blog minoritario el próximo guión de Tarantino. Y es que a veces la mejor forma de sorprender no es rebuscando en fondo del armario a ver donde está nuestro mejor complemento, a veces lo mejor es abrir el armario y contar qué cojones hay.
Cierro este post con el que me libero rescatando algo que dijo un tío que me cae bastante mejor que ahora:
Uno de los pequeños “miedos” que tenía al empezar el blog era llegar a tener la sensación de que las historias que contara pudieran, como decirlo… sudársela a la gente, bien porque resultara repetitivas o poco interesantes.
Con el paso de los post me he dado cuenta de que lo que puede conseguir que estos resulten un autentico coñazo es que esto me preocupe.
Estos son dos, se cae el de la derecha y dice el del medio: joder, para una vez que no me toca a mí.
Buenas o malas, lo que nos mueve por dentro y nos hace sentir cosas son las sensaciones nuevas, las inesperadas. Ese tío que aparece en mitad de un oscuro pasillo sin que tu lo esperases te hará gritar como hacía tiempo que no lo hacías. Un adolescente que se tropieza con una farola que no ha visto venir, te hará descojonarte sin saber por qué. Los aprobados que mejor saben son de esos exámenes por los que no dabas un duro y los suspensos que más duelen son esos otros que habías bordado. ¿El mejor regalo? Que no se lo espere, que cuando lo desenvuelva te mire a los ojos y se pregunte como has sido capaz de encontrar eso independientemente de cuanto te haya costado.

Hoy me ha dado por revisar el blog (vale sí, a veces lo hago) he pinchado en abril de 2006, he leído unos cuantos posts y he pensado “joder... ¡mola!”. Con la objetividad que produce el leerse al cabo del tiempo ya que lo escrito lo he visto con ojos de que lo ha podido hacer cualquiera, lo que se me ha venido a la cabeza es que la persona que ha escrito eso me caería bien. Acto seguido me he preguntado por qué no escribo tan fluido como antes y por qué tengo la sensación que a mi yo de dentro de dos años, si leyera lo que escribo ahora, no le despertaría esa simpatia. La respuesta es fácil y breve, tan breve como una sola palabra: Exigencia.

Y esto del blog no es una cuestión de demostrarle al mundo lo gorda que la tengo y lo bien que lo hago, porque siendo sinceros, si antes no me leía mucha gente, la inconstancia de los posts hace que hoy por hoy me lea mucho menos. Lo hago por mí. Exigencia, espiritú de superación, putada, llámalo como quieras, pero leerme a mi mismo hace un tiempo me ha hecho tener ganas de que desaparezca esta sensación.

Leo a Gonzalo y pienso, “que cabrón, que pedazo de post le ha quedado” y no ha escrito mas que una tarde en la que se ha ido a comprar unos vaqueros y se ha cruzado con un par de personas. Sin pretensiones, simplemente escribiendo y dejando a un lado intentos en vano de hacer de un blog minoritario el próximo guión de Tarantino. Y es que a veces la mejor forma de sorprender no es rebuscando en fondo del armario a ver donde está nuestro mejor complemento, a veces lo mejor es abrir el armario y contar qué cojones hay.
Cierro este post con el que me libero rescatando algo que dijo un tío que me cae bastante mejor que ahora:
Uno de los pequeños “miedos” que tenía al empezar el blog era llegar a tener la sensación de que las historias que contara pudieran, como decirlo… sudársela a la gente, bien porque resultara repetitivas o poco interesantes.
Con el paso de los post me he dado cuenta de que lo que puede conseguir que estos resulten un autentico coñazo es que esto me preocupe.
lunes, mayo 12, 2008
Siempre me gustó esta foto. Nunca me gustó madalena escrita con G.
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Hace ya un par de años, recorríamos ciudades entre trenes en los que, si hoy me montara en alguno de ellos, sufriría una de esas sensaciones que te hace creer que estuviste ahí ayer mismo.
Una marca: Senheisser. La de unos cascos que cubrían mi cabeza y conseguían que la música me envolviera de tal forma que, por una parte, impedía que entrase un solo ruido de fuera y por otra, me hacía prometer a mi mismo tener unos cascos parecidos algún día.
Meses después de que ese día llegara, me encontraba en el metro yendo desde un sitio hacia algún otro. Dos horas de sueño a mis espaldas me hacían no tener claro ninguno de estas dos cosas. En mi mano una madalena, en mis orejas unos Senheisser. Empezaba a sonar una canción en la que se escuchaba una fuente, un río, ruidos de alguna intro que me hacían agradecer no estar meándome. Sin prisa le quitaba el envoltorio a la madalena sin evitar, por supuesto, que algún trozo quedara pegado a él. Algún dia lo conseguiría, pero no iba a ser ese.
Una madalena, un envoltorio, unos cascos y una chica delante mia agitando de un lado para otro una botella de agua mineral. Parecía haber ensayado alguna coreografía con la música de mis cascos mientras yo salía de la hipnosis producida por el movimiento del agua para comerme el primer trozo de madalena.
De repente la música y la botella de agua cobraron sentido cuando el bolo alimenticio en el que se había convertido la madalena dentro de mi boca parecia hacerse más y más grande. ¿Habéis probado a tiraros un eructo en un concierto a todo trapo? Pues esa era la sensación. Unos cascos que desvirtuaban la realidad de un sonido, el de una boca seca amasando madalena, y le daban coherencia y necesidad a otro, el de la música del río, el agua, la fuente y de todas esas cosas que me hicieron desear arrancarle la botella de agua a la chica de enfrente mío.
Se acaba la intro, empezaba la canción, la chica se bajaba y yo me acababa la madalena.
Gracias por ella.
Hace ya un par de años, recorríamos ciudades entre trenes en los que, si hoy me montara en alguno de ellos, sufriría una de esas sensaciones que te hace creer que estuviste ahí ayer mismo.
Una marca: Senheisser. La de unos cascos que cubrían mi cabeza y conseguían que la música me envolviera de tal forma que, por una parte, impedía que entrase un solo ruido de fuera y por otra, me hacía prometer a mi mismo tener unos cascos parecidos algún día.
Meses después de que ese día llegara, me encontraba en el metro yendo desde un sitio hacia algún otro. Dos horas de sueño a mis espaldas me hacían no tener claro ninguno de estas dos cosas. En mi mano una madalena, en mis orejas unos Senheisser. Empezaba a sonar una canción en la que se escuchaba una fuente, un río, ruidos de alguna intro que me hacían agradecer no estar meándome. Sin prisa le quitaba el envoltorio a la madalena sin evitar, por supuesto, que algún trozo quedara pegado a él. Algún dia lo conseguiría, pero no iba a ser ese.
Una madalena, un envoltorio, unos cascos y una chica delante mia agitando de un lado para otro una botella de agua mineral. Parecía haber ensayado alguna coreografía con la música de mis cascos mientras yo salía de la hipnosis producida por el movimiento del agua para comerme el primer trozo de madalena.
De repente la música y la botella de agua cobraron sentido cuando el bolo alimenticio en el que se había convertido la madalena dentro de mi boca parecia hacerse más y más grande. ¿Habéis probado a tiraros un eructo en un concierto a todo trapo? Pues esa era la sensación. Unos cascos que desvirtuaban la realidad de un sonido, el de una boca seca amasando madalena, y le daban coherencia y necesidad a otro, el de la música del río, el agua, la fuente y de todas esas cosas que me hicieron desear arrancarle la botella de agua a la chica de enfrente mío.
Se acaba la intro, empezaba la canción, la chica se bajaba y yo me acababa la madalena.
Gracias por ella.
martes, abril 29, 2008
Una historia de Londres
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Andábamos Nerea, aquel tipo y yo por una calle peatonal cercana al metro de Notting Hill. Volvíamos de la agencia de trabajo arrastrando los pies, otra mañana más la camisa blanca, los pantalones negros y los zapatos habían sido en balde. El completely shaved que adornaba mi cara también. No teníamos trabajo, no teníamos dinero, estábamos jodidos.
A punto de entrar al metro nos cruzamos con aquel chico francés con el que habíamos trabajado en alguna ocasión y nos comentaba que venía de una agencia de trabajo mucho mejor que en la que estábamos apuntados nosotros. Una mañana libre y las ganas de no tener esa sensación de costreo dentro de nosotros nos hizo ir a esa otra agencia sin pensarlo dos veces. O bueno, quizá sí porque yo creí que había perdido la Oyster Card que estaba finalmente traspapelada en mi cartera y que me hizo mandarme a tomar por culo a mi, a Londres y al mundo.
Bajamos en Victoria Station, conseguimos llegar a la agencia preguntando en cafeterías y dando menos vueltas de las esperadas ya que las indicaciones del francés habían sido: Blue Arrow (Agou) en Victoria (victogia) Station. Entramos los tres y se acercó sonriente la única persona de las que trabajaba allí que no estaba buena. Ahora bien, cuando uno está buscando trabajo y alguien viene y te dice que vas a poder trabajar en seguida durante los próximos tres meses, ya puede ser Florinda Chico con sobredósis de ácido cítrico y ojeras, que el resto queda en segundo lugar. A pesar de las espectaculares tetas de otra de las trabajadoras que estaba allí sentada.
- Mamá
- ¿Sí?
- Tu tiraste la funda de mi abono verdad?
- Si, estaba hecha una mierda hijo
- Emmm, te fijaste si dentro había algo.
- Mmmm, yo creo que no
- No te fijaste si dentro había un papel
- ¿Por qué?
- Mierda!
- ¿Qué pasa?¿Qué había?
- Pues... Joder mamá, ¡me has tirado el tetadín!
Apuntados ya en la agencia y con noticias esperanzadoras sobre nuevos trabajos, estábamos sentados en el césped de un parque contiguo a la estación de Victoria. Nerea y yo sufríamos uno de esos ataques de risa de los que tienes que forzarte a parar para no morir asfixiado, el otro chico si bien al principio nos seguía la risa luego sentía como su silencio no era compartido. Supongo que el hecho de que él fuera el motivo de la mofa tenía algo que ver.
Horticual, Horticulal, horticuese, como si uno de esos hipnotizadores le hubiera robado la palabra “Horticultural”, nuestro amigo se veía totalmente incapaz de decirla. Esta palabra en cuestión era un importante sitio donde tenía experiencia trabajando sirviendo vinos, pero la experiencia en servir vinos se va a tomar viento cuando no eres capaz de pronunciar el sitio donde lo hacías. Nerea y yo lo sabíamos, le forzábamos a que lo repitiera, no lo consiguía y nosotros nos descojonábamos hasta morir. Era una de esas veces en las que llorar merecía la pena.
- Joder Nerea, ¿has visto las tetas de la agencia? La que estaba sentada.
- Si tío, ya nos podía haber atendido ella que encima hablaba español
- Era maja
- Si
- Creo que me hubiera gustado tocarle una teta
- Jajaja
- Sí, debería crearse una norma. Una especie de contrato vitalicio... ¡un comodín de tetas!
Meses después y habiendo extendido la historia del tetadín por tierra mar y aire, un amigo tenía a bien regalarme esto por mi cumpleaños:

Meses después, mi madre lo tiraba a la papelera. Triste por el tetadín, contento por el recuerdo.
Especial dedicación a Nerea.
Andábamos Nerea, aquel tipo y yo por una calle peatonal cercana al metro de Notting Hill. Volvíamos de la agencia de trabajo arrastrando los pies, otra mañana más la camisa blanca, los pantalones negros y los zapatos habían sido en balde. El completely shaved que adornaba mi cara también. No teníamos trabajo, no teníamos dinero, estábamos jodidos.
A punto de entrar al metro nos cruzamos con aquel chico francés con el que habíamos trabajado en alguna ocasión y nos comentaba que venía de una agencia de trabajo mucho mejor que en la que estábamos apuntados nosotros. Una mañana libre y las ganas de no tener esa sensación de costreo dentro de nosotros nos hizo ir a esa otra agencia sin pensarlo dos veces. O bueno, quizá sí porque yo creí que había perdido la Oyster Card que estaba finalmente traspapelada en mi cartera y que me hizo mandarme a tomar por culo a mi, a Londres y al mundo.
Bajamos en Victoria Station, conseguimos llegar a la agencia preguntando en cafeterías y dando menos vueltas de las esperadas ya que las indicaciones del francés habían sido: Blue Arrow (Agou) en Victoria (victogia) Station. Entramos los tres y se acercó sonriente la única persona de las que trabajaba allí que no estaba buena. Ahora bien, cuando uno está buscando trabajo y alguien viene y te dice que vas a poder trabajar en seguida durante los próximos tres meses, ya puede ser Florinda Chico con sobredósis de ácido cítrico y ojeras, que el resto queda en segundo lugar. A pesar de las espectaculares tetas de otra de las trabajadoras que estaba allí sentada.
- Mamá
- ¿Sí?
- Tu tiraste la funda de mi abono verdad?
- Si, estaba hecha una mierda hijo
- Emmm, te fijaste si dentro había algo.
- Mmmm, yo creo que no
- No te fijaste si dentro había un papel
- ¿Por qué?
- Mierda!
- ¿Qué pasa?¿Qué había?
- Pues... Joder mamá, ¡me has tirado el tetadín!
Apuntados ya en la agencia y con noticias esperanzadoras sobre nuevos trabajos, estábamos sentados en el césped de un parque contiguo a la estación de Victoria. Nerea y yo sufríamos uno de esos ataques de risa de los que tienes que forzarte a parar para no morir asfixiado, el otro chico si bien al principio nos seguía la risa luego sentía como su silencio no era compartido. Supongo que el hecho de que él fuera el motivo de la mofa tenía algo que ver.
Horticual, Horticulal, horticuese, como si uno de esos hipnotizadores le hubiera robado la palabra “Horticultural”, nuestro amigo se veía totalmente incapaz de decirla. Esta palabra en cuestión era un importante sitio donde tenía experiencia trabajando sirviendo vinos, pero la experiencia en servir vinos se va a tomar viento cuando no eres capaz de pronunciar el sitio donde lo hacías. Nerea y yo lo sabíamos, le forzábamos a que lo repitiera, no lo consiguía y nosotros nos descojonábamos hasta morir. Era una de esas veces en las que llorar merecía la pena.
- Joder Nerea, ¿has visto las tetas de la agencia? La que estaba sentada.
- Si tío, ya nos podía haber atendido ella que encima hablaba español
- Era maja
- Si
- Creo que me hubiera gustado tocarle una teta
- Jajaja
- Sí, debería crearse una norma. Una especie de contrato vitalicio... ¡un comodín de tetas!
Meses después y habiendo extendido la historia del tetadín por tierra mar y aire, un amigo tenía a bien regalarme esto por mi cumpleaños:

Meses después, mi madre lo tiraba a la papelera. Triste por el tetadín, contento por el recuerdo.
Especial dedicación a Nerea.
viernes, abril 18, 2008
Ford Focus on it
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A veces retengo los días. Alargo ponerles fin porque soy consciente de que va a merecer la pena las horas de menos de sueño respecto a las horas de más alargando lo inevitable.
Es fácil recordarme a mi mismo en escenas bochornosas. Una de ellas es estar en mi habitación a las cinco de la madrugada, sentado en la silla en calzoncillos, secándome el sudor con el dorso de la mano y echando reojos a mi cama como si fuera mi enemiga. ¡La cama mi enemiga! Ostias... Una almohada que se calienta por los dos lados en cuestión de minutos, recuerdos agradables que se convierten en agobiantes y los agobiantes en insoportables, esquivar el sueño cuando estoy cerca precisamente porque empiezo a pensar demasiado en el propio hecho de que estoy cerca de dormirme. Es entonces cuando voy a la cocina, me tomo unos cereales, veo unos cuantos teletiendas también a oscuras y lo vuelvo a intentar hasta que quedo dormido como si hubiera llenado un vaso de agua con un cuentagotas.
Rompo el silencio de tres semanas sin escribir en el blog revindicando estos momentos para que aunque el día haya sido grande, este momento sea el mejor, a veces solo es cuestión de ponerse un buen disco y focalizar la atención no en lo puteado que vas a estar a la mañana siguiente cuando te despiertes con ojeras y cara de maltratado, sino en la tranquilidad que se puede sentir cuando en el mundo no hay nadie más que tu y tus pensamientos.
De lo que viene siendo mi vida de aquí a hace tres semanas pues me quedaría con la primera lesión que he tenido en mi vida tras diez años jugando al baloncesto. Un esguince de tobillo que me ha tenido en cama la mayor parte del tiempo y que ha conseguido meterme en una dinámica de costreo que me ha consumido y me ha hecho sentir un verdadero despojo. Afortunadamente ya abandoné las muletas y puedo andar con los dos pies lo que supone no tener que ir a mear a la pata coja o dejarme la garganta en un grito para que quien sea me traiga un vaso de agua de la cocina.
A fin de cuentas, que ahora que vuelvo a no tener tiempo, volveré a escribir con más asiduidad. Contradicciones putas.
¡Ah! Se me olvidaba... Como dice el dicho, nunca está de más 18 sin 19, asi que aquí os dejo la dirección del nuevo blog musical que estoy llevando para mi trabajo:
Rockola.fm
Para los que no hayáis pinchado el enlace (es decir a todos) solo comentaros que el último post es una entrevista a El Canto Del Loco. No es broma.
A veces retengo los días. Alargo ponerles fin porque soy consciente de que va a merecer la pena las horas de menos de sueño respecto a las horas de más alargando lo inevitable.
Es fácil recordarme a mi mismo en escenas bochornosas. Una de ellas es estar en mi habitación a las cinco de la madrugada, sentado en la silla en calzoncillos, secándome el sudor con el dorso de la mano y echando reojos a mi cama como si fuera mi enemiga. ¡La cama mi enemiga! Ostias... Una almohada que se calienta por los dos lados en cuestión de minutos, recuerdos agradables que se convierten en agobiantes y los agobiantes en insoportables, esquivar el sueño cuando estoy cerca precisamente porque empiezo a pensar demasiado en el propio hecho de que estoy cerca de dormirme. Es entonces cuando voy a la cocina, me tomo unos cereales, veo unos cuantos teletiendas también a oscuras y lo vuelvo a intentar hasta que quedo dormido como si hubiera llenado un vaso de agua con un cuentagotas.
Rompo el silencio de tres semanas sin escribir en el blog revindicando estos momentos para que aunque el día haya sido grande, este momento sea el mejor, a veces solo es cuestión de ponerse un buen disco y focalizar la atención no en lo puteado que vas a estar a la mañana siguiente cuando te despiertes con ojeras y cara de maltratado, sino en la tranquilidad que se puede sentir cuando en el mundo no hay nadie más que tu y tus pensamientos.
De lo que viene siendo mi vida de aquí a hace tres semanas pues me quedaría con la primera lesión que he tenido en mi vida tras diez años jugando al baloncesto. Un esguince de tobillo que me ha tenido en cama la mayor parte del tiempo y que ha conseguido meterme en una dinámica de costreo que me ha consumido y me ha hecho sentir un verdadero despojo. Afortunadamente ya abandoné las muletas y puedo andar con los dos pies lo que supone no tener que ir a mear a la pata coja o dejarme la garganta en un grito para que quien sea me traiga un vaso de agua de la cocina.
A fin de cuentas, que ahora que vuelvo a no tener tiempo, volveré a escribir con más asiduidad. Contradicciones putas.
¡Ah! Se me olvidaba... Como dice el dicho, nunca está de más 18 sin 19, asi que aquí os dejo la dirección del nuevo blog musical que estoy llevando para mi trabajo:
Rockola.fm
Para los que no hayáis pinchado el enlace (es decir a todos) solo comentaros que el último post es una entrevista a El Canto Del Loco. No es broma.
sábado, marzo 29, 2008
Busted!
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Supongo que lo mejor que puedo decir de esta semana es que ya esta acabando. Eso para alguien que no cree en los calendarios, y sí en las rachas, poco sentido tiene. A pesar de todo, una especie de punto y aparte tuvo lugar el miércoles en la Sala Sol gracias al Antikaraoke.
Para poner en contexto comento que la intención era subirme al escenario y cantar con mis dos hermanos el Fight For Your Right de los Beastie Boys. Sentimientos enfrentados. No sé si puedo decir que disfruté de la noche porque lo cierto es que desde que entré a la sala hasta que nos tocó, prácticamente al final, aquello fue un puto sinvivir. Por una parte vino bien para conseguir relajarme y ver como difícilmente lo podría hacer peor que algunos que se subían, por otra cada nombre que decían y no era el nuestro si bien al principio era un pequeño alivio al final era como estar sufriendo una tortura lenta y dolorosa.
El nombre artístico de mi hermano Rafa (todo un pro de los antikaraokes dicho sea de paso) es Parker Lewis. Siendo así finalmente dijeron el de nosotros tres:
SARAH JESSICA PARKER LEWIS NUNCA PIERDE.
¿Os imaginais llevar dos semanas sin cagar y conseguir liberaros de golpe en una especie de orgasmo múltiple? Pues eso fue.
Y hasta aquí este post testimonial en el que aprovecho para saludar a Nuska y la sorpresa que me llevé al darme cuenta de que detrás de todo ordenador, blog o fotolog, existe una persona humana.
Supongo que lo mejor que puedo decir de esta semana es que ya esta acabando. Eso para alguien que no cree en los calendarios, y sí en las rachas, poco sentido tiene. A pesar de todo, una especie de punto y aparte tuvo lugar el miércoles en la Sala Sol gracias al Antikaraoke.
Para poner en contexto comento que la intención era subirme al escenario y cantar con mis dos hermanos el Fight For Your Right de los Beastie Boys. Sentimientos enfrentados. No sé si puedo decir que disfruté de la noche porque lo cierto es que desde que entré a la sala hasta que nos tocó, prácticamente al final, aquello fue un puto sinvivir. Por una parte vino bien para conseguir relajarme y ver como difícilmente lo podría hacer peor que algunos que se subían, por otra cada nombre que decían y no era el nuestro si bien al principio era un pequeño alivio al final era como estar sufriendo una tortura lenta y dolorosa.
El nombre artístico de mi hermano Rafa (todo un pro de los antikaraokes dicho sea de paso) es Parker Lewis. Siendo así finalmente dijeron el de nosotros tres:
SARAH JESSICA PARKER LEWIS NUNCA PIERDE.
¿Os imaginais llevar dos semanas sin cagar y conseguir liberaros de golpe en una especie de orgasmo múltiple? Pues eso fue.
Y hasta aquí este post testimonial en el que aprovecho para saludar a Nuska y la sorpresa que me llevé al darme cuenta de que detrás de todo ordenador, blog o fotolog, existe una persona humana.
miércoles, marzo 26, 2008
Asesina las cervezas
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Una de las cosas buenas de ser un completo ignorante es que las citas que a menudo se me vienen a la cabeza no pertenecen a personas que murieron hace siglos y que el simple hecho de nombrarlas ya le dan a uno un tufo de pedantería que huele a leguas. Una frase que vengo teniendo en la cabeza estos días es de un entrañable personaje de una película de Asterix llamado Cilindric el Germano:
Cuantos más grandes son, más pesado caen – le decía el pequeño Cilindric a Asterix mientras le daba una sorprendente paliza a Obelix en una batalla cuerpo a cuerpo.
Muy acertado pero se te olvidaba concluir la frase, amigo Cilindric, apuntillando que si ademas de ser pesado el que cae, este no lo hace sobre un tatami con colchonetas acolchadas, sino sobre un duro asfalto lleno de pequeñas piedras que se clavan en todas las partes del cuerpo, el golpe es aun mayor.
Miro al suelo y veo una orilla. Sube la marea llegando a mojarme los pies por primera vez: Shhhhht. Me quejo pero aguanto firme. Vuelve a subir la marea: Ahhhhh.... Consigo no ponerme de puntillas a pesar de que el cuerpo me lo pide. Creo que ya me he aclimitado y la próxima tanda no será tan dura. Una vez más viene el resto de una ola rota en el suelo y acierto en mi pronóstico. Tengo los pies bajo el agua. Estoy a gusto. Antes de que vuelva a bajar esa ola empiezo a cavar con mis pies moviendo estos en foma de circulos. Mis pies quedan enterrados y el agua que viene de vuelta golpea la parte de atrás de mis tobillos. Dos olas rotas vuelven a golpearme para entonces salir del hoyo y repetir el mismo proceso una y otra vez. Miro al horizonte intentando buscar la linea que separa los dos azules. En mi cabeza una canción suena de forma tan clara que siento tener los cascos puestos: Hola, qué tal, cuanto tiempo, muy bien con el grupo y eso....Es perfecto.
Encuentro anécdotas en unas aceitunas recien sacadas de un árbol, unos dibujos animados de unas niñas de seis años que luchan por atrapar el corazón de un joven niño ciclista futuro chulo putas, una borrachera con ron del Dia jugando a un trivial para niños de 10 años que me hace sentir absurdamente inteligente a pesar de perder o un fantasma que aporrea ansioso la persiana para violarme o contarme un chiste.
No busco y sí encuentro.
Sevilla y Matalascañas. Que todo acabara tan rápido y que ahora sienta Madrid como un gran asfalto con piedras, pinchos, chicles y esputos, me hace recordar a pesar de esta sensación, que el viaje ha sido realmente grande.
Una de las cosas buenas de ser un completo ignorante es que las citas que a menudo se me vienen a la cabeza no pertenecen a personas que murieron hace siglos y que el simple hecho de nombrarlas ya le dan a uno un tufo de pedantería que huele a leguas. Una frase que vengo teniendo en la cabeza estos días es de un entrañable personaje de una película de Asterix llamado Cilindric el Germano:
Cuantos más grandes son, más pesado caen – le decía el pequeño Cilindric a Asterix mientras le daba una sorprendente paliza a Obelix en una batalla cuerpo a cuerpo.
Muy acertado pero se te olvidaba concluir la frase, amigo Cilindric, apuntillando que si ademas de ser pesado el que cae, este no lo hace sobre un tatami con colchonetas acolchadas, sino sobre un duro asfalto lleno de pequeñas piedras que se clavan en todas las partes del cuerpo, el golpe es aun mayor.
