lunes, mayo 25, 2009

El delorean está en la linea 1de Metro

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Hoy me veo obligado a contar algo. No es gracioso, no es interesante, ni siquiera es creíble. Me veo obligado para cuando en un futuro relea esto recuerde el día en el que, por primera vez en mi vida, viajé en el espacio.

Una de las ventajas de ser usuario frecuente del metro desde que mi cabeza alcanza a recordar, es que tengo una capacidad increible para, tan solo echando un vistazo al plano de metro, poder calcular lo que me va a llevar de un punto a otro del plano.

Hoy, esos dos puntos unían a Moncloa con Sierra de Guadalupe:

Cojo la linea 3 hasta Sol, hago transbordo para coger la linea 1 y una vez allí ya ir directo hasta Sierra de Guadalupe. Tengo unos 40 minutos. Voy a llegar tarde.

Pies en polvorosa corro de un trén a otro haciendo del transbordo un paseo bastante más corto de lo que en realidad era. Me meto por túneles que hacen giros extraños y debajo de lo que parece un andamio veo mi tren llegar al cual entro corriendo apurado por el silbatazo.

Me encuentro en un tren cualquiera de la linea 1 de la red de metro de Madrid. Acabo de salir de Sol, miro el reloj y calculando el tiempo niego cabeceando al ser consciente de que llegaba de 5 a 10 minutos tarde. Al cabo de tres paradas consigo un sitio, me vuelvo a poner la misma canción otra vez y dejo caer mi cabeza apoyando la coronilla en el cristal. Estoy bastante despierto.

Pasan algunas paradas. El tren pasa rapido por el tunel negro y calculo que la siguiente estación debe ser Atocha. Estas estimaciones, desde que mi cabeza alcanza a recordar, las he clavado la mayoría de las veces fallando en una o, como mucho, en dos paradas.
La oscuridad del túnel da paso a la rapidez de un rojo que se mezcla con el azul de la señalización. A medida que se va haciendo más claro mis ojos se van abriendo más por la impresión:

NUEVA NUMANCIA.

O lo que es lo mismo: CINCO PARADAS MÁS de las que había apostado conmigo mismo en mi cabeza.

De repente no me encuentro a once, sino a seis paradas de mi destino. Te habrás quedado dormido, gilipollas - pensarás. ¿Como explicaría eso que de repente llegara con cinco minutos de antelación al sitio donde inicialmente iba a llegar tarde?.

Asi que empecé a mirar a mi alrededor. Miré a la gente detenidamente por si ellos se miraban extrañados entre sí por lo que acababa de ocurrir, pero nada, todos con la misma cara de aburridos de hacía un rato.

Nada más llegar a la cita andando despacio y con cara de extrañado vi a una de las chicas con las que había quedado:

- Colega... creo que acabo de viajar en el espacio
- Jajajajajajaja
- En serio

Y vale, sí, TODO ESTO seguro que tiene una razón tan simple y llana como, "miraste mal la hora" o "te quedaste dormido", pero no solo sería más aburrido, sino además, mucho más desesperanzador.

Yo prefiero sonreir porque desde aquel momento hacía delante, recordaré este día como el día en el que viajé en el espacio.

domingo, mayo 17, 2009

Y el que no se agache...

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Con el tiempo me he dado cuenta que las personas con las que más conecto, son aquellas con las que hablando de un tema intrascendente y absurdo, consigo acabar con una sensación de satisfacción que me hace sonreir por lo mucho que ha merecido la pena empezar a hablar de ello. Y es que, ¿qué mérito tiene sacarle punta a una conversación sobre la trayectoría de Metallica o sobre el último capítulo de Perdidos?. Hagamos que hablar del tiempo sea lo mejor que nos ha pasado en toda la semana.

Eso es.

Voy a hablar del tiempo.

Concretamente voy a hablar de por qué el frio mola más que el calor, y voy a empezar soltando una frase justiciera. Una de esas frases que mola pensar y mucho más escribir:
El verano es cómo una transexual que está buena.

A las cuatro y media de la madrugada de un sábado cualquiera en Madrid, la gente corretea de un lado a otro en busca de autobuses perdidos, citas impuntuales o sitios libres de amenaza policial. Hay veces que consigues encontrar una especie de armonía con lo que te rodea cuando, siendo parte de un contexto que tiene tanta prisa, te sientes tranquilo como si andaras por la orilla de la playa sin ningun aburrido compromiso al que atender. Respiras profundamente, miras a tu alrededor y se te escapa una tímida sonrisa. Todo es genial, de fondo se oye el buen rollo de los Polyphonic Spree y todo pasa, sobre todo, porque estás en pantalones cortos y la brisa que corre es lo más perfecto que se te pueda ocurrir en ese momento.

Sudores frios en la cama y una almohada que, lamentablemente, solo tiene dos caras; el olor a sobaco en un metro abarrotado, la sequedad en la boca rodeado de una ciudad desierta con la única banda sonora del taladro de una obra... Todo parece perdonable con tal de vivir uno de estos momentos en los que basta con cerrar los ojos y respirar. Todo.

Un momento... ¿Todo?

Y unos cojones.

Llega el calor y con él la época de dejar el abrigo en el armario absorviendo el olor a naftalina. Llegas a un bar y, dios... no tienes que dejar el abrigo en ningún sitio, ¡porque no tienes!. ¡Nadie tiene! y a cambio, te recreas en unos escotes generosos en los que te puedes sumergir durante largos minutos en el metro en lugar de ese libro que al fin que al cabo va a seguir ahí. Llega el despelote, la fiesta de la espuma, el salvase quien pueda, llegan... llegan... LLEGAN LAS CHANCLAS.

Llegan las chanclas, los zapatos en los que asoman dos dedos de los pies, aquellos otros en los que solo se ve el principio del dedo del pie dibujando en una silueta la forma de diez pequeños culos. Uñas pintadas de rosa. Cayos. Durezas. La imagen de una piedra pomez bailando en tu cabeza. Llega el calor y con él, llega la mayor de mis fobias. Que si no queda claro a estas alturas de la película yo me animo a relatartelo con mayúsculas y en negrita:

LLEGAN LOS PIES.

Dios, ya visualizo en mi cabeza un pie gigante y calloso arrasando Nueva York mientras madres corren despavoridas de la mano de sus hijos.

