lunes, septiembre 25, 2006

Dos hombres y un semáforo

___________________________________________________________

Me he quitado las gafas para frotarme con el dedo pulgar y el dedo índice de mi mano derecha, la zona donde viene a recaer todo el peso de estas. Hay días que parece que las gafas pesan más. Luego he ido al cuarto de baño y tras lavarme la cara me he frotado las sienes porque me dolía la cabeza. Supongo que lo que quedaría de persona interesante en un blog, sería contar que me he ido al Retiro a leer una novela de Hemingway mientras veía como los padres remaban en las barcas con sus hijos y a la vez podía oler a césped recién cortado, pero la realidad es que me duele la cabeza por haberme pasado la mayor parte de la tarde jugando una liga con el Sevilla en el Pro 5. Por lo menos he fichado a Henry.

A principios de este mes dejaba el equipo de baloncesto. Fue el primer paso importante que di en cuanto a mi decisión de irme a Londres una temporada. Por una parte me dio pena por todo lo que significa y ha significado el baloncesto para mí, retirarme (momentáneamente) con 21 años del baloncesto era algo impensable hasta hace unos meses, pero por otra parte sentí una especie de alivio por haber oficializado mi decisión e ilusión porque sentía que ese era el primer paso de un largo camino.

Tras haber hablado con mis padres y dejar en el olvido la matrícula de la universidad de este año, la cosa está encauzada y falta empezar a poner los cimientos de este viaje para que no haya desagradables imprevistos.

La idea viene siendo irnos a principios de Noviembre. ¿He dicho irnos? Así es. Este viaje lo comparto con el compañero de fatigas (unas cuantas ya) Gonzalo. El muchacho, aplicado donde los haya, ha conseguido diplomarse este año y aprovecha el tirón para intentar intimar con el que escribe, pero ya le he advertido que no soy un tipo fácil. Nada de tocarme las tetas en la primera cita.

La realidad es que la idea se la copié yo a él, así que mejor no sacar conclusiones.

Al haber bajado del tren en el que viajaba mi rutina, ahora mismo me encuentro en una situación un poco extraña. El tiempo que me queda aquí estoy más cerca de Londres en cuanto a haceralgoconmivida, pero la cuestión es que físicamente estoy en Madrid. Al estar a medio camino de un sitio y otro he decidido dejar mi mente reposar en Portugalete: Hola Javi.



Y como me he desviado mucho en el párrafo anterior, pues me desvío del todo y comento que me gusta como suena la palabra “sienes” siempre que se refiera a la parte de la cabeza en la que los gangsters amenazan con quitar la vida a los blancos, y no a como diría “cienes” un canario. Y puestos a gustar, no me gusta escribir la expresión “finde”. Puedo decirla y no muero, pero cuando la escribo siento como si tuviera 14 años y un mini de Kaliway en mis manos.

Retomando…

El año pasado, en los días previos en los que iba a hacer el viaje a Nueva York, tenía la sensación de que todo el mundo hablaba de Nueva York, que en la tele solo echaban reportajes de Nueva York y que todos los grupos que me apetecía escuchar eran neoyorquinos. Me vuelve a pasar lo mismo esta vez con Londres y me doy cuenta de que lo que cambia no es lo que pasa, sino la percepción que tengo sobre todo lo que me rodea.

Ayer escuché a un tío al lado mío como hablaba sobre Candem Town, si no me fuera a Londres ese tío se hubiera perdido en uno de mis infinitos huecos de mi cerebro-memoria. Es como la sensación esa de que vemos a más parejas empalagosas en el metro, cuando nuestra pareja nos acaba de mandar a tomar vientos.

¿La foto del semáforo? La hice el otro día en mitad de un atasco. Me gusta y no encontraba algún buen motivo para ponerla excepto este: Ninguno.

jueves, septiembre 21, 2006

Más chufas = Más sabor

___________________________________________________________

Me encontraba hace un rato en la cocina de mi casa a punto de empezar a cenar. Me levanté a encender la radio y me volví a sentar esperando que de lo que allí saliera fuera algo medianamente interesante, porque de no ser así mis pocas ganas de levantarme a cambiar de emisora me tendrían escuchando basura el tiempo que tardara en engullir la cena.

La emisora que estaba en ese momento era Radio Marca y en ella se podía escuchar al locutor leyendo una cantidad ingente de mensajes a móviles lo que hacía que acelerara su ritmo y no dejara separación entre mensajes. Aquello parecía un único mensaje. Si acaso el punto final lo indicaba un mensaje diciendo algo así como “Laura TQ cariño, eres mi vida.”

Aguanté como un campeón, o como un gilipollas, escuchando la emisora con mi plato de arroz por delante y mi botella de horchata destapada a mi derecha. No le puse el tapón para ahorrar energía y es que por cada tiento al arroz, acompañaban un par de tragos a la horchata. Medio litro en una sola cena es el resultado de beber a base de lingotazos.

Se me acabó la botella aún sin haber acabado el arroz y entonces, mire frente a frente a la botella vacía, la chica de la etiqueta me desafiaba... ¿me desafiaba a qué? Me desafiaba a recordar y asi lo hice, recorde su ley:

La ley de la botella.



Dios santo, la ley de la botella. ¿Como algo tan simple ha podido llegar a cotas tan altas?. Recordemos:

A la ley de la botella, el que la tira va a por ella.

Esta poesía creo que solo está a la altura de Luís Solera y alguno que otro más, aun con esas, acojonante me parece como todos los niños de España y me atrevería a decir que también de Hispanoamérica, se acogen a la ley de la botella cuando un balón en mitad de algún partido (de fútbol habitualmente), sale despedido varios metros fuera del campo y nadie se decide a ir.

Pero un momento, ha llegado el avispado de turno, el que se quiere hacer respetar y no va a por el balón más por una cuestión de status que porque no le apetezca ir a por él. Este muchacho, sagaz y ávido como pocos se acogerá a ella.

La ley del vaso.



Quizá esta sea más independiente y no todos las pandillas hispanohablantes la conozcan. Esta es:

A la ley del vaso, el que la tira no hace caso.

Sin palabras.

Contando esto no es que quiera incidir en el nivel de absurdez de estas leyes, al fin y al cabo están hechas para los niños de ayer y hoy. La conclusión a la que llegué en la cena, desafiado por la chica de la etiqueta de la horchata, fue a la capacidad de difusión que puede llegar a tener ciertas paridas.

Otro ejemplo:




No sé si este estará tan difundido como la ley de botella, pero desde luego yo he conocido a gente de distintas ciudades, culturas y pandillas de la muerte, hacer este gesto con la mano. Por si alguno anda despistado explicar que este divertido juego consiste en que el sujeto A, pone la mano tal y como se ve en la ilustración cerca del campo de visión del sujeto B, el cual no sabe que la mano del sujeto A esta rondando por ahí. Entonces, agarraos a vuestros faldones, el sujeto B mira la mano del sujeto A sin que este le hubiera dicho que lo hiciera (!!!)

Y una vez más insisto no en el hecho de que esto exista, desde luego cosas peores se han visto, sino al hecho de que esta subnormalidad haya llegado a extenderse por distintas zonas sin que nadie puede pararlo.

Creo que en algún momento del relato tuve que hablar del momento Ricky Martin y la nocilla (mermelada, mantequilla, fuagrás, philadelphia…) pero no he sabido colarlo en ningún otro momento que no sea este.

miércoles, septiembre 20, 2006

Youtube

___________________________________________________________

Si hasta hoy no he colgado ningún video en el blog, no ha sido porque tenga alguna intención de ir de underground, es que simple y llanamente no tenia ni idea de como hacerlo, no porque resulte díficil (copiar + pegar), sino porque era de esas cosas que solo se me ocurría preguntar como se hacía cuando no había nadie cerca que me pudiera ayudar. Y esto me pasa con tantas otras cosas que ahora mismo no me acuerdo de ninguna.

Para empezar, para mí uno de los mejores videos que he visto en Youtube hasta la fecha. Increible de principio a fín. Los volcanes. Olvídame.

Un himno.



¿Las palmadas aleatorías?¿Los trajes de ambos?¿Los espasmos que le dan en los hombros al colega de gris?¿El biombo de detrás?¿La intervención final del presentador?. Son tantas cosas brillantes en tan poco tiempo que desde luego no sé con cual quedarme.

El segundo vídeo es un fragmento de un capítulo de Padre de Familia, serie que desde aqui ánimo a todos a que veáis, descarguéis, pidáis o robéis, ya que me atrevo a decir que es mi serie de dibujos favorita. ¿Mejor que Los Simpsons?. Mejor que Los Simpsons.