Miro al suelo y veo una orilla. Sube la marea llegando a mojarme los pies por primera vez: Shhhhht. Me quejo pero aguanto firme. Vuelve a subir la marea: Ahhhhh.... Consigo no ponerme de puntillas a pesar de que el cuerpo me lo pide. Creo que ya me he aclimitado y la próxima tanda no será tan dura. Una vez más viene el resto de una ola rota en el suelo y acierto en mi pronóstico. Tengo los pies bajo el agua. Estoy a gusto. Antes de que vuelva a bajar esa ola empiezo a cavar con mis pies moviendo estos en foma de circulos. Mis pies quedan enterrados y el agua que viene de vuelta golpea la parte de atrás de mis tobillos. Dos olas rotas vuelven a golpearme para entonces salir del hoyo y repetir el mismo proceso una y otra vez. Miro al horizonte intentando buscar la linea que separa los dos azules. En mi cabeza una canción suena de forma tan clara que siento tener los cascos puestos: Hola, qué tal, cuanto tiempo, muy bien con el grupo y eso....Es perfecto.
Encuentro anécdotas en unas aceitunas recien sacadas de un árbol, unos dibujos animados de unas niñas de seis años que luchan por atrapar el corazón de un joven niño ciclista futuro chulo putas, una borrachera con ron del Dia jugando a un trivial para niños de 10 años que me hace sentir absurdamente inteligente a pesar de perder o un fantasma que aporrea ansioso la persiana para violarme o contarme un chiste.
No busco y sí encuentro.
Sevilla y Matalascañas. Que todo acabara tan rápido y que ahora sienta Madrid como un gran asfalto con piedras, pinchos, chicles y esputos, me hace recordar a pesar de esta sensación, que el viaje ha sido realmente grande.
miércoles, marzo 05, 2008
Ñej.
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Entro en la cocina y veo a mi hermana y a mi madre hablando entre risas sobre algo que parece relacionado conmigo. "¿Qué pasa?", pregunto.
Mi hermana y mi madre recordaban la forma en la que, cuando era bastante pequeño, me hipnotizaba y flipaba cuando veía coincidencias entre la ropa que llevaba yo y la que llevaba mi hermana. "Son iguaaaleees, SON IGUAAALEEES!" decía mientras señalaba los calcetines míos y los de mi hermana.
Un día como hoy entro al metro y me fijo en cada pequeño detalle de las personas. Miro a dos mujeres, una sentada al lado de la otra, y me fijo en los rasgos de la cara de cada una de ellas. Una tiene la nariz achatada, la cara redonda, mofletes pellizcables y el pelo recogido en un moño. La otra en cambio lleva el pelo suelto y rizado, tiene la cara alargada y fina y su nariz es puntiaguda lo que contrasta sin duda con sus ojos saltones. Ambas llevan una chaqueta parecida.
En un lado del vagón, sentado en el suelo hay un chico con pelo rapado, pantalones de pitillo, tirantes... al otro lado, de pie, otro que parece su hermano gemelo. Me fijo en las chapas que llevan en su chaqueta para saber de que pie cojean. Una raya roja que tacha una esvástica en un lado si y en otro no, me hace dejar de jugar a buscar las siete diferencias.
Oh, que buena idea, ¡un piercing en el labio!- Visualizo el momento en el que esa chica con pantalones anchos y ropa cara de surf se cruza con aquella otra que lleva el piercing en el mismo sitio pero bañado en oro de la tienda de ultramarinos de su barrio. No puedo evitar que se me escape una carcajada.
Queremos destacar dentro de una conversación y no nos damos cuenta que navegamos una y otra vez en un mar de tópicos: Oh si, la universidad debería ser más exigente, luego salimos a la calle y no tenemos ni puta idea de nada/ Cerveza con limón... Eso es una mariconada ¿te estás volviendo gay o adulto?/ Puta SGAE/ Coge rutas alternativas, establece tus propios caminos/ Carpe Diem/ sal de FIESTA. Folla, sí, eso es, follate a un par este finde/ Vamos a emborracharnos. Hazte un porro/
Salgo del metro. Dos tíos feos igualmente pero de distinta forma hacen que aislarse de todo eso sea una utopía. Me piden que les vote. Uno en fondo rojo, otro en fondo azul, pienso en maquillaje, photoshop, asesores de imagen... todo eso y lo primero que me consiguen transmitir esos dos es que son bastante feos.
Joder, hubo un día en el que siendo un niño yo miraba al suelo y sabía que los calcetines míos y los de mi hermana eran iguales, eso era suficiente para hacerme feliz. He pensado en eso y se me ha hecho un nudo en el estomago.
Entro en la cocina y veo a mi hermana y a mi madre hablando entre risas sobre algo que parece relacionado conmigo. "¿Qué pasa?", pregunto.
Mi hermana y mi madre recordaban la forma en la que, cuando era bastante pequeño, me hipnotizaba y flipaba cuando veía coincidencias entre la ropa que llevaba yo y la que llevaba mi hermana. "Son iguaaaleees, SON IGUAAALEEES!" decía mientras señalaba los calcetines míos y los de mi hermana.
Un día como hoy entro al metro y me fijo en cada pequeño detalle de las personas. Miro a dos mujeres, una sentada al lado de la otra, y me fijo en los rasgos de la cara de cada una de ellas. Una tiene la nariz achatada, la cara redonda, mofletes pellizcables y el pelo recogido en un moño. La otra en cambio lleva el pelo suelto y rizado, tiene la cara alargada y fina y su nariz es puntiaguda lo que contrasta sin duda con sus ojos saltones. Ambas llevan una chaqueta parecida.
En un lado del vagón, sentado en el suelo hay un chico con pelo rapado, pantalones de pitillo, tirantes... al otro lado, de pie, otro que parece su hermano gemelo. Me fijo en las chapas que llevan en su chaqueta para saber de que pie cojean. Una raya roja que tacha una esvástica en un lado si y en otro no, me hace dejar de jugar a buscar las siete diferencias.
Oh, que buena idea, ¡un piercing en el labio!- Visualizo el momento en el que esa chica con pantalones anchos y ropa cara de surf se cruza con aquella otra que lleva el piercing en el mismo sitio pero bañado en oro de la tienda de ultramarinos de su barrio. No puedo evitar que se me escape una carcajada.
Queremos destacar dentro de una conversación y no nos damos cuenta que navegamos una y otra vez en un mar de tópicos: Oh si, la universidad debería ser más exigente, luego salimos a la calle y no tenemos ni puta idea de nada/ Cerveza con limón... Eso es una mariconada ¿te estás volviendo gay o adulto?/ Puta SGAE/ Coge rutas alternativas, establece tus propios caminos/ Carpe Diem/ sal de FIESTA. Folla, sí, eso es, follate a un par este finde/ Vamos a emborracharnos. Hazte un porro/
Salgo del metro. Dos tíos feos igualmente pero de distinta forma hacen que aislarse de todo eso sea una utopía. Me piden que les vote. Uno en fondo rojo, otro en fondo azul, pienso en maquillaje, photoshop, asesores de imagen... todo eso y lo primero que me consiguen transmitir esos dos es que son bastante feos.
Joder, hubo un día en el que siendo un niño yo miraba al suelo y sabía que los calcetines míos y los de mi hermana eran iguales, eso era suficiente para hacerme feliz. He pensado en eso y se me ha hecho un nudo en el estomago.
lunes, febrero 18, 2008
Momentos
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Recuerdo un capítulo del Principe de Bel-Air en el que un imberbe Carlton tenía un especial interés por afeitarse por primera vez ante la oposición del tío Phil que aseguraba que aun no era necesario ya que aun tenía un solo pelo en la cara. Tras mucho insistir Carlton finalmente convenció a su padre para que le dejara una maquinilla.
- Ahhh! qué bien, mi cara ha quedado como el culito de un bebé
- Eso es porque tu maquinilla no tenía cuchilla
De una forma inevitable algo asi me pasa con las canciones, ¿que las afeito sin cuchilla? No. Sin quererlo hay un cierto prejuicio tanto para bien como para mal, y si un grupo que me encanta saca un nuevo disco seré menos exigente que una canción de un grupo al que le tengo asco o incluso al que no conozco.
Debido al tipo de trabajo en el que estoy en el cual tengo que escuchar distintas canciones de distintos grupos sin ningun tipo de relación entre ellos y entonces catalogarlas, esta barrera se viene abajo y de repente me sorprendo a mi mismo escuchando en más de una ocasión una canción que se supone que a un hardcoreta de pelo en pecho como yo no le debería gustar.
El ejemplo:
Hay una de esas memes con las que uno echa en la rato que me gustó especialmente, y consistía en poner un nombre de una canción a un momento determinado de tu rutina diaria. Si hoy volviera a hacer ese test sin duda alguna elegiría esta canción para despertarme. Encontrar algo que haga que salir de la cama a las ocho de la mañana sea más llevadero es algo que tengo que agradecer a las Pipettes.
Y si para despertarme eligiría esa, para justo antes de dormir elegiría esta otra:
Asi que eso, me voy a dormir.
Recuerdo un capítulo del Principe de Bel-Air en el que un imberbe Carlton tenía un especial interés por afeitarse por primera vez ante la oposición del tío Phil que aseguraba que aun no era necesario ya que aun tenía un solo pelo en la cara. Tras mucho insistir Carlton finalmente convenció a su padre para que le dejara una maquinilla.
- Ahhh! qué bien, mi cara ha quedado como el culito de un bebé
- Eso es porque tu maquinilla no tenía cuchilla
De una forma inevitable algo asi me pasa con las canciones, ¿que las afeito sin cuchilla? No. Sin quererlo hay un cierto prejuicio tanto para bien como para mal, y si un grupo que me encanta saca un nuevo disco seré menos exigente que una canción de un grupo al que le tengo asco o incluso al que no conozco.
Debido al tipo de trabajo en el que estoy en el cual tengo que escuchar distintas canciones de distintos grupos sin ningun tipo de relación entre ellos y entonces catalogarlas, esta barrera se viene abajo y de repente me sorprendo a mi mismo escuchando en más de una ocasión una canción que se supone que a un hardcoreta de pelo en pecho como yo no le debería gustar.
El ejemplo:
Hay una de esas memes con las que uno echa en la rato que me gustó especialmente, y consistía en poner un nombre de una canción a un momento determinado de tu rutina diaria. Si hoy volviera a hacer ese test sin duda alguna elegiría esta canción para despertarme. Encontrar algo que haga que salir de la cama a las ocho de la mañana sea más llevadero es algo que tengo que agradecer a las Pipettes.
Y si para despertarme eligiría esa, para justo antes de dormir elegiría esta otra:
Asi que eso, me voy a dormir.
viernes, febrero 15, 2008
Sevilla 2/2
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¿De qué Sevilla hablamos? ¿De la Sevilla de grandes avenidas, o la de los barrios obreros? ¿De la Sevilla tecnológica de la Expo, o de la que sufre el paro y la droga? ¿De la Sevilla aparentemente alegre, vibrante, joven, o de la Sevilla marginada,secretamente melancólica, escondida tras los trinos de pájaros enjaulados?
Lo que cose todas esas Sevillas es una palabra, un concepto que hilvana todo hasta el corazón de este laberinto tortuoso. Una palabra nebulosa, inconstante, pero precisa y dócil a la vez que sirve de referencia para muchas cosas. Esa palabra es… Arte.
De la última vez que anduve por el centro de Sevilla a este fin de semana pasaron dos personas. Una era un niño del que sus padres llevaban de la mano y lo único que quería era llegar al sitio donde le llevaban para sentarse, ver la tele y con suerte beberse un batido. Y a no ser que estuviera rodeado de videojuegos, tías en pelotas, o videojuegos de tías en pelotas, todo lo que alrededor hubiera pasaría desapercibido. Este fin de semana hubo otro yo con unos ojos más observadores, cual guiri palurdo que quiere aprovechar al máximo el tiempo que este allí y así poder llegar a su casa y decir lo bonito que fue todo aunque en realidad fuera un truño.
Lo cierto es que no lo fue. Me encantó Sevilla:

Centro Ciudad.

Puente de Triana.

Plaza De España

Esto no me acuerdo que era, pero me gustó como quedó la foto.
Carriles bicis por los que veías a familias enteras ir de un lado a otro de la ciudad, el criticado tranvía por lo inútil que se dice que es y por el contraste chungo que puede dar al lado de las iglesias, o los cientos de guiris que caminaban en manga corta (la manga corta nos delataba) me hacían tener la agradable sensación que aquella ciudad formaba parte de Europa pero sin dejar a un lado las raíces y costumbres tan características que hacen de Sevilla una ciudad especial.
Y cuando hablo de raíces, hablo de esto:

Viva el mundo. Viva el pescaito.
De vuelta a Madrid recordaba y me alegraba al darme cuenta de que era yo uno de esos locos que se reía solo andando por la calle.
Especial dedicación de estos posts a toda la familia a la que ví y que me trataron de forma increíble sin excepciones, y a mi amigo Juani que se encargó de hacer de el fin de semana algo más mítico aún.
¿De qué Sevilla hablamos? ¿De la Sevilla de grandes avenidas, o la de los barrios obreros? ¿De la Sevilla tecnológica de la Expo, o de la que sufre el paro y la droga? ¿De la Sevilla aparentemente alegre, vibrante, joven, o de la Sevilla marginada,secretamente melancólica, escondida tras los trinos de pájaros enjaulados?
Lo que cose todas esas Sevillas es una palabra, un concepto que hilvana todo hasta el corazón de este laberinto tortuoso. Una palabra nebulosa, inconstante, pero precisa y dócil a la vez que sirve de referencia para muchas cosas. Esa palabra es… Arte.
De la última vez que anduve por el centro de Sevilla a este fin de semana pasaron dos personas. Una era un niño del que sus padres llevaban de la mano y lo único que quería era llegar al sitio donde le llevaban para sentarse, ver la tele y con suerte beberse un batido. Y a no ser que estuviera rodeado de videojuegos, tías en pelotas, o videojuegos de tías en pelotas, todo lo que alrededor hubiera pasaría desapercibido. Este fin de semana hubo otro yo con unos ojos más observadores, cual guiri palurdo que quiere aprovechar al máximo el tiempo que este allí y así poder llegar a su casa y decir lo bonito que fue todo aunque en realidad fuera un truño.
Lo cierto es que no lo fue. Me encantó Sevilla:
Centro Ciudad.
Puente de Triana.
Plaza De España
Esto no me acuerdo que era, pero me gustó como quedó la foto.
Carriles bicis por los que veías a familias enteras ir de un lado a otro de la ciudad, el criticado tranvía por lo inútil que se dice que es y por el contraste chungo que puede dar al lado de las iglesias, o los cientos de guiris que caminaban en manga corta (la manga corta nos delataba) me hacían tener la agradable sensación que aquella ciudad formaba parte de Europa pero sin dejar a un lado las raíces y costumbres tan características que hacen de Sevilla una ciudad especial.
Y cuando hablo de raíces, hablo de esto:
Viva el mundo. Viva el pescaito.
De vuelta a Madrid recordaba y me alegraba al darme cuenta de que era yo uno de esos locos que se reía solo andando por la calle.
Especial dedicación de estos posts a toda la familia a la que ví y que me trataron de forma increíble sin excepciones, y a mi amigo Juani que se encargó de hacer de el fin de semana algo más mítico aún.
lunes, febrero 11, 2008
Sevilla 1/2
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Una día cualquiera una especie de conciencia del futuro, sin disfraz de angel o demonio, aparecía encima de uno de mis hombros haciéndome esta pregunta:
¿Recuerdas aquel día que llegaste de trabajar, te sentaste en la silla, te conectaste a Internet, viste alguna serie y luego te fuiste a dormir?
La respuesta era un rotundo y evidente no.
Esta semana pasada se presentaba como una semana desahogada en la que me podría permitir algo de descanso ante la coincidencia de ausencia de entrenamiento y clases. Trabajar de 9 a 1 sería todo lo que me tendría ocupado en principio, pero entonces apareció esa conciencia con esa pregunta, y me hizo pensar. Pensé en que ante una semana libre descansar podría estar bien, sí, pero más interesante sería coger una ruta b, desviarme del camino marcado, dejar a la evidencia a un lado y salir a la calle a buscar historias, a cazar recuerdos. Vencer mi propia apatía sería el mayor obstáculo y es que, como dirían los Madball, tu peor enemigo, eres tú mismo.
Pasear por Madrid sólo o acompañado ocupaba mi tiempo. Llegaba el jueves y satisfecho de como habia ido transcurriendo la semana se acercaba un fin de semana sin más retos que el saber cuantos capítulos de series sería capaz de ver. Esa sensación la sentía por dentro con una especie de nudo raro en el estómago. Haciendo caso al impulso que había tenido unos días antes, compré entonces un billete de autobús de ida y vuelta con destino Sevilla. Reencuentros e historias que contar estaban garantizados independientemente de cómo me lo fuera a pasar. Hacía clic en “comprar billete” y a la vez notaba la mano de esa conciencia del futuro dándome en el hombro y asintiendo con la cabeza, como diciendo: bien hecho, Curro, bieeeen hecho.
Llegó el viernes a las cinco de la tarde y me fuí. Seis horas de autobús y en mi cabeza el pensamiento de por qué en los autobuses tienen la necesidad de poner siempre películas malas. La conclusión a la que llegué tras horas de darle vueltas fue que los conductores piensan en esa gente que, al no traer los auriculares, se plantee el suicidio al ver que la oportunidad de ver la película que tanto tiempo llevaba queriendo ver se había ido a la mierda por culpa de un trozo de plástico con esponjitas.
Y llegaba a Sevilla. La última vez que estuve allí fue de paso y estuve como media hora en casa de mis tíos. Ya hacía de eso casi cuatro años. Antes de eso habían pasado otros cuatro años desde que no me pasaba y eso a pesar de la familia que tengo allí y que en el dorso de mi DNI ponga que esa ciudad fue la que me vio nacer.
A partes iguales me acojonaba la lluvia de recuerdos que cada cierto tiempo me venía a la cabeza y los reencuentros con la familia que no veía desde hacía cuatro u ocho años. Y como las palabras se me quedan cortas pues me apoyo con documentos gráficos para explicar:

La calle Levante está en Reina Mercedes y es donde vivía mi abuela y donde siguen viviendo mis tíos y mi prima. Andando por Reina Mercedes mi hermano Alex y yo siempre nos gastábamos la paga de 200 pesetas semanales en una tarde jugando en las recreativas.

Mis primeras pesadillas de niño tenían como protagonista el hueco de estas escaleras y una caída lenta y agobiante que acababan en un brusco despertar momentos antes de estrellarme contra el suelo. A tres pasos de él se encontraba el que fuera ascensor más antiguo de la ciudad, pero ya lo habían cambiado. Toda una decepción.

El Benito o "Er Beni". Tres vienas, dos bollos y un mollete. Comprar el pan en Benito era un clasico que me saltó a la cabeza tan de repente que me llevo las manos primero a la cabeza y después al bolsillo para sacar la cámara y hacerle una foto.