Es por eso que el verano es como una transexual que está buena. Puede que tenga curvas, que tenga una cara bonita, que sea incluso apetecible sexualmente, pero joder... Tiene una polla como una cinta de lomo. Y con esta idea enlazo la frase con la que cerrar el post y con la que presumo me puedo ir entre vitores y ovaciones - y algun que otro abucheo, por supuesto -:

El verano tiene una polla como una cinta de lomo.

martes, mayo 12, 2009

Es tu síndrome

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De entre toda la legión de niños endemoniados con los que tengo que lidiar en el centro de prácticas, hay uno que se separa del resto al conseguir depertar en mi cierta simpatía. La mayoría de los días hace todos sus deberes sin tener que repetirle siete veces que se siente en la silla para así empezar y de vez en cuando hace preguntas inocentes de un niño de su edad más propio a lo que la realidad corresponde, que a lo que su entorno de pequeños demonios encabronados representa.

- ¿Qué significa ese tatuaje?
- Es un secreto
- ¿Un secreto? POR QUÉ... ¡DÍMELO!
- Te lo digo si te portas bien - un puto genio soy. Lo sé.
- PEROOOO...
- Y si gritas menos, también
- Joe, ¡¡¡¡profe!!!!

Dentro de esta agresiva inocencia se despierta, como no podía ser de otra forma, un gran "pero". El chaval tiene síndrome de Tourette, en cuyo diagnostico no solo están los insultos al azar, sino la risa desbocada que acompaña a estos justo a continuación.

- Profe, ¿que significa Mecenas?
- Vamos a buscarlo en el diccionario, que seguro que te da una definición más ajustada.
- JOE!!!
- Mira, "Mecenas"... aquí está
- Sí, y aquí al lado mira lo que pone, pone MEAR. Y TE SACAS LA POLLA Y TE MEAS Y TE FOLLA POR EL CULO... JAJAJAJAJAJAJAJA.
- Ahmed, hombre...

Cuándo uno ha tenido que soportar desaprobaciones, empujones y, como yo lo llamo, "sudamientos del rabo" contínuos las palabras de Ahmed son como el trino de un pájaro en primavera o el eco de un canto gregoriano en las bóvedas de una gran catedral.

A falta de menos de un mes para acabar esta experiencia, el balance que saco es bastante desolador. Mi intención con las prácticas, entre otras cosas, era conocer algo que me pudiera motivar de cara a un futuro profesional como trabajador social, ya que todo lo visto en la teoría me daba pereza con el simple hecho de oirla nombrar a un grupo de chavales a lo lejos y que ni siquiera están hablando conmigo. Desempeñar las funciones estríctamente de educador social, han servido para descubrir otra profesión que no quiero desempeñar el resto de mi vida. Soy consciente que: ingeniero químico, abogado laboralista, minero y una lista infinita de trabajos no me interesan sin la necesidad de pasar nueve meses comiendo mierda regularmente por unos cuantos chavales que me toman el pelo. Es por esto que con el ánimo de ver el vaso medio lleno las prácticas podría resumirlas con un: Gracias Ahmed.

jueves, mayo 07, 2009

At a Glance

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Existe un punto en el firmamento donde van a parar todas las miradas perdidas. La mirada de esa chica que mastica chicle con la boca abierta y cara de asco a pesar de estar rodeada de un grupo de amigos. "No estáis a mi altura, no puedo ni miraros" - parece decir. La mirada de ese tío que canta Miguel Bosé en Diego de León con una mano metida en el bolsillo de su pantalón vaquero, tan apretado, que hace que evitar mirarle el paquete no sea una opción viable. La mirada de ese niño que desde su carrito se clava en tí con las pupilas tan profundas, que casi consigues reflejarte en ellas, mientras un hilo de baba le cae desde la comisura del labio hasta su camisa. La mirada de ese chaval que no se sabe la lección cuando el profesor busca un voluntario para salir a la pizarra. La mirada de ese obrero que con su peto amarillo, saborea su bocadillo de tortilla de patata mientras un sol de justicia va bordeando el moreno de su piel por la camiseta, con cuatro moscas inquietas que no se irán por más manotazos que mueva en el aire. La mirada de mi amigo Quico cuando, con la esperanza ya no de que su equipo marque el 3 - 5, sino que no reciba el 2 - 6, observa la tele con el culo tan apretado que no entraría ni el bigote de una gamba.



En ese punto, todas esas miradas existen con una capacidad de atención que se escapa a la lógica. Ese punto existe porque es necesario tener un sitio donde poder perder la mirada por el mero placer de volver a recuperarla en cualquier momento.

lunes, mayo 04, 2009

Alacachofas de Citruéñigo

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Tras un mes con un pen drive ajeno a mi pertenencia, me parecía apropiado rescatarlo del vaso donde llevaba durante todo ese mes para por fín devolverlo a su propietaria - compañera del centro de prácticas con la cual no me ata la más profunda de las confianzas -. Días atrás ya intenté devolvérselo sin éxito ya que justo ese día no vino. Metí entonces la mano en el vaso y debajo de todos esos lápices lo único que saqué fue un mechero gastado. Arqueé una ceja y me sorprendí de lo subnormal que puede llegar a ser un ser humano al mirar debajo del propio vaso.

- Mamá, ¿tu has cogido el pen drive que estaba en mi habitación? - le pregunto con cabreo contenido
- Sí, lo metí en el vaso de los bolis que tienes en la mesa
- Pues ahí no está - suelto un bufido que hace a mi madre otear el percal
- Pues yo de ahi no lo he cogido, asi que conmigo no te enfades - me increpa alzándome la voz
- No me estoy cabreando contigo, me cabreo con la situación! - miento
- Pues llama a tu hermana a ver si lo ha cogido ella, pero a mi no me vengas con estas

*Ring Ring *Ring Ring (Ya sé que hoy en día ningun puto móvil suena asi, pero si ponía la canción de Los Delinquentes que tiene mi hermana de melodía iba a quedar confuso)

- ¿Sí?
- Miriam - Dios... solo he oido un "sí" y ya me estoy cabreando más aun - ¿tu has cogido el pen drive que había en mi habitación?
- ¿Qué Pen Drive?

Cuelgo. Me muerdo el labio y en mi mente aparecen una ristra de tópicos que asustarían al más predecible. Pienso en Carl Winslow:

1,2 y 3... 4,5 y 6... yo me calmaré, todos lo vereis.

