viernes, febrero 06, 2009

Raining days

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Mirando al cielo, un niño observa caer la lluvia de una forma distinta. Abre la boca para tragarse el agua sin ser capaz de saborear absolutamente nada, mientras fija la atención en gotas de lluvia individuales que sigue desde bien alto hasta que se estrellan contra el suelo. Sus manos le apestan a una mandarina que ha pelado hace tres cuartos de hora y el pelo le huele a esa colonia de bebé del que aún resuena en su cabeza el chirriante sonido del dosificador al apretarlo.

Un balón de fútbol le da en la cara dejándole una marca roja con forma de triángulos reglamentarios. Toda su atención se centra en la risa de unos niños que pasaban y que no hacen otra cosa que descojonarse y señalarle.

Ha dejado de llover.

domingo, febrero 01, 2009

Volando alto

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El otro día recordaba con unos amigos como tal día como hoy, hace más diez años, nos encontrábamos en la hora del recreo sin balón de fútbol, pensando en qué podríamos emplear el tiempo libre debido a este contratiempo. Sentarse a hablar se nos quedaba grande y jugar a escupir hormigas pequeño. Dadas las circunstancias y como el que piensa en un nombre inventado mirando a las cosas que hay a su alrededor, vimos en el descampado de al lado un palo y un montón de ladrillos. O lo que también podría conocerse como: todo lo necesario para construirte una catapulta para tirar piedras bien alto.

Unas cuantas piedras después y aun con un buen rato de recreo por delante, decidimos dar un paso hacia adelante dadas las circunstancias y pensamos que el suelo era un tipo bastante aburrido por lo que preferimos ser nosotros mismos los que cogieramos las piedras al vuelo (y a estas alturas me imagino que más de uno se empieza a oler como acaba esta historia).

Otras cuantas piedras después y aumentando el tamaño de estas y con ello el nivel de riesgo y subnormalidad por nuestra parte, me encontraba yo dispuesto a coger un ladrillo naranja al vuelo. Voló alto, tanto como para que a la nube que tapaba el sol le diera por moverse lo justo para que este me cegara dejándome completamente a merced de un ladrillo que se estampaba sin piedad contra mi boca. Creo que hay una regla implicita en los chavales a cierta edad y esta es: Si hay sangre... no te rías. Supuso un alivio sangrar para que lo único que me doliera fuera la boca y no las risas ajenas que, a ciertas edades, duele más que un cuerpo a cuerpo contra Jack Lamotta.

El pasado martes murió mi tía Pilar de cáncer. Inevitablemente, la distancia y el paso de los años mitigan el dolor volviéndose este en contra al lamentar en forma de recuerdos, lo mucho que uno se ha perdido durante todos estos años. Echo la vista atrás y recuerdo una voz dulce, un pelo largo y negro que se sentía libre por cada paso que daba, una artista de vocación que sentía lo que hacía con la devoción que todos deberíamos. Echo la vista atrás y recuerdo, por encima de todas las cosas, una buena persona la cual el simple hecho de tenerla cerca te hacía estar más tránquilo y feliz contigo mismo.

Es curioso que acordarme del golpe de una piedra contra mi boca, me transmita cierta simpatía nostálgica y que el recuerdo de la bondad de mi tía Pilar me de tanta pena y rabia al mismo tiempo.

sábado, enero 24, 2009

Ese primer trago

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Un día en Londres me tocó trabajar sirviendo cervezas en un campo de rugby. Inglaterra, rugby, cerveza... sí, fué un día muy ajetreado. Se acercó un chaval que debía rondar los doce años y me pidió dos pintas. Compungido por no poder haber comprado las cervezas, el niño se fué cabizbajo hasta unos metros más atrás donde le esperaba su padre que, al reencontrarse con él, agitó la mano en la cabeza de su hijo como diciendo: "no te preocupes, lo has hecho muy bien" sin conseguir que el chaval levantara su mirada triste del suelo.

Acto seguido vino el padre hacia mi barra. Una barriga del tamaño de un balón de Nivea se dejaba ver por debajo de la camiseta que le quedaba algo corta. Llegó a la barra. Tragué saliva:

- Two lagers, mate.

Le pongo las dos cervezas y se va normalmente dándole una de esas pintas de medio litro a su hijo que levanta su redonda cabeza rosada mirando a su padre. Casi puedo ver las lágrimas en sus ojos mientras le dedica la mejor de sus sonrisas dando el primer sorbo.


Salgo del flashback que me ha producido esa sensación en mi garganta. Ese primer trago que me hace apretar los ojos. Aún con el vaho en el vaso y los dos dedos de espuma reglamentarios, mi garganta deja de estar seca como un cartón para encontrarse en perfecta armonía consigo misma. Por un momento ningún problema parece demasiado importante. El mundo es un lugar perfecto.
Dios santo, ahora entiendo a ese padre y a ese hijo.

Si me perdonais, voy a meter una cerveza en el congelador.

miércoles, enero 21, 2009

Tacones cercanos

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Ando deprisa a través del parque más con la necesidad de alejarme de mi casa que con la de llegar a algún sitio. A la derecha, por el camino de tierra, aparece una señora que se coloca dos pasos delante de mí lo cual me altera de forma que no acabo a entender del todo. Oigo el traqueteo de sus tacones contra el asfalto que coinciden con los pasos que yo voy dando y mi alteración encuentra su leitmotif. Caigo en la cuenta de que es lo más parecido a llevar zapatos de tacón que me ha ocurrido nunca e intento acelerar mi ya acelerado ritmo para desacompasar los pasos y quitarme de encima esa impertinente sensación.

Abro la puerta de salida del parque con una distancia sobre la señora que me hace pensar muy rápido y en muy poco tiempo sobre si debería sujetarle la puerta amablemente o hacerme el longaniza y seguir mi camino. Mis pensamientos se entremezclan y si bien en el primer momento pienso en seguir, mi decisión final es sujetarle la puerta al notar de nuevo el arrastrar de sus tacones en mis tímpanos. Cierro los ojos ojos con fuerza y sujeto la puerta con la yema de los dedos. A punto de llegar, la puerta se me resbala de los dedos cerrándose esta su cara.

Me disculpo con un "lo siento" afónico que resulta más cercano a la voz de un castrati que a la de un hombre de 24, haciendo de lo ocurrido algo más absurdo aún, y sigo mi camino como si nada hubiera pasado. Empiezo a andar más rapido.

A mi izquierda, tras unas vallas que producen al ritmo de mis pasos un efecto de sol y sombra bastante incómodo, puedo ver como unos niños juegan al baloncesto en lo que debe ser el recreo. Sin dejar de andar veo a uno de ellos botar el balón con una destreza más propia de algún filial que de un niño de un colegio de barrio. Justo en el momento que va a tirar a canasta, un muro aparece de la nada para taparme la visión. Impulsado por el ritmo que me había producido la señora de los tacones, prefiero andar más rapido para pasar el muro y ver si la canasta entra, antes que frenarme y dar marcha atrás. No veo como entra la canasta, pero veo al niño chocando la mano con un compañero. Pienso que es casi mejor haber visto eso.

