jueves, junio 29, 2006

El cielo

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Estábamos a punto de volver de las vacaciones, el trayecto sería Matalascañas – Sevilla. Una hora en coche nos esperaba por delante la cual parecía más larga de lo que en realidad era, debido a que en los tres meses que estuvimos allí no habíamos montado en un coche durante más de diez minutos seguidos.

Mi madre llevaba ya un buen rato sin parar de moverse de un lado para otro de la casa. Siempre se pone especialmente nerviosa y de mala leche en los momentos previos a un viaje y una de estas consecuencias es tener que revisarlo todo quince mil veces para comprobar que está en orden.

En una de esas ochocientas vueltas que dio se encontró con mi abuela de pie en medio del salón, ya llevaba así un buen rato y no parecía que tuviera intención de sentarse. Al verla mi madre, con un tono mas de petición que de queja, le dijo algo así como “¡Ay! ¿Por qué no te sientas?, ya llevas de pie un buen rato…” a lo que mi abuela respondió, “Hija, voy a estar una hora entera sentada sin casi poder moverme, deja que me canse de estar de pie hasta que entremos al coche…”

No puedo explicar muy bien por qué la respuesta de mi abuela me pareció lo más sensato que había oído en muchísimo tiempo. Hoy por hoy, cada vez que voy a clase en transporte público y me toca estar de pie porque todos los asientos están ocupados, recuerdo las palabras de mi abuela y me animo a mi mismo recordando que será mucho mejor coger asiento cuando me haya cansado de estar de pie.

Una vez entramos al coche en ese mismo viaje, pude ver a mi abuela mirando al cielo. Cuando dejó de mirar me dijo que el cielo estaba enladrillado. Miré entonces al cielo esperando que, por sus palabras, el cielo estuviera nublado y con una tormenta próxima a nosotros.

Cuando mire hacia arriba lo que pude ver fue algo así:




Volvía ayer de ver el partido de fútbol con alguna cerveza que otra de más, me bajé del autobús ya en mi barrio y de repente noté como una gota de agua del tamaño de pelota de golf caía sobre mi espalda. “¿Quien me ha escupido?”, pensó el borracho que relata la historia. Antes de que pudiera caer en la cuenta de la tontería que acababa de pensar, otras dos gotas de agua cayeron sobre mí. Saqué el lado racional que llevaba dentro y miré al cielo pensando que aquello que caía quizá no eran escupitajos, sino que probablemente fueran gotas de lluvia. Así era. El cielo estaba totalmente encapotado, y apareció el olor tan característico a asfalto mojado que precede a la tormenta.

“Bueno, menos mal que ya estoy llegando”, pensé. Justo entonces, en el horizonte, el cielo durante dos segundos se volvió completamente morado y un rayo enorme atravesaba ese increíble flash. Al no tener a nadie a mi lado al que poder dar un codazo y decir “joder, ¿has visto eso?”, no pude hacer otra cosa que llevarme las manos a la cabeza y gritar: “¡JODER!”

Empezaba a llover entonces con mucha fuerza, ya veía el portal de mi casa al fondo, pero esperé de pie mojándome como un cabrón, a ver si conseguía ver otra vez aquel increíble relámpago.

Volvió a suceder, con menos fuerza que la anterior vez. La lluvia sin embargo caía muy fuerte por lo que me hice los pocos metros que me quedaban hasta casa corriendo…

Y me acordé. Me acordé de lo increíblemente enladrillado que me parecía que estaba el cielo y me dí cuenta de que la mejor forma de mantener vivas a las personas, es recordándolas.



Suena: Eyes Of Fire – Dead to the World

domingo, junio 25, 2006

Viceversa

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Era jueves por la noche y apenas corría el aire por la estrecha calle donde nos encontrábamos. Ahí estábamos unos cuantos amigos charlando de cosas intrascendentes la mayoría de ellas y que solo recordaríamos de casualidad a lo largo de la noche.

Resultó que al rato se produjo una de estas casualidades.

Me contaba un amigo, en un contexto que le excusaba de parecer un fantasma, como una vez una chica se acercó a el y sin mediar palabra le empezó a besar. Lejos de rechazarla este amigo le siguió el juego o lo que quisiera que fuera aquello.

Pocos minutos después de que este amigo nos contara la anécdota, un grupo de chicas pasó al lado nuestro. Una de ellas se desmarcó y vino hacia nosotros. Sin tiempo a entender que hacía ahí la chica en cuestión, se empezó a acercar a mí por lo que yo la empecé a mirar como intentando acordarme de si era alguna vieja amiga a la que no había visto de hacía tiempo y no lo recordaba. Parecía ser que no. Una vez llegó y se puso enfrente de mí, la rubia me miró a los ojos y me dio un beso en la mejilla.

¿Qué hizo ella después? Irse. ¿Qué hice yo?

Quedarme parado con cara de gilipollas.


Una vez pasado el impacto inicial una pregunta me surgió en la cabeza y fue la de, ya no como hubiera reaccionado ella si el que hubiera hecho eso, hubiera sido yo, sino la de ¿cómo de fuerte hubiera sido el guantazo que me habría dado?


He aquí un post corto dedicado a la reflexión…


Suena: Thrice – Stand And Feel Your Worth

lunes, junio 19, 2006

Los 40

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Son las 4 de la madrugada y me encuentro en la plaza de Cibeles esperando al autobús que me llevará a casa. Mucha gente espera ese mismo autobús que aún no llega mientras que yo intento coger una buena posición para sentarme, de lo contrario seguramente me siente en el suelo del autobús.

Estoy de pie cuando llega, mis rodillas empiezan a temblar de lo excesivamente cansado que estoy. Entre codazos y forcejeos consigo hacerme un hueco y sentarme en un sitio individual. Imagino que tardaré pocos segundos en dormirme y así es. A pesar de lo tremendamente incómodo que me encuentro, estoy tan dormido que parece que estoy muerto, el único que consigue hacerme volver al mundo real es el hilo de baba que noto que empieza a resbalarse por la comisura del labio. Rápidamente miro a mi alrededor y suspiro al observar que nadie me estaba mirando en ese momento…

Miércoles, jueves, viernes y sábado son los días en los que he trabajado en el Vicente Calderón haciendo de segurata para el concierto de los 40 principales. Los dos primeros días la sensación de no hacer nada eclipsaba cualquier tipo de ganas de empezar a hacer algo que no fuera sentarse y darle vueltas a la cabeza…

Los jefes nos colocaban según les venía en gana habiendo unos sitios verdaderamente cojonudos, donde podías hablar con otros compañeros y veías el tránsito de gente y otros sitios completamente solitarios en los que costaba mucho no desquiciarse en las muchas horas que se pasaban allí.

El viernes me colocaron justo delante del escenario, podía ver los ensayos de los grupos que había allí lo cual suponía toda una suerte para algunos, pero nada de eso para mí ya que me tocó estar de pie al sol unas cuantas horas. Lo único que se salvó fue una extraña sensación o sentimiento (no se como llamarlo) que tuve cuando estaba ensayando Bisbal. Empezó a cantar el “Ave María” con toda la coreografía (patadas, tirabuzones de 360 grados… ya sabes) y parafernalia rodeándole. Las últimas notas de la canción llegaban a su fin, la música se elevaba para concluir en un rotundo “¡¡¡¡¡chan!!!!!” cuando acabó la canción… y a continuación, ¿sabeis que pasó?... ¿SABEIS QUE PASÓ?:


NADA

Eso es, no pasó absolutamente nada. Un silencio sepulcral invadía el Calderón, si acaso el ruido del martillo de algún trabajador. Cuando acabó la canción miré a mi alrededor como preguntándome que era aquello tan extraño que estaba ocurriendo y que no llegaba a saber que era, entonces caí en la cuenta que aquello tan extraño se llamaba silencio, el silencio más inesperado posible cuando lo que esperas es una ovación que te haga salir corriendo de allí.


SÁBADO.

Ya habían pasado muchas horas haciendo el paripé vigilando zonas a las que nadie importaba y a en las que jamás nadie se le ocurría entrar y en el caso de que lo hiciera saldría tras comprobar que no allí había nada que ver.