Hasta aquí este interludio y recordad, la música, evidentemente, ha venido en una cintita, en un com... en un compat.

lunes, septiembre 18, 2006

Restando

___________________________________________________________

Cuando era pequeño, justo en los momentos previos a las campanadas de fin de año, tenía como costumbre pensar cosas como “esta es la última meada del año”, “esta es la última vez que veo mi habitación este año” o “esta es la última vez que pienso que esta es la última vez, este año”.

Hoy mismo, justo antes de hablar con mis padres, he ido a mear y un pensamiento parecido se me ha venido a la cabeza.

Una vez he acabado de miccionar (que me encanta esta palabra), he reunido a mis padres en el salón, mi hermano Rafa estaba también allí para prestarme su agradecida colaboración fraternal, y justo después les he dado un texto a cada uno. Este es:

Tenía una profesora de Historia en 1º de Bachillerato que acostumbraba a preguntarnos algunas cosas que había explicado en clases anteriores. Recuerdo que cuando llegamos a la lección de la primera guerra mundial, tenía como costumbre preguntar “¿Cuál es la chispa que originó la primera guerra mundial?”.Hacía especial hincapié en eso de “la chispa” porque siempre que hacia esta pregunta alguien le respondía dando las causas lo cual era muy distinto.

La chispa que originó la primera guerra mundial fue el asesinato del archiduque Fernando, heredero de la corona austrohúngara. Aquel que a la pregunta de la profesora respondía “rivalidades territoriales, económicas o políticas” era recriminado por la profesora con vehemencia ya que eso eran las causas y ella “no había preguntado eso”.

El otro día hablando con Gonzalo sobre nuestra vida, nuestro futuro, de mi salió una chispa que no fue otra que expresar una idea transformando así esta de idea remota a posibilidad muy real. ¿Y cual era esta idea? La idea era (y es) pasar este año en Londres, dejando aparcada la carrera y todo lo que la vida en Madrid conlleva.
Lo considero la chispa porque la idea viene rondando por mi cabeza desde hace bastante tiempo, pero nunca lo llegué a plantear como posibilidad hasta aquella conversación. Así que me decidí a pensar en ello y la ilusión por llevar esta idea a cabo se multiplica a partes iguales por un lado por lo que me desmotiva seguir aquí en Madrid y por otro lo mucho que me ilusiona vivir una experiencia allí. Para que os hagáis una idea, me ilusiona más estar trabajando limpiando vómitos allí que seguir con la vida en Madrid tal y como se me plantea en este momento. Y cuanto más lo pienso, más claro lo tengo.

Desde pequeños siempre hemos seguido el mismo estilo de vida que nos han impuesto el cual siempre he sabido sobrellevar, con más o menos solvencia, pero sobrellevándola al fin y al cabo. Por distintas circunstancias de la vida hoy por hoy me siento muy desmotivado con el tipo de vida que llevo y me veo como un títere en manos de lo que el destino le de la gana hacer conmigo sin yo ser capaz de tomar ninguna decisión sobre él ni tener fuerzas ni ganas para hacerlo, es por eso que quiero, no quiero, NECESITO cambiar el rumbo aunque sea de forma temporal para sentir que tengo las riendas de mi vida. Necesito tomar decisiones, madurar y coger aire para poder seguir buceando.

Desgraciadamente no he nacido con ninguna vocación. Cuando intento verme a mi mismo dentro de un tiempo no tengo claro que será conmigo, la incertidumbre es un lastre que pesa mucha a estas alturas y es por eso que esto me ilusiona especialmente, porque tengo muy claro que es lo que quiero y lo que me ilusiona.

Si con todo lo escrito sigue pareciendo que lo que quiero vivir no es más que un capricho de juventud, entonces es que no he sabido expresarme bien y es que si bien esta carta empezaba contando la chispa de todo, lo que he querido desentrañar han sido las causas, y estas no son un simple capricho. Lo juro.


Expresarme hablando no ha sido nunca uno de mis puntos fuertes, así que la razón de que les diera esta carta era para soltar todo de un tirón y que no se me quedara nada en el tintero. Además, por escrito no se puede tartamudear.

Su reacción ha sido la esperable dentro de lo que cabe. Lógicamente no me iban a abrazar y besar una vez hubieran leído la carta, pero sin llegar a esos límites, lo han entendido. Mi madre más que mi padre, dicho sea de paso.

Y bueno, ahora para creerme de verdad que me voy, solo falta ponerme una de esas cuentas atrás en el nick del Messenger que tanto me gustan. Que dolor.

viernes, septiembre 15, 2006

It's the Hard Knock Life

___________________________________________________________

No sé exactamente el número de personas que tienen a bien pasarse por esta página de vez en cuando para descubrir que por fin hay una nueva actualización. Sean una, dos o tres personas, no puedo evitar sentirme un poco mal por tirarme varios días sin colgar una mierda porque al frecuentar bastantes blogs, sé de buena tinta lo que jode encontrarse con el mismo título ante tus ojos y con el mismo número de comentarios de un post que hace una semana que leíste (aprovecho para increpar a todos aquellos que os sintais identificados a que actualiceis, cabrones).

Y si escribo esto es para que a esas dos o tres personas, no les pase lo que acabo de contar.

Llevo varios días, que coño, varías semanas acostándome no antes de las 4, y aprovecho estos momentos para escribir algo, la cuestión es que lo que escribo lo acabo o bien borrando, o bien guardando para colgarlo en un futuro. Colgar esas cosas que escribo sería como si el día del 11S, en la portada de mi periódico yo hablara del tiempo que hace en Alpedrete (me parece que esta metáfora ya la leí por ahí). Algo así como que tengo la cabeza tan ocupada en un tema que no me siento cómodo contando otras cosas y al no ser así creo que lo que escribo sale bastante peor.

Espero que a partir del próximo post, ya pueda poner en portada el 11 – S. (Siempre con las metáforas…)

Y bueno, para cerrar pongo un trozo de la película de Traffic, que vi el otro día y aprovecho para pedir que me recomendéis películas y es que últimamente no paro de devorar una tras otra.

Lo de Traffic:


Cuando echaron a Kruchev, se sentó, escribió dos cartas, se las dio a su sucesor y le dijo:

- Cuando se encuentre en una situación de la que no sepa salir, abra la primera carta y estará salvado. Y cuando se encuentre en otra situación de la que no sepa salir, abra la segunda carta.

Aquel hombre no tardó demasiado en encontrarse en un aprieto así que abrió la primera carta que decía: - Écheme la culpa de todo. Siguió su consejo y asunto arreglado.

Cuando se encontró en otra situación de la que no pudo salir abrió la segunda carta. Decía: - Siéntese y escriba dos cartas.


Esto es algo así como copiar y pegar la letra de una canción como hacen en los fotologs para rellenar espacio, pero bueno, yo lo hago con las pelis, que molo/a más.

Las 4.03. ¡Auch!.

domingo, septiembre 10, 2006

Carreteras secundarias

___________________________________________________________

Veo por la tele en una de esas series de La 2 de risas enlatadas, como a un tío le traen una pizza cuatro quesos a su casa. El tipo se deshace del repartidor con un sutil “quédate con el cambio” y a toda prisa cierra la puerta y se sienta en su cómodo sofá de cuero dejando la pizza encima de la mesa. El tío coge entonces el mando a distancia, enciende la tele y tras abrir la caja de la pizza, coge un trozo generoso que deja un hilo de queso fundido por el camino.

Me entran tantas ganas de comerme un trozo de pizza, que casi duele.

Un amigo me pide que le recomiende un disco, “algo tranqui a poder ser”. Yo le comento que “últimamente estoy muy viciado a un grupo francés algo desconocido que se llama Kwoon. Su disco, Tales and Dreams. Llevan un rollo muy parecido a Sigur Ros, ¿los conoces?” “Emmm…No” “Bueno, pues sin entrar a describir el estilo al que pertenecen porque siempre se me ha dado fatal, diría que llevan un rollo instrumental con canciones que te van envolviendo en una atmósfera de la que no consigues escapar sin que se te hayan puesto los pelos de punta. Vamos, a mi me pasa”

A mitad de la descripción (tanto en su día a mi colega como ahora al escribirla) me entran tantas ganas de escuchar ese disco, que casi duele.

Y si hablas con alguien con el que tienes un conocido en común que hace mucho que no ves, o escuchas a dos personas totalmente ajenas a ti hablar de tu película favorita pues entonces, también, también te dolerá. O casi.

Ahora mismo estoy sentado en la silla de mi habitación con un ventilador que dispara directamente hacia mi cara y con un calcetín atado a mi muslo izquierdo. Tengo una extraña lesión que cuando ejerzo presión sobre la zona afectada, me alivia notablemente y bueno, digamos que a estas horas de la madrugada no hago más que darle vueltas a las desmotivaciones y a la autocrítica que de ella sale, que no tiene nada ver pero que tampoco importa que asi sea.