La señora de los tacones, el muro... mi ritmo empieza a parecerse más a correr que andar rápido. Veo que estoy a dos minutos de llegar a mi destino y decido apretar el ritmo algo más. Empiezo a cansarme cuando por el camino de la izquierda oigo algo que me resulta vagamente familiar.



Es la señora de los zapatos de tacón
. Repaso el recorrido en mi cabeza en busca de rutas alternativas y desisto pensando que tengo que retomar lo de ir a correr.

Llego a mi destino y me encuentro con alguien:

- Que pasa, tío.

Mi voz vuelve a ser la de un hombre.

sábado, enero 17, 2009

Entrada 200: Reeditando

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Me acuerdo que hace unos cuantos años nos juntamos un amigo y yo en su casa para ver un concurso de triples que tenía grabado. Era el concurso del 88 y en la final se enfrentaban Dale Ellis y (como no podía ser de otra forma) Larry Bird. Iban empatados a 15 , Ellis ya había acabado y a Larry Bird tan solo le faltaba el último balón. Cogió ese último balón, se posicionó, miró al aro y en cuanto tiró todo pareció ralentizarse, incluido el corazón de Bird, que nada más despegarse el balón de sus dedos y con este a mitad de camino hacia canasta, levanto el dedo índice hacia el cielo, en señal de “Este va dentro. He ganado”. Y algunos que estuvieran viéndole pensarían, “¡Pero que hace levantando el dedo!¡¡Como la falle y no entre se va a colmar de lo lindo!!” sin embargo, otros más sensatos pensamos algo así como: “Que grande eres, cabrón...”



El triple entró, claro.

Esos dos segundos en los que el balón daba vueltas por el aire hicieron que una tarde aparentemente normal, tuviera un detalle que se me quedaría grabada a fuego en mi cabeza hasta hoy. Yo miré la trayectoria del balón.

Y a veces estás en un grupo amplio de gente en el que rodeado de diferentes conversaciones y al no saber a cual atender, te quedas en tu propio mundo esperando a que alguien te baje de él o simplemente te quedas y te fijas en cosas ajenas a las conversaciones, como si tus pensamientos se transformaran de repente en la voz en off de una película y tus colegas fueran unos figurantes que solo gesticulan. Te fijas en la risa. Observas el movimiento brusco de una primera carcajada y atiendes especialmente al momento en el que esa sonrisa vuelve al estado de seriedad. Miras las manos que sujetan los cigarros y lentamente inclinas la cabeza hacia arriba porque sigues con la mirada la trayectoria del humo. Observas a esa tía y te fijas detenidamente en su vaso de Cointreau (Cuantró). En él hay dos cubos de hielo y una pajita con la que los marea los hielos de un lado para otro. Bebe despacio y no te fijas ni en el vaso ni en la cara de la chica, solo miras la pajita y el subir y bajar del cointreau que se transparenta a través del plástico.

Y entonces, alguien te despierta del letargo con un “Eeeeeh, tronggggo, quetehajjjjquedao en la parra…. Jajajajajaja”. Y trás cagarte en la puta madre de ese alguién te haces uno más en todo ese cúmulo de trayectorias que seguro pasarán inadvertidas a lo largo de toda esa noche y posiblemente también a lo largo de toda tu vida.

Cuando era pequeño, recuerdo que en clase de literatura había un ejercicio en el que te ponían pequeñas historias y había que subrayar en rojo cual era la introducción, en amarillo cual era el nudo y en azul cual era el desenlace.


Quizás hoy subrayaría de azul el nudo.

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Dedicado a Quico.

domingo, enero 11, 2009

Cold as hell

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Enciendo la luz del cuarto de baño decidido, desafiante. Miro hacia el otro extremo de la habitación a un váter blanco confiado, arrogante. Solos él y yo el duelo se presenta en clara desventaja cuando, con la sudadera y la camiseta metidas por dentro del pijama, palpo la calefacción y noto que, efectivamente, sigue apagada y fría como un témpano.

Ese váter. Ese puto váter. Me sonríe, me dice: Mfé... pobre iluso, mientras sigue inalterable a mi sufrimiento. Y bueno sí, podría recubrir la taza de papel higiénico, pero de la más absurda de las formas siento que así sería demasiado fácil. Frunzo el ceño, ando hacía él decidido, desafiante, me bajo los pantalones y todo lo que hay por delante y lanzo un sonoro "Fffffffffffffff" al cielo al apoyar mis posaderas en él.

Groenlandia. Rebuscar entre el congelador del todo a cien para encontrar el flash de lima limón. La calefacción que tengo a mi lado... Por un segundo, mi piel se pone de gallina hasta el último poro y todas mis ideas viajan en un autobús con escarcha destino a Romford.

Ahora... ahora, te vas a cagar - le digo.

Segunda prueba: Ducharse.

Dejo correr el agua durante un par de minutos. Toco la calefacción, pienso en aquello de no malgastar y dejo correr el agua un par de minutos más. El asunto es: La calle está nevada, en mi cuarto de baño no hay calefacción, acabo de sentir Siberia en mi culo ¿y ahora me tengo que despelotar y meterme debajo del agua?

Levanto mi brazo, me huelo el sobaco, me desnudo y entro en la ducha.

No hay agua caliente.

Vuelve a los diez segundos llevándose trás de sí un puñado de lágrimones y otros tantos gritos de nenaza que han salido de mí. Si cuando muera tengo uno de esos flashbacks de mi vida, creo que estos diez segundos van a ser la escena principal.

Salgo de la ducha y pienso que estar en verano delante de una chimenea y cuatro abrigos encima es un mejor plan.

Salgo del baño victorioso, me tomo un té caliente y puedo ver en el reflejo del azucarero, una cara deformada con los labios morados.

Empiezo a sentirme mejor.

jueves, enero 08, 2009

Hannibal

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- Pero ¿has intentado tumbarte y buscar el sueño a oscuras? Seguro que así es más fácil que perdiendo el tiempo delante del ordenador - me preguntan

Si respondiera a esta pregunta que NO, todo el coñazo que me gasto con el tema de haber perdido el control de los biorritmos por completo, sería absurdo.

Creo que hay un momento decisivo en el que el rato que paso en la cama pensando historias, reconstruyendo mis días, haciendo conjeturas... se corta para buscar el sueño de alguna otra forma. A veces es a los quince minutos, otras quizá a la hora y media, el caso es que en el momento en el que me rindo coincide con el momento en el que escucho mi armario crujir de la nada. Antes o después, sin saber muy bien a qué responde, ocurre.

Ese puto sonido...