Era sábado, el día del concierto y el día en el que iba a tocar pringar de verdad. Tenía un turno de 18 horas.

Salí de casa a las 7 de la mañana, entré a las 8. Uno de los jefes me puso en una zona ambientada con alfombras rojas y muchas plantas y objetos decorativos. Estaba al lado del set de entrevistas donde los presentadores de los 40 principales entrevistarían a todos los artistas y en seguida me di cuenta de que tuve mucha suerte porque las horas se pasarían sin duda mucho más rápidas viendo al alto standing de la música pop española.

Justo al lado estaba el bar donde me situaron a mi. En ese bar entrarían los que tuvieran la pulsera incdicada a tomarse unas copas después de su actuación. Mi función era controlar quien llevaba la pulsera de color morado o dorado la cual permitía acceder al bar y también controlar que no se sacara bebidas fuera del mismo.

Ya llevaba allí muchas horas muerto del asco cuando por fin empezó a haber más tránsito. Al principio, comentaba con un compañero que tenía al lado, a quien íbamos viendo: “!Eh mira! Los Celtas Cortos” “y ese es Mikel Erentxu…” ostia, ostia… esa es Alaska!”

A medida que pasaba el tiempo ya se veía a los famosos como el que se encuentra con alguien del barrio en otro lugar que no sea el barrio. Como esa sensación de… yo te he visto antes, pero tampoco me importa.

Lo curioso de la noche fue cuando en la puerta, con las piernas ya rotas de la cantidad de horas que llevaba de pie, pude comprobar aquello que gusta tanto de “que famosos eran majos y quienes no”.

Me he dado cuenta que normalmente cuando alguien encuentra con un famoso tiene un concepto equivocado del “es majo” y es que este es majo se confunde con un “es correcto o educado”. Me refiero a que uno no puede saber si alguien es simpático por el simple hecho de que te diga “hola, buenas noches” o que no te muerda la oreja por pedirle que te firme un autógrafo. Digamos que el termino medio estaría entre el ser educado (gente como Sabina, Iván Ferreiro, Malú o Julieta Venegás (o como la conocía “La Juleta Venegas esa”)) que es gente que entra, saluda, no da problemas en que le pidas que te enseñen la pulsera para acceder al bar y se despide cuando se va. Luego estarían los maleducados (Álex Úbago, Antonio Orozco, el guitarrista de Amaral) que es gente que no te saluda cuando entra, y a las cual les molesta que les pidas la pulsera y se quedan pidiéndote explicaciones de por qué no se puede sacar la bebida.

Luego ya en los extremos estarían los que son simpáticos como el de Estopa (cuando le dije a uno de ellos que no se podía sacar bebida, se acabó casi una copa entera del tirón y dijo "ale, se acabó el problema") el guitarrista de la oreja de Van Gogh que se quedó hablando un rato conmigo, los de Pereza (les comenté que era del barrio y claro…) o el cantante de Jarabe de Palo. Y en el otro extremo estarían los endiosados que se creen que por salir en la tele tienen derecho a tratarte como si no existieras, es el caso del presentador de los 40, Tony Aguilar, del cantante de Ketama, de Loquillo o de Miguel Bosé.

Y luego, independiente de todos ellos se encuentra él.

Francis Lorenzo.



Aún retumba en mi cabeza el eco del traqueteo de su mandíbula.

Mi turno se alargó dos horas más de lo establecido. Como protesta empecé a sacarme wiskazos bebiéndomelos en cuestión de segundos para que el jefe no me viera lo que provocó que entre esto y el cansancio que tenía, acabara con una borrachera importante lo que hizo que vacilara a algunas mozuelas asegurandolas que no se podía entrar al bar en zapatillas.

Después me fui a Cibeles a coger el buho.


Suena: Sonic Youth – Cross the Breeze

lunes, junio 12, 2006

¿Qué le pasa a la gente?

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En este mundo hay dos tipos de cosas: las que entendemos y las que no.

Dentro del primer apartado diría que:

- Para poder permitirse algún viaje en verano hace falta dinero, para tener dinero hace falta trabajar, para trabajar muchas veces hay que coger lo que venga aun a riesgo de no estar del todo convencido…

¿A donde quiero llegar a parar? Pues a que a partir de este miércoles y hasta el lunes que viene estaré trabajando de lo que se conoce como segurata, en el concierto que organiza los 40 principales en el Calderón y al que irán todos aquellos artistas tan a favor de la SGAE y tan en contra del buen gusto en general.

Me siento un poco escéptico ante el trabajo porque no sé muy bien si sucumbiré ante el montón de horas que me esperan de pie aguantando a quinceañeras rebeldes, o si por el contrario sacaré partido de alguna anécdota que seguro se sucede en los cinco días que andaré por ahí…

Sea lo que sea, supongo que acabaré contándolo por aquí. O no, yo que sé. En cualquier caso si alguién quiere que le llame al móvil cuando Bisbal cante alguna versión de Pantera, que me lo haga saber en forma de comentario.





- Dentro del segundo apartado destacaría algo a lo que llevo dándole muchas vueltas últimamente, y no es otra cosa que a la gente que no tiene cara de a lo que pertenece. ¿Qué de que hablo?:



Jeff Hornacek


¿Y quién es Jeff Hornacek? Os preguntareis muchos.

¿Acaso es un vendedor de seguros? ¿Un ex-repartidor de pizzas?,

¿Es Jeff Hornacek el que hacía de granjero en alguna peli de los 70?

No joder, Hornacek es un ex-jugador de la NBA Y DE LOS BUENOS. Jugó en Utah Jazz y enchufaba triples que daba gusto. Quien te lo iba a decir ¿eh?.




Luis Aragonés.

Quizá este cueste más hacerlo encajar en otro papel porque ya le tenemos más visto que el tebeo y más hoy por hoy con toda la parafernalia que se monta con el Mundial, pero joder ¿acaso Luis Aragonés no tiene cara de familiar cabrón?.

Hablo de ese típico tío abuelo tuyo al que ves una vez cada bastantes meses y que te echará la bronca por tu forma de hablar, por los piercings que tienes en la cara o las orejas o por la ropa que llevas, y aparte de todo esto, jamás te soltará un duro por mucho tiempo que haga desde la última vez que lo viste.

ESE, ese es Luis Aragonés. Si no lo veis de esta forma, quizá lo encajeis más dentro del típico vecino cascarrabias que se levanta temprano para ir a comprar el pan con su chandal de táctel azul turquesa y su periódico debajo del sobaco.



Curry Valenzuela.


- Seño, Seño, puedo ir a hacer pis

- Aguantate Luisito, que ya va a sonar el timbre.



¿Es Curry Valenzuela (no quiero chistes en relación a su nombre y el mío, panda de cabrones) la clásica maestra de esos primeros cursos de Primaría?

No joder, no, Curry Valenzuela es presentadora y moderadora de un programa de debates en Telemadrid. Yo desde luego no doy crédito, y sus alumnos supongo que tampoco mucho.


Suena: Unearth – Lie to Purify

miércoles, junio 07, 2006

Viaje de vuelta

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Otro examen más.

Hace cinco minutos me preguntaban si quería que me acercaran a casa. Me negué simplemente porque me apetecía volver solo, cosa que tras ver entre unos matorrales como se me iba un autobús y como el siguiente en el que entré no conseguía sitio, me hicieron dudar sobre si mi respuesta había sido la acertada.

Siento como el hecho de que este cansado anímicamente, provoca que también lo este físicamente. Abatimiento es la palabra que se me viene a la cabeza, la cual tengo apoyada en una barra del autobús, esperando a llegar a Moncloa y allí coger el metro.

Llego al metro y bajando las escaleras veo al tren arrancar sin ni siquiera darme la opción de correr para intentar alcanzarlo. Suspiro. Miro el marcador y me dice que quedan 2 minutos para que llegue el próximo. El próximo tren.

Me siento en uno de esos asientos de metal del andén que casi siempre están ocupados, y es que alguna ventaja debía tener que al conductor no le hubiera dado la gana esperar diez segundos más.