Desde hace un tiempo no acabo de terminar contento con muchas cosas que hago, y lo que me preocupa no es como cambiar para mejorarlas, es que creo que a pesar de los pesares he alcanzado un límite (con el cual no acabo satisfecho) y mejorarlas implica coger otro camino.

Todo es cuestión de ciclos, todo va marcado por caminos en las que las señalizaciones son muy claras. Puede que el camino no te guste, pero es conciso. Hay momentos en los que debemos salirnos de ese camino para empezar a construir el nuestro propio, sin que nos lo den indicado, como una carretera secundaria. Lo difícil del asunto es que a lo largo de nuestra vida, con la rutina de seguir siempre por la misma línea recta, cuesta saber si el momento en el que vamos a torcer para emprender nuestro propio camino es el adecuado.

Reflexión
y decisión importan a partes iguales. Quizá al principio no me guste lo que vea en este nuevo camino, pero esa insatisfacción la supliré con el ánimo de saber que el camino lo estoy construyendo yo solo, sin indicaciones. Es como cuando me hago la cena que a pesar de que no esté tan buena como la que me hace mi madre, me sabe mejor por la satisfacción de haberla hecho con mis manos.

Y tras un giro inesperado vuelves a la carga por donde lo habías dejado, pero con la satisfacción de no haber desaprovechado el tiempo y la motivación de que ante el camino que te espera, tienes tantas posibilidades como ideas, propuestas y motivaciones tengas en tu cabeza.

Tras todo esto me gustaría dejar de escapar del daño (o casi) para empezar a enfrentarme a él y darle bien por el culo.

Y ya está.

Ahí os dejo el enlace del disco de Kwoon para que os lo bajéis en descarga directa y lo disfrutéis tanto como yo lo he hecho. Compartir es vivir, demonios.

viernes, septiembre 08, 2006

Maldita sea

___________________________________________________________

Ayer era uno de esos días en los que no es que me apeteciera echarme una siesta, es que la necesitaba. Había dormido tan solo tres horas la noche anterior y tenía esa sensación no de sueño que se te cierran los ojos y tienes legañas, sino ese sueño en el que te duele la cabeza y todo lo que te rodea parece que va más despacio y hace más ruido.

Llegué por fin a casa con ganas de comer rápido e irme pronto a la cama para recuperar la sensación de estar vivo. Cuando estaba comiendo totalmente ausente de todo, de mí mismo incluso, mi madre dijo una frase tan sentenciadora que consiguió hacerme volver a este mundo:

“Acuérdate que esta tarde tienes dentista”


Sin fuerzas siquiera para cagarme en la puta a gritos, la única forma que tuve de reaccionar fue quedándome con el tenedor paralizado a medio camino entre el plato y mi boca abierta. Sin intentar ser muy catastrofista me di cuenta de que aún tenía tiempo de echarme algo más de una hora, a pesar de que mi cuerpo pidiera cuatro o cinco.

Le pedí a mi madre que me despertara a la hora de irme porque ni oiría el despertador cuando este sonará, ni tampoco me apetecía una mierda ponerlo.

Llegó la hora de irme y a pesar de haber dormido hora y media en el reloj, en mi cabeza no habían sido más que diez minutos. Algo más espabilado que por la mañana salí de casa camino al dentista. En ese momento tenía la boca tan seca que parecía que había estado masticando cartón durante horas. Me acordé que la última vez que fui al dentista también iba con la boca en las mismas condiciones, pero la culpa aquella vez era de una asquerosa resaca en vez de una asquerosa siesta. Voy madurando.

Al llegar al portal donde estaba la clínica, me paré enfrente del telefonillo y con el dedo a escasos centímetros del botón pensé “¿Qué cojones digo cuando cojan el telefonillo?”. No sabía si decir mi nombre, o decir a lo que iba. Finalmente pulsé el botón sin una idea fija confiando en que mi capacidad de improvisación me sacara del apuro:

- ¿Si?
- Hola, venía por la revisión.
- Meeeeeeeeek!


Se abre la puerta. Soy un genio.

Al estar la consulta en un bajo pasaron muy pocos segundos entre que abro la puerta y llego hasta la consulta. Al otro lado me espera la recepcionista y me suelta un demoledor:

- No vienes a una revisión, vienes a que te empasten una muela.

A lo que yo respondí:

- Ya bueno, es lo primero que se me ha venido a la cabeza.

Tras esta conflictiva intervención la recepcionista me hace pasar a la sala de espera, que venía a ser una habitación con dos sofás y una mesa con revistas. Como las salas de espera de toda la vida, vaya.

Estaba solo. Nada más sentarme me fijé en un cuadro que había colgado en la pared, en el que se podía ver la orla de la promoción de 1985 de la facultad de medicina y fijándome en las lógicas pintas ochenteras de los alumnos, intenté a contar cuantos de ellos llevaban bigote. Cuando llegué a quince, paré porque me cansé.

Después miré la mesa y pude ver siete “Holas” dos revistas de National Geographic y un comic de Mortadelo y Filemón. Tras sendos intentos fallidos con estos dos últimos cogí un “Hola” confiando en que si así lo hacía, tardarían poco en llegar a buscarme por eso de estar a la altura con la recepcionista de aquella primera impresión. Cuando estaba leyendo algo acerca de Aaron Spelling, la recepcionista me llamó. Era mi turno y el corrector del Word cambió automáticamente en este mismo párrafo de Mortadelo a Mortadela, porque le ha venido en gana.

Yo seguía allí, dormido, con la boca seca, cuando una nueva sorpresa se mostró ante mis ojos:

El que iba a atender no era el dentista, sino LA dentista y estaba buena como ella sola.

La situación era que una tía buena al abrirme la boca vería un agujero negro el cual debería rellenar de una pasta de color indeterminado. Estupendo. Tras una agradable conversación con ella, procedió a anestesiarme la boca y cuando ya tenía esta como si la hubiera metido en una sandwichera, empecé a ver todo lo que hacía ella ya que me veía reflejado en sus gafas.

Uno de los siete instrumentos que tenía dentro de mi boca, era como una especie de tubo por el que no paraba de salir agua, con la cual yo me ahogaba literalmente y cada dos segundos tenía la sensación de que me tragaba dos vasos de agua. Salvar mi vida había sustituido a aquello de salvar la imagen hacía ya un rato.

Una vez acabada la intervención me fui a casa cabizbajo, con la boca anestesiada y sin ganas de dormir.

Moraleja: Las historias de taxistas son bastante más entretenidas.

domingo, septiembre 03, 2006

¿Y si hubiera entrado Carmen Electra ofreciéndome un vaso de horchata fresquita?

___________________________________________________________

Sábado por la noche. Acabo de conseguir mi objetivo, EL objetivo. Este consistía en llegar a la meta que me había marcado con mis apuntes y que venía a ser llegar a subrayar hasta la parte de el coordinador, para entonces poder irme a cenar y empezar a escribir esto.

Las fuerzas han flaqueado al final, y es que en las últimas hojas ya he pasado de primero leer lo que iba a subrayar, razonarlo y entonces después subrayarlo, a sin darme casi cuenta subrayar al mismo tiempo que iba leyendo. He caído en esto cuando he subrayado una frase entera que era una absoluta gilipollez y ni siquiera había reaccionado a mitad de frase para dejar de colorear de amarillo. Después, para reafirmarme que llevaba un rato con la cabeza en Cuenca he mirado las dos últimas hojas y me he dado cuenta de que mi criterio de selección (que es para lo que se supone que uso el subrayador) se limitaba a eliminar una frase que estaba entre paréntesis, la cual si que era importante, pero coño, estaba entre paréntesis.

Un poco cabreado conmigo mismo he intentado enmendar mi error y empezar a prestar un poco de atención a lo que estaba leyendo, entonces he tomado una postura de portero de discoteca frente a las palabras que me ha hecho sentirme un poco mejor.

Pero una nueva dificultad se abría ante mí.

Al principio creí que era porque había estado un momento sin tapa, luego creí que estaba apretando muy poco el subrayador contra el papel, pero finalmente borré el autoengaño de mi cabeza y me convencí a mi mismo de que efectivamente, a mi subrayador se le estaba acabando la tinta.

Una vez lo miré con detenimiento lo que me pregunté es como cojones no se había gastado en la primera hoja.



Me faltaban tres hojas en las que debía ir apretando más para poder llegar mi objetivo, a el coordinador. Usando mi poderoso ingenio tapé el subrayador durante un momento para ver si cogía energía, pero nada, a mi joven amigo le faltaban pocos minutos. Como ir a buscar otro subrayador me parecía de cobarde y poco leal, opté por una opción bastante más valida en mi cabeza: subrayar menos. Y es que no solo conseguiria llegar a mi objetivo sino que además me podría ir a cenar antes (un puto genio, sí).

Apretando y escapando a ciertas frases importantes, lo conseguí.

¡Llegué!.