Cuando uno esta a oscuras en la habitación a punto de dormir, el silencio sepulcral se mezcla con el despertar de los sentidos. No hay más que ponerse la música que habías llevado a la calle en los cascos y luego comparar el volumen a oscuras en la cama.

Ese puto susto...

Y empiezas a oir el frotar de tus pies por el frío, el palpitar del corazón contra la almohada, la respiración entrecortada por momentos, el crujir del armario...



Creo que tengo un plan...

viernes, enero 02, 2009

Tu deuda conmigo

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Bien entrada la madrugada, una cama con buen aspecto parece reclamarme. Lo que otras veces es el mejor de los planes, hoy es un reto. Apago el ordenador, apago la luz, me tumbo y al poco rato, en el fondo de la oscuridad, puedo ver dando vueltas cabezas de gente sobre un fondo negro dándome consejos con distintas voces todas distorsionadas por un desagrable eco:

- Tienes que levantarte un día muy temprano, dormir dos horas si es necesario...

- Vete a correr, haz ejercicio...

- Échate novia, hazte una paja...

- Dormidina, valeriana...


Mi corazón se acelera e intento evadirme agitando la cabeza y pensando en los Lunnis. No funciona. Enciendo la lámpara que tengo encima de mi cabeza y me quedo durante dos minutos mirando al techo con la respiración entrecortada y con una gota de sudor que se desliza de mi sién a la almohada.

Me levanto y voy a la cocina a por algo de comer. Por el camino veo a mi madre durmiendo en el sofá del salón con la pantalla de su portatil a escasos centímetros de su cara del que sale una melodía de alegría y pandereta que despierta mi curiosidad. Me asomo y veo a Lina Morgan con cara de Lina Morgan sobre unas letras que dicen: Hostal Royal Manzanares. Miro a mi madre durmiendo como un bebé, sonrío y voy a por ese tazón de cereales.

Nada más entrar me encuentro a mi perro arrinconado en una esquina durmiendo sin que la luz que acabo de encender le altere. Lleno un bol de cereales hasta que desbordan, pongo la radio, hago cosas. Rey sigue dormido.

A punto de entrar de nuevo en mi habitación, caigo en la cuenta que por el hueco de debajo de la puerta de la habitación de mi hermana, sale la luz de su tele. Ha vuelto ocurrir. Entro a apagarla y veo que mi hermana me mira fijamente, se incorpora sin dejar de mirarme, me dice algo completamente ininteligible y se vuelvo a dormir haciendo antes una especie de gruñido.

- Puta loca - vuelvo a sonreir

Con un pie fuera de la habitación de mi hermana, la tele ya apgada hace que la casa quede en silencio a excepción de los ronquidos que de la habitación de mi padre salen. Pensando esto veo salir a mi hermano Alex de su habitación con traje y cara de mala ostia.

- ¿Vas a trabajar?
- Jmmmm

Me parece una respuesta más que justa.

Vuelvo a mi habitación, enciendo la luz y vuelvo a ver a mi cama.

Empieza la segunda parte.

domingo, diciembre 28, 2008

Navital

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Llega la Navidad, tiempo vacacional para comer turrón y cantar villancicos rodeado de los tuyos pero, un momento, ¿qué pasa cuando los tuyos no están cerca?.

Cosas de la vida en mi familia no hay un sólo madrileño, dividiéndose esta entre canarios por parte de padre y sevillanos por parte de madre. Hasta hace unos años, cuando mi padre conseguía billetes de avión gratis, los Gil teníamos a bien escaparnos una mitad de la navidad a Canarias y la otra a Sevilla alternándose Nochevieja y Nochebuena según el año. Se acabaron los billetes gratis y se acabaron las navidades divididas. Los Gil pasaríamos desde entonces toda la navidad en Madrid.

Canarias, Sevilla, distintas borracheras en distintos lugares, abrazos por aquí, reencuentros por allá. Lo que asi pueda quizá sonar bien, el recuerdo que tengo yo de ese tipo de navidades venía a ser una maratón de visitas a familiares, algunas de ellas sufridas como un parto, que se alejaban bastante de lo que para mí unas vacaciones deberían ser.

Creo que el problema de la Navidad es la propia Navidad. La gente de forma inconsciente tiende a crearse un concepto de ella atribuyendo acontecimientos: Si algo malo ocurrió en la Navidad del 87, las Navidades apestarán porque la gente parece que me obliga a ser feliz cuando lo que quiero es guardar el recuerdo que ese algo merece. Ya no importa que no trabaje y tenga vacaciones, no importa las reuniones con la familia, no importa que me den regalos y coma como en mi vida, no, lo que importa es que tal día ocurrió tal cosa y resultó que era Navidad.
En Marzo me hice un esguince de tobillo. Marzo me parece un buen mes, me molestaría odiarlo por culpa de ese esguince.*

¿La Navidad? A mi me gustan las vacaciones, me gustan los regalos, me gusta comer bien y me gusta que mis hermanos y padres nos reúnamos en una mesa para cenar y hablar porque siento que no necesito nada más. Y sí, odio la gente que canta villancicos con voz nasal, me jode que la crisis afecte a que no encuentre un puto trabajo precario y no a que el alcalde se gaste más dinero que el año pasado en luces, y desde luego no me gusta que la gente espere de mi que me comporte mejor que el resto del año por el vomitivo y forward fenómeno del "espiritú navideño".

Odiar o amar la Navidad no es más que poner en una balanza los pros y los contras de esta. A mi es que me da una pereza siquiera ir a buscar una balanza...

En fin, que feliz 2009 para todos.


* Ejemplo discutible a todas luces. Soy consciente.

viernes, diciembre 26, 2008

Dia: Thal. Mes: Thal Año: Pascual.

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A veces me siento contra la espada y la pared al tener que dar mi opinión sobre algo. Hace poco, por ejemplo, me invitaron a una fiesta de disfraces.

- Bueno qué, ¿te vas a venir a la fiesta?
- Ufff, no sé...
- ¡CLARO! Eres demasiado guay y maduro como para ir a una de esas fiestas de disfraces verdad??
- No, no, si no es eso...
- ¿Entonces te gustan?
- Pseee... más bien no
- ¡VES!
- Vamos a ver si yo, si es que... - y entonces lo dije - Si yo lo respeto, pero...
- ¡Béh!

Tener una opinión sobre algo implica estar en contra de lo opuesto a ese algo, lo cual, te puede meter en un marrón cuando tú lo único que buscabas era dar largas siendo lo más educado posible.

Yo no veo la tele. Esto más allá de ser un juicio moral, es un hecho. En cambio a veces, me veo a mi mismo defendiendome ante el típico ataque de "Eresdemasiadoguayymaduro" solo por decir algo así. Entonces, para evitar tensiones innecesarias, me veo escupiendo mierda contra mi mismo en plan:
Pero vamos que es porque en su lugar me paso las 24/7 en internet viendo series de mierda y mucho porno.