Entro al metro y pillo sitio. Suspiro otra vez y cierro los ojos sin llegar a dormirme. Cuando los vuelvo a abrir ya habían pasado dos paradas. Noto como las lentillas se me secan por el sueño y me tengo que frotar los ojos para dejar de ver borroso. Cuando finalmente consigo abrirlos del todo y ver con nitidez lo que hay a mi alrededor, me sobresalto al ver que la tía que tengo sentada justo delante lleva unas gafas de sol que le cubren tanto la cara que se acerca más a mi concepto de máscara, que de gafas.

Agacho la cabeza un poco y sin siquiera haberlas visto acierto en cual es su tipo de calzado:

Alpargatas rosas.

Llego a otra estación sorprendido porque no hubieran pasado dos paradas más. Antes dos paradas se me hicieron como una, ahora una se me hace como dos.

Me cago en las alpargatas.

Vuelvo a cerrar los ojos para poder ver cosas agradables como zapatillas azules, o unas gafas de sol de verdad. Consigo apartar de mi cabeza imágenes desafortunadas para recordar la extraña sensación que me aborda cuando coincido con alguien en el cuarto de baño porque ambos nos lavamos los dientes. Siempre hago una carrera aún sin el conocimiento de la otra persona pero en el que la persona que gana es aquella que acaba más tarde. Supongo que se me ha quedado una rencilla de cuando era pequeño y tenían lugar este tipo de eventos en los que si uno acababa antes, la típica recriminación del que estaba al lado saltaba en modo de: “Joe eh! Que poco tiempo te lavas los dientes… ¡se te van a poner amarillos!”.

Vuelvo a abrir los ojos. Solo quedan dos paradas y me doy cuenta que los viajes se me hacen más cortos cuantas menos ganas tengo de llegar a mi destino.

Se baja la tía de las alpargatas.

No puedo evitar mirar prácticamente todos los pies de las personas que tengo delante a pesar de lo poco que me gustan. Demasiadas sandalias.

Demasiados cayos.

Llego a mi parada y bajo trastabillado por esa mujer que entró sin dejar salir y que me hace resoplar algo así como: “Jrfffffff”.

Veo a mi hermano entrar por otra puerta al vagón del que yo salgo y le grito un “¡¡hasta luego!!” que no consigue oir a diferencia del resto del andén que me mira con ojos de “¿es a mi?”. Al no parecerme apropiado responder “no, no es a vosotros”, estiro la cabeza y la muevo de un lado a otro para hacer ver que busco al destinatario de mis palabras. Ni puto caso.

Llego al autobús que me dejará en casa. Saludo al conductor y no responde. Si no le pego es porque lleva zapatos, y no alpargatas.

Me siento atrás del todo con la esperanza de no encontrarme con nadie y poder acabar el viaje de manera digna.

Arranca el autobús y cierro los ojos buscando algún otro pensamiento que tan útil me había sido en el metro. Sin saber como llego al recuerdo de un sueño que me hizo sudar mares durante la noche anterior, y es que ví como el que era mi jefe me recriminaba el por qué había dejado de ir a trabajar si el contrato aún estaba vigente.

Y solo de escribirlo ya he vuelto a sudar.

Intento recordar algún otro sueño más alegre y recuerdo uno bastante extraño en el que me veía a mi mismo pensando en un montón de estupideces yendo hacia la facultad para hacer un examen.


Suena: Mogwai – Moses?

jueves, junio 01, 2006

Como tu veas

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A veces, el remordimiento de saber que tengo que madrugar y ser consciente de que voy a dormir muy poco debido a lo tarde que se me ha hecho, me hace irme a la cama sin llegar a tener sueño esperando encontrar este entre los muchos pensamientos que tengo en este momento y es que entre el silencio y la oscuridad, poca cosa queda aparte de darle vueltas a la cabeza.

Una de las cosas que pienso a menudo, y lo digo a pesar de parecer un gótico de esos que llevan camisetas de Cradle of Filth y se disfrazan de El Cuervo sin ni siquiera ser Halloween, es en la muerte. Y ahora cambio de párrafo para explicarme un poco.

No es que piense en la gente que ya se ha ido o en suicidarme por alguna razón, pienso en las consecuencias de qué pasaría si muriera alguien que quiero o incluso llego a pensar que pasaría si muriera yo. Vamos, que pienso más en lo que pasaría, que en lo que ha pasado. Una de esas veces en las que me encontraba con la cabeza en la almohada caí en la cuenta de una razón no tan aparente de porque la muerte resulta tan triste y es que, uno no siente solo su pena, sino que siente también la de los demás.

Por ejemplo, cuando un amigo nuestro nos dice que se ha muerto alguien cercano a él, lo sentimos mucho a pesar de no tener ni idea de quien es ese cercano, lo importante es lo que esa persona significaba para él. También creo que puede pasar eso cuando muere alguien conocido nuestro, y es que no solo sentimos nuestra pena, sino que sentimos la pena de lo que esa pérdida ha significado en tanta gente a la que queremos.

Y para quitarle oscuridad a todo esto, he de decir que caí en la cuenta de todo esto gracias a una similitud que resulta bastante opuesta a todo lo que he hablado antes: la felicidad.

Este pasado fin de semana estuve en uno de los mejores conciertos que he visto y también tuve la suerte de ascender de categoría con mi equipo de baloncesto. Pude compartir ese concierto con muchos amigos y sabía simplemente mirando a los ojos a estos o con un simple gesto, lo que estaba significando también para ellos, era algo así como una felicidad contenida a la vez que desbordante. Con el equipo de baloncesto esta felicidad fue bastante distinta, más explosiva. En cuanto acabo el partido empezamos a abrazarnos todos, manteamos al director del equipo a pesar de cargar con más de 100 kilos en lo alto, nos metimos todos en la ducha saltando y gritando “eh eh eh eh!” (para quitarle mariconeo al asunto, estábamos vestidos) y luego nos fuimos a celebrarlo entre risas y borracheras de por medio.

Lo que quiero explicar es que esta felicidad fue realmente completa por eso que dicen de que la verdadera felicidad, es esa que se comparte.

Y aquí estoy yo, en plenos exámenes y hablando de la felicidad… contradicciones putas.

Me voy a la cama a ver que se me ocurre.


Suena: Breach – Big Strong Boss

domingo, mayo 28, 2006

Be Agressive

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- Curro, ¿el próximo post está claro sobre qué será, no?

- ... y como coño explico esto.



Esto comentaba ayer con Pepe en el Festimad entre canción y canción del concierto de Tool.

El concierto tuvo lugar después del partido de ida de las semifinales de baloncesto que perdimos de 6 jugando en casa en un partido desastroso.

Hoy jugabamos la vuelta la cual teníamos que ganar de 7 puntos o más para pasar a la final y de esta forma ascender automaticamente.



Acabo de volver del partido. Hemos ganado de 21 y en unos minutos me iré con todo el equipo para celebrarlo como buenamente podamos.



En fin, esta es la manera que he contrado para explicar todo esto, lo mismo cuando vaya asimilando me sale algo mejor.

Ah!, Felicidades Rafa


Suena: Faith No More - Get Out

jueves, mayo 25, 2006

Una hora menos en Canarias

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Día tras día que pasa de la semana, ando como un zombi cuyas piernas se mueven más por impulsos que por órdenes del cerebro. Me doy cuenta de la penosa imagen que desprendo al verme andar reflejado en un escaparate sin apenas balancear los brazos y arrastrando los pies notablemente. Cambio a una disposición más activa para no dar tanta lástima pero a los diez metros vuelvo a mi estado natural al haber olvidado que el tío que había visto reflejado en ese escaparate era yo.

La principal causa de este abatimiento es lo poco que duermo a pesar de lo mucho que lo necesito. No hay día en el que no escuche aquello de “tío, tienes que dormir más”, y es que algunas veces es porque no puedo, pero otras tantas es sencillamente porque no quiero. Y es que no se trata de que me levante excesivamente temprano es que, y lo digo con el puño cerrado en contacto con mi pecho:

Me encanta la madrugada.

Y no hablo de esos fines de semana perdidos entre cerveza y cerveza, hablo de la tranquilidad, la evasión o la complicidad que me puede llegar a dar un martes cualquiera a las tantas.