La última hoja hay que mirarla con un catalejo para distinguir algo de amarillo en ella, pero eso no me preocupa, lo que me preocupa es tener que ir a buscar ahora otro subrayador, que mira que como no queden amarillos, con lo maniático que soy yo con eso de “quieromisapuntesdeunmismocolor” puede haber problemas.

En fin, aun confío en que mi pequeño amigo haya repostado en boxes mientras yo he cenado y he escrito esto, el tiempo suficiente como para dejar los apuntes de el coordinador como mi cojín.



El vaso de horchata que está al lado del cojín es gentileza de mi madre. Creo que el verme estudiando un sábado por la noche le ha llegado al corazón y se ha visto obligada a recompensarme de alguna manera, aunque ella solo me haya dicho “¿Quieres un vasito de horchata fresquita?”

Si Carmen Electra hubiera entrado en mi habitación ofreciéndome sexo, me hubiera pensado más la respuesta.

Ayer empecé los exámenes y este que me estoy estudiando lo tengo el lunes, y bueno, el hecho de que estos coincidan con los días en los que mi deporte favorito ocupa las portadas de los periódicos y encabeza los telediarios, es algo que me encanta casi tanto como una buena patada en la boca del estómago.

Mañana juega España la final del mundial contra Grecia y ni ningún coordinador que se preste, ni ningún subrayador chungo, evitarán que yo me la pierda. Faltaría más.

lunes, agosto 28, 2006

Dime lo que escuchas y te diré quien eres

___________________________________________________________

Estás pensando. Te encuentras tan metido en tus pensamientos que por un momento te parece que no existe un contexto físico que les rodee, solo están ellos, como cuando estás soñando. Una voz en alemán te hace volver a la realidad. Te encuentras tumbado en el sofá de tu casa y llevabas como unos treinta segundos haciendo zapping en la tele sin tener ni idea que estaban echando en alguna de las cadenas que se han pasado por delante de tus ojos, solo ese tío del teletienda alemán con un pelapatatas en sus manos te ha conseguido despertar.

Sobresaltado como si te acabaras de despertar de una siesta, te preguntas a ti mismo: ¿yo no tenía que hacer algo?

Tras maldecir en voz alta, te levantas de un salto del sofá y te diriges a tu habitación a vestirte y es que salir de tu casa tan solo con esos gallumbos de cuadros no estaría muy bien visto. Llegas tarde. Con una mano te lavas los dientes, con la otra te peinas y mientras te intentas poner las zapatillas a pesar de que lo único que estés consiguiendo sea dejarla como una alpargata porque la parte de atrás de la suela no entra si no es con alguna ayuda. Lo intentas empujando con el otro pie. Nada, tienes que agacharte a colocarlas con las manos. La realidad es que has perdido cinco segundos, tu realidad es que por esa mierda de detalle vas a llegar tarde.

Por fin sales de casa poniéndote la chaqueta mientras andas hacia la parada del autobús. El camino se te hace especialmente largo y vayas para la dirección que vayas, el viento siempre te da en la cara. Has quedado dentro de cinco minutos y tardas cuarenta minutos en llegar a tu destino, eso si tienes suerte. ¿Suerte? Esa palabra se ha ido a tomar un descanso en ese autobús que ves marcharse a lo lejos y en el que tú debías ir.

Te tocas los bolsillos y compruebas que no tienes el móvil por lo que tu intención de avisar para decir que llegas tarde se desmonta. Ves que llega otro autobús a tu parada y confías en que tu suerte cambie esperando que sea el tuyo. Nada, te toca seguir esperando.

Te tocaría seguir esperando, pero decides subir a ese autobús el cual ni siquiera sabes muy bien a donde va. No te preocupa no saber en que autobús estás, ni a donde se dirige, lo único que te importa es que por fin estás sentado en ese asiento esperando llegar a un sitio.

Tras un buen rato relajado en tu asiento te levantas y te diriges al conductor para preguntarle que a donde te lleva. Justo en ese momento ves subir a tu amigo Santi:

- Coño Santi, ¿como tú por aquí?

- Pues nada, que había quedado con estos cabrones, pero me acaban de llamar al movil para decirme que al final lo de esta noche nada, ¿no te han avisado a ti?.

- Pues puede que si, lo que pasa es que me he dejado el móvil en casa, asi que como para enterarme.

- Y si no sabias que se habia cancelado el plan, ¿que coño haces en este autobús?

- Pues esperarte, hombretón

- Jaja, deja de hacer el maricón, que sabes que me pone nervioso.

- Bueno y tu ahora que vas a hacer

- Pues voy con los amigos de la facultad, ¿te vienes?

- Ufff, no sé.

- Venga hombre, no te hagas de rogar…

- Venga, vale, me apunto.



Tu timidez siempre te ha hecho desconfiar de este tipo de planes, pero esta vez es diferente.


---------------------------------------------------------

Dialogo extraido de la película "En Tierra de Nadie":

- Joder, vaya profesión

- Si...

- Un experto en minas solo comete un error en su vida

- Dos errores

- ¿Y eso?

- El primero, escoger esa profesión.

martes, agosto 22, 2006

Desempolvando

___________________________________________________________

Me acuerdo que una vez, cuando era pequeño, en vísperas a un duro día de clase de invierno en el que ni siquiera había clase de gimnasia para hacerlo más llevadero, me encontraba yo tumbado en la cama de mi habitación pensando una buena excusa para no ir a clase al día siguiente.

En ese momento mi inspiración se encontraba bajo cero y la única excusa que se me ocurría era la de decir que estaba malo. Tirando de clásicos. Como lo de mentir no se me da demasiado bien y la excusa era esa mierda, decidí descartar la idea de la excusa en sí y quedarme con la esencia del “estaba malo”, así que, pensando en lo eterna que se me hacía siempre la clase de Matemáticas para hacerme más fuerte, me destapé (sabana y edredón included), me quité los calcetines y me remangué los pantalones del pijama hasta las rodillas. Ahora solo tenía que esperar a que la calefacción no fuera demasiado generosa y que el frío de la calle se colara entre las rendijas de mi ventana y los poros de mi cuerpo.

Mi plan no podía fallar, al día siguiente estaría con la fiebre en el punto justo para no poder ir a clase pero si para poder jugar al Street Fighter 2 en la Super Nintendo que le habían dejado a mi hermano esa misma semana.

Me desperté al día siguiente, y entre legañas pude comprobar que estaba tapado hasta el cuello (sabana y edredón included) acurrucado como si se acabara el mundo, y con los pantalones del pijama sin remangar (desarremangado suena bastante mal). Mi plan había fracasado dándome cuenta (y lamentando) que el sentido común no desaparece ni siquiera cuando estamos dormidos.

Últimamente agradezco mucho los momentos previos a dormirme, siempre en estos momentos maquino muchas historias, quizá demasiadas. El modelo de este tipo de historias que se pasan por mi cabeza suele ser el que empezaría por las palabras “Y si”. Digamos que serían el encabezamiento de los sueños ya que todos esos pensamientos giran en torno a situaciones supuestas. Unas veces parto de historias inventadas a las que dejo que la imaginación haga su trabajo, otras veces cojo historias ya creadas pero les cambio el desenlace o meto factores nuevos que hagan que la historia de un giro inesperado y otras veces, las que menos, me limito simplemente a recordar.

Creo que el hecho de que me encanten estos momentos, se debe también a la situación que viene después, que no viene siendo otra cosa que dormir y lo que ello implica. No sé, no sería lo mismo beberse un vaso de horchata y que luego te dieran una ostia, que beberse un vaso de horchata y después tumbarse en el sofá y escuchar tu canción favorita.

A lo mejor no es positivo que una de las mejores partes del día (si no la mejor) venga siendo esa en la que estoy durmiendo, pero esa sensación de despreocupación que se tiene por todo y no ser consciente de nada, me hacen tener la sensación de que si yo mismo fuera un mando a distancia, le acabaría de haber dado al botón de apagado, porque todo lo que hay en ese momento en la tele es una mierda.

martes, agosto 15, 2006

Veremos mañana...

___________________________________________________________

Hay una canción de Poison the Well que se llama “Apathy is a Cold Body”. La canción me gusta, y mucho, pero creo que lo mucho que me gusta es directamente proporcional a lo tremendamente en desacuerdo que estoy con el título.

¿La apatía es un cuerpo frío?.

La apatía es un círculo vicioso del que resulta enormemente salir y del que uno se empieza a sumergir cuando tiene delante de sí mismo mucho tiempo libre y pocas cosas que hacer a corto plazo. Teniendo esto en cuenta, creo que queda evidente que estos momentos se dan lugar en verano, con mucho tiempo de vacaciones por delante, por lo que aquello de que la apatía es un cuerpo frío me queda bastante lejos. Quizá Poison the Well pillan vacaciones en invierno.