Y es entonces cuando el atacante se siente mejor consigo mismo al darse cuenta que no es que no vea la tele porque lo aprovecho haciendo algo útil -al contrario que él- sino que también lo desperdicio, de forma más o menos bien vista, pero que lo desperdicio al fin y al cabo.

Llega la Navidad y alguien en algun momento vuelve a hacerme sudar con uno de estos examenes de moralidad preguntándome: ¿Te gusta la navidad?

¿Y Como se aprueba este examen? Fácil: siendo ambiguo.

- Me da igual.

La respuesta en otro contexto en el que no tuviera que autoexcusarme ante impertinentes ataques, sería otra la cual daré en el próximo post*

* Lo que viene siendo ser el puto amo del Cliffhanger.

...

lunes, diciembre 15, 2008

Te regalo mi bufanda

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Y tumbado a oscuras en la cama de mi habitación veía el segundo capítulo de otra serie de la que me hablaron recientemente. Dream On, la cual se desmarca de ser otra serie de comedia convencional por meter entre las situaciones que se dan, escenas de películas antiguas que se recrean a modo de pensamiento del prota, en lo que podría equivaler a un "esto me recuerda a cuando..."

El protagonista interpreta la imagen de un treintañero en decadencia que acaba de firmar los papeles de divorcio con su ahora exmujer y que intenta sin éxito encontrar otra mujer que la sustituya. La exmujer, con la que guarda una buena relación, rehace su vida con un médico de reconocimiento y las cosas, en definitiva, le van de pamelas.

Tras otra cita fallida, el protagonista va a medianoche a casa de la exmujer no en busca de otra oportunidad - al menos de forma directa - sino tan solo a tener una charla agradable con alguien que le haga olvidar la situación en la que está:

- Echo de menos esto - dice él
- Ya - dice ella mirando hacia abajo
- No no, no me refiero a ti... me refiero a... esto.

Suena el teléfono y es el nuevo novio de ella que interrumpe el buen ambiente y la complicidad que habían conseguido crear hasta entonces. Ella sonríe emocionada y se muestra eufórica con la llamada. El, señalando hacia la puerta de la calle, indica que ya es tarde y que se va a casa. La expresión de su cara consigue ser lo suficientemente digna para no transmitir ni lástima, ni tensión, ni ningun tipo de reacción contraproducente con sus intereses. Ella sigue hablando por teléfono sin hacer mucho caso al exmarido y mostrando toda su efusividad hacia el otro lado de la línea.

El detalle, o lo que se podría decir que me ha motivado a escribir este post es lo que yo, casi sin darme cuenta, pensaba mientras ella hablaba por teléfono y él andaba hacia la puerta. Esto era:
¿Mirará ella a la puerta de forma melancólica una vez se haya cerrado?
O lo que es lo mismo:
¿Le habrá afectado que el ex se haya ido de la casa sin tener una despedida acorde con el momento de complicidad que estaban teniendo? O lo que es lo mismo:
¿Tendrán un reencuentro románticosexual en el futuro?.

Vamos que me ha encantado que el simple hecho de girar la cabeza pueda tener un significado tan grande. En mi imaginación al menos.

Por cierto, la muy putilla siguió hablando por teléfono sin dignarse a mirar a la puerta.

miércoles, diciembre 10, 2008

Que alguien me explique lo que acabo de escribir

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Entro en Rojadirecta.com para ver que partidos de la NBA tengo opción de ver esta madrugada y me encuentro que, a las 2.30, debajo del partido de NHL entre Vancouver y Calgary, y encima del partido de NBA entre Dallas y San Antonio, tengo la opción de pinchar -porque en este caso no es clickar- en un partido de fútbol de copa peruana entre el CNI Iquitos y el Cobresol Mecogua. Pincho, guiado por la curiosidad, con la certeza de que no voy a tener problemas de red ya que nadie estaría viendo aquello y... ¿sabeis con lo que me encuentro?, ¿¿¿sabeis con lo que me encuentro???

Con un partido de fútbol peruano que enfrenta a los CNI Iquitos contra el Cobresol Mecogua. Quiero decir: NO ERA UNA BROMA.

Quizá si hubiera tenido una visión global de la página y no hubiera focalizado mi atención únicamente en los partidos de la NBA, este partido hubiera estado más acorde con el contexto al que representa. Y es que al fijarme en la programación del día próximo me encuentro con esto:

09:00 Curling: Francia (FRA) - Escocia (SCO)
09:00 Badminton: Italian International (09:00-??:??)
09:00 Tenis de mesa: Junior World C'ship Table Tennis (09:00-22:00)
09:30 Curling: Alemania (GER) - Suecia (SWE)
10:00 Bolos: Worls Bowls Super Series (10:00-16:00)

Recuerdo hace tiempo pasar por el salón y encontrarme a mi padre, una vez más, gritándole a la tele. Cagándose en la puta madre de algún jugador porque no abre el juego a las bandas - esta es de sus favoritas-. Mi ceja se levantó a modo de incomprensión no por las quejas a las que nos tiene acostumbrados, sino porque el comentarista hablaba en inglés. Mi padre, que veía Eurosport, se cagaba en algún jugador de Senegal porque no abría el juego por las bandas para conseguir meterle un gol a Corea del Sur.

Pensaba yo hace unos días en porque disfruto con las pelis de Woody Allen respondiéndome a mi mismo que era por los guiones. Por hablar de las personas. Porque lo que importan son los detalles y porque cada uno de ellos tiene importancia para lo que puede acontecer en el resto de la película. Vale, de acuerdo, pero no te flipes. Mi padre, el cual consigue tomar partido en un Senegal - Corea del Sur, flipa con las pelis que de Steaven Seagal y Van Damme en especial cuando las ponen después del fútbol. Con sus cojones toreros.

Ya! claro! como va a matarle tan solo doblándole el cuello.
Pfff, venga, justo hay un cuchillo al lado de las cuerdas donde esta atado ¿¿no??
Ohhh, que sorpresa! ha salvado a la chica!!

No paro de leer críticas negativas hacia cosas con las que yo he flipado y positivas con cosas que me han parecido mierda. Hasta aqui todo correcto, nadie está libre de pecado. Ahora bien ¿qué necesidad hay de hacerse el entendido de los cojones? Es tan fácil como que todo aquello que no te gusta, es una soberana mierda, y todo lo que te gusta, es la ostia. No existen términos medios porque siendo drástico conseguiré ser lo suficientemente ofensivo como para oscurecer que en realidad no tengo ni puta idea. Y me da igual si al que me llevo por delante es a Spielberg o a Pink Floyd, porque son un truño como una catedral. Claro, cuantos más adeptos haya de aquello que yo digo que es mierda, más vanguardista pareceré. Escucha esta maqueta: Unos genios... ¡unos genios!. Ya, el grupo de tu hermano dices que era ¿no?