Ya comiendo, nos encontrábamos mi hermana y yo en la mesa con mi madre dando vueltas por la cocina:

- ¿Encontraste el chisme ese?- me pregunta mi madre
- ¡NO!
- Oye, conmigo no te cabrees que yo no he cogido nada, eh?
- No me cabreo contigo, me cabreo porque no encuentro el puto pen drive- digo- Mentira, seguro que has sido tú al limpiar y no te acuerdas... joder! - pienso.
- Yo te compro uno y se soluciona, no tenía nada dentro ¿no? - me responde alterada
- No, pero ese no es el problema. El problema es que casi no conozco a esta chica y le tengo que decir que después de un mes de espera... HE PERDIDO SU PUTO PEN DRIVE.
- De verdad que estás insoportable
- MRFFFFFFFF - digo - 1.2,3... - pienso

Me encuentro en el coche con las cuatro compañeras de prácticas. Entre ellas estaba la propietaría del Pen Drive a la cual no paré de mirarla de reojo esperando que no me preguntara por el tema en cuestión ya que mi idea era esperar a llegar al destino para pillarla a solas y hacer del bochorno algo más llevadero.

A punto de llegar, veo a mi compañera urgar debajo de su asiento como si estuviera pegando un moco que acaba de redondear. En su lugar saca su pen drive y me lo enseña arrugando su facción preguntándome: ¿Curro, que hace aquí mi Pen Drive?

Me quedo en blanco.

- ¿Se te ha caido ahora?

Sigo en blanco y me animo a balbucear un: Bleee mmmm Pssssss que no envidiaría el discurso del goya a Alfredo Landa.

- No no - responde otra de las chicas - eso ya estaba ahí.

Siento que tengo los pantalones bajados hasta el tobillo y finalmente me animo a responder:

- Je - rascándome la cabeza a lo Chicho Terremoto - Je je je. Llevaba buscándolo un par de días... no se como ha podido llegar ahí. Perdón por haber tardado.

- No pasa nada - dice mirándome con cara de "pobrecillo..."

A punto de entrar por la puerta de casa, le daba vueltas a como decirle a mi madre que lo había encontrado intentando conservar un poco de mi devastado orgullo. Entro y sin llegar a cruzármela por el salón alcanzo mi habitación y lo primero que veo, encima de la mesa, es un pen drive nuevo con un post-it en él que ponía: Ahí tienes el pen drive, compré el de 4 gigas porque no sabía cuánto tenía el de tu amiga, si eso se descambia.

Es increible lo gilipollas que puedo llegar a ser a veces.

lunes, abril 20, 2009

Tan fácil, tan difícil

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Acercándome a la Plaza de España por la calle Princesa, observo a un tío bajito y rechoncho acercándose hacia mi. Llevaba su mirada clavada en mi persona desde hacia rato y sus pasos se dirigían decididos. Parecía conocerme, esquivaba a las muchas personas que a su alrededor pasaban y su objetivo ya estaba fijado: yo mismo.

De repente a este tipo parecía no importarle el resto de la gente, que chispeara o que llegara al uno sesenta por los pelos, lo único que le importaba era yo. Me alcanzaba por fin y con decisión, extendía su brazo y me ofrecía un panfleto. Lo cojo, le miro con cara de "¿nada más?" y me da las gracias con voz silbona.

Aquel no podía ser un panfleto cualquiera. Me decepcionaría profundamente si fuera de una librería o del profesor Uquelele. Entonces miré el panfleto y vi un mapa de la zona en la que me encontraba con un punto marcado en él. El punto, más allá del clásico "we are here" en rojo, era un un monigote con sombrero, bigote y unas tetas haciendo las veces de nariz o de ojos (lo cierto es que no tengo muy claro este aspecto) . Le doy la vuelta al panfleto:

MOUSTACHES

Disfrute tomando una copa,
servida por las más bellas señoritas.

En mi cabeza no hago sino visualizar cuatro ecuatorianas y tres rumanas con las tetas caídas y haciendo justicia, con la sombra de debajo de su nariz, al nombre del bar.

- Este cabrón - pensé - Este cabrón ha ido directo a por mi. No se ha parado en aquel tipo de sesenta años y cara de putero que tenía a su lado, o por ese grupo de adolescentes con ganas de tener una historia que contar a sus amiguetes, NO, me ha visto de lejos y ha ido decidido hacia mi. Me cago en la puta, ¿tendré mala cara?... ¿tendré cara de ser un tío que va al MOUSTACHES a tomarse un Pacharán que le ha servido Rasputina?¿en qué me estoy convirtiendo joder?. Necesito un trabajo, tener buena cara, andar desgarbado. Necesito oler a duchazo recién pegado, a zumo de naranja recién exprimido, a... a... necesito oler a alguien con metas. A alguien con...

Entonces volvía a dirigir mi mirada al panfleto para acabar de leerlo.

Ambiente selecto.

Mi autoestima pasaba de cero a cien en un abrir y cerrar de ojos. Mañana volvería a pasar por alli y, qué cojones, quizá algun día me pase también por el MOUSTACHES.

sábado, abril 11, 2009

En la sien

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Bebiendo de esa botella de agua me pregunto a que sabrá el infierno. Tengo dos filetes de pollo descongelándose en el microondas a cinco minutos. Le doy otro sorbo a la botella y masgullo el sabor de plástico entre mis mofletes. Pasan diez segundos y aun sigue el agua dentro de mi boca dando vueltas buscando un sentido a su existencia. Ahora no solo sabe a mierda si no que también empieza a parecer un gran escupitajo.

Suena el microondas, toco los filetes y parecen estar más congelados que antes de meterlos. Lo pongo más tiempo y empiezo a sacar ingredientes para mi ensalada: Lechuga, jamón, salsa de soja, aceitunas y aquel tarro lleno de condimentos chinos me hacen sonreir al imaginar mi cena acabada en un bol gigante. Lo cierto es que me lo estoy pasando de puta madre.

Es sábado por la noche, estoy solo en casa y me hago la cena acompañado de la voz de Pepe Domingo Castaño. Sábado, lunes o miércoles lo cierto es que toda la semana ese viene siendo un detalle poco significativo, los días pasan uno detrás de otro dándome igual que sea ayer o pasado mañana.

El otro día puse la tele y acabé en Telemadrid:

Especial Semana Santa en Madrid Directo - decían

Con la mirada perdida en la tele me preguntaba si existiría alguna frase en el mundo que con el mismo número de palabras me consiguiera ponerme los pelos tan de punta. Me ahogo en un tufo a perfume de señora mayor y entonces, detrás de toda esa gente, me recuerdo a mi mismo varios años atrás pasando la Semana Santa en Sevilla. En como pasaba horas esperanzado en conseguir ver algo entre toda esa multitud, y a lo más que alcanzaba era a alguna coronilla casposa mientras me ahogaba en channel número cinco y sudaba entre empujones y pisotones. Cuando por fin alguien me levantaba en brazos para asomarme a aquello que concentraba a toda esa gente, yo veía un muñeco moverse. Aquello me parecía como si alguien se las hubiera ingeniado para hacer la réplica más desagradable posible de la cabalgata de los reyes magos.