Quizás es por esa sensación de que, aunque yo no lo vea, la mayoría de la gente ya está durmiendo y que aunque solo sea durante ese momento, no existen los gritos, ni los ruidos (aunque muchos digan que la música que escucho lo es), no existe el stress, ni las horas punta, ni los empujones en las taquillas del metro, simplemente existe el descanso físico de miles de personas que logra producir tu descanso mental y que solo conseguirían abatirlo con algún ronquido fuera de tono…

Me acuerdo que hace unos cuantos años, cuando acababa de llegar Internet a mi casa, yo deseaba muchas veces que mi hermano Rafa pasara la noche fuera, para poder así ocupar su habitación durante toda la noche y poder conectarme a Internet hasta altas horas de la madrugada. El IRC se convertía en una especie de barco de colegas en el que quedaban cuatro gatos y a pesar de hablar de tonterías, esas tonterías estarían cargadas de complicidad.

Hoy por hoy, cuando hablo con los amigos por Internet, prefiero hacerlo a altas horas de la noche. Mi disposición cambia y de alguna forma evito esas conversaciones en los que el colega de turno te manda las fotos de “mi finde en Monegros” en las que sale este haciéndose esas autofotos tan odiosas con sus amigas ultrapeinadas y sacando la lengua para enseñar el piercing de la lengua.

De alguna forma si se da alguna conversación de este tipo, esta especie de buena disposición que tengo, consigue que todo eso pase inadvertido para centrarme en conversaciones que aportan verdadera complicidad y que bien te hacen parecer que están sacadas de algún buen guión.

Y algunas veces una tarde cualquiera te la transforman en una buena madrugada.

Y al revés.

Y bueno, con todo esto ya de paso he explicado la segunda parte del título del blog. La primera…


Suena: Tote King – Nosotros Mismos

lunes, mayo 22, 2006

I love this game

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Llevo tres días seguidos durmiendo algo inquieto por la misma y distinta razón al mismo tiempo.

Este fin de semana he empezado los playoff de baloncesto para ascender de la liga federada a la liga autonómica, en lo que en fútbol sería algo así como luchar para ascender de cuarta división “b” a cuarta división.

Y qué importa, la cuestión no es el mucho o poco valor que pueda tener esto a nivel deportivo, la cuestión es que, a día de hoy, es por lo más alto que he llegado a competir en toda mi vida, y teniendo en cuenta lo que me encanta este deporte eso significa para mi tanto como pueda significar para un profesional, competir por subir de segunda “b” a segunda.

El viernes dormí inquieto por lo que me esperaba el sábado: el partido de ida de cuartos.

Comenzarían los playoff, lo cual llevábamos esperando todo el equipo desde hace ya unos meses. La expectación sobre el “qué pasará”, “como saldremos al campo”, “que tal partido me saldrá” o “con que ventaja/desventaja llegaremos al partido de vuelta” es lo que más intranquilo me dejaba. Muchas vueltas en la cama, muchos sudores y muchas idas y venidas a la nevera o al baño para beber agua o lavarme la cara. Ya ni sabía si hacía calor, o era yo el que lo desprendía.

Dormí menos de lo habitual para ser sábado, y me pasé el día esperando a que llegara la hora de irme, mirando el reloj más de lo debido y sin ideas sobre que hacer para matar el tiempo.

Llegó la hora. El partido resultó muy igualado, y a pesar de llegar a tener una ventaja de 7 puntos en el último cuarto, finalmente perdimos de 2, lo que nos haría tener que superar esta desventaja en el partido de vuelta que sería al día siguiente en nuestro pabellón.

Sábado y de nuevo en la cama. Los síntomas se repetían esta vez por la intranquilidad que me daba el resultado de la ida. En mi cabeza no paraba de reproducir jugadas del partido que si hubiera hecho mejor podría haber valido para llegar con ventaja a la vuelta. Se mezclaban las sensaciones sobre lo que había pasado hacía unas horas y sobre lo que me imaginaba pasaría dentro de otras tantas. Las sábanas de mi cama no eran más que un estorbo y pronto quedarían en mis pies deseando que no estuvieran allí para que los calores fueran menos sufridos…

Me desperté habiendo dormido poco. Tendría que esperar algunas horas hasta que empezara el partido, llenando estas de cualquier forma posible. La historia se repetía.

Subí al pabellón muy concentrado, con los cascos en mis oídos dándome cuenta que lo genial del mp3 no es ya que te permite escuchar lo grande que puede ser la canción que sale de tus cascos en ese momento, sino que te da la posibilidad de no escuchar las gilipolleces que te rodean como era aquellos chavales de 15 años con unas pintas que daban que pensar. Si, llamadme prejuicioso.

Empezó el partido con unas cien personas rodeando el campo, entre ellos algunos amigos que por cierto me encantó ver ahí. Estábamos jugando realmente bien, e incluso a mi me entraban los tiros cosa extraña cuando me viene a ver alguien, es como una ley de murphy que ayer no se cumplió.

Al descanso íbamos 11 arriba, pero aun no estaba nada sentenciado, de hecho nada más empezar el tercer cuarto se acercaron a cinco puntos.

Se acaba el partido. Ganamos 86 a 59.

Otra vez tocaba dormir y otra vez me costaría a pesar del cansancio físico. Esta vez era diferente, casi me alegraba de poder estar despierto en la cama para poder rehacer en mi mente las jugadas del partido.

La felicidad superaba al sueño y al cansancio.


Y este fin de semana: las semifinales.


Suena: Mare – Sun of Miles

miércoles, mayo 17, 2006

Buenas trencas

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C: no sé cuanto será

C: diez euros o así supongo...

L: hombre, son 1600 pelas

C: ahí está

L: pastas pastas

C: no está mal

C: aunque joder, lo pienso y digo...

C: son dos jodidas copas en un garito

C: y digo... putas copas, que caras son

L: te entiendo, pero me gusta más con atún

C: ya tio, es como ir al mar

L: pero en caballo

L: y sin la batidora cuesta más

C: bueno pero no te creas, que se hizo mechas y llamó a Lucas para contárselo

L: pero se comía la papilla de acelgas con pajita ¿no?

C: no joder!!! SI!!!!

L: ¿si?

C: tengo una idea

C: BASTA!!!

L: d

L: 448w6er33c

L: ya

C: si

C: ya

C: sabes que?

C: wiksy

L: orn

L: bueno, me voy a tender, que la florida chica espera a las esterillas salvajes....sin sémola

L: buenas trencas!

L: un farfullo





Litos, el colega de barba con ese aire a Vinny Paul pero en mejor, me ha conseguido una invitación para ir al festimad el 27 de mayo.

Moraleja: Si quieres salir en este blog, regalame una entrada... ¿no?


¡Gracias de nuevo!


Suena: Tool - The Pot

lunes, mayo 15, 2006

Diario de un vecino chiflado

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Muchas cosas que en el fondo son iguales, resultan distintas por simplemente la atmósfera que se cree alrededor de ello. Como ejemplo puedo poner un recurso que se utiliza en las películas que a veces consigue hacernos creer que un diálogo de mierda, es lo mejor que hemos oído en nuestras vidas. No hace falta más que la voz en off del protagonista; una voz cavernosa y penetrante la cual posiblemente en alguna otra ocasión haya realizado numerosos doblajes para anuncios de pasta de dientes. Tras esa voz un fondo oscuro intercalando imágenes de corta duración: primero una cama deshecha, después el despertador que esta junto a ella el cual marca una hora muy temprana, a continuación la sombra del protagonista a través del biombo de la ducha... ese tipo de cosas. Y ya está, este simple recurso puede parecer que todo aquello que oigas resulte interesante, y si eso mismo que está diciendo el protagonista, se lo hubieras escuchado decir a tu vecino mientras estás con él en el ascensor, probablemente le hubieras tachado de loco.

Y toda esta introducción es para decir que voy a intentar escribir algo que sin saber muy bien que rumbo cogerá, probablemente sea una mierda, así que, querido lector, para solucionar esto te recomiendo que me veas como el prota molón de esa peli moderna y no como al chiflado de tu vecino.

