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Imagina un ceño fruncido, unas mejillas arrugadas, una facción comprimida. Imagina que consigues empatizar tanto con algo que lees, que lo sientes más real que si te pasara de verdad. Imagina que, yendo en el metro, ves la cara de un tío con barba al que le sobra mucha pierna en el asiento, levantar la mirada del libro que leía para arrugar la cara al máximo y lanzar un suspiro de dolor al techo:
En los años cincuenta, una de las marcas más importantes de aspiradoras probó una pequeña mejora en su diseño. Añadió una helice, unas aspas afiladas como cuchillas acopladas a unos cuantos centímetros en el interior de una manguera de la aspiradora. El aire al entrar hacía girar la hélice y la cuchilla cortaba todas las hilachas, cordeles o pelos de animales domésticos que pudieran obturar la manguera.
Al menos ese era el plan.
Lo que pasó es que muchos de estos hombres acabaron en la sala de urgencia del hospital con la polla destrozada.
Y levantando la mirada del libro, arrugé la cara al máximo y lanzé un grito de dolor al techo.
Al menos ese era el mito.
Y seguí leyendo ese libro que me atrapó desde la primera página. Uno de esos libros que me hacían atender no a las paradas que quedaban para llegar, sino a las paradas que quedaban para dejar de leer. "Asfixia" de Chuck Palahnuik, recomendadísimo.
Un asiento libre a mi lado hacía preguntarme quien se sentaría allí. La respuesta llegó pronto cuando una obesa con gabardina que se caricaturizaba a sí misma, se acercaba a camara lenta y se sentaba a mi lado desbordando uno de sus enormes muslos encima del mío por el cual dejaría de correr la sangre en pocos segundos.
Llevaba en sus manos una bolsa de patatas fritas artesanales dentro de una bolsa de plástico que a su vez iban dentro de una bolsa de cartón. Masticaba con la boca abierta; lo sabía el que estaba enfrente suyo, lo sabía yo y lo sabía hasta el conductor del metro. Sus dedos se volvían brillantes por momentos por la grasa de las patatas, y relamérselos no hacía más que volverlos más y más brillantes. Unas seis paradas después y con mi pierna engangrenada, no había sino leído dos párrafos. La capacidad de atención cuando oyes el crujir de unas patatas fritas a pocos centímetros de tu cara, las cuales provienen de unos dedos grasientos, los cuales provienen de una pierna que te aplasta, se dividen entre... yo que sé, entre mucho.
Entonces se levantaba respirando fuerte, otra vez a cámara lenta, y haciéndome suspirar salía por la puerta entrando en su lugar una rubia de uno ochenta que llamó la atención de todo el vagón y que, contagiada por la cámara lenta de la obesa que acababa de salir, agitaba el pelo contra el viento haciendo de aquella escena un... Ah no, ah no, ah no, perdón! En lugar de la obesa entro otra obesa, mucho más obesa.
La camara lenta, eso sí, seguía ahí impasible para el destinatario del asiento que iba a estar a mi lado.
Tranquila, tranquila. Ya no queda nada - le decía a mi pierna agitándola y dándole puñetazos para que despertara.
Y como si coger un sitio fuera la última cosa que iba a hacer antes de morir - casi la podías sentir buscando un asiento incluso olfateando en el aire - vino corriendo hacia el asiento contiguo balanceando sus enormes tetas y restregando su culo contra mi cara para coger el periódico gratuito que había en el suelo. Todo a cámara lenta. Si las piernas pudieran llorar la mía se habría ahogado en lágrimas.
Callao.
Llegué casi a la pata coja habiendo leído poco, o mejor dicho, habiendo leído muchas veces los mismos párrafos sin alcanzar a atender que cojones decían.
Llego a Moncloa y cojo un autobús que alcanzo corriendo alégrandome por saber que mi pierna se había recuperado del incidente del metro. Me siento en uno de asientos de minusválidos y pienso que al menos en ese asiento, mis piernas no sufrirían otra asfixia ya que el asiendo de al lado estaba a una distancia relativamente lejana.
De puta madre - pensaba mientras estiraba las piernas y casi con ganas de ponerme las manos en la nuca mientras lo hacía.