Tiempos de apatía los que corren pues. Los días se suceden sin ningún tipo de plan a la vista, lo que me hace plantearme cambiar de camino, coger uno algo más empedrado, pero la apatía me encierra en esta habitación y solo me deja hacer cosas que sean necesarias y en las que el desgaste de esfuerzo sea mínimo. Si tengo que ir a la cocina, comeré algo que no haya que cocinar. Si tengo que sacar al perro, lo sacaré el tiempo justo en el lugar más cercano. ¿Estudiar? Mañana. ¿Ordenar el desastre que tengo por cajón? Mañana. ¿Hacer limpieza de disco duro en el ordenador? Pufff… Mañana.

Lo complicado de la apatía creo que es la estrecha relación que mantiene con el estado de ánimo. Y es que cuanto más triste o abatido estás, más apático te sientes y esa apatía a su vez provoca tristeza y abatimiento, por lo que salir de ese círculo vicioso resulta complicado a veces.

Personalmente, en los días de apatía me veo más feo en el espejo.

Pero entonces que pasa ¿qué cuando estas hasta arriba de cosas que hacer, te quejas y cuando no tienes nada que hacer también?

Esa es la cuestión, en que ambas cosas tienen su lado negativo sobre las que sacar una crítica constructiva. Y creo que ahí es donde estoy intentando llegar, en ponerme a parir e intentar esclarecer que es lo que tengo por delante, para conocer el problema y así salir de él.

En baloncesto hay un término conocido como “scouting”, y viene a ser el seguimiento que hace un equipo sobre el equipo contra el que va a jugar para conocer así sus puntos débiles para atacarlos mejor, y conocer también sus virtudes para estar más preparados ante estas.

Digamos que este texto ha empezado a ser un “scouting” sobre mí mismo en el momento en el que he empezado a escribir, y es que la apatía, entre otras cosas, también me quita las ganas de poner un dedo encima del teclado.

lunes, agosto 14, 2006

Gracias por su visita Sr. Gil

___________________________________________________________

Hasta hace cosa de un año conceptos como: Visa Electrón, Cajero o “esperad un momento que tengo que sacar pasta”, estaban tan alejados a mí como lo pudiera estar la vida sentimental de Inmaculada Galván o los controles antidoping de la clásica de Alcobendas.

A causa del comienzo de mi actividad en el mundo laboral a principios de Octubre del año pasado, me saqué una de esas tarjetas de crédito. Y si me dicen que es de débito me lo creo, porque a pesar de que me han explicado mil veces la diferencia entre una y otra, es una de esas tantas cosas que se cuelan en un importante vacío en mi memoria y consigo retenerlo por un margen de tiempo que tampoco consigo recordar, pero el cual sé que es muy corto.

Hoy por hoy, en cambio, tengo esos tontos debates conmigo mismo y por lo que he podido hablar con otros usuarios de este trozo de papel charol, ocurre con bastante frecuencia. Hablo de las dos posibilidades que se presentan cuando toca sacar dinero que vienen a ser:

1) Sacas lo justo para gastarlo y no desparramar en exceso ¿Qué pasará? Que acabando la noche te entrará un hambre horrible y no te llegará el dinero que tenías en la cartera por lo que te cagarás en la puta por no haber sacado más en su momento.

2) Sacas dinero de más acudiendo al siempre recurrente “por si acaso”. ¿Qué pasa entonces? Pues que “por si acaso” unos cojones. Crecido por lo bien que te lo estas pasando, abres la cartera y sin pensar en las consecuencias sueltas pasta a diestro y siniestro. Con la boca seca, resacoso, y tirado en la cama recuerdas el dinero que has gastado y maldices a Inmaculada Galván y a toda su familia.

Este jueves pasado opté por la segunda opción pero con lo agradable excepción de que no gasté casi nada por lo que mi cartera llegó a casa bien surtida de dinero.

Un momento, ¿he dicho “llego a casa”? Error.

Si con el abono transporte ocurre que se pierde cuando es principio de mes, la cartera la perderás cuando la tengas de pasta hasta las trancas.

Tras haber estado un par de días con el puteo en lo alto del cuerpo una llamada inesperada de Nieves me decía que la cartera estaba en su casa, que me pasara a recogerla.

Puf.


Aprovechando la aparición de Nieves en el blog comento que mañana se va durante un año a Mississippi (que no se si escribe así) a estudiar, disfrutar y en definitiva, a vivir.

A modo del impertinente “puedo saludaaaaaar” que se oye en algunos programas de televisión, saludo desde aquí a Nieves deseándola mucha suerte en esta aventura.




Take care my friend.

lunes, agosto 07, 2006

¿Quién observa al observador?

___________________________________________________________

J: - Mira tío, se ha subido la hermana del Carlos

S: - ¿La hermana de quién?

J: - ¡Del Carlos!, el que vive al lado del quiosco y tiene unas ojeras que flipas y una camiseta de Blind Guardian.

S: - ¡Ah coño! Ya se quien es… ¿y esa es su hermana?

J: - Si, y no puede darme más asco.

S: - ¿Y eso?

J: - Pues por nada en especial. Por existir supongo. ¿No hay veces que alguien te cae mal por que sí?

S: - No. Si acaso me cae mal alguien por algún estúpido motivo que es ajeno a él y me hace crear contra el cientos de prejuicios.

J: - Si bueno, creo que en realidad a eso me refería

S: - ¿Si? Y cuales son esos estúpidos motivos.

J:
- Mmmmm, no sé espérate que piense… Vale, ¡lo tengo! Creo que es su escote.

S: - ¡Ostias!, ¿su escote?

J: - Si, su escote. Y en realidad nunca me lo había planteado hasta que me has hecho pensar en ello…

S:
- ¿Y qué coño le pasa a su escote?

J: - Me traumatiza. Esa línea que va desde su cuello hasta su ombligo sin hacer ningún alto en el camino y del que parece sentirse tan orgullosa... Dios, lo siento, pero no lo puedo aguantar ¿y sabes lo peor de todo?

S: - ¿Qué?

J: - ¡Que no puedo dejar de mirarlo! Tiene una especie de extraño imán que a pesar de que la primera vez que lo he visto me ha dado muchísimo asco, no puedo evitar mirarlo tres o cuatro veces más.

S:
- Joder… ¿no será que te gusta?

J: - ¿Te refieres al escote o ella?

S: - Yo que sé, dímelo tú.

J: - Quita quita, que me está viniendo un sudor frío hiperchungo.

S: - ¡Coño mira!

J: - ¿Qué pasa?

S: - Se ha subido Emilio… ¡y está saludando a la hermana de Carlos!

J: - ¡Coño! Cuidao no mires, que vienen para acá…



E: - ¡Hey! ¿Que pasa tíos?

J: - Pues ná, aquí…

E: - Mirad, esta es Nati, la hermana de Carlos…

J y S: - Hola

N: - Hola... Yo a ti te conozco.

J: - ¿A mi?

N: - Si, eres el hermano de Nacho, ¿no?

jueves, agosto 03, 2006

Si yo fuera rico

___________________________________________________________

Si algo tiene el ser humano es capacidad de adaptación.

Notas que tu estómago parece removerse. No te preocupas hasta que prestas atención al sonido que de él sale.

Blrrrrrrrruuuuuuuarrrrrrrr.


Con tu culo ya en la taza del váter estiras el brazo para alcanzar el revistero y hacer más ameno el viaje. Doblas tu espalda hasta que alcanza el tope y sorprendido por lo que ha dado de si, sigues sin llegar al revistero. Optas por el plan b, y echando la espalda hacia atrás y sin mover un solo centímetro tu culo de la taza, estiras la pierna, el pie… EL DEDO GORDO DEL PIE, llegas al revistero lo suficiente como para darle un leve empujón hacia donde te encuentras. Con el objetivo ahora más asequible, vuelves al plan a y con la punta de los dedos consigues hacerte con una revista. En ese par de segundos en el que por fin te has hecho con ella no importa la revista que sea, ni el día en el que fue publicada, lo que importa es que está entre tus manos.

La revista digo.

Suspiras por el éxito de tu hazaña y miras entonces cual ha sido la recompensa: Saber Vivir, con Eugenia Martinez de Irujo en portada y un titular que cita algo así como:ADELGAZA SIN PASAR HAMBRE; con la dieta de refuerzo de Saber Vivir.

Una vez te has cagado en la puta, abres la revista y la hojeas (que no ojeas) intentando encontrar algo de provecho. Llegas a la página 57, pasando las páginas de tres en tres, acabas la faena y sudoroso, más por la revista que por otra cosa, sales un tanto cabreado de ahí y piensas: Algún día pondré alguna revista nueva. Y lo piensas a pesar de que sea una trola tan grande como la de la propia portada del Saber Vivir.