Rias Gallegas. O el primer sitio donde comprobé que las personas humanas son capaces de comer caracoles absorbiendolos de su cascara y llevandolo de un tiento hasta casi el esófago. Con cierta edad eso da entre miedo y curiosidad.
Mañana sigo.
Una día cualquiera una especie de conciencia del futuro, sin disfraz de angel o demonio, aparecía encima de uno de mis hombros haciéndome esta pregunta:
¿Recuerdas aquel día que llegaste de trabajar, te sentaste en la silla, te conectaste a Internet, viste alguna serie y luego te fuiste a dormir?
La respuesta era un rotundo y evidente no.
Esta semana pasada se presentaba como una semana desahogada en la que me podría permitir algo de descanso ante la coincidencia de ausencia de entrenamiento y clases. Trabajar de 9 a 1 sería todo lo que me tendría ocupado en principio, pero entonces apareció esa conciencia con esa pregunta, y me hizo pensar. Pensé en que ante una semana libre descansar podría estar bien, sí, pero más interesante sería coger una ruta b, desviarme del camino marcado, dejar a la evidencia a un lado y salir a la calle a buscar historias, a cazar recuerdos. Vencer mi propia apatía sería el mayor obstáculo y es que, como dirían los Madball, tu peor enemigo, eres tú mismo.
Pasear por Madrid sólo o acompañado ocupaba mi tiempo. Llegaba el jueves y satisfecho de como habia ido transcurriendo la semana se acercaba un fin de semana sin más retos que el saber cuantos capítulos de series sería capaz de ver. Esa sensación la sentía por dentro con una especie de nudo raro en el estómago. Haciendo caso al impulso que había tenido unos días antes, compré entonces un billete de autobús de ida y vuelta con destino Sevilla. Reencuentros e historias que contar estaban garantizados independientemente de cómo me lo fuera a pasar. Hacía clic en “comprar billete” y a la vez notaba la mano de esa conciencia del futuro dándome en el hombro y asintiendo con la cabeza, como diciendo: bien hecho, Curro, bieeeen hecho.
Llegó el viernes a las cinco de la tarde y me fuí. Seis horas de autobús y en mi cabeza el pensamiento de por qué en los autobuses tienen la necesidad de poner siempre películas malas. La conclusión a la que llegué tras horas de darle vueltas fue que los conductores piensan en esa gente que, al no traer los auriculares, se plantee el suicidio al ver que la oportunidad de ver la película que tanto tiempo llevaba queriendo ver se había ido a la mierda por culpa de un trozo de plástico con esponjitas.
Y llegaba a Sevilla. La última vez que estuve allí fue de paso y estuve como media hora en casa de mis tíos. Ya hacía de eso casi cuatro años. Antes de eso habían pasado otros cuatro años desde que no me pasaba y eso a pesar de la familia que tengo allí y que en el dorso de mi DNI ponga que esa ciudad fue la que me vio nacer.
A partes iguales me acojonaba la lluvia de recuerdos que cada cierto tiempo me venía a la cabeza y los reencuentros con la familia que no veía desde hacía cuatro u ocho años. Y como las palabras se me quedan cortas pues me apoyo con documentos gráficos para explicar:
La calle Levante está en Reina Mercedes y es donde vivía mi abuela y donde siguen viviendo mis tíos y mi prima. Andando por Reina Mercedes mi hermano Alex y yo siempre nos gastábamos la paga de 200 pesetas semanales en una tarde jugando en las recreativas.
Mis primeras pesadillas de niño tenían como protagonista el hueco de estas escaleras y una caída lenta y agobiante que acababan en un brusco despertar momentos antes de estrellarme contra el suelo. A tres pasos de él se encontraba el que fuera ascensor más antiguo de la ciudad, pero ya lo habían cambiado. Toda una decepción.
El Benito o "Er Beni". Tres vienas, dos bollos y un mollete. Comprar el pan en Benito era un clasico que me saltó a la cabeza tan de repente que me llevo las manos primero a la cabeza y después al bolsillo para sacar la cámara y hacerle una foto.
Rias Gallegas. O el primer sitio donde comprobé que las personas humanas son capaces de comer caracoles absorbiendolos de su cascara y llevandolo de un tiento hasta casi el esófago. Con cierta edad eso da entre miedo y curiosidad.
Mañana sigo.
miércoles, febrero 06, 2008
Guardameta
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Hace poco terminé de leerme un libro el cual era la segunda obra de un escritor que ya me encandiló en su primer intento. Mi conclusión al acabarlo fue la misma que tuve con el anterior y que vino a ser una sensación de: realmente me importa una mierda de qué vaya la historia. En este libro el final (que no era brillante) no importaba, sentía curiosidad por ver como cerraba el argumento, por ver si dejaba cabos sueltos… pero se quedaba en eso, en curiosidad. Disfrutaba con el durante sin tener que acabar para hacer un balance de lo bien que me lo había pasado leyendo aquello.La forma de contextualizar, los diálogos, la fuerza de los personajes, esas cosas eran las que me hacían parar de leer durante un instante para ver la foto en el dorso del libro y así ponerle cara al puto genio que había escrito lo que tenía entre mis manos.
Con mi cabeza aún en el libro me pregunté que diría la gente en Internet sobre él. Leí una de las primeras críticas escogidas al azar de un tío que al parecer era guionista y que sabía de lo que hablaba. Con argumentos y de forma bien redactada, se iba cagando en la puta madre del escritor por haberle hecho perder el tiempo de una forma tan escandalosa con semejante bodrio. La crítica era buena, de verdad, muy buena, el tío hablaba de conjugaciones mal formuladas y cosas del estilo, de hecho me atrevería a decir que si hubiera leído la crítica antes de leerme el libro, lo hubiera leído con unos ojos mucho más sangrantes.
Y con una especie de cargo de conciencia por tener una opinión tan distinta, me puse a pensar en que fallaba, y entonces me acordé cuando en una clase de inglés en primero de bachillerato, escuché decir a una chica con un palestino y una camiseta del Che, lo mucho que odiaba las películas de humor absurdo. Me hizo levantar una ceja primero y llevarme las manos a la cabeza después cuando se animó a ejemplos de películas: Si tío, hablo de películas como Ace Ventura, Dos Tontos Muy Tontos, Espía Como Puedas...
Mierda puta, esto era algo así como lo mismo pero enfocado de otra forma. Encontrar la magia en ver las cosas desde un prisma mucho más vanal y sencillo, sin tener que pensar el por qué de esto o aquello. Simplemente ver que pasa y no hacerse preguntas, esperar a que las cosas vayan ocurriendo y sonreir sin pedir explicaciones.
O sentarse en un banco en plaza de España con una lata de cerveza y simplemente mirar alrededor.
Hace poco terminé de leerme un libro el cual era la segunda obra de un escritor que ya me encandiló en su primer intento. Mi conclusión al acabarlo fue la misma que tuve con el anterior y que vino a ser una sensación de: realmente me importa una mierda de qué vaya la historia. En este libro el final (que no era brillante) no importaba, sentía curiosidad por ver como cerraba el argumento, por ver si dejaba cabos sueltos… pero se quedaba en eso, en curiosidad. Disfrutaba con el durante sin tener que acabar para hacer un balance de lo bien que me lo había pasado leyendo aquello.La forma de contextualizar, los diálogos, la fuerza de los personajes, esas cosas eran las que me hacían parar de leer durante un instante para ver la foto en el dorso del libro y así ponerle cara al puto genio que había escrito lo que tenía entre mis manos.
Con mi cabeza aún en el libro me pregunté que diría la gente en Internet sobre él. Leí una de las primeras críticas escogidas al azar de un tío que al parecer era guionista y que sabía de lo que hablaba. Con argumentos y de forma bien redactada, se iba cagando en la puta madre del escritor por haberle hecho perder el tiempo de una forma tan escandalosa con semejante bodrio. La crítica era buena, de verdad, muy buena, el tío hablaba de conjugaciones mal formuladas y cosas del estilo, de hecho me atrevería a decir que si hubiera leído la crítica antes de leerme el libro, lo hubiera leído con unos ojos mucho más sangrantes.
Y con una especie de cargo de conciencia por tener una opinión tan distinta, me puse a pensar en que fallaba, y entonces me acordé cuando en una clase de inglés en primero de bachillerato, escuché decir a una chica con un palestino y una camiseta del Che, lo mucho que odiaba las películas de humor absurdo. Me hizo levantar una ceja primero y llevarme las manos a la cabeza después cuando se animó a ejemplos de películas: Si tío, hablo de películas como Ace Ventura, Dos Tontos Muy Tontos, Espía Como Puedas...
Mierda puta, esto era algo así como lo mismo pero enfocado de otra forma. Encontrar la magia en ver las cosas desde un prisma mucho más vanal y sencillo, sin tener que pensar el por qué de esto o aquello. Simplemente ver que pasa y no hacerse preguntas, esperar a que las cosas vayan ocurriendo y sonreir sin pedir explicaciones.
O sentarse en un banco en plaza de España con una lata de cerveza y simplemente mirar alrededor.
domingo, enero 27, 2008
Voz en on
___________________________________________________________
Vale, venga, acabo de llegar del partido ¿qué menos que una ducha antes de ponerse a estudiar? La noche es joven. Estoy motivado.
¿Este gel? Gel de Avena Instituto Español. Huele bien, pero es muy grande. Joder, ya no hacen botes de gel a tamaños estándar, un día se me va a caer uno de estos al pie y voy a flipar. Mff Mff, huele bien, con esto y el desodorante dejaré de oler a chotuno durante rato al menos. Je je, soy la monda. La monda.
Que agusto… bueno, las once menos cuarto, creo que es una hora más que decente para cenar algo y entonces ya sí ponerme a estudiar, hacer algún esquema si acaso, algo no demasiado duro que tampoco hay que forzar. Vengo de un partido maldita sea, el simple hecho de tener pensado enfrentarme a un taco de apuntes ya me convierte en un héroe.
¿No está aun la cena? Mierda, casi las once y nada que cenar. Tendré que esperar un rato más. Tengo hambre y se me va a hacer tarde para la cosa esa de los esquemas. Pff…
¿Un yogurt de plátano? Me gusta, lleno un poco el estómago con algo que realmente me encanta. Sí. Me gusta el yogurt de plátano. Mira que buena idea esta de no llegar a quitar la tapa del todo, uno no tiene que tirar dos cosas a la basura después, sino el pack entero del yogurt. Soy la ostia. Tengo hambre. Voy a la cocina.
Espaguetis revueltos con huevos. Huele a la coliflor que se ha cocido hace un rato. Puedo respirar por la boca para evitar oler. Espaguetis, que bien, joder.
Bueno, ya me he duchado, me he comido un yogurt, he cenado. Son las once y media. Puedo escribir un post y entonces hacer los esquemas. O también puedo irme a dormir ya y estar fresco para mañana darlo todo. Bueno, voy a escribir esto y ya veremos.
Hey, yo me había llevado la cámara al partido. Descargo las fotos, escribo un post, cuelgo la foto más molona de las que haya hecho y entonces… entonces sí, me pongo a estudiar. O a hacer esquemas.
¿Qué coño siginifica esta foto? Ese de ahí es Guti!. De puta madre.

Y treinta seis: La vida en directo. Por el culo te la hinco.
Vale, venga, acabo de llegar del partido ¿qué menos que una ducha antes de ponerse a estudiar? La noche es joven. Estoy motivado.
¿Este gel? Gel de Avena Instituto Español. Huele bien, pero es muy grande. Joder, ya no hacen botes de gel a tamaños estándar, un día se me va a caer uno de estos al pie y voy a flipar. Mff Mff, huele bien, con esto y el desodorante dejaré de oler a chotuno durante rato al menos. Je je, soy la monda. La monda.
Que agusto… bueno, las once menos cuarto, creo que es una hora más que decente para cenar algo y entonces ya sí ponerme a estudiar, hacer algún esquema si acaso, algo no demasiado duro que tampoco hay que forzar. Vengo de un partido maldita sea, el simple hecho de tener pensado enfrentarme a un taco de apuntes ya me convierte en un héroe.
¿No está aun la cena? Mierda, casi las once y nada que cenar. Tendré que esperar un rato más. Tengo hambre y se me va a hacer tarde para la cosa esa de los esquemas. Pff…
¿Un yogurt de plátano? Me gusta, lleno un poco el estómago con algo que realmente me encanta. Sí. Me gusta el yogurt de plátano. Mira que buena idea esta de no llegar a quitar la tapa del todo, uno no tiene que tirar dos cosas a la basura después, sino el pack entero del yogurt. Soy la ostia. Tengo hambre. Voy a la cocina.
Espaguetis revueltos con huevos. Huele a la coliflor que se ha cocido hace un rato. Puedo respirar por la boca para evitar oler. Espaguetis, que bien, joder.
Bueno, ya me he duchado, me he comido un yogurt, he cenado. Son las once y media. Puedo escribir un post y entonces hacer los esquemas. O también puedo irme a dormir ya y estar fresco para mañana darlo todo. Bueno, voy a escribir esto y ya veremos.
Hey, yo me había llevado la cámara al partido. Descargo las fotos, escribo un post, cuelgo la foto más molona de las que haya hecho y entonces… entonces sí, me pongo a estudiar. O a hacer esquemas.
¿Qué coño siginifica esta foto? Ese de ahí es Guti!. De puta madre.
Y treinta seis: La vida en directo. Por el culo te la hinco.
martes, enero 22, 2008
Buffering 100%
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Dejando el metro atrás me cruzo con un señor mayor que lleva ambas manos cruzadas detrás suyo las cuales rebotan en su culo. Me parece inexplicablemente feliz a esas horas de la mañana mientras le veo silbar al aire algo que probablemente sea nada.
Dos rectas me esperan hasta llegar a la oficina, la primera de unos 200 metros y la segunda, en cuesta abajo, de unos 300. La primera recta pertenece a una tal calle Alcalá y mientras ando voy dejando atrás un gran concesionario Opel, un barril donde unos obreros han hecho una hoguera, unos chinos, un Opencor, una parada del autobús y alguna que otra cafetería. Ando sin prisa mirando a mi alrededor, ahueco la capucha para esconder más aun el pato enmascarado de mi gorro y caigo en la cuenta que “No, gracias” es lo primero que he dicho en esa mañana.
Segunda recta: toca torcer a la izquierda por la calle Alfonso Gómez. Es una calle aburrida llena de oficinas, talleres, carteles publicitarios y gente que anda con prisa que se parece bastante más a mí que al tío que silbaba hace un rato. Dos cosas me ponen mal cuerpo no solo esa mañana sino todas las que bajo esa cuesta llegando al trabajo:
- Un olor. A tostada quemada y rancia que parece venir hacia mí en forma de humo desde una tubería . Quizá no sea tan desagradable, pero entenderlo de esta forma me hace imposible darle otro punto de vista.
- Un sonido. Maná. De un taller que intuyo exitoso por la gran afluencia de coches hechosmierda que siempre hay alrededor, sale un sonido con un eco que se me hace especialmente desagradable y más cuando el 80% de las veces que pasó por ahí suena “Angel de Amor” o “Ay amor, tu eres mi salvasión”. Hay por ahí quien dice que son canciones distintas.
Unos siete minutos después de aquel “No, Gracias” mi voz hace su segunda intervención del día al llegar a la oficina en forma de un gangoso y no muy alto "Hola".
Y como esto de un blog no solo consiste en hacerse el interesante si no también contar un poco que hace uno son su propia vida a pesar de que cueste creer que a alguien le puede importar una mierda, pues comento sobre una de esas cosas que le contaría a alguien que hace un tiempo que no veo, mi trabajo:
Desde hace cosa de dos meses trabajo catalogando música para una página web que saldrá en su versión beta a finales de febrero y que en su contenido contará con emisoras de radio de distintos géneros musicales, los cuales mi compañero y amigo Litos y yo nos encargamos de seleccionar las canciones que en ellos habrá nutriéndolas de información: peso, álbum, año, acepción social…
¿Os suena Last Fm o Pandora? Pues algo así.
Por el horario a media jornada que se me hace perfectamente compatible con el resto de cosas que hacer a lo largo del día, por verme involucrado en algo que realmente me gusta y me interesa y en el que mi opinión se tenga en cuenta y no me sienta como un simple peón, por lo cerca que está la oficina de mi casa a tan solo cinco paradas de metro y por el buen ambiente que hay siempre donde ejerzo, no puedo decir otra cosa sobre el motivo que los posts ya no los escriba a las cinco de la madrugada que no sea que es perfecto.
La página irá bien. Seguro. Con estas dos personas llevando parte del peso de la catalogación de ella… ¿alguién lo duda?