Entonces, en el aire, lo volví a sentir. Se palpaba. Oh mierda, otra vez élla: la puta cámara lenta.
Las puertas se habían casi cerrado cuando se volvieron a abrir para dejar paso a un hombre que había llegado a duras penas, corriendo con un paraguas en la mano y gritando: ESPEREEE, ESPEREEEE.
Su peso debía rondar los 150 kilos.
Una gota de sudor cayó por mi frente y el corazón me latía como si acabara de correr la clásica de Alcobendas. Miré a mi alrededor y, efectivamente, no había más sitios que aquel que estaba a mi lado.
Mis piernas temblaban. El hombre se acercaba con el autobús aun parado.
Llevaba una camisa de cuadros metida por dentro de su pantalón marrón que sobrepasaba de largo su ombligo y, en mi cabeza, tenía la sensación de que había olvidado en su casa un cinturón hecho exclusivamente con un cordel desilachado color marrón claro.
Ya en linea con el asiento de mi lado y notando en sí mismo la inestabilidad más absoluta, arrancó el autobús. O lo que en inglés lo expresaría como un:
You have to be kidding me!
150 kilos de persona humana caían encima de mis dos piernas y esta vez las que tenían ganas de llorar no eran ellas, sino yo en todo mi ser y en todas mis circunstancias.
- Perdona - dijo
- Nn... nnnna, NADA - respondí
Después tres clases y un camión de donantes de sangre al que accedí antes de irme a casa. Ya sabes (CODAZO CODAZO) - Por el boggaata y la goagola, Jujujuju.
Mi sufrimiento acaba en casa cuando de un tirón arranco el trozo de esparadrapo que el enfermero ha tenido a bien ponerme alrededor del brazo, dejándome de esta forma una simpática marca de no pelo en donde antes había pegamento.
- No es mucho esparadrapo?
- Bueeeeeeno, Buéeehjjjjjjggggg! Esto con un poco de agua caliente ni lo notas.
Qué hijo de puta.
miércoles, octubre 29, 2008
martes, octubre 21, 2008
Qué-te-cuentas
___________________________________________________________
Llego acelerado al cuarto de baño de la facultad. Paso de largo sin mirarme en ese espejo de dos metros de ancho y, de los doce meaderos, elijo el de siempre. Un día leí en uno de ellos escrito con Edding: AQUÍ SOLO MEA MARIO. Tantos años entre esas paredes y jamás había empatizado tanto con nadie.
Polla en mano y con la frente sujetando las baldosas de la pared, resoplé. Por sueño, por asco, por ambas cosas. Resoplé haciendo una pedorreta que sonó bastante.
Si ni siquiera me apetecía hacer las cosas que me gustaban, ir a clase me parecía una idea horrible. Pensaba en ello mientras meaba. En qué cojones le pasaba a mi estómago para hacerse un nudo cada vez que apoyaba la cabeza en la almohada. En dinero - en su escasez en concreto- En por qué tenía esa sensación de que todo lo que no es la ostia, es una mierda. No hay término medio y ya de paso también, y con la polla aun en mi mano y las rayas de la pared marcándose en mi frente, recordaba como al salir del metro de Moncloa, una chica atractiva con un chaleco verde y una carpeta en su mano, hacía la diagonal necesaria para alcanzarme a pesar de llevar en mis orejas unos cascos más grandes que mi propio discman. Eso es: MUY GRANDES. Sin oirle lo más mínimo y siguiendo mi camino le lancé una amable sonrisa mientras negaba con la cabeza. Not enough me temo y es que, a pesar de ello, la chica seguía diciéndome yo qué sé qué cósa. Y mientras seguía andando me pregunté si su insistencia se debía a algo personal asi que dejé entrever uno de mis oídos:
- Perdona, ¿qué?
- ¿¿¿CONOCES INTERMON???
- Ahh emmm. No, no, lo sie...
Y sin terminar de disculparme como una muletilla mas que otra cosa, una voz al otro lado gritaba:
- Uohhhhh!! Uooooh!!
