Es curioso, no me importa tener prisa para llegar a mi destino, de hecho, no me importa llegar con quince minutos o media hora de antelación, si desde el piso de arriba del metro de Alameda de Osuna veo el tren esperando con las puertas abiertas, voy a bajar las escaleras a carajo sacao para que este no se vaya. La diferencia no va a dejar de ser el sitio donde voy a tener que esperar, pero qué se yo... un instinto o algo.
Entrando el otro día acelerado en un vagón, en seguida pude comprobar que hacía un calor de tres pares de cojones en el mismo. Creyendo que sería el tío más ocurrente de la linea 5, cambié de vagón antes de que el tren diera su bocinazo de salida. Allá voy. Antes de entrar metí el brazo derecho en él para comprobar si también se me derritirían los testículos ahí dentro. Era un vagón nuevo, y en este punto de la historia yo me pregunto: ¿Por qué los vagones que son diferentes, con colores más chillones y con menos asientos... yo los creo mejores? Mierda pa mí, allí hacía el mismo calor que en el vagón anterior. Insaciable que es uno y animado aún por el estado espídico en que me encontraba, me decidí a correr al siguiente mientras entre el escaso recorrido que había de uno a otro y escuchando por fín el pitido del tren diciendo que nos íbamos, yo pensaba: Aire acondicionado, Aire acondicionado, Aire acondicionado.
Tercera mierda consecutiva pa mi.
Resignado me senté en aquel vagón vacío preguntándome en cual de las siguientes paradas me daría una lipotimia.
Empezó a entrar gente lo que no hizo mejorar la situación y es que, ver los síntomas de calor de algunas personas, puede hacer que el calor se multiplique por... pues no sé, por bastante. El vagón empezó a llenarse y yo me lo temía. Gente tan “ocurrente” como yo venía de vagones contiguos y tendían a rendirse cerca de mí para restregarme sus “oy que calor” y su peste a sobaco, como si yo no me hubiera dado cuenta (cojones).
Moviendo la nariz como si fuera mi perro, puse cara de estar diviendo 657 entre 49 ¿qué era eso?. Oh dios, otra de esas pestuzales a sobaco y que en cambio esta vez pude notar especialmente cerca. Miré al tipo de la camisa blanca de al lado, luego me miré a mi mismo y entonces pensé: Amigo... esto es entre tu y yo.
Astutamente me rasqué la nariz con el dorso de la mano alrgando este movimiento hasta prácticamente el hombro mientras hacía algo así como Mffffffffffffff.
Allí seguía oliendo a mierda de la misma manera, pero en mi cabeza tenía el consuelo de que el precio que pagué por el desodorante había merecido la pena.
El tipo de la camisa blanca de al lado mío se convirtió en un personaje aislado del mundo. Una mujer sentada más allá agitaba con fuerza su abanico haciendo así ese puto ruido tan característico al golpear este contra sus pulseras de vírgenes y perlas,igual. Otro tipo al que le sudaba el mostacho como jamás he visto sudarle a alguien el mostacho en mi vida le pasaba lo mismo. Se aislaban. Era como cuando en las películas de repente ponen un primerísimo primer plano de algunos personajes a camara lenta, con una iluminación sofocante, unas gotas de sudor estratégicamente colocadas y unas moscas revoloteando por encima de sus cabezas... algo así pero en el metro, y apestando a sobaco.
Salí vivo de allí. Hacía mucho menos calor que dentro del vagón y la cerveza que me iba a tomar la iba a notar caer por esófago como si fuera la primera vez que ocurriera aquello. Haber estado tan puteado minutos antes me hizo estar más contento entonces.
Hoy cené comida china, vi una buena película y se me olvidó que era sábado. Dicen algunos que mañana tengo que estudiar, pero yo no les acabo de creer.