Sofocado llegas al sofá del salón y te sientas estirando las piernas en esa mesa, la cual agradeces que sea de mármol por el frescor que desprende. Enciendes la tele y una sensación de deja vú (de ese) te invade cuando en las noticias de Antena 3 te encuentras con una de esas imágenes partidas. A la izquierda Susana Grisso y a la derecha el típico reportero con camisa azul que empieza a hablar algo perdido, y en cuya espalda se encuentra una playa plagada de sombrillas y quizá algún chiringuito al fondo.

- Temperaturas altas en toda la costa ¿no es así, Paco Roselló?
- Emmm.... Asi es Susana, el calor es asfixiante aquí en la playa de bla bla bla bla bla bla bla…


Da paso entonces al mismo video de mierda que a ti te ha parecido ver quinientas mil veces en el que el periodista pregunta a dos veraneantes por el calor. Después lo de siempre, imágenes de la gente en la playa con abanicos y la siempre recurrente tía haciendo topless para que no decaiga el reportaje. El reportaje.

¿Y cual es el fin de este tipo de reportajes?, ¿Informar de que hace un calor de tres pares de cojones? La idea me parece tan absurda que me apoyo en la teoría de que esos reportajes existen para hacer ver que no somos los únicos a los que nos está puteando el calor.

Y es que ya se sabe: Mal de muchos, tia haciendo topless en una hamaca.

Vas a la nevera, bebes agua, maldices que de tres botellas no haya ninguna que lleve más de dos minutos metida en la nevera.

Hace cuatro días estaba en el campo agradeciendo cualquier mínimo detalle y hoy me putea las mismas cosas que me han puteado siempre, y me doy cuenta que la capacidad de adaptación es innata al ser humano, y más cuando esta capacidad de adaptación va unida al concepto de comodidad.

Si yo fuera rico…


No quisiera cerrar el post de hoy sin recomendar el blog de mi amigo Litos, que ha nacido hace nada (el blog, no mi amigo) y que promete estar en la órbita de la bloggosfera:

www.kanalua.blogspot.com


Suerte Sr. Márquez.

lunes, julio 31, 2006

Ah bueno

___________________________________________________________

Para explicar bien todo lo vivido durante estos quince días necesitaría que alguien metiera un cable USB en mi cabeza y que ese alguien fuera sacando toda las ideas y sensaciones que tengo dentro, ya que ahora mismo tengo la sensación no solo de que se me ha olvidado escribir, sino que lo vivido me ha desbordado de tal forma que es imposible explicarlo de una manera medianamente fiel a la realidad. Sea como sea, lo voy a intentar.

La vuelta a casa que tuve ayer fue la más extraña que he tenido en toda mi vida. Me sentía como el típico protagonista de la película de sobremesa de un sábado en telecinco, en la que un indio llega a la ciudad tras haber pasado toda su vida rodeado de árboles y animales.

La única luz nos la proporcionaban las linternas, los lumos de gas o las velas o mecheros. El agua potable la recogíamos de un pueblo cercano en bidones y cuando te tocaba beberla rara era la vez que en el recipiente no veías flotar a media fauna de Logroño dentro de el. La no potable, que usábamos para bañarnos cuando venían las olas de calor, para ducharnos a base de champú y regaderas o para hacer la colada ayudados por el jabón lagarto, corría de parte del río Najerilla el cual nos hacía recordar a nuestros endurecidos pezones la grandeza del agua caliente. El cuarto de baño se resumía a un pequeño habitáculo construido con maderas, tela y un importante hoyo donde dejar tu aportación al medio ambiente. La cama como es de suponer, constaba de una esterilla de tres centímetros de grosor y un saco con el que taparse hasta el cuello ya que por las noches el frío que hacía allí se mezclaba con un rocío exagerado para una urbanizada mente como la mía. Despertarse sin ninguna picadura era una suerte de la conseguí escapar los primeros días. Aún hoy tengo los brazos como si de una camisa de Paco Clavel se tratara.

La frase de: Si la vida te da limones, haz limonada, se convirtió en profética durante estos días y cualquier mínima cosa que en Madrid solo serviría para darle patadas en dirección a una alcantarilla cercana, allí se hacía imprescindible para facilitar alguna importante labor.

Y si las pasamos así de putas: ¿Por qué ahora estoy tan abatido y tengo ganas de irme corriendo a la selva con la única compañía de un taparrabos?

La zona donde acampamos estaba rodeada de montes lo que hacía que por las noches la oscuridad fuera muy cerrada. Al tumbarte al suelo y mirar hacia arriba te perdías entre las incontables estrellas que había y te daba la sensación de que estabas en el planetario. En esos momentos en el mundo no existía otra cosa que no fueran el cielo y tú, y quizá el ruido de la corriente del río que relajaba tu ya de por sí tranquilizada cabeza.

En el campamento no teníamos cobertura, ni radio, ni periódicos ni ningún tipo de información del exterior. En una escapada al pueblo pude enterarme de un par de fichajes de fútbol lo cual no me importaban un carajo y por encima también me enteré del ataque de Israel a Líbano. Quizá de una forma egoísta tras enterarme de todo esto las ganas de no saber nada de lo que pasaba a mi alrededor se multiplicaron.

Así pues puedo decir que durante quince días he vivido en un paréntesis, conviviendo con unos amigos que han conseguido fortalecerse aún mas y conociendo a gente con la cual he compartido cosas que con gente que conozco de hace años aún no he compartido. A todos ellos, gracias.

En cuanto a la experiencia como cocinero, puedo decir que me he desenvuelto mejor de lo esperado, gracias eso si a la ayuda de un cocinero que ya llevaba un campamento del mismo estilo a sus espaldas y a otra cocinera que apareció la segunda semana y que facilitó enormemente el trabajo. Solo tuvieron lugar un par de incidentes, uno de ellos fue que se chamuscó el chorizo en la sartén y salieron hechos unos torreznos, eso sí, a algunos les encantó y ya piensan comercializarlo en forma de snack. El otro incidente tuvo lugar con unas natillas que quedaron ligeramente chamuscadas. Por lo demás, bastante bien.

A pesar de los: “¿Queda mucho?” “¿Qué hay de cenar?” “¿Me das un poco?”, que podía escuchar diez veces por segundo cuando estaba cocinando, voy a echar mucho de menos a los niños que andaban por ahí y que alguno me ha dejado con la sensación de que era el hermano pequeño que nunca tuve.

De vuelta, ya en casa, empecé a flipar con ciertas estupideces como el hecho de mirarme al espejo, y es que allí no me veía la cara en todo el día salvo los dos segundos en los que me ponía las lentillas. O darle a un interruptor y encender la luz, o beber agua sin tener que preocuparme de cuantos bichos me iba a tragar. Lo que se aprende a valorar y agradecer las cosas cuando no las tienes es algo que hay que vivir para entenderlo (teníamos una guitarra a la que se le rompieron tres cuerdas durante el campamento y no te lamentabas de que faltaran tres cuerdas, sino que agradecías que aún le quedaran las otras tres)

Tras estas primeras impresiones llegó el DPC.

El DPC era algo de lo que me hablaron los amigos que ya habian acudido a este tipo de campamentos, y no era otra cosa que las siglas de las tres primeras cosas que haría cuando llegara a casa ya que lo echaría de menos tras quince días en el campo.

D: Ducha
P: (¿hace falta que lo diga?)
C: Cama

Posibles variantes dentro del DPC, como PDC, CPD, DPPPC, todas validas y agradecidas.

Y aquí termino con el relato de lo que han sido estos quince días. Han pasado 24 horas desde que llegué, pero van a tener que pasar muchas más para abandonar estas ganas de irme a vivir al Amazonas.

Os echo de menos, JODER.

jueves, julio 13, 2006

Aprieta el culo. Llegan curvas.

___________________________________________________________

Ayer fue un día complicado en cuanto a conciliar el sueño se refiere. Sudé, di vueltas sobre mi mismo, di vueltas a la almohada, me levanté a beber agua (mis ojos estaban completamente achinados por el daño que me hacía la luz y es que llevaba ya un buen rato a oscuras), me volví a acostar, el calor en el ambiente hizo que sudara más y el sudor hizo que me entraran unos extraños escalofríos que intentaba solucionar tapándome con la sábana y ya de paso sentir lo agradable que me resulta dormir con ese ligero peso sobre mi cuerpo. Nada, lo único que conseguía era tener más calor.

Desesperado volví a encender el ordenador y me puse una película. A mitad de esta, pude ver entre mi persiana como asomaba la luz de un nuevo día que me hizo caer en la cuenta lo asqueroso de la situación.

Cuando acabó la película, a las ocho y media de la mañana, era ya completamente de día, ya entonces me volví a acostar y tras unos minutos en los que maldije a los gorriones que cantaban en el patio que da a mi ventana, me dormí.