Por el lado de la música, escuchaba a una china gritarme cuando sentía que debajo de mis pies, estaba desmontando un chiringuito de calcetines a pisotones. Agitado y moviendo la cabeza nervioso dije:
- Lo siento - a la china
- No gracias - a la chica
- Me cago en mi vida - a mi mismo
En un segundo estás sumergido en la música andando por cualquier sitio y dos segundos más tarde una chica con un chaleco verde te persigue preguntándote si conoces no se que pollas, una china al otro lado te grita algo que oyes a duras penas y en tus pies tienes una manta enredada con un puñado de calcetines desperdigados.
Volviendo a lo que me traía entre manos, me sacudí, pulse el botón plateado con fuerza y volví a clase con una cruz roja marcada en mi piel y pensando que era viernes y que, en principio, no me importaba una mierda que así fuera.
Llego acelerado al cuarto de baño de la facultad. Paso de largo sin mirarme en ese espejo de dos metros de ancho y, de los doce meaderos, elijo el de siempre. Un día leí en uno de ellos escrito con Edding: AQUÍ SOLO MEA MARIO. Tantos años entre esas paredes y jamás había empatizado tanto con nadie.
Polla en mano y con la frente sujetando las baldosas de la pared, resoplé. Por sueño, por asco, por ambas cosas. Resoplé haciendo una pedorreta que sonó bastante.
Si ni siquiera me apetecía hacer las cosas que me gustaban, ir a clase me parecía una idea horrible. Pensaba en ello mientras meaba. En qué cojones le pasaba a mi estómago para hacerse un nudo cada vez que apoyaba la cabeza en la almohada. En dinero - en su escasez en concreto- En por qué tenía esa sensación de que todo lo que no es la ostia, es una mierda. No hay término medio y ya de paso también, y con la polla aun en mi mano y las rayas de la pared marcándose en mi frente, recordaba como al salir del metro de Moncloa, una chica atractiva con un chaleco verde y una carpeta en su mano, hacía la diagonal necesaria para alcanzarme a pesar de llevar en mis orejas unos cascos más grandes que mi propio discman. Eso es: MUY GRANDES. Sin oirle lo más mínimo y siguiendo mi camino le lancé una amable sonrisa mientras negaba con la cabeza. Not enough me temo y es que, a pesar de ello, la chica seguía diciéndome yo qué sé qué cósa. Y mientras seguía andando me pregunté si su insistencia se debía a algo personal asi que dejé entrever uno de mis oídos:
- Perdona, ¿qué?
- ¿¿¿CONOCES INTERMON???
- Ahh emmm. No, no, lo sie...
Y sin terminar de disculparme como una muletilla mas que otra cosa, una voz al otro lado gritaba:
- Uohhhhh!! Uooooh!!
Por el lado de la música, escuchaba a una china gritarme cuando sentía que debajo de mis pies, estaba desmontando un chiringuito de calcetines a pisotones. Agitado y moviendo la cabeza nervioso dije:
- Lo siento - a la china
- No gracias - a la chica
- Me cago en mi vida - a mi mismo
En un segundo estás sumergido en la música andando por cualquier sitio y dos segundos más tarde una chica con un chaleco verde te persigue preguntándote si conoces no se que pollas, una china al otro lado te grita algo que oyes a duras penas y en tus pies tienes una manta enredada con un puñado de calcetines desperdigados.
Volviendo a lo que me traía entre manos, me sacudí, pulse el botón plateado con fuerza y volví a clase con una cruz roja marcada en mi piel y pensando que era viernes y que, en principio, no me importaba una mierda que así fuera.
domingo, octubre 12, 2008
Take the night off
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Me lavo los dientes con fuerza delante del espejo, escupo la pasta que iba llenando mis mofletes y descubro que quizá la fuerza ha sido excesiva al ver el contraste del blanco de la pasta con el rojo de una mancha de sangre. Me enjuago, hago gargaras y escupo volviendo a ver un rastro de sangre esta vez más débil y difuminado con un tono amarillo baboso. Le lanzo la sonrisa más fea jamás imaginada al espejo para descubrir donde he hecho la herida. Pura curiosidad me temo y es que, en un momento de lucidez pienso que echar mercromina a la encía no es la mejor de la ideas. Mercromina... oh joder. Jugar a las chapas, hacer gamberradas, subirle la falda a las niñas en el colegio. Llevar mercromina parece restringido a la población infantil que se ha hecho una herida en la rodilla jugando al futbol y que, por supuesto, ha hecho un agujero del tamaño de un Mickey Mouse celeste estampado en el más feo de los parches del mercadillo, en su pantalón de chándal.