Y es que hay gente que no está interesada en que una televisión o un equipo de música pretenda cambiar su vida. Hay gente, como mi padre, que lo único que pretende es entretenerse un rato, y eso hay que saber respetarlo.

Y como me he cagado en el mundo lo que quiero que os imaginais ahora es que, después de haber dicho todo esto, lo que ocurre es que yo me alejo lentamente entre la espesa lluvia y que mis últimas palabras resuenan en el eco de alguna pequeña calle de Vallecas mientras, el sombrero que acabo de lanzar, aun se balancea en el aire cuando está a punto de caer encima de un charco...

Je.

domingo, noviembre 23, 2008

Y derrepente.

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Esta nueva entrada gira en torno a una palabra. Una sola palabra la cual aun retumba en mi cabeza a modo de eco.

Hace cosa de dos semanas, años después de que realmente me tocara hacerlas, empecé las prácticas en una asociación de menores en riesgo en el barrio de La Cañada Real. Este barrio es conocido en Madrid por lo conflictivo que resulta en cuanto a tráfico de drogas y viviendas ilegales pobladas por marroquíes y gitanos. Y si das una patada al suelo en una de sus carreteras de tierra, es posible que salte alguna jeringuilla alrededor de tu pie*.
Mi madre piensa "joder, que arriesgado" yo pienso, "joder ,que lejos!"



En la de abajo es donde quedo para que me lleven en coche hacia La Cañada, el cual tarda otros 20 minutos más después de la hora en metro. Para los que esteis hasta los cojones de mis historias del metro, vereis la que se os viene encima.

- Y dinos Curro: ¿Qué coño pintas tu allí?

Pues junto a otros monitores - educadores y trabajadores sociales - dedicamos un par de horas a chavales marroquíes que viven por la zona de las cuales la primera es para ayudarles a hacer los deberes, y la segunda se dedica a tiempo de ocio véase jugar al fútbol, al pañuelo, a las canicas (que jueguen a las canicas me hizo divisar en el horizonte un rayo de esperanza en el futuro de la humanidad) o a lo que les venga en gana según el día.

- Un momento!Un momento!Un momento!Un momento! ¡¡¡ALTO!!! ¿Has dicho ayudarles a hacer los deberes?

Glurp. Sí, demonios... Peliagudo tema y es que cuando un chaval de quince años te pregunta sobre trigonometría decir que no tienes ni idea es factible, pero cuando otro de once, te dice que le ayudes a hacer una división con tres números en el divisor y se te ha olvidado por completo hacerlo pues...

- Emmmm, esto... bueno, ¿¡porque no lo intentas hacer tu solo!? YA TE ESTAS HACIENDO UN HOMBRE. Venga, venga, no ceses. ¡Ánimo!.

¿Sucio verdad? Qué puedo decir, no estoy orgulloso.

Todas estas lineas, como he dicho en el primer párrafo, vienen a colación no de aburriros con mi vida, sino de dejar reflejado el increible impacto que una palabra puede llegar a tener sobre una persona.
Agachado con mi vista puesta en el cuaderno de un niño, noté como otro tiraba de la parte de atrás de mi camiseta, cuando entonces lo dijo:


- ¡¡PROFE!!, ¡¡PROFE!!

Q... ¿¿Cómo?? ¿¿QUÉ??

Ostia puta, un día te vas a dormir habiéndote afeitado por primera vez, y al día siguiente un tal Abdelazid te está llamando PROFE(en sentido figurado, que a pesar de lo que pueda parecer, no nací con las barbas)
Porque sí, porque allí los niños y las niñas no se llaman Ramón o María, que si ya se me dan mal retenerlos en mi cabeza, cuando te encuentras con Saba, Moguat, Abdela, Mourat o Houda, no sabes si sentarte en un escritorio junto a un flexo para estudiarte los nombres durante tres meses, o si directamente llamarles "Tú" o "Colegui", según se porten.

Supongo que a lo largo del año iré dando alguna actualización sobre como va transcurriendo esto de ser prof... proff...

Joder, no puedo.



*No-es-pa-tanto, pero si no exagero no consigo dar dramatismo al post.

lunes, noviembre 17, 2008

Pechitos McTitties

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Me encuentro de pie justo en frente del mostrador del Burger King de Gran Vía. Siguiente - escucho. No tengo pensado el menú a elegir y, mientras balbuceo "emmmmmm" y "pffffff", el dependiente me mira como si estuviera pagando por cada segundo que paso en ese estado. Jamás pensé tan rápido.

- Me pones un menú Big King Gigante con Coca Cola
- ¿Qué refresco? - me dice en media décima de segundo
- Emmm, Coca Cola.
- ¿Menú Big King gigante con coca cola? - me dice en un cuarto de décima segundo
- Juraría haber oído eso antes en algun otro lugar - pienso. Eso es - digo

Soy consciente de que me voy a quedar con hambre, pero lo cierto es que los complementos del Burger King - veáse las alitas de pollo o los aros de cebolla - me seguirían dejando con hambre por lo absurdo de su tamaño y además habré gastado más dinero.

- Aquí tiene, ¿desea algo más?
- ¿Me puedes poner un par de bolsitas de ketchup?


Me mira como si me hubiera fornicado a su mujer y me da las bolsitas.

Cojo la bandeja mirando el menú y me doy cuenta que, la parte del menú de "Gigante" influye a las patatas y al refresco, pero la hamburguesa va más acorde a esas alitas de pollo que no pedí.

Subo las escaleras concentrado como si estuviera haciendo una prueba del Gran Prix del verano. Una vez más, estoy convencido de que absolutamente todo se me va a caer al suelo. Ando intentando parecer confiado para demostrar al personal que mi equilibrio es envidiable, pero dentro de mí me tambaleo y me concentro cada vez más por cada paso que doy. Llego al piso de arriba y consigo sentarme en una mesa que resulta estar al lado de la calefacción central del establecimiento. No me parece una mala idea ya que el zumbido del que ella sale consigue taparme el Angel de Amor de Maná que suena por los conductos de ventilación.

Dejo mi abrigo, me remango las mangas de la sudadera y me froto las manos con la certeza de que no hay un grado de felicidad más absoluto del que en ese momento tengo. Esparzo las patatas por la bandeja y vacío dos bolsitas de ketchup en el cartón vacio que ha quedado no sin antes dejarme los incisivos en el ketchup por los repetidos intentos de abrir la puta bolsita de los cojones. Desenvuelvo la hamburguesa de ese papel que ha quedado ya semitransperente por la grasa que de la hamburguesa sale y mojo una patata en el ketchup. Me pregunto hasta que punto será eso antihigiénico con el autoconsuelo y la autoconsciencia de que la "magia" de ir a comer a un sitio basura es hacer honores al que se inventó ese calificativo y preocuparte lo menos posible de si el papel de la bandeja de Rihanna ha sido ya usado o de si alguien habrá sustituido los pepinillos por una flamante flema verde.