Yo, un poco. (risas)
Gracias Litos.
Dejando el metro atrás me cruzo con un señor mayor que lleva ambas manos cruzadas detrás suyo las cuales rebotan en su culo. Me parece inexplicablemente feliz a esas horas de la mañana mientras le veo silbar al aire algo que probablemente sea nada.
Dos rectas me esperan hasta llegar a la oficina, la primera de unos 200 metros y la segunda, en cuesta abajo, de unos 300. La primera recta pertenece a una tal calle Alcalá y mientras ando voy dejando atrás un gran concesionario Opel, un barril donde unos obreros han hecho una hoguera, unos chinos, un Opencor, una parada del autobús y alguna que otra cafetería. Ando sin prisa mirando a mi alrededor, ahueco la capucha para esconder más aun el pato enmascarado de mi gorro y caigo en la cuenta que “No, gracias” es lo primero que he dicho en esa mañana.
Segunda recta: toca torcer a la izquierda por la calle Alfonso Gómez. Es una calle aburrida llena de oficinas, talleres, carteles publicitarios y gente que anda con prisa que se parece bastante más a mí que al tío que silbaba hace un rato. Dos cosas me ponen mal cuerpo no solo esa mañana sino todas las que bajo esa cuesta llegando al trabajo:
- Un olor. A tostada quemada y rancia que parece venir hacia mí en forma de humo desde una tubería . Quizá no sea tan desagradable, pero entenderlo de esta forma me hace imposible darle otro punto de vista.
- Un sonido. Maná. De un taller que intuyo exitoso por la gran afluencia de coches hechosmierda que siempre hay alrededor, sale un sonido con un eco que se me hace especialmente desagradable y más cuando el 80% de las veces que pasó por ahí suena “Angel de Amor” o “Ay amor, tu eres mi salvasión”. Hay por ahí quien dice que son canciones distintas.
Unos siete minutos después de aquel “No, Gracias” mi voz hace su segunda intervención del día al llegar a la oficina en forma de un gangoso y no muy alto "Hola".
Y como esto de un blog no solo consiste en hacerse el interesante si no también contar un poco que hace uno son su propia vida a pesar de que cueste creer que a alguien le puede importar una mierda, pues comento sobre una de esas cosas que le contaría a alguien que hace un tiempo que no veo, mi trabajo:
Desde hace cosa de dos meses trabajo catalogando música para una página web que saldrá en su versión beta a finales de febrero y que en su contenido contará con emisoras de radio de distintos géneros musicales, los cuales mi compañero y amigo Litos y yo nos encargamos de seleccionar las canciones que en ellos habrá nutriéndolas de información: peso, álbum, año, acepción social…
¿Os suena Last Fm o Pandora? Pues algo así.
Por el horario a media jornada que se me hace perfectamente compatible con el resto de cosas que hacer a lo largo del día, por verme involucrado en algo que realmente me gusta y me interesa y en el que mi opinión se tenga en cuenta y no me sienta como un simple peón, por lo cerca que está la oficina de mi casa a tan solo cinco paradas de metro y por el buen ambiente que hay siempre donde ejerzo, no puedo decir otra cosa sobre el motivo que los posts ya no los escriba a las cinco de la madrugada que no sea que es perfecto.
La página irá bien. Seguro. Con estas dos personas llevando parte del peso de la catalogación de ella… ¿alguién lo duda?

Yo, un poco. (risas)
Gracias Litos.
miércoles, enero 16, 2008
Buffering 50%
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8.10
Suena el despertador a la misma hora de siempre, un corto y seco bip del móvil es suficiente para hacerme despertar. En ese momento no importa si me acosté a las 2, a las 10 o a las 12, tengo tanto sueño que no hay capacidad de contraste y la vida es una mierda de todas formas.
Me levanto, veo unos pantalones vaqueros tirados en el suelo y me sorprendo a mi mismo teniendo la ocurrencia de ponerlos en la calefacción para que no me de una hipotermia en cuanto salga por el portal (había sentido el frío que hacía ahí fuera a los dos pasos de salir de la cama). Procedo. Habitaciones vacías o bien ocupadas de gente durmiendo es todo lo que me encuentro a mi paso. Mi padre y Rey están en la calle teniendo el primero paseo de la mañana, como siempre. No hablo con nadie.
Me dirijo a la cocina, pongo radio Marca, me como unos cereales mientras escucho a un tío decir cuantos puntos metió Gasol la pasada noche y como está el tráfico en la península en ese momento. Acabo los cereales y apago la radio. Me visto, me pongo las lentillas, me lavo los dientes y entonces me lavo la cara más por un debo hacerlo que por ganas. La impaciencia a esperar a que el agua se ponga siquiera templada me hace lavarme la cara con agua helada y plantearme el suicidio por segunda vez esa mañana. Mañana lo volveré a hacer.
Me enfrento a la puerta de mi casa para salir a la calle siempre con un número en mi cabeza, el cuatro:
- Abono
- Cartera
- Llaves
- Móvil
Chequeo mis bolsillos, me enfundo el gorro dándole la vuelta para que el símbolo de ese pato enmascarado quede en mi nuca y salgo a la calle. El gorro que había elegido era el que más pinta de indigente me daba de todos los que podía haber elegido y además tenía un pato enmascarado bordado, pero que cojones, era el más calentito de toda la casa.
Salgo a la calle sin haberme cruzado con ningún vecino, hace frío. Sigo sin hablar.
Entro al metro y me siento donde siempre. Cinco paradas me esperan hasta el lugar donde trabajo, raro es el día que no soy consciente de la suerte que tengo por este hecho.
Aprovecho el trayecto para toquetear el móvil nuevo que me mandaron los de Movistar:
Ajustes-Mensaje de Bienvenida: Bienvenido a Movistar.
- Ñej, voy a cambiar esto.
Como si estuviera buscando nick para el Messenger empiezo a pensar en una frase que poner. Pienso en Standstill pero es por una parte demasiado profundo para una mierda de mensaje de bienvenida y por otra demasiado largo para los caracteres que tengo disponibles.
Levanto entonces la cabeza en busca que alguien ahí alrededor me de la solución, como cuando uno juega al veo veo y empieza a mirarlo todo detenidamente. Veo un par de colegialas de unos trece años una de ellas sosteniendo una carpeta en su mano y otra cargando una mochila a su espalda.
- Mochila de Corazones y Carpeta de…
Espacio insuficiente para la palabra peras:
- Corazones y Peras.
Perfecto.
Llego a Suanzes. Saliendo me cruzo con la misma mujer que siempre está vendiendo loteria en el mismo sitio. Pienso en comprarle uno boleto algún día, pienso incluso en hacer la quiniela. Fuera, en la boca de metro, la misma chica repartiendo el 20 minutos vuelve a recibir mi mismo “No Gracias” que todas las mañanas. Jamás he cruzado una palabra con ella aparte de eso, pero lo cierto es que me cae bien.
8.10
Suena el despertador a la misma hora de siempre, un corto y seco bip del móvil es suficiente para hacerme despertar. En ese momento no importa si me acosté a las 2, a las 10 o a las 12, tengo tanto sueño que no hay capacidad de contraste y la vida es una mierda de todas formas.
Me levanto, veo unos pantalones vaqueros tirados en el suelo y me sorprendo a mi mismo teniendo la ocurrencia de ponerlos en la calefacción para que no me de una hipotermia en cuanto salga por el portal (había sentido el frío que hacía ahí fuera a los dos pasos de salir de la cama). Procedo. Habitaciones vacías o bien ocupadas de gente durmiendo es todo lo que me encuentro a mi paso. Mi padre y Rey están en la calle teniendo el primero paseo de la mañana, como siempre. No hablo con nadie.
Me dirijo a la cocina, pongo radio Marca, me como unos cereales mientras escucho a un tío decir cuantos puntos metió Gasol la pasada noche y como está el tráfico en la península en ese momento. Acabo los cereales y apago la radio. Me visto, me pongo las lentillas, me lavo los dientes y entonces me lavo la cara más por un debo hacerlo que por ganas. La impaciencia a esperar a que el agua se ponga siquiera templada me hace lavarme la cara con agua helada y plantearme el suicidio por segunda vez esa mañana. Mañana lo volveré a hacer.
Me enfrento a la puerta de mi casa para salir a la calle siempre con un número en mi cabeza, el cuatro:
- Abono
- Cartera
- Llaves
- Móvil
Chequeo mis bolsillos, me enfundo el gorro dándole la vuelta para que el símbolo de ese pato enmascarado quede en mi nuca y salgo a la calle. El gorro que había elegido era el que más pinta de indigente me daba de todos los que podía haber elegido y además tenía un pato enmascarado bordado, pero que cojones, era el más calentito de toda la casa.
Salgo a la calle sin haberme cruzado con ningún vecino, hace frío. Sigo sin hablar.
Entro al metro y me siento donde siempre. Cinco paradas me esperan hasta el lugar donde trabajo, raro es el día que no soy consciente de la suerte que tengo por este hecho.
Aprovecho el trayecto para toquetear el móvil nuevo que me mandaron los de Movistar:
Ajustes-Mensaje de Bienvenida: Bienvenido a Movistar.
- Ñej, voy a cambiar esto.
Como si estuviera buscando nick para el Messenger empiezo a pensar en una frase que poner. Pienso en Standstill pero es por una parte demasiado profundo para una mierda de mensaje de bienvenida y por otra demasiado largo para los caracteres que tengo disponibles.
Levanto entonces la cabeza en busca que alguien ahí alrededor me de la solución, como cuando uno juega al veo veo y empieza a mirarlo todo detenidamente. Veo un par de colegialas de unos trece años una de ellas sosteniendo una carpeta en su mano y otra cargando una mochila a su espalda.
- Mochila de Corazones y Carpeta de…
Espacio insuficiente para la palabra peras:
- Corazones y Peras.
Perfecto.
Llego a Suanzes. Saliendo me cruzo con la misma mujer que siempre está vendiendo loteria en el mismo sitio. Pienso en comprarle uno boleto algún día, pienso incluso en hacer la quiniela. Fuera, en la boca de metro, la misma chica repartiendo el 20 minutos vuelve a recibir mi mismo “No Gracias” que todas las mañanas. Jamás he cruzado una palabra con ella aparte de eso, pero lo cierto es que me cae bien.
lunes, enero 14, 2008
88:88
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Tengo algo así como tres canciones que no paran de sonar una y otra vez en mi cabeza. No hay problema. Hace cinco minutos estaba tumbado boca arriba pensando en esas canciones, llevaba cerca de una hora en esa situación. No hay nada peor que estar cansado y no poder dormir. El reloj azul del equipo de música, ese que parpadea una y otra vez, me ha hecho corroborar este pensamiento al ir haciéndose más nítido según pasaba el tiempo, ¿no debería ser al revés?
Me he levantado entonces y me he puesto a escribir esto. Me he visto a mi mismo sentado en un muro de ladrillos naranjas, bebiéndome un zumo de naranja, balanceando los pies de adelante a atrás y mirando el cielo alante y no arriba.
Quizá el rosa no sea un color tan horrible – pensé
Encontrar algo mágico en situaciones triviales del día a día me parece una oportunidad única para esbozar una sonrisa. Y que me tachen de loco, yo esa oportunidad no la voy a desperdiciar.
Hace un par de días me estaba bebiendo otro de esos bricks de zumo de naranja. Justo en el momento en el que daba un sorbo al zumo, un recuerdo fiel y exacto de un bocadillo de salchichas con ketchup se me venía a la cabeza. Noté el sabor de ese puto bocadillo que me jodía lo bien que me estaba sabiendo ese zumo, era como si hubieran exprimido el bocadillo dentro del zumo.
La ostia, no pienso beberme otro zumo hasta dentro de un mes.
Dos días después estaba sentado en ese muro naranja, esperando al autobús, balanceando los pies, bebiéndome un zumo y sonriendo. ¿Mañana? Mañana va a ser un día horrible, largo, interminable…
Acabo de meter un brik de zumo de naranja en la mochila.
Tengo algo así como tres canciones que no paran de sonar una y otra vez en mi cabeza. No hay problema. Hace cinco minutos estaba tumbado boca arriba pensando en esas canciones, llevaba cerca de una hora en esa situación. No hay nada peor que estar cansado y no poder dormir. El reloj azul del equipo de música, ese que parpadea una y otra vez, me ha hecho corroborar este pensamiento al ir haciéndose más nítido según pasaba el tiempo, ¿no debería ser al revés?
Me he levantado entonces y me he puesto a escribir esto. Me he visto a mi mismo sentado en un muro de ladrillos naranjas, bebiéndome un zumo de naranja, balanceando los pies de adelante a atrás y mirando el cielo alante y no arriba.
Quizá el rosa no sea un color tan horrible – pensé
Encontrar algo mágico en situaciones triviales del día a día me parece una oportunidad única para esbozar una sonrisa. Y que me tachen de loco, yo esa oportunidad no la voy a desperdiciar.
Hace un par de días me estaba bebiendo otro de esos bricks de zumo de naranja. Justo en el momento en el que daba un sorbo al zumo, un recuerdo fiel y exacto de un bocadillo de salchichas con ketchup se me venía a la cabeza. Noté el sabor de ese puto bocadillo que me jodía lo bien que me estaba sabiendo ese zumo, era como si hubieran exprimido el bocadillo dentro del zumo.
La ostia, no pienso beberme otro zumo hasta dentro de un mes.
Dos días después estaba sentado en ese muro naranja, esperando al autobús, balanceando los pies, bebiéndome un zumo y sonriendo. ¿Mañana? Mañana va a ser un día horrible, largo, interminable…
Acabo de meter un brik de zumo de naranja en la mochila.
martes, enero 08, 2008
Rey
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Un palo enorme es lo que nos separa. Él lo agarra con la boca, yo con las dos manos, una en cada extremo. Empiezo a tirar con todas mis fuerzas hasta que consigo levantarle sujetándose entonces con sus dos patas traseras.
Ya te tengo, cabrón – pienso.
Entonces Rey empieza a patalear con las dos patas delanteras. Un golpe seco en los huevos de esos que suben hasta el estómago me hace cambiar de opinión. Suelto el palo. Me agacho y me retuerzo y mientras Rey me busca para que vuelva a tirar del palo. Eso le encanta.
Rey, así se llama mi perro. Y alguna que otra vez cuando me lo ha preguntado algun alternativo de dos duros, al responderle se me ha quedado mirando con la frente arrugada como si la respuesta hubiera sido Moñordo.
¿Lo que a veces pienso en decir?: - Sí tío, soy monárquico. Estuve abrazando la verja de la iglesia donde se casó Felipe y Leticia y tengo tatuado en mis nalgas un orgulloso “porque no te callas”.
Lo que digo: - Sí (a lo que añado un “es una historia muy larga” si tengo el día simpático).
Mientras Rey sigue buscando palos ajeno a tanto gilipollas. Si les entendiera le apoyaría con un sincero: - No te preocupes, amigo, me llamo Curro, mi infancia/adolescencia también fue difícil.
No saco a Rey muy a menudo, por falta de tiempo, por falta de ganas. No puedo evitar sentirme un poco egoísta cuando lo saco por pura conveniencia y es que en un buen número de ocasiones es él el que me saca a mi. Sea como sea, él disfrutará igual siempre y cuando encuentre un palo o algun otro perro con el que correr por el parque.
Y lo cierto es que eso lo llevo mal. Considero impagable el sacar a Rey sin tener que cruzarme con ningún otro perro y su dueño. De verdad, no se como actuar. Y es que ahí estan los dos perros emocionados, oliéndose el culo, la parte que Rey me patea o incluso a veces dándose amistosos movimientos de pelvis subidos unos a otros. Y mientras el sueño del otro perro y yo de pie, mirándoles. Regañándoles. La palabra Incómodo resulta insuficiente en esta situación.
Otra cosa sobre la que me moriré sin haberme acostumbrado es al pack, bolsa negra-cagada de Rey. En un alto porcentaje de ocasiones Rey tiene a bien cagar cuando hay gente alrededor. Es precioso. Él tirando de la correa queriendo ir hacia otro sitio mientras yo me encuentro de pie, con una mierda en frente de mis pies, y una bolsa que me lleva cinco minutos de media para conseguir abrir. Siento la mirada de muchos viejos cabrones en mi cuello acechando por si me da por irme sin recoger el pastel. Lo recojo manteniéndolo lo más alejado de mi nariz que puedo y lo tiro a la papelera.
Me gusta mi perro.