Vaya con los dientes de abajo si los tengo descolocaos. Gondios.- le decía al espejo mientras me miraba Rey esperando ansioso sabiendo que es lo que tocaba.
Es medianoche y me encuentro sacando a Rey cerca de mi casa. No llueve pero en el aire, entre la niebla, se notan unas pequeñas gotas de humedad. De una forma extraña por el sitio en el que me encuentro, huele a una leña mojada que hace lo posible por intentar arder. Si el frío fuera un olor, sería ese. Miro a Rey y pienso que se la suda si hace frío, calor, nieve o lluvía de penes que vuelan. Él sigue oliendo sus plantas como si fuera la última cosa que va a hacer en el mundo. Y ahí me encuentro yo, con las manos en los bolsillos, mirando a mi perro envidiándole como me ocurre a veces, cuando le veo flexionar las patas traseras.
Hijo puta - digo mientras cojo una bolsa negra que tengo en el bolsillo.
Se aparta mi perro de su generoso regalo de forma pausada, me agacho a recogerlo y entonces, a dos pasos de allí, le veo flexionar las patas traseras.
Hiiiiiijo de puuuuta - digo mientras le hago el nudo a la primera bolsa negra de la que cuelga una generosa mierda de labrador.
Conozco a mi perro y se que estas cosas pueden pasar, así pues, antes de sacarle de casa siempre echo mano a un puñado de bolsas negras por lo que pueda ocurrir y que, cojones, a veces ocurre. Era esa una de aquellas veces. Termina la labor y abro una segunda bolsa para recoger otro de sus greatest hits. Cambio la primera bolsa de mano compartiendo espacio con la correa que sujeta a Rey, recogiendo con la segunda bolsa, la segunda mierda. En mi cabeza suena la cabalgata de las valquirias de Wagner. No es que me sienta un héroe, es que lo soy.
Es entonces cuando al levantarme y tras el crujir de una de mis rodillas, veo al fondo en el cielo, una luna llena grande como hacía tiempo que no lo había visto. Miro a la luna embobado como pensando en mil cosas y en ninguna a la vez.
Puoooooggggg
Un bofetada de descomposición me inunda hasta el pecho haciendo que me lloren los ojos y sacándome de una forma repentina y nada sutil, de aquel momento de gloria en el que me encontraba quizás pensando en una aparato con casco y olor a aliento, quizás haciéndolo en un viaje a algun pequeño pueblo de Islandia de dificil pronunciación o quizás pensando en como alguien llamado Ramón, en algún lugar del mundo en ese momento, está metiéndole sus 27 centimetros de mandoble cubano a una joven rubia de plástico y es pagado por ello, mientras yo sostengo dos mierdas que acabo de recoger del suelo por las que no voy a recibir ni un gracias. Fuera lo que fuera, y de una manera un tanto rara, estaba en la gloria más profunda.
Entonces, me limité a tirar las dos bolsas a la basura y respirar profundamente queriendo volver a oler el frío como si no hubiera pasado nada.
Es Sábado por la noche, estoy en casa y llueve de cojones.
Me lavo los dientes con fuerza delante del espejo, escupo la pasta que iba llenando mis mofletes y descubro que quizá la fuerza ha sido excesiva al ver el contraste del blanco de la pasta con el rojo de una mancha de sangre. Me enjuago, hago gargaras y escupo volviendo a ver un rastro de sangre esta vez más débil y difuminado con un tono amarillo baboso. Le lanzo la sonrisa más fea jamás imaginada al espejo para descubrir donde he hecho la herida. Pura curiosidad me temo y es que, en un momento de lucidez pienso que echar mercromina a la encía no es la mejor de la ideas. Mercromina... oh joder. Jugar a las chapas, hacer gamberradas, subirle la falda a las niñas en el colegio. Llevar mercromina parece restringido a la población infantil que se ha hecho una herida en la rodilla jugando al futbol y que, por supuesto, ha hecho un agujero del tamaño de un Mickey Mouse celeste estampado en el más feo de los parches del mercadillo, en su pantalón de chándal.