Muerdo la hamburguesa y cierro los ojos en señal de que el placer más absoluto acaba de llamar a mi puerta. Me compadezco de los vegetarianos y los anticapitalistas y le doy otro trago a mi coca cola que hace ese ruido de estar acabada que hacen las coca colas en las pelis, a pesar de que este casi llena. Un trozo de mi hamburguesa cae en la cara de Rihanna y me quedo contemplándolo preguntándome si esa cosa amarilla que ahora mismo le hace de bigote, es queso fundido frío, o mayonesa en mal estado.

Quince minutos después me acabo el menú con ganas de comerme otro y me sorprendo frotándome la barriga por lo tópica que resulta la situación. Eructo sin tener a Quico o Litos delante para proyectarles lo que acaba de salir de mi estómago, me pongo mi abrigo y me voy bastante más contento de lo que había llegado.

Actualizo a horas infrahumanas porque mi cabeza empieza a no entender que coño significa tener un horario, y lo que a las once de la noche parecía ser un largo descansar hasta la mañana siguiente, se tornó en una siesta de tres horas. Sigo sin sueño.

miércoles, noviembre 12, 2008

12.11.08

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Y ya.

miércoles, noviembre 05, 2008

That's what she said

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Da igual que dia sea si no tienes obligaciones y física y mentalmente te sientas en domingo. No bebiste ayer pero sientes como si tuvieras tres resacas al mismo tiempo. El efecto relajante que puede tener una ducha durará, como mucho, el tiempo que tardes en secarte. Las legañas se acercarán más al concepto de ser, que de tener. Estirarse quedará en un patético intento de levantar tu culo gordo del sofá y bostezar servirá únicamente si tus mándibulas llegan a crujir. No tienes fuerza para levantarte del sofá, pero sientes como si hubieras hecho sesiones de flexiones despues de haber ido al gimnasio. No tienes hambre pero sientes la fatiga de haber comido en uno de esos buffets baratos. No has visto porno pero sientes como si te hubieras hecho cuatro pajas seguidas sin pararte siquiera a limpiarte.

No te pasa nada excepto que la apatía ha terminado por ahogarte. Lo bueno ahora es una mierda y lo que era una mierda, simplemente te está destruyendo por dentro. Piensas: así es como se debe sentir uno cuando le deja una novia después de haber ido al gimnasio, comido hasta reventar y haberse hecho cuatro pajas seguidas.

Entonces algo ocurre que consigues salir a la calle y, ya en el metro, ves a un chico ecuatoriano sentado en el banco del andén, esperando a ese tren que no llega. Está escuchando algo a través de su móvil que no se alcanza a entender por la distorsión, pero que te molesta lo suficiente como para mover la cabeza un lado a otro e imaginarte una conversacion con él:

Y, sentándome a su lado y poniéndole la mano en un hombro le digo:

- Auriculares
- ¿Perdona?
- AU-RI-CU-LA-RES
- ¿De qué me estás hablando?
- Quizás lo conozcas como CASCOS
- Ahhh, vale, ya sé, ya sé
- Y no me refiero lo que te protege la cabeza cuando vas en moto
- Ya, idiota
- Ni a muchas botellas vacías
- Ohp
- Mira, los enchufas aquí y entonces solo tú oirás la música
- Co... Com... ¿QUÉ?
- Si! Y no sólo lo oirás mejor sino que además no molestarás al de al lado.
- Uau!
- Eso es
- Aunque, bueno, je je, a quién le iba a molestar un dúo de Maria Carey con Luis Miguel? Es relindo.
- Te equivocas
- ¿Dadi Yanki?
- Molesto como masticar cristal...


Seguimos hablando de las distintas funcionalidades que puede tener unos auriculares pasando por preguntas fundamentales de como se hace para consultar el saldo con Vodafone o cual es el precio de mandar un sms con la palabra tetas al 7787:

- Un euro
- Ohp



Y volviendo a casa te das cuenta. Nada ha servido hasta que, algo lo hace. Todo esa sobredósis de hastío y de acabar con los grandes males del planeta tierra se solucionan de una forma muy sencilla y es salir a la calle y dar un paseo con la condición de que, haciendo un frío de cojones, vayas tan abrigado y tan cubierto que sientas que el frío solo esta detrás de todos tus accesorios de abrigo. Gorro, guantes, bufanda, abrigo que cubre hasta el cuello, dos pares de calcetines y, si es necesario, los pantalones del pijama debajo de los vaqueros para así sentir que le estás ganando el pulso a la naturaleza. Algo así como ver una tormenta enorme desde tu casa, pero sin que haya ventanas de por medio.

- Eh tío...
- Dime
- No pienso beber más en mi puta vida. ¡LO JURO!

miércoles, octubre 29, 2008

Uvedoble Te Efe

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Imagina un ceño fruncido, unas mejillas arrugadas, una facción comprimida. Imagina que consigues empatizar tanto con algo que lees, que lo sientes más real que si te pasara de verdad. Imagina que, yendo en el metro, ves la cara de un tío con barba al que le sobra mucha pierna en el asiento, levantar la mirada del libro que leía para arrugar la cara al máximo y lanzar un suspiro de dolor al techo:

En los años cincuenta, una de las marcas más importantes de aspiradoras probó una pequeña mejora en su diseño. Añadió una helice, unas aspas afiladas como cuchillas acopladas a unos cuantos centímetros en el interior de una manguera de la aspiradora. El aire al entrar hacía girar la hélice y la cuchilla cortaba todas las hilachas, cordeles o pelos de animales domésticos que pudieran obturar la manguera.
Al menos ese era el plan.
Lo que pasó es que muchos de estos hombres acabaron en la sala de urgencia del hospital con la polla destrozada.


Y levantando la mirada del libro, arrugé la cara al máximo y lanzé un grito de dolor al techo.

Al menos ese era el mito.


Y seguí leyendo ese libro que me atrapó desde la primera página. Uno de esos libros que me hacían atender no a las paradas que quedaban para llegar, sino a las paradas que quedaban para dejar de leer. "Asfixia" de Chuck Palahnuik, recomendadísimo.

Un asiento libre a mi lado hacía preguntarme quien se sentaría allí. La respuesta llegó pronto cuando una obesa con gabardina que se caricaturizaba a sí misma, se acercaba a camara lenta y se sentaba a mi lado desbordando uno de sus enormes muslos encima del mío por el cual dejaría de correr la sangre en pocos segundos.
Llevaba en sus manos una bolsa de patatas fritas artesanales dentro de una bolsa de plástico que a su vez iban dentro de una bolsa de cartón. Masticaba con la boca abierta; lo sabía el que estaba enfrente suyo, lo sabía yo y lo sabía hasta el conductor del metro. Sus dedos se volvían brillantes por momentos por la grasa de las patatas, y relamérselos no hacía más que volverlos más y más brillantes. Unas seis paradas después y con mi pierna engangrenada, no había sino leído dos párrafos. La capacidad de atención cuando oyes el crujir de unas patatas fritas a pocos centímetros de tu cara, las cuales provienen de unos dedos grasientos, los cuales provienen de una pierna que te aplasta, se dividen entre... yo que sé, entre mucho.