Un palo enorme es lo que nos separa. Él lo agarra con la boca, yo con las dos manos, una en cada extremo. Empiezo a tirar con todas mis fuerzas hasta que consigo levantarle sujetándose entonces con sus dos patas traseras.
Ya te tengo, cabrón – pienso.
Entonces Rey empieza a patalear con las dos patas delanteras. Un golpe seco en los huevos de esos que suben hasta el estómago me hace cambiar de opinión. Suelto el palo. Me agacho y me retuerzo y mientras Rey me busca para que vuelva a tirar del palo. Eso le encanta.
Rey, así se llama mi perro. Y alguna que otra vez cuando me lo ha preguntado algun alternativo de dos duros, al responderle se me ha quedado mirando con la frente arrugada como si la respuesta hubiera sido Moñordo.
¿Lo que a veces pienso en decir?: - Sí tío, soy monárquico. Estuve abrazando la verja de la iglesia donde se casó Felipe y Leticia y tengo tatuado en mis nalgas un orgulloso “porque no te callas”.
Lo que digo: - Sí (a lo que añado un “es una historia muy larga” si tengo el día simpático).
Mientras Rey sigue buscando palos ajeno a tanto gilipollas. Si les entendiera le apoyaría con un sincero: - No te preocupes, amigo, me llamo Curro, mi infancia/adolescencia también fue difícil.
No saco a Rey muy a menudo, por falta de tiempo, por falta de ganas. No puedo evitar sentirme un poco egoísta cuando lo saco por pura conveniencia y es que en un buen número de ocasiones es él el que me saca a mi. Sea como sea, él disfrutará igual siempre y cuando encuentre un palo o algun otro perro con el que correr por el parque.
Y lo cierto es que eso lo llevo mal. Considero impagable el sacar a Rey sin tener que cruzarme con ningún otro perro y su dueño. De verdad, no se como actuar. Y es que ahí estan los dos perros emocionados, oliéndose el culo, la parte que Rey me patea o incluso a veces dándose amistosos movimientos de pelvis subidos unos a otros. Y mientras el sueño del otro perro y yo de pie, mirándoles. Regañándoles. La palabra Incómodo resulta insuficiente en esta situación.
Otra cosa sobre la que me moriré sin haberme acostumbrado es al pack, bolsa negra-cagada de Rey. En un alto porcentaje de ocasiones Rey tiene a bien cagar cuando hay gente alrededor. Es precioso. Él tirando de la correa queriendo ir hacia otro sitio mientras yo me encuentro de pie, con una mierda en frente de mis pies, y una bolsa que me lleva cinco minutos de media para conseguir abrir. Siento la mirada de muchos viejos cabrones en mi cuello acechando por si me da por irme sin recoger el pastel. Lo recojo manteniéndolo lo más alejado de mi nariz que puedo y lo tiro a la papelera.
Me gusta mi perro.
jueves, enero 03, 2008
Alameda de Osuna
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Siempre me ha parecido que las puertas del metro se abren con demasiada violencia, con más personalidad que mala ostia, pero con violencia al fin y al cabo.
Alameda de Osuna. Metro. Elegir donde sentarme me parece una suerte de las que muchos no parecen darse cuenta. Mi sitio suele ser ese con dos asientos del lateral del todo, puedo apoyar la cabeza y cerrar los ojos y no mucha gente me molesta. Hoy he entrado directo ahí. Un chico con orejas de soplillo y una bandera de España con el toro en el dorso de su móvil ha tenido a bien sentarse justo delante mía. Masticaba chicle con la boca abierta, me jodía el viaje.
Abro el libro por el capitulo doce, el tren todavía no ha arrancado cuando escucho a dos chicos de temprana edad hablar sobre como llegar a la calle Fuencarral.
- Y para llegar a Fuencarral entonces… – dice uno de ellos
- Pues yo creo que nos tenemos que bajar en Callao, sí
- No, no… ¿dónde está Montera?
- Gran Vía, tienes que bajarte en Gran Vía - pienso
- ¿Y si nos bajamos en Chueca?
- ¿Es ahí?
- No sé, pero para ver que ahí
- Gran Vía, Gran Vía… de verdad, Gran Vía.
- ¿Preguntamos a alguien?
Los chavales miran alrededor, yo me callo como una puta un poco por no alzar la voz de asiento a asiento en mitad de ese vagón, a pesar de que estuviera vacío, y un poco también por saber como lo resolverían por sus propios medios.
Sigo leyendo. Pasan un par de paradas y un buen hombre tiene a bien solucionarles la duda a los chavales. Me habían caído simpáticos ambos.
Ciudad Lineal. Capítulo trece. Una mujer que podría ser colombiana se sienta a mi lado y su amigo se pone justo delante suyo, de pie.
- Pues las clases de inglés van bien… el otro día en clase la profesora, que no sabe mucho español, nos preguntaba lo que íbamos a comer en nochebuena y le supe decir que iba a comer Cordero.
- ¿Y como se dice cordero? – responde la amiga.
- Pues, ostia, pues... ahora no me acuerdo!.
- Lamb – pienso
- Si es que lo sabía, si joder…
- LAMB
- Ahhh… ¿¿¿cómo era???
- LAMB, JODER, ¡¡LAMB!!
- Bueno, luego cuando llegue a casa te digo
Entonces me toqué la llaga de mi labio inferior con la lengua para que me doliera. El dolor me conseguiría evadir de aquello que sabía y no decía.
Unos rumanos se suben en Ventas con una armónica, tengo que releer los párrafos del libro tres veces. No les doy dinero.
Alonso Martinez, recibo un mensaje de Manolo.
- Llego a las siete.
Manolo hubiera llegado a la siete antes de ese mensaje porque habíamos quedado a menos cuarto, contaba con ello y no me importaba llegar antes a pesar de todo, su nuevo mensaje le haría llegar a y cuarto y me tendría esperando media hora.
Había quedado en Callao, bajo en Gran Vía para hacer algo de tiempo andando muy despacio. No fallo, Manolo llega media hora después. Siempre me abraza cuando han pasado menos de dos días sin que le vea. Esta vez había pasado más de una semana y además venía del Caribe.
Le abrazo.
- ¿Sabes que Lamb es cordero en inglés?
Siempre me ha parecido que las puertas del metro se abren con demasiada violencia, con más personalidad que mala ostia, pero con violencia al fin y al cabo.
Alameda de Osuna. Metro. Elegir donde sentarme me parece una suerte de las que muchos no parecen darse cuenta. Mi sitio suele ser ese con dos asientos del lateral del todo, puedo apoyar la cabeza y cerrar los ojos y no mucha gente me molesta. Hoy he entrado directo ahí. Un chico con orejas de soplillo y una bandera de España con el toro en el dorso de su móvil ha tenido a bien sentarse justo delante mía. Masticaba chicle con la boca abierta, me jodía el viaje.
Abro el libro por el capitulo doce, el tren todavía no ha arrancado cuando escucho a dos chicos de temprana edad hablar sobre como llegar a la calle Fuencarral.
- Y para llegar a Fuencarral entonces… – dice uno de ellos
- Pues yo creo que nos tenemos que bajar en Callao, sí
- No, no… ¿dónde está Montera?
- Gran Vía, tienes que bajarte en Gran Vía - pienso
- ¿Y si nos bajamos en Chueca?
- ¿Es ahí?
- No sé, pero para ver que ahí
- Gran Vía, Gran Vía… de verdad, Gran Vía.
- ¿Preguntamos a alguien?
Los chavales miran alrededor, yo me callo como una puta un poco por no alzar la voz de asiento a asiento en mitad de ese vagón, a pesar de que estuviera vacío, y un poco también por saber como lo resolverían por sus propios medios.
Sigo leyendo. Pasan un par de paradas y un buen hombre tiene a bien solucionarles la duda a los chavales. Me habían caído simpáticos ambos.
Ciudad Lineal. Capítulo trece. Una mujer que podría ser colombiana se sienta a mi lado y su amigo se pone justo delante suyo, de pie.
- Pues las clases de inglés van bien… el otro día en clase la profesora, que no sabe mucho español, nos preguntaba lo que íbamos a comer en nochebuena y le supe decir que iba a comer Cordero.
- ¿Y como se dice cordero? – responde la amiga.
- Pues, ostia, pues... ahora no me acuerdo!.
- Lamb – pienso
- Si es que lo sabía, si joder…
- LAMB
- Ahhh… ¿¿¿cómo era???
- LAMB, JODER, ¡¡LAMB!!
- Bueno, luego cuando llegue a casa te digo
Entonces me toqué la llaga de mi labio inferior con la lengua para que me doliera. El dolor me conseguiría evadir de aquello que sabía y no decía.
Unos rumanos se suben en Ventas con una armónica, tengo que releer los párrafos del libro tres veces. No les doy dinero.
Alonso Martinez, recibo un mensaje de Manolo.
- Llego a las siete.
Manolo hubiera llegado a la siete antes de ese mensaje porque habíamos quedado a menos cuarto, contaba con ello y no me importaba llegar antes a pesar de todo, su nuevo mensaje le haría llegar a y cuarto y me tendría esperando media hora.
Había quedado en Callao, bajo en Gran Vía para hacer algo de tiempo andando muy despacio. No fallo, Manolo llega media hora después. Siempre me abraza cuando han pasado menos de dos días sin que le vea. Esta vez había pasado más de una semana y además venía del Caribe.
Le abrazo.
- ¿Sabes que Lamb es cordero en inglés?
martes, enero 01, 2008
2008
___________________________________________________________
Abro los ojos. Intuyo el techo de mi habitación. Al otro lado de la pared escucho el concierto de año nuevo y me veo a mí mismo en años anteriores viendo la tele e imaginándome a un tipo medio de los del público saliendo de allí comentando con su CAMARADA como se lo pasaron de FÁBULA cuando el director de orquesta se dio la vuelta y dirigió los aplausos del público con su batuta.
De fábula.
Tengo el estómago como una centrifugadora y la boca como si hubiera pasado la noche masticando cartón. Voy a la cocina, bebo de la botella de agua y la dejo donde estaba. Doy dos pasos, vuelvo a la nevera y pienso “qué coño, me la llevo a la habitación”. Cierro la nevera no sin antes ver un langostino suelto. Aislado del mundo. Pienso entonces: “que coño, voy a escribir esto en el blog”.
Vuelvo, me siento, me planteo si lo que necesito es comer hasta reventar o vomitar, y escribo esto.
Vuelvo al blog porque de vez en cuando me ha venido apeteciendo escribir y porque creo que en su día me equivoqué al dejarlo tomándome el actualizar como una responsabilidad.
Quizá actualice una vez al mes, quizá tres veces por semana. De momento voy a escribir y ya veremos que pasa más adelante.
Abro los ojos. Intuyo el techo de mi habitación. Al otro lado de la pared escucho el concierto de año nuevo y me veo a mí mismo en años anteriores viendo la tele e imaginándome a un tipo medio de los del público saliendo de allí comentando con su CAMARADA como se lo pasaron de FÁBULA cuando el director de orquesta se dio la vuelta y dirigió los aplausos del público con su batuta.
De fábula.
Tengo el estómago como una centrifugadora y la boca como si hubiera pasado la noche masticando cartón. Voy a la cocina, bebo de la botella de agua y la dejo donde estaba. Doy dos pasos, vuelvo a la nevera y pienso “qué coño, me la llevo a la habitación”. Cierro la nevera no sin antes ver un langostino suelto. Aislado del mundo. Pienso entonces: “que coño, voy a escribir esto en el blog”.
Vuelvo, me siento, me planteo si lo que necesito es comer hasta reventar o vomitar, y escribo esto.
Vuelvo al blog porque de vez en cuando me ha venido apeteciendo escribir y porque creo que en su día me equivoqué al dejarlo tomándome el actualizar como una responsabilidad.
Quizá actualice una vez al mes, quizá tres veces por semana. De momento voy a escribir y ya veremos que pasa más adelante.
viernes, octubre 05, 2007
Esto no es un adiós...
___________________________________________________________
...es un hasta nunca.
Empieza una nueva etapa en mi vida y con ella acaba otra. La de este blog.
Poco sentido tiene seguir con algo que no me motiva y es que a diario se me ocurren cosas sobre las que escribir, ideas que se quedan en un simple recuerdo en forma de “ya no viene a cuento”. Lo poco que escribo no me apetece siquiera colgarlo y lo cierto es que desde que volví a Londres las actualizaciones han sido más por un debo que por un me apetece. No me apetece cargar con ese lastre aunque sea una gilipollez como la que viene a ser escribir cosas a veces tan íntimas que me replanteo la idea de si hice o no hice bien en postearlo.
Gracias a los que de vez en cuando os habeis pasado por aquí dando sentido al blog con vuestros comentarios.
Nos vemos amigos!
...es un hasta nunca.
Empieza una nueva etapa en mi vida y con ella acaba otra. La de este blog.
Poco sentido tiene seguir con algo que no me motiva y es que a diario se me ocurren cosas sobre las que escribir, ideas que se quedan en un simple recuerdo en forma de “ya no viene a cuento”. Lo poco que escribo no me apetece siquiera colgarlo y lo cierto es que desde que volví a Londres las actualizaciones han sido más por un debo que por un me apetece. No me apetece cargar con ese lastre aunque sea una gilipollez como la que viene a ser escribir cosas a veces tan íntimas que me replanteo la idea de si hice o no hice bien en postearlo.
Gracias a los que de vez en cuando os habeis pasado por aquí dando sentido al blog con vuestros comentarios.
Nos vemos amigos!
lunes, octubre 01, 2007
Momentos
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Eran las 7 de la mañana cuando llegaba a la estación de Bermondsey. No más de diez minutos la separaban de aquel muelle del Támesis donde me tocaba trabajar esa vez. Hacía un frío horrible, de los peores que recuerdo, por lo que el recorrido fue más rápido de lo previsto debido al ritmo rápido que pillé. Me frotaba las manos, subía la música de mis cascos e incluso maldecía en voz alta y en español el por qué de estar despierto a esa hora, con ese frío y yendo a trabajar.
Llegaba tarde. Me abrió Saba, el húngaro que me guiaba sobre lo que tenía que hacer dentro de las distintas posibilidades que ofrece el verbo limpiar. Pasar la aspiradora por una de las moquetas de uno de los barcos me hizo alegrarme de que me apeteciera empezar a quitarme ropa. Que esa fuera la mejor noticia que había tenido hasta el momento durante el día me hizo preocuparme no sin razón, y es que aquel día iba a ser realmente duro.
Un descanso de una hora, un buen almuerzo y se acababa un descanso que se hizo corto. Tocaba empezar a cargar cajas del almacén a los barcos. La noche asomaba y el ritmo de trabajo se hacía cada vez más rápido por ir con el tiempo cogido con pinzas. Cargábamos cajas de cerveza, quizá cientos de ellas, en un respiro lo dije a Saba lo mucho que me jodía tener que cargar con tantas cervezas y no poder beberme una siquiera, él sonrió y me dijo algo así como, veremos que se puede hacer luego.
Diez horas de trabajo, un tirón en mi antebrazo, un frío gélido convertido en un calor asfixiante. La jornada había acabado y cualquier cosa que no fuera morirme o dormir me parecía una idea horrible hasta que Saba me hizo cambiar de idea.
Daniel, eritreano, Saba y yo, nos dirigíamos a un barco vacío y a semioscuras guiados una vez más por Saba. Entramos al barco, cogió tres cervezas del mini bar y nos salimos los tres al camarote viendo desde ahí un oscuro Támesis y unos iluminados puentes alrededor. Abrimos las cervezas, le di un trago a la mía y mirando a mi alrededor me di cuenta que el madrugón, el frío, el esfuerzo... Londres, todo había merecido la pena. Sin casi decir palabra ninguno de los tres nos acabamos la cerveza, primero Daniel, luego Saba y finalmente yo. Tiramos el casco de la cerveza vacío al río lanzando este lo más lejos posible.
Es raro, creo que lo bueno y a la vez lo malo de este tipo de momentos, es que no se eligen, llegan sin avisar.
Eran las 7 de la mañana cuando llegaba a la estación de Bermondsey. No más de diez minutos la separaban de aquel muelle del Támesis donde me tocaba trabajar esa vez. Hacía un frío horrible, de los peores que recuerdo, por lo que el recorrido fue más rápido de lo previsto debido al ritmo rápido que pillé. Me frotaba las manos, subía la música de mis cascos e incluso maldecía en voz alta y en español el por qué de estar despierto a esa hora, con ese frío y yendo a trabajar.
Llegaba tarde. Me abrió Saba, el húngaro que me guiaba sobre lo que tenía que hacer dentro de las distintas posibilidades que ofrece el verbo limpiar. Pasar la aspiradora por una de las moquetas de uno de los barcos me hizo alegrarme de que me apeteciera empezar a quitarme ropa. Que esa fuera la mejor noticia que había tenido hasta el momento durante el día me hizo preocuparme no sin razón, y es que aquel día iba a ser realmente duro.
Un descanso de una hora, un buen almuerzo y se acababa un descanso que se hizo corto. Tocaba empezar a cargar cajas del almacén a los barcos. La noche asomaba y el ritmo de trabajo se hacía cada vez más rápido por ir con el tiempo cogido con pinzas. Cargábamos cajas de cerveza, quizá cientos de ellas, en un respiro lo dije a Saba lo mucho que me jodía tener que cargar con tantas cervezas y no poder beberme una siquiera, él sonrió y me dijo algo así como, veremos que se puede hacer luego.
Diez horas de trabajo, un tirón en mi antebrazo, un frío gélido convertido en un calor asfixiante. La jornada había acabado y cualquier cosa que no fuera morirme o dormir me parecía una idea horrible hasta que Saba me hizo cambiar de idea.
Daniel, eritreano, Saba y yo, nos dirigíamos a un barco vacío y a semioscuras guiados una vez más por Saba. Entramos al barco, cogió tres cervezas del mini bar y nos salimos los tres al camarote viendo desde ahí un oscuro Támesis y unos iluminados puentes alrededor. Abrimos las cervezas, le di un trago a la mía y mirando a mi alrededor me di cuenta que el madrugón, el frío, el esfuerzo... Londres, todo había merecido la pena. Sin casi decir palabra ninguno de los tres nos acabamos la cerveza, primero Daniel, luego Saba y finalmente yo. Tiramos el casco de la cerveza vacío al río lanzando este lo más lejos posible.
Es raro, creo que lo bueno y a la vez lo malo de este tipo de momentos, es que no se eligen, llegan sin avisar.
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