Vaya con los dientes de abajo si los tengo descolocaos. Gondios.- le decía al espejo mientras me miraba Rey esperando ansioso sabiendo que es lo que tocaba.
Es medianoche y me encuentro sacando a Rey cerca de mi casa. No llueve pero en el aire, entre la niebla, se notan unas pequeñas gotas de humedad. De una forma extraña por el sitio en el que me encuentro, huele a una leña mojada que hace lo posible por intentar arder. Si el frío fuera un olor, sería ese. Miro a Rey y pienso que se la suda si hace frío, calor, nieve o lluvía de penes que vuelan. Él sigue oliendo sus plantas como si fuera la última cosa que va a hacer en el mundo. Y ahí me encuentro yo, con las manos en los bolsillos, mirando a mi perro envidiándole como me ocurre a veces, cuando le veo flexionar las patas traseras.
Hijo puta - digo mientras cojo una bolsa negra que tengo en el bolsillo.
Se aparta mi perro de su generoso regalo de forma pausada, me agacho a recogerlo y entonces, a dos pasos de allí, le veo flexionar las patas traseras.
Hiiiiiijo de puuuuta - digo mientras le hago el nudo a la primera bolsa negra de la que cuelga una generosa mierda de labrador.
Conozco a mi perro y se que estas cosas pueden pasar, así pues, antes de sacarle de casa siempre echo mano a un puñado de bolsas negras por lo que pueda ocurrir y que, cojones, a veces ocurre. Era esa una de aquellas veces. Termina la labor y abro una segunda bolsa para recoger otro de sus greatest hits. Cambio la primera bolsa de mano compartiendo espacio con la correa que sujeta a Rey, recogiendo con la segunda bolsa, la segunda mierda. En mi cabeza suena la cabalgata de las valquirias de Wagner. No es que me sienta un héroe, es que lo soy.
Es entonces cuando al levantarme y tras el crujir de una de mis rodillas, veo al fondo en el cielo, una luna llena grande como hacía tiempo que no lo había visto. Miro a la luna embobado como pensando en mil cosas y en ninguna a la vez.
Puoooooggggg
Un bofetada de descomposición me inunda hasta el pecho haciendo que me lloren los ojos y sacándome de una forma repentina y nada sutil, de aquel momento de gloria en el que me encontraba quizás pensando en una aparato con casco y olor a aliento, quizás haciéndolo en un viaje a algun pequeño pueblo de Islandia de dificil pronunciación o quizás pensando en como alguien llamado Ramón, en algún lugar del mundo en ese momento, está metiéndole sus 27 centimetros de mandoble cubano a una joven rubia de plástico y es pagado por ello, mientras yo sostengo dos mierdas que acabo de recoger del suelo por las que no voy a recibir ni un gracias. Fuera lo que fuera, y de una manera un tanto rara, estaba en la gloria más profunda.
Entonces, me limité a tirar las dos bolsas a la basura y respirar profundamente queriendo volver a oler el frío como si no hubiera pasado nada.
Es Sábado por la noche, estoy en casa y llueve de cojones.
miércoles, octubre 08, 2008
DANDRiUFFn
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A veces, cuando veo de refilón la rueda de prensa de algún jugador de fútbol por la tele, hago apuestas conmigo mismo para ver cuanto tardará en soltar algún tópico de futbolista de los cojones. Lo cierto es que rara es la vez que me da tiempo a poner el contador, antes de que el propio futbolista suelte una lindeza:
- No bueno, lo importante no son mis diecisiete goles, lo importante es que nos hemos llevado los tres puntos
- No bueno, no me importa haber marcado diecisiete goles, ya que no nos hemos conseguido llevar los tres puntos.
- No bueno, lo importante no es que haya parado diecisete penaltis, lo importante es que...
- El 8 a 1 al Barça es pasado, ahora tenemos que pensar en el siguiente partido contra el Gimnastic.
- Los arbitros son humanos y tienen derecho a equivocarse.
- El arbitro nos ha jodido.
Y con la música pasa igual. Hay tópicos, uno en concreto que, en la mayoría de las ocasiones, no me ha parecido mas que una excusa para que dejes los cuartos en el concierto ya que el disco en concreto, no vale una mierda.
Bueno, este grupo cuando de verdad es bueno es en directo.