Entro al baño. Dejo el grifo abierto para que el agua vaya cogiendo la temperatura idónea y mientras me voy despelotando dejando la ropa desperdigada por todo el suelo.

Siempre ignoro el espejo cuando estoy en paños menores.

La ducha me sienta bien a pesar de haber empleado más tiempo en apretar el casi vacío bote de gel, que en darme la ducha. Me siento un perrito caliente debajo del ketchup.

“Mffffffggggffff”
es el ruido que hago al agacharme para recoger toda la ropa desperdigada por el suelo. Me seco, me visto y salgo directo a echar toda esa ropa a lavar.

Abro la puerta del salón y me encuentro a mi madre con mi perro a sus pies durmiendo en una de sus aparatosas posturas. El perro, no mi madre. Tras volver de echar la ropa a lavar mi madre me dice lo siguiente:

“Hijo ciérrame la puerta de la terraza que como me levante yo voy a despertarle” (señalando a Rey (el perro)).

La cortina está echada e hinchada por la corriente pero sin apenas zarandearse… como si el aire corriera siempre con la misma fuerza. Acercándome a cerrarla, siento la perfección en cuanto al clima se refiere y antes de obedecer a la que me abastece, salgo a la terraza para sentir esa agradable corriente.

Vivo en un bajo. Las vistas son una mierda.

Entro de nuevo al salón, cierro la puerta de la terraza y me voy a mi cuarto.

Me siento delante del ordenador y me pongo a escribir lo que acaba de pasar, es decir, esto.

Es curioso que un simple retazo de la rutina diaria pueda hacerme sentir tan bien. Creo que la clave muchas veces está en no imaginarte que algo tan cotidiano y que tienes tan visto pueda hacer crecer una mínima sensación de tranquilidad. Hablo de ese factor sorpresa, como cuando por ejemplo te regalan algo que tanto te apetecía porque si o simplemente recibes un sms de algún amigo en vez del 244 o un mail de verdad en lugar de uno de esos asquerosos Forwards


Y después de todo esto creo que ha quedado claro que el vecino chiflado soy yo, pero la suerte es que vivo en un bajo y nadie comparte ascensor conmigo.


Suena: Rapsusklei – Sueño, no lo soy

martes, mayo 09, 2006

Esta mierda no es buena

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A veces siento que todo lo que tengo alrededor me desborda. Demasiada gente, demasiadas “obligaciones”, demasiados pensamientos… demasiadas preguntas. Es como querer parar el tiempo aunque sea tan solo por un instante, y así sentir que nada es tan importante como para tener la cabeza dando vueltas sobre ello.

El problema quizá no es no saber cuales son las respuestas que me digan que debo hacer, el problema es no saber encontrar las preguntas que den pie a esas respuestas.

Estar cabreado o triste y no tener ni idea de por qué…

¿Y si es que las personas necesitamos explotar nuestros sentimientos aunque no tengamos ningún motivo aparente para ello?¿Y si me empeño en buscar explicaciones en lo que me rodea cuando el único culpable de lo que me pasa soy yo?

Me imagino naciendo ya con 21 años. Nada existe, no hay recuerdos, palabras, problemas, personas…. Solo existo yo y lo que me va pasando a medida que avanza el tiempo, ¿Cuál sería entonces mi estado de ánimo?¿Estaría triste por no tener amigos o feliz por no tener enemigos?¿Estaría feliz por no tener responsabilidades y sentirme más libre o triste por no tener en lo que ocupar el tiempo?

Todas estas tonterías que me van surgiendo van a parar a una misma pregunta: ¿Hasta que punto dependemos de lo que nos rodea para ser como somos y sentir como nos sentimos?

Y a medida que escribo me siguen surgiendo dudas tontas… ¿de verdad que lo que querría sería parar el tiempo? Creo que en el caso de que el problema fuera exclusivamente mío, así sería, pero si de verdad lo que me importara fuera lo que tengo a mi alrededor, lo necesario sería que pasara el tiempo y que así las cosas cambiaran. Sería tan solo cuestión de tener paciencia, de esperar a que las cosas se pusieran en su sitio, o en el sitio que me gustaría que estas estuvieran, o al menos en uno diferente al que estaba inicialmente… ya se sabe que lo nuevo siempre resulta más enigmático y por tanto más interesante, aunque luego acabe resultando ser la misma mierda que tenía al principio (moraleja: si me vas a dar una mierda, que sea una mierda fresca)

Y con todo lo que he escrito no se muy bien si he sabido expresar algo y es que es el riesgo a correr escribiendo todo de carrerilla, pero al menos haciéndolo así resulta más liberador en ocasiones, a pesar de que luego esto se quede como un montón de párrafos sin pies ni cabeza.

Y bueno hasta aquí llega esta búsqueda de explicaciones (guión) pataleo, no sin antes decir una última cosa:



Este es Chubaca.



Suena: Head Automatica - Laghing at you

miércoles, mayo 03, 2006

Politono. Fiebre.

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Mi sobaco izquierdo está apretando un termómetro cuyo mercurio una vez más, me ha producido un escalofrío al notar el contraste entre el frío y el calor. Estoy escribiendo un post con uno de mis codos adheridos al costado, por poco tiempo, porque ya es hora de mirar cuanto marca la barrita plateada sobre el fondo amarillo. Siempre me he sentido especialmente torpe para conseguir llegar a ver la temperatura.

37,2 marca el termómetro tras un minuto de haberle dado vueltas como un pollo para llegar a ver cuanta fiebre tenía.

Estar solo y que te de igual estarlo a pesar de estar rodeado de mucha gente, es coger el móvil y probar las diferentes melodías que tiene este simplemente por curiosidad. Ya puede ser la primera vez que haces eso, pero te dará la impresión de que todos y cada uno de los tonos que suenan ya los has escuchado antes diez mil veces. Será que a muchas personas no les importa estar solas.

El otro día leí en el periódico que en el 2007 ya habrá cobertura dentro del metro. Ya no habrá excusas para los estresados ejecutivos que achacan el problema de no tener cobertura en el móvil a estar en el metro a pesar de que la verdadera razón sea que lo tienen apagado porque se están echando la siesta en un colchón de agua.

Me gusta imaginarme al otro lado de la línea cuando oigo a alguien hablar por teléfono aunque no me importe absolutamente nada de lo que esté hablando este. Si son demasiado predecibles, resulta aburrido llegar a adivinarlo:

Portador del móvil: - Hola Mamá, era para decirte que voy a llegar más tarde
Madre:
PdM: Pues como a las tres o por ahí.
Madre:
PdM: Si, si tengo llaves
Madre:
PdM: Vale, tranquila, un beso
Madre:


Este tipo de conversaciones no fomentan la imaginación ya que resulta poco inquietante averiguar lo que está diciendo la madre: “¿A qué hora llegarás?”, “¿Y te has llevado llaves?”, “Bueno, pórtate bien hijo”, “Un beso”.

Por otro lado tampoco molan las conversaciones en las que por mucho que lo intentes no conseguirás sacar nada entretenido de ellas ya que son demasiada complicadas y aburridas:

Portador del móvil: - ¿Y entonces en cuanto tiempo lo tendrás?
Quien sea:
PdM: - Y como cuadrará el balance de las juntas para que llegue a tiempo el informe
QS:
PdM: - Bueno, Martín estaba de acuerdo en eso ¿Qué te comentó?
QS:


Me aburro, joder.

Las conversaciones interesantes de verdad son aquellas en las que sin ser predecibles, puedes hacerte a la idea de lo que puede ir, o bien inventarte tu propia película lo que te hará desear que esa persona no cuelgue y así se te pase antes el viaje:

PdM: - Ah bueno, ¿pero entonces le conocía?
Perico el de los Palotes:
PdM: ¡No jodas! ¿Y le conoció así?
PedlP:
PdM: ¿Y ella se dejó?
PedlP:
PdM: Ah bueno, entonces es normal que lo hiciera
PldP:
PdM: ¿Y donde dices que estaba ese armario?
PldP:
PdM:¡Y UNA POLLA!



Y bueno, os dejo a vosotros que rellenéis el espacio de Perico el de los Palotes, que yo tengo fiebre y me voy a la cama.