El agua de aquella botella sabía a Semana Santa. Era dificil escapar de ese pensamiento, pero ahi estaba yo, cortando la lechuga en trozos pequeños mientras el pollo empezaba a crujir en la sartén. Una ensalada conseguía librarme de la inmundicia más absoluta.

Acabé la cena cuando en la SER empezaban a retransmitir las noticias de las motos, momento perfecto para apagar la radio, volver a mi habitación y evadirme viendo la que sería la tercera película del día. Lo cierto es que no conozco una forma mejor de conseguir estar acompañado a pesar de... bueno, a pesar de todo esto.

viernes, abril 03, 2009

Redoble de batería

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- ¿En qué piso vives?
- En un Bajo
- Jo. Jo jo jo. JO!


- ¿Entonces en qué piso decías que vivías?
- (verás...) Emmm, en un bajo.
- Prfffffff. Jo JO JOOOOO!

El otro día me presentaron a un chico, al decirle que me llamaba Curro tardó poco más de dos segundos en preguntarme cuando había vuelto del Caribe. Más allá de retractarse y disculparse se me quedó fijamente mirando a la cara con una sonrisa que debería ser algo parecido a esto:

Para los que no anden familiarizados con el asunto: Curro se va al Caribe, anuncio de Halcón Viajes. Lo cierto es que yo llevo familiarizado con él desde que tenía 13 años.

Y es que algunas personas disfrutan con ese humor. Si bien al principio pongo cara de chóped acto seguido siento una terrible envidia. Pienso: si ven en esto algo gracioso, ¿cómo se lo tienen que pasar cuando vean La Vida de Brian o Aterriza Como Puedas?.

A estas personas se las ve venir, y cuando a alguien le digo que vivo en un bajo midiendo 1.92, tienen chiste para el resto de la tarde:

- ¿Curro no curras? Ah no, claro! que vives en un bajo!!

Y uno después de esto tiene que buscar una sonrisa cogida con pinzas para no parecer un antipático, cuando lo que se le viene a la cabeza es un arqueo de ceja hasta la coronilla y la cara de estar oliendo un truño.

Hoy me estaba cortando las uñas de los pies en mi habitación con la papelera debajo. Desde mi ventana puedo ver un patio que sin saber muy bien por qué suele estar muy concurrido. Hoy, una de esas uñas ha golpeado contra la ventana. Mi reacción ha sido darme un pequeño susto que se ha multiplicado por diez cuando al ver donde golpeaba la uña he visto la hucha de un obrero que parecía arreglar algo en el suelo. Después se ha dado la vuelta, nos hemos mirado a los ojos, le he saludado con la cabeza y me ha mirado con una sonrisa que debía ser algo así:

Me he despedido con la mano y a continuación he bajado la persiana. Por si acaso o yo que se.

El otro día en el metro un grupo de tres personas conversaban. Al pasar por la estación de Chueca uno de ellos replicó: Chueca... Chueca, Chuequita.
Los otros dos se rieron como si fuera la última cosa que iban a hacer antes de morir.

Mis prejuicios se disparan.

jueves, marzo 26, 2009

No sería la primera vez

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Somos cinco personas en el coche. Yo en el asiento del copiloto tengo la ventanilla semiabierta.

- ¿Quereis un cigarro?
- Sí, porfi.
- Claro
- Ah sí, yo tambien

- No gracias.

En cuestión de segundos el coche parece un videoclip de Bon Jovi y la única ventilación que existe viene de al lado de mi cara. Lo que en realidad es cuatro chicas fumando en un coche, en mi cabeza es una reunión de ancianas que quedan para tomar té y pastitas mientras hablan de los abdominales de Jaime Cantizano y se rien sonrojadas tapándose la boca. Trago humo, me pican los ojos, toso y me concentro en ese hueco de la ventana que parece ser mi único aliado.

Llego al centro de prácticas un día más, me bajo del coche, miro a mi alrededor y suelto un resoplido de asco y desgana. ¿Bueno, algún lado positivo tienes que encontrar, no? Claro, lo positivo es que dentro de tres horas estaré en casa y le cogeré aun más aprecio a encerrarme en mi habitación tumbado en la cama mirando al techo y escuchando cualquier cosa.

Casos en los que después de poner un folio lleno de operaciones me lo arrugan y me lo tiran a la cara, que me miran con cara de asco diciéndome "déjame en paz" por la única razón de ser un "hombre español", que llegándome al ombligo me miran desafiantes como pidiendo pelea porque les estoy suplicando que se callen, y todo envuelto en un contexto de gritos y voces nasales que hacen excepcionales los días en los que salgo de allí sin frotarme los ojos del dolor de cabeza que tengo o resoplando por asco y desgana.

Otra vez en un coche de vuelta quince minutos metido sin ganas de hablar y sin posibilidad de hacerlo cuando las encuentro. Toso, humo, asco. Me dejan en una parada de metro a una hora de mi casa, Sierra de Guadalupe. Porque sí, porque ese sitio existe a pesar de que cuando alguna vez lo vemos en el plano de metro a tomar por culo creemos que esto no es posible.

Nada es tan grave como lo pinto, soy consciente, pero me convierto en una persona con prejuicios sin querer serlo y consigo que lo bueno sea normal, y lo normal sea una mierda. En lo que se quedaría lo que es una mierda prefiero no pensarlo. Me desahogo con estas lineas en un sábado nublado. Quizá sea eso.

lunes, marzo 23, 2009

Monday Bloody Monday

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Creo que sólo hay una cosa peor que dormir mal, esto es dormir mal y poco.

Tras cuatro horas de sueño un taladro suena encima de mi cabeza. Siento que en cualquier momento me va a caer un obrero encima. Cuando el taladro se toma un descanso, de fondo se oye a mi padre pasar la aspiradora en el salón, es entonces cuando entiendo que aunque sean las nueve y media de la mañana me tengo que despertar.

Unas horas después he de salir de casa y mis ojos aun estan vagos. Tengo que achinar toda la expresión de mi cara incluso con la pantalla de mi ordenador y pienso que o salgo con unas gafas de sol o con los ojos cerrados. No hay más opciones. Recuerdo entonces que justo el día anterior mi madre me ofrecía esas gafas de sol que no se sabía muy bien si eran de hombre o mujer, pero que eran Ray Ban. Suficiente. Le pido las gafas de sol a mi madre, me las pruebo, me miro al espejo y las sospechas de lo que la montura ofrecía se completan cuando el reflejo me devuelve la imagen de un tío parecido a Serafín Zubiri. Por si fuera poco le pregunto a mi madre que tal me quedan y ella me responde: ¿A ver? Bueeeno, sí, te estan bien. O lo que en palabras de mi madre viene a significar un: Mira hijo, te quiero, pero parece que llevas una comadreja muerta en los ojos. Me vuelvo a mirar en el espejo.