Y me sorprendo a mi mismo pensando eso mismo de Caspian, grupo al que he tenido la suerte de ver esta noche.

Y como expectativa tenía un disco al que ya le había prestado bastante atención y que, aunque bueno, no destacaba en exceso. Asi pues, con antecedentes de haber visto a otros grupos del género subidos encima de un escenario y tocando como si estuvieran sedados hasta las orejas, el concierto no hacia mas que crearme un gran escepticismo. POLLA GORDA PA MI.
Salían al escenario un grupo que por las pintas parecían más de grindcore que de post rock. Tres guitarristas, un bajista y un bateria (sin timbales), eran más que suficiente para llenar el escenario de Ritmo y Compás como si estuvieran tocando allí cuatro grupos al mismo tiempo. Y de repente, me veía con una cerveza en la mano durante canciones enteras sin animarme a beber porque me olvidaba que estaba allí el mini, movía la cabeza sin poder evitarlo, como queriendo de esta forma estar presente en cada una de sus canciones. Me preguntaba: ¿Cómo es posible que esta gente esté tocando en un Ritmo y Compás medio vacío, en lugar de hacerlo en el Palacio de los Deportes a reventar?. Pelos de punta. Y si las notas de música que allí sonaban fueran una persona, me la follaría encima del escenario mientras sigue sonando esa misma canción...
Entonces, con mi cabeza a mil por hora pensando en todo eso, acaban de tocar una canción, y van y lo sueltan:
Gracias.
He.
¿¿GRACIAS??
¡Gracias a tí!. Joder... si tengo ganas de abrazarte!. Es como si me la chuparan y acto seguido me lo agradecieran.
En fin, que qué jodido conciertazo, que asi da gusto gastarse el dinero y que me voy a dormir que ya va siendo hora.
A veces, cuando veo de refilón la rueda de prensa de algún jugador de fútbol por la tele, hago apuestas conmigo mismo para ver cuanto tardará en soltar algún tópico de futbolista de los cojones. Lo cierto es que rara es la vez que me da tiempo a poner el contador, antes de que el propio futbolista suelte una lindeza:
- No bueno, lo importante no son mis diecisiete goles, lo importante es que nos hemos llevado los tres puntos
- No bueno, no me importa haber marcado diecisiete goles, ya que no nos hemos conseguido llevar los tres puntos.
- No bueno, lo importante no es que haya parado diecisete penaltis, lo importante es que...
- El 8 a 1 al Barça es pasado, ahora tenemos que pensar en el siguiente partido contra el Gimnastic.
- Los arbitros son humanos y tienen derecho a equivocarse.
- El arbitro nos ha jodido.
Y con la música pasa igual. Hay tópicos, uno en concreto que, en la mayoría de las ocasiones, no me ha parecido mas que una excusa para que dejes los cuartos en el concierto ya que el disco en concreto, no vale una mierda.
Bueno, este grupo cuando de verdad es bueno es en directo.
Y me sorprendo a mi mismo pensando eso mismo de Caspian, grupo al que he tenido la suerte de ver esta noche.

Y como expectativa tenía un disco al que ya le había prestado bastante atención y que, aunque bueno, no destacaba en exceso. Asi pues, con antecedentes de haber visto a otros grupos del género subidos encima de un escenario y tocando como si estuvieran sedados hasta las orejas, el concierto no hacia mas que crearme un gran escepticismo. POLLA GORDA PA MI.
Salían al escenario un grupo que por las pintas parecían más de grindcore que de post rock. Tres guitarristas, un bajista y un bateria (sin timbales), eran más que suficiente para llenar el escenario de Ritmo y Compás como si estuvieran tocando allí cuatro grupos al mismo tiempo. Y de repente, me veía con una cerveza en la mano durante canciones enteras sin animarme a beber porque me olvidaba que estaba allí el mini, movía la cabeza sin poder evitarlo, como queriendo de esta forma estar presente en cada una de sus canciones. Me preguntaba: ¿Cómo es posible que esta gente esté tocando en un Ritmo y Compás medio vacío, en lugar de hacerlo en el Palacio de los Deportes a reventar?. Pelos de punta. Y si las notas de música que allí sonaban fueran una persona, me la follaría encima del escenario mientras sigue sonando esa misma canción...