Suena: Drive Like Jehu – Turn it Off

jueves, abril 27, 2006

Recorriendo las distancias

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Es típico de las series poner entre escena y escena, imágenes de la ciudad en la que está ambientada esta. En cualquier serie me tomo esta parte como un simple relleno para separar espacio y tiempo y rara vez presto atención, exceptuando en Friends. Me faltaban algunas temporadas por ver y hace una semana me descargué el material que me faltaba (y me sigo refiriendo a Friends). Esta serie está ambientada en Nueva York y claro, a uno le vienen recuerdos…

Cualquiera que me conozca mínimamente sabrá lo mucho que me marcó el viaje a Nueva York que tuve hace ya casi un año, y es que aún hoy cuando lo recuerdo se me sigue haciendo un nudo en el estómago y más si estos flashbacks vienen complementados por increíbles estampas (odio la palabra “estampa” pero pegaba aquí) de la ciudad.

- INCISO –

Uno de los pequeños “miedos” que tenía al empezar el blog era llegar a tener la sensación de que las historias que contara pudieran… como decirlo… sudársela a la gente, bien porque resultara repetitiva o poco interesante.

Con el paso de los post me he dado cuenta de que lo que puede conseguir que estos resulten un autentico coñazo es que esto me preocupe.

- FIN DEL INCISO –

El paso del tiempo me ha hecho ver mi paso por Nueva York desde otra perspectiva.

Al principio (entendiendo por principio unos cuantos meses) el recuerdo de la ciudad me resultaba más nítido y cada vez que veía alguna alusión a Nueva York en imágenes, la sensación de estar vinculado a la ciudad era tan grande que aún sentía que formaba parte de ella y de alguna forma, no dolía tanto echarlo de menos.

Al seguir con mi vida al margen de N.Y. y darme cuenta de lo lejos quedó todo eso, tanto física como emocionalmente, la perspectiva se hizo totalmente distinta.

La magia que desprende N.Y. va estrechamente ligada a la sensación de que los ojos y sobre todo la cabeza, está percibiendo demasiada cantidad de imágenes impresionantes como para poder asimilarlo en poco tiempo. E impresionantes pueden ser unos rascacielos rodeados de una increíble iluminación o unos niños jugando al baloncesto en unas canchas de Chinatown.

Con el paso del tiempo la asimilación es sustituida por los recuerdos, y es cuando de verdad se empieza a echar de menos, y más cuando estos recuerdas empiezan a ser más difusos.

Este viaje resultó ser el primer viaje importante que hice en mi vida. La primera vez que salía de España. A la vuelta tuve la reflexión conmigo mismo (a veces pasa) de cómo podía haber vivido al margen de todo aquello habiendo existido siempre. A partir de aquí pues bueno, ya había visto Nueva York, asunto zanjado, pero que cojones, ¿no me estaría pasando lo mismo con cien mil sitios distintos?

Por primera vez entendí la respuesta que dan los concursantes al presentador cuando estos le preguntan en que van a emplear el dinero ganado:

“En viajar”. Puesclaro, joder.

Ya en Febrero hice el segundo viaje importante saliendo de España por segunda vez y volando hacia Bélgica (Bruselas, Gante y Brujas) y Holanda (Ámsterdam).

Diferente, muy diferente en el estilo, pero igual de enriquecedor en el contenido, eso si, por motivos distintos y esto resulta evidente, ya que si bien en N.Y. todo cuanto te rodea resulta desbordante, en Bélgica y Amsterdam los recuerdos son más fotográficos. Para intentar explicarlo en una frase diría que N.Y. es como un gran todo compuesto de detalles y Bélgica y Ámsterdam sería grandes detalles que componen un todo, y bueno, si da la sensación de que he dicho lo mismo, entonces es que no me he sabido explicar, pero que quereis, son las 5.00 a.m.

En fin, se ve que esta noche he preferido recordar, a dormir… ya lo pagaré mañana.

Pero eso será mañana.


Suena: Dredg – Sang Real

lunes, abril 24, 2006

10000 kisses

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A veces me da por pensar que soy un antisocial y como excusa me pongo que soy una persona tímida. Otras veces, en cambio, me veo en situaciones en las que me siento exageradamente sociable, y la excusa que me pongo esta vez suele ser que me encuentro de muy buen humor y este buen humor eclipsa la timidez.

¿Qué pasa entonces cuando me siento tímido y de buen humor?


Pues que espero. Observo como si de un ave de presa se tratara a ver si la situación es apropiada para encerrarme en mi mismo y balbucear un seco “hola” o bien para sacar el alma extrovertida y buenrollosa que llevo dentro, y comportarme cual concursante de Allá Tú que está crecido porque le toca abrir las cajas.

En torno a este asunto, podría decir que hay una situación que odio sobremanera y que popularmente se conoce como: La Presentación.

Hablo sobre todo de las presentaciones en masa que me resultan lógicas y estúpidas a la vez.

Lógicas porque...

Bueno, mejor empiezo con lo de estúpidas.

Estúpidas porque se supone que este tipo de cosas se hace para dar pie a como se llama cada persona, pero a quien cojones queremos engañar, cuando nos presentan a alguien jamás nos quedamos con el nombre de esa persona, a no ser que sea un tanto peculiar (tanto el nombre como la persona). Yo esto lo justifico porque cuando me presentan a una chica, en lo que me centro es en como dar los dos besos: que si no tengo que chocar muy fuerte con la cara, que si hay que mantener la distancia adecuada a la comisura del labio ajeno, que si hay que tener cuidado en el momento en el que se pasa de un lado del moflete al otro… (una vez llegué a tener un choque de narices, joder), y en el caso de cuando me presentan a un chico, la razón por la que después no recuerdo el nombre es porque al no tener ninguna intención sexual con esta persona , su nombre me la suda. (es broma, pero tampoco mucho). Y eso, que sea por la razón que sea, el recordatorio del nombre resulta, de primeras, un proceso complicado y que solo recordaremos, en la mayoría de los casos, preguntando posteriormente.

Y bueno, lógicas porque es el protocolo a seguir y empezar a transgredirlo por el hecho de que resulte estúpido conllevaría a dar una explicación que sería tan absurda como la propia presentación. Y no sé muy bien ni que coño he dicho, pero aun así, me ha gustado.

Otro momento de este estilo y que no tiene que ver con mi estado de ánimo, es mi odio hacia las despedidas… también en masa, porque no decirlo.

Encontrarte de pronto con un grupo de amigos que ha ido aumentando de personas por la llegada de amigos de amigos, y del que finalmente conoces a tres personas de quince, (entendiendo por conocer a esas personas que realmente te apetece decir Adiós, y no a ese tío de tu barrio que te has cruzado ochocientas mil veces y te has hecho el loco haciendo como que no le has visto), y toca despedirte una por una. Incontables han sido las veces que me he escaqueado de este tipo de situaciones diciendo a uno de ellos que me voy, y proponiéndole que se lo diga a los demás de mi parte… “que tengo mucha prisa” (prfff).

A veces me da por pensar que soy una persona a la que le encanta tomarse un bol de cereales acompañado de unos de esos teletienda de cuchillos y me pongo como excusa que soy un tipo algo excéntrico (joder, ¿he dicho tipo?). Otras veces, en cambio, lo que me encanta es descansar a ciertas horas de la madrugada a oscuras y con algo de música de fondo, y como excusa me pongo que soy una persona normal y que esta normalidad eclipsa a la excentricidad.

¿Qué pasa entonces cuando me apetece descansar viendo un teletienda, con un bol de cereales en la mano y algo de música de fondo?



Mierda, se me ha vuelto a hacer tarde…


Suena: Saian Supa Crew – Rouge Sang

domingo, abril 16, 2006

Desgraciadamente...

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5 minutos.

Siendo la hora que era, no sabía si debía molestarme por que quedaba demasiado o alegrarme porque quedaba poco. Fuera como fuese, no me inmuté.

Había entrado en el andén sin hacer caso a nada ni a nadie, ni siquiera a mis propios pasos que una vez más caminaron solos hacia el mismo sitio de siempre guiados por la consciencia de que una vez saliera de ese vagón, la puerta por la que entraría estando allí sería la que más cerca me dejaría de la salida.