Béh, estas mismas.

Salgo de casa con las gafas de sol puestas, me cruzo con una persona y no me mira raro, me miro en el oscuro reflejo de la ventanilla de un coche y me lo empiezo a tomar algo mejor. Me sigue dando bastante igual.

Ya en el metro sin las gafas de sol entran en una sola parada un grupo de quince adolescentes con bolsas del ABC, panfletos y trípticos que acabaran tirados en cualquier papelera cercana. El aumento proporcional de braquets y granos pajeros que ocurre entre una parada y otra resulta casi absurdo. Miro a uno de ellos y tras unos segundos sin aclararme, le miro las tetas para saber a que género pertenece. Sigo sin salir de dudas y con esa duda me moriré hasta que me muera. Creo que mis gafas de sol serían perfectas para él. ¿O para ella?

Cambio de vagón, me siento y lo único que veo a mi alrededor es gente. Y cuando digo gente me refiero a gente fea. Y cuando digo gente fea me refiero a gente muy fea. A falta de un amigo con el que comentar la jugada me pregunto a mi mismo: En caso de que se extinguiera la raza humana y los únicos supervivientes fueran las personas que están en este vagón, ¿a quién elegirías para salvarla?. Tras un rato largo mirando a mi alrededor con cara de escroto acabo pensando que la supervivencia de la raza humana está sobrevalorada.

Salgo del metro, me vuelvo a poner las gafas de sol. Pienso seriamente en preguntarle a la gente con la que he quedado por cómo me quedan las gafas. En como hacer la pregunta está la duda: ¿Qué tal me quedan? ¿Os gustan? ¿A que son feas de cojones?. Nunca lo pregunté.

En la calle veo a una mujer con un tatuaje en el brazo de un corazón con alas y el nombre de Luis en verdana en el medio. Agito la cabeza para mi mismo en señal de desaprobación. Minutos después, parado en un semáforo, a la chica que tengo delante se le levanta un poco la camiseta y deja entrever en su espalda un tatuaje de un nombre: Cristian. Agito la cabeza para mí mismo en señal de desaprobación. Otros cuantos minutos más tarde me cruzo con un tío que anda arqueando mucho los brazos. Me mira, me da un repaso de arriba abajo y me hace morritos. Agito la cabeza para mi mismo en señal de desaprobación. Entonces recuerdo la reacción de mi madre ante las gafas, al adolescente andrógino y al reflejo de la primera vez que me miré al espejo y pienso que no debería ponerme esas gafas jamás.

Llego antes al lugar donde había quedado. Me sobra tiempo y decido ir a un parque a tomar el sol. Estoy en el parque de las siete tetas, en Buenos Aires. Me encanta ese sitio. Hoy, estando subido en un de los montículos viendo Madrid debajo de mí he pensado para mí mismo: Mola... parece que el mundo está debajo de mis pies. Me parecía una idea agradable hasta que he sentido que la frase podía ser alguno de los tatuajes que lleva 50 Cent en su espalda. Entonces me he acordado de el corazón con alas. Me he acordado de Luis. Me he acordado de Cristian. Me he acordado de mis gafas de sol, y me he ido cabizbajo.

Y así es como ha ido uno de los lunes con peor pinta que recuerdo.

lunes, marzo 16, 2009

Correlaciones

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Llego a la cocina con poca hambre pero con la necesidad de tener que cenar a pesar de ello. Hoy he comido macarrones y un bocadillo de filete de pollo. Cuando abro la nevera veo una olla gigante de macarrones con tomate y trozos de carne que resultan ser pollo. ¿Por qué no?.

Abro el cajón de los cubiertos y descubro que este está casi vacío. Veo una cuchara sopera y un tenedor diminuto. Tras un par de segundos decidiendo me decanto por la cuchara sopera para comer esos macarrones. Cogería un rastrillo de la playa con tal de no tener que fregar. Cojo unos cuantos macarrones de la olla y veo que estan fríos como un témpano. Abro el armario de los platos y lo único que consigo ver son dos platos gigantes y dos diminutos. ¿Qué capacidad tiene el puto lavavajillas?.

Minuto y medio en el microondas es suficiente para calentar el plato. Llevo mucho sin escribir, escribe sobre... esto. Macarrones con pollo en un plato gigante y una cuchara sopera hacen de mi cena algo que contar. Pongo la radio, suena radio Marca y una locutora cuenta el problema de una chica:

Mi novio y yo nos fuimos un fin de semana a mi pueblo. Allí le presenté a mis padres. Todo iba estupendamente cuando una tarde, accidentalmente, entré al cuarto de baño y allí me lo encontré, sentado en el váter con su cosa en la mano. ¿Creeis que debería cortar con él?

Con la última pregunta, casi dejo escapar un macarrón por la nariz tras la carcajada. Sigo comiendo mareando los macarrones en el plato gigante con la cuchara, me doy cuenta en que no tengo hambre y pienso por qué. Oh joder, esa bolsa de revuelto de frutos secos.

El otro día vi un anuncio en el que salía alguien vomitando de forma bastante explicita, también vi a un jubilado con un chándal rosa y unas chanclas con calcetines mientras en sus manos lucía unos cuantos anillos dorados. De la misma forma veo que en las bolsas de revueltos de frutos secos me encuentro con pipas y garbanzos. En todos estos casos una pregunta asoma. Esta es: ¿Pero qué cojones se le pasa a alguien por la cabeza para creer que eso es una buena idea?
Los garbanzos porque apestan, las pipas por impedirte meter todo el puñao que has cogido de un tirón a la boca y tener que ir apartando el resto de los frutos secos mientra las pipas se te van colando entre los dedos cada vez más sudados y pringosos y... puta mierda.

Sea como sea no solo me acabo los macarrones sino que además me quedo con ganas de un postre. Creo que un yogur sería perfecto. Abro la nevera, cojo el yogur. Abro el cajón de los cubiertos.

Ya en mi habitación, remuevo el yogur con el tenedor pequeño. Aquello parece una idea horrible, pero lo cierto es que el yogur está buenísimo y he conseguido escaquearme de fregar. Termino con él, rebañar el fondo nunca fue tan complicado. El último tiento se acercaba a mi boca cuando del tenedor cayó un pegote de yogur justo a la altura del paquete. De forma automática una conversación saltaba en mi cabeza.