Entonces, con mi cabeza a mil por hora pensando en todo eso, acaban de tocar una canción, y van y lo sueltan:
Gracias.
He.
¿¿GRACIAS??
¡Gracias a tí!. Joder... si tengo ganas de abrazarte!. Es como si me la chuparan y acto seguido me lo agradecieran.
En fin, que qué jodido conciertazo, que asi da gusto gastarse el dinero y que me voy a dormir que ya va siendo hora.
viernes, octubre 03, 2008
Curro es mariquita
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Llego a casa a la una y media, muy cansado, con el culo como un tablero de ajedrez y las primeras palabras que oigo son las siguientes de mi, sacada de la cama con cara de sueño, hermana:
- Mañana te tienes que levantar a las ocho para sacar a Rey.
- Noooo, noooo...
- Yo trabajo, Alejandro tambíén. Tienes que hacerlo.
- Noooo, noooo... - pienso. Pffffffffjjj - digo.
Miriam, joooodeeeer, que somos hermanos, que somos mellizos, ME-LLI-ZOS. Mi mundo se derrumbaba. Un escupitajo verde al ojo me hubiera sentado mejor.
Las ocho de la mañana y suena el despertador. Y lo apago.
Y me cago en dios.
El plan estaba claro, sacar a Rey alarmándome lo menos posible. Moviéndome poco. Asi pues, con la misma camiseta del pijama, los pantalones del día anterior, sin calcetines y con los ojos semicerrados intencionadamente detrás de las gafas, paseaba a Rey mientras se comía el cesped y jugaba con otra perra sin que de mi boca fuera capaz de salir el mínimo reproche.
Volví entonces a dormir y lo conseguí tras quince minutos de nerviosismo en la cama.
Día siguiente, mismo plan, distinto desenlace. Tras un rato largo dando vueltas en la cama sin conseguir volver a dormir y desvelándome por minutos, decidí tumbarme en el sofá del salón a ver si algún canal de la tele me amodorraba. No encuentro el mando y dejo lo que estaba por no levantarme a buscarlo. Es Telemadrid y Ely del Valle está acabando una entrevista con Jose María Fidalgo - hombre de voz grave y campechana-. Tras hacerlo, se despide con una frase: Buenos días y aprovechenlo, que no ha hecho más que comenzar.
Ely del Valle me hacía meditar.
Dos horas y media después estaba poniéndome las zapatillas de baloncesto para irme a correr al parque de las Naciones.

Si me buscas en Google te saldrá
Usted quiso decir: Ley del valle.
Bueno, vale, no solo fue ella el mérito. El remordimiento por no mover un músculo desde hace meses y empezar a ponerme más fanegas de lo debido también estabá ahí.
Sin bolsillo en mis pantalones cortos, ni tampoco en la camiseta, no me quedaba otra que llevarme una sudadera. Necesitaba llevar algo con lo que medir el tiempo que llevaba corriendo, a falta de cronómetros en la muñeca el móvil era el elegido. Y ya está? No joder, las llaves.
Tras diez minutos andando llegaba al parque de las naciones donde ya podría hacer el paripé. Dos pasos y me di cuenta que las llaves no podían ir en los bolsillos. Suficiente iba a tener con mi respiración de perro para encima llevar un árbol de Navidad en mi sudadera. No quedaba otra que llevarlas en la mano. Bien.
Siempre he sentido un gran respeto por la gente que hace footing. En Londres los veía por todos lados y, de verdad, les admiraba. Era algo así como: Tío, estás corriendo sin un motivo evidente como perder el autobús o que te esté cayendo un cahaparrón de cojones, sin que nadie te obligue... ¡lo haces por tu salud!. Es como si comer verdura cansara.
Y ahí estaba yo, dando las primeras zancadas, admirándome y alentándome en como el ritmo que llevaba no solo me hacía adelantar a los jubilados que habían salido a pasear esa mañana, sino también algunos jubilados que habían salido a correr esa mañana. No podía evitar aumentar un poco el ritmo cuando me cruzaba con algún otro corredor como diciendo: eh! que no voy tan lento como creías!, mientras le miraba de arriba abajo para ver donde cojones había guardado él las llaves. Y entonces tras un rato largo corriendo sin rumbo y con mi respiración empezando a acelerarse, miré a mi crono con la esperanza de llevar cerca de... ¿15 minutos?