Entonces se levantaba respirando fuerte, otra vez a cámara lenta, y haciéndome suspirar salía por la puerta entrando en su lugar una rubia de uno ochenta que llamó la atención de todo el vagón y que, contagiada por la cámara lenta de la obesa que acababa de salir, agitaba el pelo contra el viento haciendo de aquella escena un... Ah no, ah no, ah no, perdón! En lugar de la obesa entro otra obesa, mucho más obesa.
La camara lenta, eso sí, seguía ahí impasible para el destinatario del asiento que iba a estar a mi lado.

Tranquila, tranquila. Ya no queda nada - le decía a mi pierna agitándola y dándole puñetazos para que despertara.

Y como si coger un sitio fuera la última cosa que iba a hacer antes de morir - casi la podías sentir buscando un asiento incluso olfateando en el aire - vino corriendo hacia el asiento contiguo balanceando sus enormes tetas y restregando su culo contra mi cara para coger el periódico gratuito que había en el suelo. Todo a cámara lenta. Si las piernas pudieran llorar la mía se habría ahogado en lágrimas.

Callao.

Llegué casi a la pata coja habiendo leído poco, o mejor dicho, habiendo leído muchas veces los mismos párrafos sin alcanzar a atender que cojones decían.

Llego a Moncloa y cojo un autobús que alcanzo corriendo alégrandome por saber que mi pierna se había recuperado del incidente del metro. Me siento en uno de asientos de minusválidos y pienso que al menos en ese asiento, mis piernas no sufrirían otra asfixia ya que el asiendo de al lado estaba a una distancia relativamente lejana.

De puta madre - pensaba mientras estiraba las piernas y casi con ganas de ponerme las manos en la nuca mientras lo hacía.

Entonces, en el aire, lo volví a sentir. Se palpaba. Oh mierda, otra vez élla: la puta cámara lenta.
Las puertas se habían casi cerrado cuando se volvieron a abrir para dejar paso a un hombre que había llegado a duras penas, corriendo con un paraguas en la mano y gritando: ESPEREEE, ESPEREEEE.

Su peso debía rondar los 150 kilos.

Una gota de sudor cayó por mi frente y el corazón me latía como si acabara de correr la clásica de Alcobendas. Miré a mi alrededor y, efectivamente, no había más sitios que aquel que estaba a mi lado.
Mis piernas temblaban. El hombre se acercaba con el autobús aun parado.
Llevaba una camisa de cuadros metida por dentro de su pantalón marrón que sobrepasaba de largo su ombligo y, en mi cabeza, tenía la sensación de que había olvidado en su casa un cinturón hecho exclusivamente con un cordel desilachado color marrón claro.

Ya en linea con el asiento de mi lado y notando en sí mismo la inestabilidad más absoluta, arrancó el autobús. O lo que en inglés lo expresaría como un:
You have to be kidding me!

150 kilos de persona humana caían encima de mis dos piernas y esta vez las que tenían ganas de llorar no eran ellas, sino yo en todo mi ser y en todas mis circunstancias.

- Perdona - dijo
- Nn... nnnna, NADA - respondí

Después tres clases y un camión de donantes de sangre al que accedí antes de irme a casa. Ya sabes (CODAZO CODAZO) - Por el boggaata y la goagola, Jujujuju.

Mi sufrimiento acaba en casa cuando de un tirón arranco el trozo de esparadrapo que el enfermero ha tenido a bien ponerme alrededor del brazo, dejándome de esta forma una simpática marca de no pelo en donde antes había pegamento.

- No es mucho esparadrapo?
- Bueeeeeeno, Buéeehjjjjjjggggg! Esto con un poco de agua caliente ni lo notas.


Qué hijo de puta.

martes, octubre 21, 2008

Qué-te-cuentas

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Llego acelerado al cuarto de baño de la facultad. Paso de largo sin mirarme en ese espejo de dos metros de ancho y, de los doce meaderos, elijo el de siempre. Un día leí en uno de ellos escrito con Edding: AQUÍ SOLO MEA MARIO. Tantos años entre esas paredes y jamás había empatizado tanto con nadie.

Polla en mano y con la frente sujetando las baldosas de la pared, resoplé. Por sueño, por asco, por ambas cosas. Resoplé haciendo una pedorreta que sonó bastante.

Si ni siquiera me apetecía hacer las cosas que me gustaban, ir a clase me parecía una idea horrible. Pensaba en ello mientras meaba. En qué cojones le pasaba a mi estómago para hacerse un nudo cada vez que apoyaba la cabeza en la almohada. En dinero - en su escasez en concreto- En por qué tenía esa sensación de que todo lo que no es la ostia, es una mierda. No hay término medio y ya de paso también, y con la polla aun en mi mano y las rayas de la pared marcándose en mi frente, recordaba como al salir del metro de Moncloa, una chica atractiva con un chaleco verde y una carpeta en su mano, hacía la diagonal necesaria para alcanzarme a pesar de llevar en mis orejas unos cascos más grandes que mi propio discman. Eso es: MUY GRANDES. Sin oirle lo más mínimo y siguiendo mi camino le lancé una amable sonrisa mientras negaba con la cabeza. Not enough me temo y es que, a pesar de ello, la chica seguía diciéndome yo qué sé qué cósa. Y mientras seguía andando me pregunté si su insistencia se debía a algo personal asi que dejé entrever uno de mis oídos:

- Perdona, ¿qué?
- ¿¿¿CONOCES INTERMON???
- Ahh emmm. No, no, lo sie...


Y sin terminar de disculparme como una muletilla mas que otra cosa, una voz al otro lado gritaba:

- Uohhhhh!! Uooooh!!

Por el lado de la música, escuchaba a una china gritarme cuando sentía que debajo de mis pies, estaba desmontando un chiringuito de calcetines a pisotones. Agitado y moviendo la cabeza nervioso dije:

- Lo siento - a la china
- No gracias - a la chica
- Me cago en mi vida - a mi mismo

En un segundo estás sumergido en la música andando por cualquier sitio y dos segundos más tarde una chica con un chaleco verde te persigue preguntándote si conoces no se que pollas, una china al otro lado te grita algo que oyes a duras penas y en tus pies tienes una manta enredada con un puñado de calcetines desperdigados.