Mamá: Hijo... te has manchado ahí
Yo: Ya bueno... es yogur

Supongo que la conclusión a la que llegaría después de todo este parrafazo tonto con el que retomo el blog después de tres semanas es que, de alguna forma extraña, es posible que la razón de echar unos pantalones a lavar sea que a uno no le apetece fregar un solo cubierto.

jueves, febrero 19, 2009

Sobre como viví las consecuencias

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Trazo una linea en mi cabeza desde el punto que me encuentro de Madrid, hasta el otro lado del planeta tierra. Imagino esa linea saliendo en algun punto perdido del Pacífico. Quizá alguna isla pequeñaja que no se sabe a quien pertenece.

Con la cabeza apoyada en la barra de al lado pienso en como odio esa escena tan previsible de una serie o película. Esa en la que el protagonista abraza a la chica a la que está dando largas mientras que la chica que realmente le gusta les pilla in fraganti:

- ¡Darlyn! ¡¡Darlyn!! Espera... ¡PUEDO EXPLICARLO!
- ¡¡Déjame Richard!! Sigues siendo igual que siempre.Te... ¡TE ODIO! - dice Darlyn corriendo entre llantos
- Pero... Pero... ¡DARLYNNN! Espera... ¡¡VUELVE!!

Que pesaos de los cojones.
Mi pensamiento se corta. Me rasco el lugar de la frente que estaba apoyando en la barra y me sigo acordando de cosas que me incomodan: ¿Por qué no consigo echarme el primer vaso de leche cuando estreno el cartón sin derramar algo? ¿Acaso recorto el agujero en un sitio indebido? ¿Acaso el cartón está demasiado lleno y debería estar a la mitad en formato bolsa de Matutano? ¿Por qué odio tanto coger el trapo mojado para limpiar ese resto de leche que se ha caido? ¿Es porque lo considero demasiado mojado para limpiar eso, pero uno seco me parece demasiado seco para lo propio?
El próximo día lo limpio con una servilleta.

Llegado a esta conclusión alcanzo una tranquilidad absurda.

El efecto mariposa: el aleteo de una mariposa en China provoca un tornado en Texas

Levanto la cabeza, un chico está intentando cederle el asiento a una mujer presuntamente embarazada que asegura no necesitarlo. El chico insiste. Ella lleva los zapatos más horribles que jamás una persona haya podido hacer. Una mujer gitana del asiento de al lado se levanta con dos bolsas de la compra grandes como cuatro barrigas de la presunta embarazada. La embarazada y el chico discuten, la gitana quiere pasar a través de ellos. No puede. El metro da un frenazo en seco que hace que los tres pierdan la estabilidad de una forma más que cómica. Agitan los brazos. A la gitana se le cae un melcotón de una de las bolsas, lo coge del suelo mientras le grita a la puerta abierta: Espera!!!! Esperaaa!!!!

Hace tiempo, en algun punto del Pacífico o de alguna isla pequeñaja que no se sabe muy bien a quien pertenece, una mariposa ha dado un par de aleteos. Y esta es la historia sobre como yo viví las consecuencias.

viernes, febrero 06, 2009

Raining days

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Mirando al cielo, un niño observa caer la lluvia de una forma distinta. Abre la boca para tragarse el agua sin ser capaz de saborear absolutamente nada, mientras fija la atención en gotas de lluvia individuales que sigue desde bien alto hasta que se estrellan contra el suelo. Sus manos le apestan a una mandarina que ha pelado hace tres cuartos de hora y el pelo le huele a esa colonia de bebé del que aún resuena en su cabeza el chirriante sonido del dosificador al apretarlo.

Un balón de fútbol le da en la cara dejándole una marca roja con forma de triángulos reglamentarios. Toda su atención se centra en la risa de unos niños que pasaban y que no hacen otra cosa que descojonarse y señalarle.

Ha dejado de llover.

domingo, febrero 01, 2009

Volando alto

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El otro día recordaba con unos amigos como tal día como hoy, hace más diez años, nos encontrábamos en la hora del recreo sin balón de fútbol, pensando en qué podríamos emplear el tiempo libre debido a este contratiempo. Sentarse a hablar se nos quedaba grande y jugar a escupir hormigas pequeño. Dadas las circunstancias y como el que piensa en un nombre inventado mirando a las cosas que hay a su alrededor, vimos en el descampado de al lado un palo y un montón de ladrillos. O lo que también podría conocerse como: todo lo necesario para construirte una catapulta para tirar piedras bien alto.

Unas cuantas piedras después y aun con un buen rato de recreo por delante, decidimos dar un paso hacia adelante dadas las circunstancias y pensamos que el suelo era un tipo bastante aburrido por lo que preferimos ser nosotros mismos los que cogieramos las piedras al vuelo (y a estas alturas me imagino que más de uno se empieza a oler como acaba esta historia).

Otras cuantas piedras después y aumentando el tamaño de estas y con ello el nivel de riesgo y subnormalidad por nuestra parte, me encontraba yo dispuesto a coger un ladrillo naranja al vuelo. Voló alto, tanto como para que a la nube que tapaba el sol le diera por moverse lo justo para que este me cegara dejándome completamente a merced de un ladrillo que se estampaba sin piedad contra mi boca. Creo que hay una regla implicita en los chavales a cierta edad y esta es: Si hay sangre... no te rías. Supuso un alivio sangrar para que lo único que me doliera fuera la boca y no las risas ajenas que, a ciertas edades, duele más que un cuerpo a cuerpo contra Jack Lamotta.

El pasado martes murió mi tía Pilar de cáncer. Inevitablemente, la distancia y el paso de los años mitigan el dolor volviéndose este en contra al lamentar en forma de recuerdos, lo mucho que uno se ha perdido durante todos estos años. Echo la vista atrás y recuerdo una voz dulce, un pelo largo y negro que se sentía libre por cada paso que daba, una artista de vocación que sentía lo que hacía con la devoción que todos deberíamos. Echo la vista atrás y recuerdo, por encima de todas las cosas, una buena persona la cual el simple hecho de tenerla cerca te hacía estar más tránquilo y feliz contigo mismo.

Es curioso que acordarme del golpe de una piedra contra mi boca, me transmita cierta simpatía nostálgica y que el recuerdo de la bondad de mi tía Pilar me de tanta pena y rabia al mismo tiempo.

sábado, enero 24, 2009

Ese primer trago

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Un día en Londres me tocó trabajar sirviendo cervezas en un campo de rugby. Inglaterra, rugby, cerveza... sí, fué un día muy ajetreado. Se acercó un chaval que debía rondar los doce años y me pidió dos pintas. Compungido por no poder haber comprado las cervezas, el niño se fué cabizbajo hasta unos metros más atrás donde le esperaba su padre que, al reencontrarse con él, agitó la mano en la cabeza de su hijo como diciendo: "no te preocupes, lo has hecho muy bien" sin conseguir que el chaval levantara su mirada triste del suelo.