Creo que el tiempo es el factor que hace que nuestros sentimientos más impulsivos pierdan intensidad.

No hay más que ver a aquellas parejas que rompen tras muchas discusiones y problemas y que siempre dicen aquello de “no vuelvo a ver a un tío/a en mi vida”. El tiempo es aquel que hace que el tío que acaba de salir de una relación complicada, se empiece a plantear que no necesariamente todas las relaciones han de ser así.

Yo cuando me peleaba con mis hermanos (lo voy a poner en pasado para parecer un tio maduro de esos), siempre intentaba guardar cierta sensación de rencor dentro de mi, por lo mucho que me habían llegado a cabrear. Orgullo que lo llaman algunos. Al principio ese rencor me salía de forma natural, no tenía ganas de verles, ni hablarles, pero poco a poco ese rencor se iba haciendo más artificial y quizá se me escapaba alguna pregunta a estos como si nada hubiera pasado y después me decía a mi mismo “Mierda, ¡si no te hablabas con el!”.

Otro ejemplo:

Al acabar el bachillerato, muchos de los que nos conocíamos e incluso éramos buenos amigos, perderíamos ese contacto obligado que teníamos que no era otro que el de vernos en clase. Para no perder el contacto posponíamos el vernos fuera, quedar para tomar algo, esas cosas que se dicen. Con el tiempo estructuras tu vida ajena a aquello, y lo que al principio eran ganas de ver a toda esa gente luego se reducía a la simplicidad del concepto de selección y los que quedan son los que te ha unido algo más que la casualidad de coincidir con ellos en un aula. Algo como la amistad.

Y tras estas dos polladas de ejemplos digo que yo, que soy de mala memoria, olvido rápidamente lo mal que lo paso cuando no consigo conciliar el sueño y siempre creo que será menos malo de lo que en realidad es. Es por esto que en el momento que lo estoy pasando mal me digo “joder, ni un puto día más. Hay que coger el horario de sueño”, pero con el paso del tiempo, en frio, me digo… “bueh!, no será para tanto”.

Y ya son más de las 4.

Para acabar con el post comentar que el blog va a andar cerrado hasta el 1 de agosto o por ahí, y es que mañana trabajo todo el día de segurata en el festival del Summercase y después de este me voy prácticamente del tirón a un campamento a hacer de cocinero.

Serán 15 días en el campo en un pueblo perdido de La Rioja, y al más puro estilo superviviente conviviremos entre árboles, sin electricidad y supliendo las duchas por regaderas y las lavadoras por jabón lagarto.

Ya contare cosicas cuando vuelva, y es que no sé si buena o mala, pero esto será una verdadera experiencia.

Y me voy a dormir.

lunes, julio 10, 2006

La colina de Beberly

___________________________________________________________

¿Su nombre?



Brenda Walsh.

La pared de mi habitación esta contigua a la del salón, y a la tele del mismo, por lo tanto, en cuanto el volumen de la tele se sube más de lo normal me toca utilizar mi puño como mando a distancia dando dos golpes a la pared a modo de “¡baja eso!”. Otras veces en cambio me toca aguantarme porque hay ciertas horas intempestivas que es más normal ver la tele, que estar durmiendo.

Me encontraba el sábado tendido en la cama, con la boca seca y los ojos a medio abrir, cuando empecé a escuchar la tele. Ese sonido acartonado que aún no podía diferenciar muy bien me estaba despertando, y la duda se apoderó de mí ya que no sabía si aporrear la pared con las dos manos porque aún estaba medio dormido y probablemente fuera muy temprano o aguantarme porque sería una hora normal para que alguien pudiera ver la tele sin sobresaltarse. Así que, para averiguar que hora era sin tener que moverme para alcanzar el móvil, o encender la luz para mirar el despertador, presté atención a lo que se podía escuchar al otro lado de la pared para guiarme a través de la programación televisiva:


- Joder, desde aquí no puedo oír nada, me voy a acercar más a la pared. Aquí mejor… ¿Lomo?¿Aceite de oliva?... Coño, este va a ser el Arguiñano. Va a ser que no es tan temprano…
- Un momento… esta no es la voz de Arguiñano. ¡Ah, joder!, este es el cocinero enzarpado ese de La 2 que invita a famosos a cocinar con el. Si.. si, va a ser ese…
- Pero… ¿este tío no estaba por las tardes?¿le han cambiado de horario?
- Y si…

En ese momento, con la mosca detrás de la oreja, alargué el brazo para coger el móvil y ver así la hora:

Las 18:38.

Llevaba 14 horas seguidas durmiendo a causa del sueño acumulado y aún tenía la sensación de poder dormir un par de horas más. Seguí unos cuantos minutos más tirado en la cama sin entender muy bien como nadie me había venido a despertar para comer o para comprobar que no estaba muerto.

Probablemente a causa del aturdimiento que tenía en mi cabeza llegué a un tipo de pensamiento que poco sentido tenía y era el parecido razonable que encontraba entre el hermano de Blossom, aquel joven drogadicto con la nariz algo menos alargada que la de su hermana y tupé y Jason Prestley, aquel que hacía el papel de Brandon Walsh en Sensación de Vivir y que también llevaba tupé. Y que además era hermano de Brenda.

De Brenda Walsh.

Hay algunos pensamientos que mecánicamente y en cuestión de segundos me llevan a recordar otros. Yo que se:

Kebab ---> Mancha

Lorenzo Sanz ---> Ojeras

The Cure ---> Robert Smith

Abre Fácil ---> Mentira

Brandon ---> Brenda


¿Y que coño pasa con Brenda?
– pensarás.

Brenda fue la primera tía de la que me enamoré
. Y no hablo de Shannon Doherty (su nombre real) si no de aquella actriz que siempre estaba enamorada de Dylan. Lo que me encandiló creo que fúe la cara de inocente que tenía pero que en el fondo todos sabíamos que era de mentira, y es que la Brenda de hoy, la que salía en Embrujadas, esta buena si, pero las tetas operadas y los treinta y tantos le hacen quedar como una tía buena más.

Asi que eso, hoy el blog dedicado a Brenda.

Y bueno, a partir de hoy quito lo que está sonando porque he conseguido colar una lista de lo que estoy escuchando debajo del almacenaje. Pa que os metais conmigo.

jueves, julio 06, 2006

So Many Nights

___________________________________________________________

Me sitúo lejos, en un campo de trigo de Castilla La Mancha. Hablo de uno de esos campos que uno puede ver cuando sube a un avión y mirando hacia abajo se da cuenta que no todo el país está formado de edificios y urbanizaciones. O cuando nos encontramos en el coche en uno de esos largos viajes a la playa y mirando a través de la ventana lo podemos ver en un ambiente desértico y bastante desolador.

En uno de esos campos hay una casa. Una pequeña casa rodeada de campo, de sol, de un viejo tractor y de una silla en la que se encuentra un señor mayor. Lo has podido ver fugazmente a través de la ventana de tu coche, pero lo has visto. Allí estaba él, mirando su cosecha con la única compañía del ruido de los coches que pasan por la carretera de al lado, el chirriar de los grillos y quizá una radio o alguna vieja tele.

Cambio de escenario. Me sitúo ahora en la casa de Ana Frank durante la segunda guerra mundial. Ajena al mundo que la rodea con la única información de una radio que puede escuchar en contadas ocasiones como si del mayor de los lujos se tratara, Ana escribe en su diario lo que le va aconteciendo a lo largo de la semana en su casa con una precisión matemática.

La capacidad de observación es algo que personalmente admiro mucho y creo que determinadas características como puedan ser la soledad, o la falta de recursos, pueden agudizarla de forma muy palpable.

Este post, que resulta ser el número 100 del blog, coincide con el primer año de vida del mismo. Para poner un poco de coherencia entre los primeros párrafos y este cumpleaños, diría que este blog, durante este año y estas 100 entradas, me ha servido para parecerme más a ese señor mayor que mira a su campo de trigo sentado en su silla o a la propia Ana Frank. Sin pretenderlo he agudizado la observación de los pequeños detalles que me rodean dándome cuenta de que en realidad estos no eran tan pequeños como yo creía y he conseguido muchas veces, por medio de la escritura, reestructurar algunos pensamientos que tenía dispersos por la cabeza.

Y para expresar lo siguiente, no voy mas que a copiar y pegar un diálogo de una grandísima película de esas que me ha respondido a muchas preguntas que ni siquiera aún me había planteado. La peli, “Antes del Amanecer”:


“Normalmente es de mí de quien quisiera huir. En serio piensa esto:

Nunca he estado en ningún lugar, donde no estuviera yo.

Nunca he besado a alguien sin ser uno de los que besaban y nunca he ido al cine sin estar entre el público.