Volviendo a lo que me traía entre manos, me sacudí, pulse el botón plateado con fuerza y volví a clase con una cruz roja marcada en mi piel y pensando que era viernes y que, en principio, no me importaba una mierda que así fuera.

domingo, octubre 12, 2008

Take the night off

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Me lavo los dientes con fuerza delante del espejo, escupo la pasta que iba llenando mis mofletes y descubro que quizá la fuerza ha sido excesiva al ver el contraste del blanco de la pasta con el rojo de una mancha de sangre. Me enjuago, hago gargaras y escupo volviendo a ver un rastro de sangre esta vez más débil y difuminado con un tono amarillo baboso. Le lanzo la sonrisa más fea jamás imaginada al espejo para descubrir donde he hecho la herida. Pura curiosidad me temo y es que, en un momento de lucidez pienso que echar mercromina a la encía no es la mejor de la ideas. Mercromina... oh joder. Jugar a las chapas, hacer gamberradas, subirle la falda a las niñas en el colegio. Llevar mercromina parece restringido a la población infantil que se ha hecho una herida en la rodilla jugando al futbol y que, por supuesto, ha hecho un agujero del tamaño de un Mickey Mouse celeste estampado en el más feo de los parches del mercadillo, en su pantalón de chándal.

Vaya con los dientes de abajo si los tengo descolocaos. Gondios.- le decía al espejo mientras me miraba Rey esperando ansioso sabiendo que es lo que tocaba.

Es medianoche y me encuentro sacando a Rey cerca de mi casa. No llueve pero en el aire, entre la niebla, se notan unas pequeñas gotas de humedad. De una forma extraña por el sitio en el que me encuentro, huele a una leña mojada que hace lo posible por intentar arder. Si el frío fuera un olor, sería ese. Miro a Rey y pienso que se la suda si hace frío, calor, nieve o lluvía de penes que vuelan. Él sigue oliendo sus plantas como si fuera la última cosa que va a hacer en el mundo. Y ahí me encuentro yo, con las manos en los bolsillos, mirando a mi perro envidiándole como me ocurre a veces, cuando le veo flexionar las patas traseras.

Hijo puta - digo mientras cojo una bolsa negra que tengo en el bolsillo.

Se aparta mi perro de su generoso regalo de forma pausada, me agacho a recogerlo y entonces, a dos pasos de allí, le veo flexionar las patas traseras.

Hiiiiiijo de puuuuta - digo mientras le hago el nudo a la primera bolsa negra de la que cuelga una generosa mierda de labrador.

Conozco a mi perro y se que estas cosas pueden pasar, así pues, antes de sacarle de casa siempre echo mano a un puñado de bolsas negras por lo que pueda ocurrir y que, cojones, a veces ocurre. Era esa una de aquellas veces. Termina la labor y abro una segunda bolsa para recoger otro de sus greatest hits. Cambio la primera bolsa de mano compartiendo espacio con la correa que sujeta a Rey, recogiendo con la segunda bolsa, la segunda mierda. En mi cabeza suena la cabalgata de las valquirias de Wagner. No es que me sienta un héroe, es que lo soy.

Es entonces cuando al levantarme y tras el crujir de una de mis rodillas, veo al fondo en el cielo, una luna llena grande como hacía tiempo que no lo había visto. Miro a la luna embobado como pensando en mil cosas y en ninguna a la vez.


Puoooooggggg


Un bofetada de descomposición me inunda hasta el pecho haciendo que me lloren los ojos y sacándome de una forma repentina y nada sutil, de aquel momento de gloria en el que me encontraba quizás pensando en una aparato con casco y olor a aliento, quizás haciéndolo en un viaje a algun pequeño pueblo de Islandia de dificil pronunciación o quizás pensando en como alguien llamado Ramón, en algún lugar del mundo en ese momento, está metiéndole sus 27 centimetros de mandoble cubano a una joven rubia de plástico y es pagado por ello, mientras yo sostengo dos mierdas que acabo de recoger del suelo por las que no voy a recibir ni un gracias. Fuera lo que fuera, y de una manera un tanto rara, estaba en la gloria más profunda.

Entonces, me limité a tirar las dos bolsas a la basura y respirar profundamente queriendo volver a oler el frío como si no hubiera pasado nada.

Es Sábado por la noche, estoy en casa y llueve de cojones.

miércoles, octubre 08, 2008

DANDRiUFFn

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A veces, cuando veo de refilón la rueda de prensa de algún jugador de fútbol por la tele, hago apuestas conmigo mismo para ver cuanto tardará en soltar algún tópico de futbolista de los cojones. Lo cierto es que rara es la vez que me da tiempo a poner el contador, antes de que el propio futbolista suelte una lindeza:

- No bueno, lo importante no son mis diecisiete goles, lo importante es que nos hemos llevado los tres puntos
- No bueno, no me importa haber marcado diecisiete goles, ya que no nos hemos conseguido llevar los tres puntos.
- No bueno, lo importante no es que haya parado diecisete penaltis, lo importante es que...
- El 8 a 1 al Barça es pasado, ahora tenemos que pensar en el siguiente partido contra el Gimnastic.
- Los arbitros son humanos y tienen derecho a equivocarse.
- El arbitro nos ha jodido.


Y con la música pasa igual. Hay tópicos, uno en concreto que, en la mayoría de las ocasiones, no me ha parecido mas que una excusa para que dejes los cuartos en el concierto ya que el disco en concreto, no vale una mierda.

Bueno, este grupo cuando de verdad es bueno es en directo.

Y me sorprendo a mi mismo pensando eso mismo de Caspian, grupo al que he tenido la suerte de ver esta noche.



Y como expectativa tenía un disco al que ya le había prestado bastante atención y que, aunque bueno, no destacaba en exceso. Asi pues, con antecedentes de haber visto a otros grupos del género subidos encima de un escenario y tocando como si estuvieran sedados hasta las orejas, el concierto no hacia mas que crearme un gran escepticismo. POLLA GORDA PA MI.

Salían al escenario un grupo que por las pintas parecían más de grindcore que de post rock. Tres guitarristas, un bajista y un bateria (sin timbales), eran más que suficiente para llenar el escenario de Ritmo y Compás como si estuvieran tocando allí cuatro grupos al mismo tiempo. Y de repente, me veía con una cerveza en la mano durante canciones enteras sin animarme a beber porque me olvidaba que estaba allí el mini, movía la cabeza sin poder evitarlo, como queriendo de esta forma estar presente en cada una de sus canciones. Me preguntaba: ¿Cómo es posible que esta gente esté tocando en un Ritmo y Compás medio vacío, en lugar de hacerlo en el Palacio de los Deportes a reventar?. Pelos de punta. Y si las notas de música que allí sonaban fueran una persona, me la follaría encima del escenario mientras sigue sonando esa misma canción...

Entonces, con mi cabeza a mil por hora pensando en todo eso, acaban de tocar una canción, y van y lo sueltan:

Gracias.


He.

¿¿GRACIAS??

¡Gracias a tí!. Joder... si tengo ganas de abrazarte!. Es como si me la chuparan y acto seguido me lo agradecieran.

En fin, que qué jodido conciertazo, que asi da gusto gastarse el dinero y que me voy a dormir que ya va siendo hora.