Acto seguido vino el padre hacia mi barra. Una barriga del tamaño de un balón de Nivea se dejaba ver por debajo de la camiseta que le quedaba algo corta. Llegó a la barra. Tragué saliva:

- Two lagers, mate.

Le pongo las dos cervezas y se va normalmente dándole una de esas pintas de medio litro a su hijo que levanta su redonda cabeza rosada mirando a su padre. Casi puedo ver las lágrimas en sus ojos mientras le dedica la mejor de sus sonrisas dando el primer sorbo.


Salgo del flashback que me ha producido esa sensación en mi garganta. Ese primer trago que me hace apretar los ojos. Aún con el vaho en el vaso y los dos dedos de espuma reglamentarios, mi garganta deja de estar seca como un cartón para encontrarse en perfecta armonía consigo misma. Por un momento ningún problema parece demasiado importante. El mundo es un lugar perfecto.
Dios santo, ahora entiendo a ese padre y a ese hijo.

Si me perdonais, voy a meter una cerveza en el congelador.

miércoles, enero 21, 2009

Tacones cercanos

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Ando deprisa a través del parque más con la necesidad de alejarme de mi casa que con la de llegar a algún sitio. A la derecha, por el camino de tierra, aparece una señora que se coloca dos pasos delante de mí lo cual me altera de forma que no acabo a entender del todo. Oigo el traqueteo de sus tacones contra el asfalto que coinciden con los pasos que yo voy dando y mi alteración encuentra su leitmotif. Caigo en la cuenta de que es lo más parecido a llevar zapatos de tacón que me ha ocurrido nunca e intento acelerar mi ya acelerado ritmo para desacompasar los pasos y quitarme de encima esa impertinente sensación.

Abro la puerta de salida del parque con una distancia sobre la señora que me hace pensar muy rápido y en muy poco tiempo sobre si debería sujetarle la puerta amablemente o hacerme el longaniza y seguir mi camino. Mis pensamientos se entremezclan y si bien en el primer momento pienso en seguir, mi decisión final es sujetarle la puerta al notar de nuevo el arrastrar de sus tacones en mis tímpanos. Cierro los ojos ojos con fuerza y sujeto la puerta con la yema de los dedos. A punto de llegar, la puerta se me resbala de los dedos cerrándose esta su cara.

Me disculpo con un "lo siento" afónico que resulta más cercano a la voz de un castrati que a la de un hombre de 24, haciendo de lo ocurrido algo más absurdo aún, y sigo mi camino como si nada hubiera pasado. Empiezo a andar más rapido.

A mi izquierda, tras unas vallas que producen al ritmo de mis pasos un efecto de sol y sombra bastante incómodo, puedo ver como unos niños juegan al baloncesto en lo que debe ser el recreo. Sin dejar de andar veo a uno de ellos botar el balón con una destreza más propia de algún filial que de un niño de un colegio de barrio. Justo en el momento que va a tirar a canasta, un muro aparece de la nada para taparme la visión. Impulsado por el ritmo que me había producido la señora de los tacones, prefiero andar más rapido para pasar el muro y ver si la canasta entra, antes que frenarme y dar marcha atrás. No veo como entra la canasta, pero veo al niño chocando la mano con un compañero. Pienso que es casi mejor haber visto eso.

La señora de los tacones, el muro... mi ritmo empieza a parecerse más a correr que andar rápido. Veo que estoy a dos minutos de llegar a mi destino y decido apretar el ritmo algo más. Empiezo a cansarme cuando por el camino de la izquierda oigo algo que me resulta vagamente familiar.



Es la señora de los zapatos de tacón
. Repaso el recorrido en mi cabeza en busca de rutas alternativas y desisto pensando que tengo que retomar lo de ir a correr.

Llego a mi destino y me encuentro con alguien:

- Que pasa, tío.

Mi voz vuelve a ser la de un hombre.

sábado, enero 17, 2009

Entrada 200: Reeditando

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Me acuerdo que hace unos cuantos años nos juntamos un amigo y yo en su casa para ver un concurso de triples que tenía grabado. Era el concurso del 88 y en la final se enfrentaban Dale Ellis y (como no podía ser de otra forma) Larry Bird. Iban empatados a 15 , Ellis ya había acabado y a Larry Bird tan solo le faltaba el último balón. Cogió ese último balón, se posicionó, miró al aro y en cuanto tiró todo pareció ralentizarse, incluido el corazón de Bird, que nada más despegarse el balón de sus dedos y con este a mitad de camino hacia canasta, levanto el dedo índice hacia el cielo, en señal de “Este va dentro. He ganado”. Y algunos que estuvieran viéndole pensarían, “¡Pero que hace levantando el dedo!¡¡Como la falle y no entre se va a colmar de lo lindo!!” sin embargo, otros más sensatos pensamos algo así como: “Que grande eres, cabrón...”



El triple entró, claro.

Esos dos segundos en los que el balón daba vueltas por el aire hicieron que una tarde aparentemente normal, tuviera un detalle que se me quedaría grabada a fuego en mi cabeza hasta hoy. Yo miré la trayectoria del balón.

Y a veces estás en un grupo amplio de gente en el que rodeado de diferentes conversaciones y al no saber a cual atender, te quedas en tu propio mundo esperando a que alguien te baje de él o simplemente te quedas y te fijas en cosas ajenas a las conversaciones, como si tus pensamientos se transformaran de repente en la voz en off de una película y tus colegas fueran unos figurantes que solo gesticulan. Te fijas en la risa. Observas el movimiento brusco de una primera carcajada y atiendes especialmente al momento en el que esa sonrisa vuelve al estado de seriedad. Miras las manos que sujetan los cigarros y lentamente inclinas la cabeza hacia arriba porque sigues con la mirada la trayectoria del humo. Observas a esa tía y te fijas detenidamente en su vaso de Cointreau (Cuantró). En él hay dos cubos de hielo y una pajita con la que los marea los hielos de un lado para otro. Bebe despacio y no te fijas ni en el vaso ni en la cara de la chica, solo miras la pajita y el subir y bajar del cointreau que se transparenta a través del plástico.