Me apoyé en el cartel de Reebok en el cual salía Lobezno y una frase suya entrecomillada que decía algo así como “¿Qué es exactamente ser normal?”. Pues no lo sé, pero que un personaje de comic publicite una marca de zapatillas no lo es mucho.

Con mi cabeza apoyada en el trozo de metal de la marquesina del anuncio miré hacia la izquierda. Volví a mirar al marcador, seguían quedando 5 minutos. Bajé la mirada y ví como una niña correteaba hacia la máquina de golosinas con un euro en la mano. Me refiero a esa máquina de caramelos que siempre hay en el metro y cuyo reloj rojo SIEMPRE está equivocado.

“Esa pobre niña va camino a la perdición”

Y es que siempre imaginé que esa máquina sería igual de defectuosa que su reloj y que el euro de aquel que se atreviera a introducirlo en la máquina, se quedaría allí para siempre mientras el resto del andén piensa como alguien es capaz de desperdiciar el dinero de esa forma. Para mi sorpresa la niña salió corriendo feliz a los brazos de su padre con los caramelos en la mano.

Vuelvo a mirar el marcador.

4 minutos.

Ya iba tocando.

3 minutos.

Sin tiempo de apartar la mirada del marcador, vi como este bajaba a los 3 minutos. Pobre 4.

Por el acceso al andén entró una chica cuya espalda me recordaba a la de una amiga. Sin ánimo de gritar para encima equivocarme seguí apoyado en la marquesina esperando a que esa chica se diera la vuelta y así caer en la cuenta si era quien yo creía que era, pero la chica siguió andando y siguió andando justo hasta la otra punta del andén, donde ni siquiera se puso de frente sino que se situo de lateral por lo que me fue imposible reconocerla.

“Tampoco tenía nada que contarle”

Una vez desistí en la operación "reconoce-a-tu-amiga", miré para adelante, y posteriormente dejé caer mi cabeza hasta apoyarla en una posición bastante incomoda que poco futuro iba a tener. Anyway, cerré los ojos.

Volví entonces a mirar el marcador.

2 minutos.

Minutos antes ya me había molestado, y como si a intervalos le diera por aparecer esa molestia, cuando el marcador se puso en 2, volví a caer en la cuenta de que alli estaba:

La puta etiqueta de mis gallumbos.

Una gota de sudor se deslizó por mi frente y es que intentar colocar esa etiqueta para que deje de molestar(guión)picar, resulta bastante inquietante sobre todo cuando el andén empieza a llenarse y notas que cientos de miradas te están observando esperando como te metes la mano en el culo.

Hice un esfuerzo como cuando tengo el mando de la play en la mano y paso de darle al pause para rascarme, y opté por usar la mano para secar esa gota de sudor.

Queda menos y cambio mi posición de estar apoyado en el anuncio a ponerme erguido y de pie acercándome a las vías dejando, eso sí, una distancia prudencial.

1 minuto.

Miro a la vía y empiezo a imaginar. Imagino que pasaría si justo en ese momento se me cayera el móvil o la cartera, y me empiezo a hacer preguntas:

¿Me tiraría rápidamente a recogerlo y de un salto me incorporaría de nuevo al andén? Seguro que tardaría mucho menos de un minuto en hacerlo, es más creo que con cinco segundos serían suficientes.

¿Que pensarían las personas que están alrededor si hiciera algo así? ¿Me tacharían de loco o por el contrario ellos habrían hecho lo mismo? ¿O me tacharían de loco a pesar de que ellos hubieran hecho lo mismo?

¿Y si se me quedara un pie enganchado en un rail justo cuando va a llegar el tren? ¡En muchas películas pasa!, en películas malas, vale, ¡pero pasa!.

Todas estas preguntas se interrumpieron por la violenta llegada del tren a la estación, lo cual me produjo un sobresalto por estar pensando eso en ese momento.

Doy entonces un paso atrás.

Tras quitar por fin la cara de extreñido que me había provocado el intenso viento que había producido el tren, entro al mismo.

Y entonces cambio de lugar, pero seguir, sigo pensando… desgraciadamente.


Suena: Muthemat – Without It

jueves, abril 13, 2006

¿A qué huele, Fary?

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Muchas veces lo que me hace caer en la cuenta de que estoy en algún sitio es el olor tan característico que este desprende. Como cuando voy al mercado de mi barrio (supongo que en realidad pasa en cualquiera) y se mezcla ese montón de olores como entre embutido, pechuga de pollo y mármol.

Estaba ayer en Callao a eso de las siete menos diez. Había quedado a las siete pero como salí de trabajar a eso de las seis y media pues tuve que aguantarme y esperar más de lo debido. Me senté entonces en una barandilla justo delante de la salida del metro de Callao, esa que da al quiosco famoso y pude darme cuenta que quedar allí es tan original como rimar “por el culo te la hinco” con cinco.

Llevaba el discman puesto y estaba tan a mi bola que no podía evitar balancear levemente la cabeza a ritmo de Born From Pain. Iba a empezar la segunda canción y las pilas se acabaron. Como alternativa empecé entonces a fijarme en la gente que tenía a mi alrededor. Todos esperaban a alguien, algunos solos, algunos acompañados. Se podía intuir quienes de esas personas habían quedado ya hacía un buen rato por pequeños detalles como dar vueltas en un espacio de cinco metros cuadrados, o mirar el móvil cada quince segundos. Al acercarse las siete en punto, la afluencia de gente empezaba a ser mayor. Se notaba de entre las parejas que se encontraban, cuales eran las que llevaban más tiempo saliendo, por si la respuesta a la frase “perdón por el retraso, cariño” era un, “no te preocupes” o un “joder, ya te vale”.

Apretones de manos, abrazos y besos por doquier.

Eran las siete y diez, llevaba allí cerca de veinte minutos y entonces pasé a ser yo uno de esos que miraban el móvil cada cinco segundos y daba vueltas en un espacio de quince metros cuadrados. O algo así. A nadie le importa como de puntual sea la persona con la que ha quedado, lo que a la gente le importa es el tiempo que va a esperar mirando al vacío… o a la gente de alrededor.

Emplee la tarde en intentar comprarme unos pantalones, y digo intentar porque tras un par de horas dando vueltas no pude encontrar nada porque o bien lo que veía era muy caro, o no había de mi talla o no me gustaba una mierda. Ni que decir tiene que estas tres posibilidades se combinaban bastante a menudo.

En un momento dado de la tarde miré mis vaqueros azules y me pregunte: Joder, ¿tan difícil es? Me refiero a encontrar unos jodidos vaqueros normales en una tienda sin que tengan desteñidos bisbaleros, campanas horteras, purpurinas de colorines o rotos en los lugares más recónditos. Pues se ve que sí, que es muy difícil. Y es que ir de compras me resulta a veces tan necesario como asqueroso.

Era el cumpleaños de una amiga ayer y lo celebramos yendo a una cervecería. Era una de esas cervecerías de jubilados cuyo olor era tan peculiar como el del mercado de mi barrio. Nada más entrar, ese olor a fritanga y esos entonados gritos de los camareros, me trasladaron a cuando siendo pequeño, me encontraba allí en contra de mi voluntad esperando a que mis padres me llevaran ya a casa. Y tirándoles de la camisa yo les increpaba para ver si nos quedaba mucho, y ellos me decían que esperase a que se acabaran la cerveza. Yo me preguntaba que porque bebían tan despacio cuando yo los vasos de leche me los bebía de un sorbo y del tirón, nunca llegué a entenderlo, de hecho, hoy por hoy tampoco lo entiendo mucho. Y cuando veía que mis padres se acababan esa cerveza entre aceituna y aceituna, entonces, solo entonces…se pedían otra. Y tocaba resignarse mientras me comía una de esas aceitunas negras que tan poco me gustaban.

Una vez hube regresado del flashback me bebí esa cerveza, y me volví a sentir mayor.

Mayor, y sin pantalones.



Suena: Neurosis - The Tide

lunes, abril 10, 2006

El primo del colega de un colega, es tatuador de los Deftones.