Nunca he ido a jugar a los bolos sin estar allí contando algún estúpido chiste… Por eso tantas personas se odian a si mismas. Es porque están hartos de estar consigo mismos. “



Para aclarar a donde quiero llegar con este párrafo diría que yo nunca he leido algo mío, sin ser yo el que lo había escrito. Es esa una de las razones por las que me resulta difícil ser crítico conmigo mismo y cuesta diferenciar lo bueno de lo malo cuando el que lo ha escrito es uno mismo. Con el paso del tiempo he intentado escapar un poco de esta sensación acogiéndome a aquello de que lo lo importante es lo más o menos a gusto que me haya quedado después de haberlo escrito.


No me queda mucho más por decir, simplemente agradecer a todas las personas que me han leído y han dado constancia de ello, ya que digamos que si yo fuera el oculista del blog, y los post fueran la visión, esos comentarios me han servido como unas gafas que quizá algunas veces hacía falta graduar, pero que aún así seguían siendo unas gafas (que están caras, coño)


Sudoroso, con pocas horas de sueño por delante (dos y media para ser exactos) y un mosquito empotrado en la pantalla de mi ordenador, me despido hasta el próximo post.


Suena: Kwoon – Eternal Jellyfish Ballet

miércoles, julio 05, 2006

Historias mínimas

___________________________________________________________

De una forma extraña siento como este año que ha acabado (entendiendo por año el periodo que va desde el final de un verano, hasta el principio del siguiente) no ha sido sino más que una etapa de transición. Aquí me encuentro hoy, mirando atrás y viendo que mi tiempo libre se reducía a pequeños ratos por la tarde, y otros tantos bien entrada la noche.

Clase, trabajo, entrenamiento y vuelta a empezar…

Esos tiempos acabaron, momentáneamente claro, y es que un día como hoy mi vida se ha parecido mucho al concepto de tirao que siempre he tenido de mi mismo, pero aprovechando y pudiendo hacer cosas que durante el año, o bien no me daba tiempo a hacer, o bien no tenía ni puta gana por el cansancio acumulado.

Una de esas cosas ha sido poder sacar a mi perro. Y bueno si, para sacar al perro siempre hay un hueco por muy ocupado que uno esté, lo que quiero decir es que por fin puedo sacar al perro en condiciones.

Con el calor que hace, Rey siempre ocupa los lugares más frescos de la casa para dormir. Estos vienen siendo el suelo de la cocina y el del cuarto de baño. Los alterna frecuentemente y si no está en el baño, probablemente pueda notar aún en el suelo de la cocina una zona más caliente donde habrá dormido durante largo rato. Y viceversa.

Mi perro como ya he dicho se llama Rey, pero si quieres que te haga caso cuando estas en casa no intentes llamarle por su nombre, no, llámale o “¡VÁMONOS!” o “¡TOMA!”, También son recurrentes el “a la calle” o “a comer”. Es pronunciar una de estas palabras y ya puede estar en el séptimo cielo y roncando como un animal, que se levantará disparado hacia donde te encuentres y te seguirá de un lado para otro hasta que cumplas con tu palabra. Una vez aprendida esta lección yo siempre me visto, me pongo las zapatillas, las lentillas, cojo las llaves y entonces ya le digo que nos vamos, si no hacer todas esas cosas con el metiéndose entre mis piernas puede ser una tarea digna de prueba de Humor Amarillo.

Una vez cuando estaba sacando a Rey, una niña me dijo con su madre al lado:

- Ayyyy que bonitoooo, jo, ¡yo quiero uno! ¿A que no es muy aburrido sacarlo?

Personalmente creo que hay muchísima distancia entre lo que pudiera ser la pregunta “¿es muy aburrido sacarlo?” a la de “¿a que no es muy aburrido sacarlo?”. Si bien con la primera pregunta pensaría mi respuesta, de la segunda forma contestaré “no, no es muy aburrido” prácticamente por inercia.

Lo cierto es que ahora que de alguna forma saco a Rey de verdad, y no simplemente para mear como hacia en tiempos de guerra, puedo asegurar que no me resulta nada aburrido y es que incluso en más de una ocasión siento que es Rey el que me saca a mi. Ya le hemos enseñado a que se siente y de la patita, a ver si conseguimos que diga “¡Vámonos!”.

Del momento de sacarle, si que hay uno del que todo dueño ha intentado hacer como que-no-ha-visto-nada y es el momento en el que toca sacar esa bolsa negra. Como bueno cagón que es mi perro siempre llevo dos o tres de esas bolsas en el bolsillo, y una cosa he aprendido: Siempre, SIEMPRE, hay que abrir la bolsa negra antes de salir de casa. Y es que si bien cuando estés en tu casa abrirás la bolsa sin ningún tipo de problema, basta que te encuentres en la calle, a punto de recoger el pastel para que esa bolsa tenga un cierre hermético que muchas bolsitas de ketchup del McDonalds envidiarían.

La imagen de una persona abriendo una bolsa de plástico delante de…en fin, de eso, durante unos minutos, es la imagen que encontraría cualquier persona en el diccionario al lado de la palabra: Bochornoso.


Y bueno, para cerrar este insulso post recomiendo desde aquí una película argentina que ví ayer a eso de las 3 de la madrugada:



Que una película me consiga despertar tantos sentimientos mostrando tres historias tan cotidianas y normales, merece al menos una mención por mi parte. Esta es.


Suena: Kwoon – I Lived on The Moon

jueves, junio 29, 2006

El cielo

___________________________________________________________

Estábamos a punto de volver de las vacaciones, el trayecto sería Matalascañas – Sevilla. Una hora en coche nos esperaba por delante la cual parecía más larga de lo que en realidad era, debido a que en los tres meses que estuvimos allí no habíamos montado en un coche durante más de diez minutos seguidos.

Mi madre llevaba ya un buen rato sin parar de moverse de un lado para otro de la casa. Siempre se pone especialmente nerviosa y de mala leche en los momentos previos a un viaje y una de estas consecuencias es tener que revisarlo todo quince mil veces para comprobar que está en orden.

En una de esas ochocientas vueltas que dio se encontró con mi abuela de pie en medio del salón, ya llevaba así un buen rato y no parecía que tuviera intención de sentarse. Al verla mi madre, con un tono mas de petición que de queja, le dijo algo así como “¡Ay! ¿Por qué no te sientas?, ya llevas de pie un buen rato…” a lo que mi abuela respondió, “Hija, voy a estar una hora entera sentada sin casi poder moverme, deja que me canse de estar de pie hasta que entremos al coche…”

No puedo explicar muy bien por qué la respuesta de mi abuela me pareció lo más sensato que había oído en muchísimo tiempo. Hoy por hoy, cada vez que voy a clase en transporte público y me toca estar de pie porque todos los asientos están ocupados, recuerdo las palabras de mi abuela y me animo a mi mismo recordando que será mucho mejor coger asiento cuando me haya cansado de estar de pie.

Una vez entramos al coche en ese mismo viaje, pude ver a mi abuela mirando al cielo. Cuando dejó de mirar me dijo que el cielo estaba enladrillado. Miré entonces al cielo esperando que, por sus palabras, el cielo estuviera nublado y con una tormenta próxima a nosotros.

Cuando mire hacia arriba lo que pude ver fue algo así:




Volvía ayer de ver el partido de fútbol con alguna cerveza que otra de más, me bajé del autobús ya en mi barrio y de repente noté como una gota de agua del tamaño de pelota de golf caía sobre mi espalda. “¿Quien me ha escupido?”, pensó el borracho que relata la historia. Antes de que pudiera caer en la cuenta de la tontería que acababa de pensar, otras dos gotas de agua cayeron sobre mí. Saqué el lado racional que llevaba dentro y miré al cielo pensando que aquello que caía quizá no eran escupitajos, sino que probablemente fueran gotas de lluvia. Así era. El cielo estaba totalmente encapotado, y apareció el olor tan característico a asfalto mojado que precede a la tormenta.

“Bueno, menos mal que ya estoy llegando”, pensé. Justo entonces, en el horizonte, el cielo durante dos segundos se volvió completamente morado y un rayo enorme atravesaba ese increíble flash. Al no tener a nadie a mi lado al que poder dar un codazo y decir “joder, ¿has visto eso?”, no pude hacer otra cosa que llevarme las manos a la cabeza y gritar: “¡JODER!”

Empezaba a llover entonces con mucha fuerza, ya veía el portal de mi casa al fondo, pero esperé de pie mojándome como un cabrón, a ver si conseguía ver otra vez aquel increíble relámpago.

Volvió a suceder, con menos fuerza que la anterior vez. La lluvia sin embargo caía muy fuerte por lo que me hice los pocos metros que me quedaban hasta casa corriendo…

Y me acordé. Me acordé de lo increíblemente enladrillado que me parecía que estaba el cielo y me dí cuenta de que la mejor forma de mantener vivas a las personas, es recordándolas.



Suena: Eyes Of Fire – Dead to the World