Y entonces, alguien te despierta del letargo con un “Eeeeeh, tronggggo, quetehajjjjquedao en la parra…. Jajajajajaja”. Y trás cagarte en la puta madre de ese alguién te haces uno más en todo ese cúmulo de trayectorias que seguro pasarán inadvertidas a lo largo de toda esa noche y posiblemente también a lo largo de toda tu vida.

Cuando era pequeño, recuerdo que en clase de literatura había un ejercicio en el que te ponían pequeñas historias y había que subrayar en rojo cual era la introducción, en amarillo cual era el nudo y en azul cual era el desenlace.


Quizás hoy subrayaría de azul el nudo.

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Dedicado a Quico.

domingo, enero 11, 2009

Cold as hell

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Enciendo la luz del cuarto de baño decidido, desafiante. Miro hacia el otro extremo de la habitación a un váter blanco confiado, arrogante. Solos él y yo el duelo se presenta en clara desventaja cuando, con la sudadera y la camiseta metidas por dentro del pijama, palpo la calefacción y noto que, efectivamente, sigue apagada y fría como un témpano.

Ese váter. Ese puto váter. Me sonríe, me dice: Mfé... pobre iluso, mientras sigue inalterable a mi sufrimiento. Y bueno sí, podría recubrir la taza de papel higiénico, pero de la más absurda de las formas siento que así sería demasiado fácil. Frunzo el ceño, ando hacía él decidido, desafiante, me bajo los pantalones y todo lo que hay por delante y lanzo un sonoro "Fffffffffffffff" al cielo al apoyar mis posaderas en él.

Groenlandia. Rebuscar entre el congelador del todo a cien para encontrar el flash de lima limón. La calefacción que tengo a mi lado... Por un segundo, mi piel se pone de gallina hasta el último poro y todas mis ideas viajan en un autobús con escarcha destino a Romford.

Ahora... ahora, te vas a cagar - le digo.

Segunda prueba: Ducharse.

Dejo correr el agua durante un par de minutos. Toco la calefacción, pienso en aquello de no malgastar y dejo correr el agua un par de minutos más. El asunto es: La calle está nevada, en mi cuarto de baño no hay calefacción, acabo de sentir Siberia en mi culo ¿y ahora me tengo que despelotar y meterme debajo del agua?

Levanto mi brazo, me huelo el sobaco, me desnudo y entro en la ducha.

No hay agua caliente.

Vuelve a los diez segundos llevándose trás de sí un puñado de lágrimones y otros tantos gritos de nenaza que han salido de mí. Si cuando muera tengo uno de esos flashbacks de mi vida, creo que estos diez segundos van a ser la escena principal.

Salgo de la ducha y pienso que estar en verano delante de una chimenea y cuatro abrigos encima es un mejor plan.

Salgo del baño victorioso, me tomo un té caliente y puedo ver en el reflejo del azucarero, una cara deformada con los labios morados.

Empiezo a sentirme mejor.

jueves, enero 08, 2009

Hannibal

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- Pero ¿has intentado tumbarte y buscar el sueño a oscuras? Seguro que así es más fácil que perdiendo el tiempo delante del ordenador - me preguntan

Si respondiera a esta pregunta que NO, todo el coñazo que me gasto con el tema de haber perdido el control de los biorritmos por completo, sería absurdo.

Creo que hay un momento decisivo en el que el rato que paso en la cama pensando historias, reconstruyendo mis días, haciendo conjeturas... se corta para buscar el sueño de alguna otra forma. A veces es a los quince minutos, otras quizá a la hora y media, el caso es que en el momento en el que me rindo coincide con el momento en el que escucho mi armario crujir de la nada. Antes o después, sin saber muy bien a qué responde, ocurre.

Ese puto sonido...

Cuando uno esta a oscuras en la habitación a punto de dormir, el silencio sepulcral se mezcla con el despertar de los sentidos. No hay más que ponerse la música que habías llevado a la calle en los cascos y luego comparar el volumen a oscuras en la cama.

Ese puto susto...

Y empiezas a oir el frotar de tus pies por el frío, el palpitar del corazón contra la almohada, la respiración entrecortada por momentos, el crujir del armario...



Creo que tengo un plan...

viernes, enero 02, 2009

Tu deuda conmigo

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Bien entrada la madrugada, una cama con buen aspecto parece reclamarme. Lo que otras veces es el mejor de los planes, hoy es un reto. Apago el ordenador, apago la luz, me tumbo y al poco rato, en el fondo de la oscuridad, puedo ver dando vueltas cabezas de gente sobre un fondo negro dándome consejos con distintas voces todas distorsionadas por un desagrable eco:

- Tienes que levantarte un día muy temprano, dormir dos horas si es necesario...

- Vete a correr, haz ejercicio...

- Échate novia, hazte una paja...

- Dormidina, valeriana...


Mi corazón se acelera e intento evadirme agitando la cabeza y pensando en los Lunnis. No funciona. Enciendo la lámpara que tengo encima de mi cabeza y me quedo durante dos minutos mirando al techo con la respiración entrecortada y con una gota de sudor que se desliza de mi sién a la almohada.

Me levanto y voy a la cocina a por algo de comer. Por el camino veo a mi madre durmiendo en el sofá del salón con la pantalla de su portatil a escasos centímetros de su cara del que sale una melodía de alegría y pandereta que despierta mi curiosidad. Me asomo y veo a Lina Morgan con cara de Lina Morgan sobre unas letras que dicen: Hostal Royal Manzanares. Miro a mi madre durmiendo como un bebé, sonrío y voy a por ese tazón de cereales.

Nada más entrar me encuentro a mi perro arrinconado en una esquina durmiendo sin que la luz que acabo de encender le altere. Lleno un bol de cereales hasta que desbordan, pongo la radio, hago cosas. Rey sigue dormido.

A punto de entrar de nuevo en mi habitación, caigo en la cuenta que por el hueco de debajo de la puerta de la habitación de mi hermana, sale la luz de su tele. Ha vuelto ocurrir. Entro a apagarla y veo que mi hermana me mira fijamente, se incorpora sin dejar de mirarme, me dice algo completamente ininteligible y se vuelvo a dormir haciendo antes una especie de gruñido.

- Puta loca - vuelvo a sonreir

Con un pie fuera de la habitación de mi hermana, la tele ya apgada hace que la casa quede en silencio a excepción de los ronquidos que de la habitación de mi padre salen. Pensando esto veo salir a mi hermano Alex de su habitación con traje y cara de mala ostia.

- ¿Vas a trabajar?
- Jmmmm

Me parece una respuesta más que justa.

Vuelvo a mi habitación, enciendo la luz y vuelvo a ver a mi cama.

Empieza la segunda parte.