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Siempre me ha parecido algo arriesgado poner la hora en un post, por aquello de darme cuenta del excesivo tiempo que empleo en escribir. Hoy me arriesgo:

1.57 a.m. Sigo de resaca y me apetece un zumo de naranja.

La señora de la limpieza de mi portal es una gorda maleducada.

Me levanto por las mañanas con gran esfuerzo, por pasos y empleando un cierto tiempo en cada uno de ellos, como si levantarme de la cama fuera algo similar a una competición de halterofilia en la que una pesa de 300 kilos cuelga de los brazos de ese hombre, después de los brazos pasa al cuello, y con un golpe seco la pesa de desplaza del cuello hasta arriba, mientras los brazos del levantador tiemblan bruscamente.

Suena el despertador, estiro la mano pero no llego a por él. Ya lo había pensado la noche anterior, como lo deje demasiado cerca lo apagaré medio zombi y seguiré durmiendo como si nada hubiera pasado… no sería la primera vez. Así que reptando por mi cama me acerco al filo de esta, estiro el brazo y consigo alcanzar el botón de Off. Enciendo entonces la luz de la lamparita que tengo justo encima de mi cabeza con cuidado de no mirarla fijamente y llevarme un deslumbrón de buenos días. Tampoco, tampoco sería la primera vez. Tengo mucho sueño. Este momento es el clave, aquí es cuando pienso si lo que tengo que hacer durante el día es verdaderamente tan importante como para no seguir durmiendo en esa cómoda cama. En mi cama. El tiempo que empleo fomentando mi indecisión es suficiente como para pensar que ya que llevo un rato despierto, así que le echo cojones y me levanto. O mejor dicho, paso de estar tumbado, a estar sentado.Otros tantos minutos me paso sentado. La idea de tumbarme en la cama y volverme a dormir vuelve a aparecer esta vez con menos fuerza que la vez anterior. Este pensamiento me anima a seguir con mi lucha y ponerme definitivamente de pie.

Con dos cojones.

Voy a mear. Me lavo las manos y voy a desayunar. Mi padre me saluda siempre enérgicamente, para joderme porque sabe que no soy capaz de decir más de dos palabras seguidas en ese estado:

- Buenos días hijo, ¿Qué tal has dormido?
- Mrfff.
- ¡Que hablador te veo esta mañana! ¿Tienes que ir al colegio?
- Mrfff.
- Y dime una cosa, ¿tu cuando seas mayor que quieres ser?


Y me doy prisa en desayunar. Estoy cabreado todas las mañanas a esa hora, lo estoy. Me lavo la cara, me pongo las lentillas, hago un par de cosas más, y me voy.

Nada más salir por la puerta me doy de bruces con la señora de la limpieza. La gorda. La maleducada. El 90% de las veces que paso le piso el suelo recién fregado. ¿Casualidad o es que friega el suelo diez veces por minuto?. No puedo evitar sentirme mal. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, y como ya he hecho otras veces, de mi interior regurjito un “Hola”, del que no hay respuesta alguna. La primera vez pensé:

Con lo que me ha costao soltar el hola y ni siquiera me oye, ¿se habrá picao porque le he pisao el suelo?. Me informaré sobre algún cursillo para levitar, para la próxima.

Pero cuando los “hola” por mi parte se repiten a distintas modulaciones por eso del “por si acaso no lo ha oido” y sigue sin haber respuesta, entonces lo que pienso es que:

La señora de la limpieza de mi portal es una gorda maleducada.

Son las 2.28 a.m.

Tengo menos resaca y en mi casa no hay ni zumo de naranja, ni naranjas.

Ayer perdí un pendiente, pero en realidad creo que me lo ha robado Zoe porque le encantó (con acento en la última o).


Suena: Explosions in the Sky – You Hand in Mine.

miércoles, abril 05, 2006

Gente fea

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Había quedado en una hora. Ya estaba de camino y llegaba bastante sobrado de tiempo, por lo que mis pasos se hicieron más cortos y lentos que de costumbre. Casi los podía oír arrastrándose por el suelo a pesar de llevar la música en los oídos.

Novedoso era quedar con aquellas personas, al igual que novedoso era el sitio donde nos encontraríamos.

- Buéh, el metro te lleva a tós laos.

Cierto.

Llego a la linea 6 de Metro, la circular… la gris. En un andén doble cojo el el primer metro que veo dejandome guiar por mi instinto, ya que justo se cerraban las puertas. Una vez dentro del vagón miro el plano y compruebo si voy en la dirección correcta.


Mierda pa mi.

Llego a la siguiente parada, me bajo, y me dispongo a deshacer el trayecto recorrido para llegar a mi verdadero destino.

Tres personas bajan al lado mío:

1) El primer tipo que ví, era ese que me dio tanta grima nada más entrar. Llevaba una camisa rosa y un peinado a lo mullet, aderezado con un teñido rubio que al verlo contrastado con su camisa, me dio ganas de sacarme los ojos con una cucharilla para el café.

2) Detrás de él se encontraba una chica. Discretamente guapa. Llevaba unas converse moradas, unos vaqueros y una camiseta a rayas. Tenía los cascos puestos, intuí que estaría escuchando Platero y Tú. Se le veía en la cara que se llamaba Sandra.

3) Por último observé a aquel hombre de cara distraída, corpulento y que llamaba la atención por las espectaculares bolsas que colgaban de sus ojos. Casi se podía percibir el tambaleo de estas por cada paso que daba. Su traje era demasiado normal, su corbata demasiado fea.

Ellos tres saldrían a la calle, yo por el contrario me cambiaba de andén.

Al escoger esta opción, dejé evidente que me había equivocado de caminoy que la había cagado cual turista que acaba de descubrir la ciudad.

Sentí entonces como se me clavaban como finacas… digo, como estacas, las miradas de esas tres personas, e incluso pude sentir sus propios pensamientos:

1) Prfffffff… JAJAJAJA. Se ha equivocado… pero que tonnnnnto

2) Uy pobre, se ha colmao.

3) ¿Eh?




Y yo fuí el que se sintió observado.



Suena: Isis - Backlit

lunes, abril 03, 2006

Mi tiempo lo mido en canciones

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Alguien me dijo una vez que escuchar, no es lo mismo que oir, y tenía mucha razón.

Tras mucho tiempo viendo los dibujos de Lupin, un día me dio por escuchar la canción que daba entrada a la serie, ya que hasta entonces solo la había oido:

Un ladrón de guante blanco, que se burla de la ley, siempre el listo de Basilio, va tras el,
pero no consigue pruebas que le valgan de una vez, es un juego divertido de ganar y de perder.

Ohhh Lupin, Lupin, Luuuupiiiin.




Y a pesar de lo evidente que lo dejaba todo los propios dibujos, lo que me hizo abrir los ojos fue prestarle atención a la letra. En esos dibujos… el bueno era el ladrón y el malo era el policía. Asi lo querían los dibujantes y así lo interpretaba yo.

Así que Lupin era con el que ibas, y ya podía atracar bancos, robar a ancianas o violar a adolescentes, que tu seguirías yendo con Lupin y desearías con todas tus fuerzas que cuando Basilio (el poli) lo persiguiera, jamás lo alcanzara ya fuera resbalándose con la cáscara de algún plátano o estrellándose con el coche en una farola estratégicamente colocada.

El caso es que algo parecido me viene sucediendo últimamente con las personas, con mi interpretación sobra cada una de ellas y con todo el rollo que separa lo subjetivo de lo objetivo.

Y que veas a una tía en un bar y te parezca lo más cercano a la perfección que has visto jamás y que cuando lo vayas a comentar con el colega de turno este te suelte:

Alaaaa, que diceeees…


O que alguna persona con la que congenias, tenga una amistad cojonuda con una persona que tú detestas.

Y entonces te das cuenta de que algunas veces las cosas no son como son, sino que son como a ti te parecen que son. En la cabeza de cada uno esta la respuesta a la pregunta sobre lo que es bueno y lo que es malo, y la capacidad de elegir es lo que hace realmente divertido todo esta serie…

…porque creo que en ningun momento he dejado de hablar de Lupin.


Suena: The Cooper Temple Clause - Blind Pilots