CUATRO MINUTOS.
¿¿¿Cómo??? Ostia puta. Vale, calma. Aun no estás cansado, simplemente estabas testeando que tal ibas. ¿Decepción? Bueeno, mientras lo meditas sigue pasando el tiempo. DESPACIO, pero sigue pasando. Y mira ese viejete... seguro que lleva tres cuartos de hora corriendo. Y mira ese otro, seguro que lleva mas de dos horas dándole con la vara al olivo para coger alguna aceituna. ¿Es que vas a ser tu menos?.
Y con el espiritú de un entrenador de baloncesto de high school metido en mis venas, aumentaba el ritmo mientras notaba como se me caían los mocos, caía en la cuenta de que no había estirado un puto músculo antes de empezar y sentía como el puño cerrado que guardaba las llaves se iban fusionando con estas a través de un sudor oxidado del que ni mil duchas me iban a liberar jamás.
Y habiendo llegando al final del parque y ya volviendo, me di cuenta que las consecuencias de haber corrido sin un rumbo fijo se estaban pagando. Me había perdido. No sabía como cojones llegar a la salida, seguía corriendo al lado de un campo de golf, cagándome en la puta, en Ely del Valle y en el pijerio de los golfistas que, oh!, por no cansarse, recorren el campo en un cochecito.
No puedo más, no puedo más... no puedo m... y me paraba. Miré el cronometro marcaba 25 minutos. Andando fue más facil orientarme y encontrar la salida fue cuestión de segundos. Mientras lo hacía podía notar los dedos apuntándome de los corredores que pasaban al lado mía, de los ciclistas y también de los obreros y los golfistas. Había perdido la partida, pero joder... LA HABÍA JUGADO.
Llegando a casa arrastrando los pies como hacía tiempo, me quité la camiseta y tiré ese trapo mojado al cesto de la ropa sucia contento por hacerlo porque apestara a sudor, y no a humo de tabaco que ni siquiera era mio.
Gracias Ely. Mañana repito.
Llego a casa a la una y media, muy cansado, con el culo como un tablero de ajedrez y las primeras palabras que oigo son las siguientes de mi, sacada de la cama con cara de sueño, hermana:
- Mañana te tienes que levantar a las ocho para sacar a Rey.
- Noooo, noooo...
- Yo trabajo, Alejandro tambíén. Tienes que hacerlo.
- Noooo, noooo... - pienso. Pffffffffjjj - digo.
Miriam, joooodeeeer, que somos hermanos, que somos mellizos, ME-LLI-ZOS. Mi mundo se derrumbaba. Un escupitajo verde al ojo me hubiera sentado mejor.
Las ocho de la mañana y suena el despertador. Y lo apago.
Y me cago en dios.
El plan estaba claro, sacar a Rey alarmándome lo menos posible. Moviéndome poco. Asi pues, con la misma camiseta del pijama, los pantalones del día anterior, sin calcetines y con los ojos semicerrados intencionadamente detrás de las gafas, paseaba a Rey mientras se comía el cesped y jugaba con otra perra sin que de mi boca fuera capaz de salir el mínimo reproche.
Volví entonces a dormir y lo conseguí tras quince minutos de nerviosismo en la cama.
Día siguiente, mismo plan, distinto desenlace. Tras un rato largo dando vueltas en la cama sin conseguir volver a dormir y desvelándome por minutos, decidí tumbarme en el sofá del salón a ver si algún canal de la tele me amodorraba. No encuentro el mando y dejo lo que estaba por no levantarme a buscarlo. Es Telemadrid y Ely del Valle está acabando una entrevista con Jose María Fidalgo - hombre de voz grave y campechana-. Tras hacerlo, se despide con una frase: Buenos días y aprovechenlo, que no ha hecho más que comenzar.
Ely del Valle me hacía meditar.
Dos horas y media después estaba poniéndome las zapatillas de baloncesto para irme a correr al parque de las Naciones.

Si me buscas en Google te saldrá
Usted quiso decir: Ley del valle.
Bueno, vale, no solo fue ella el mérito. El remordimiento por no mover un músculo desde hace meses y empezar a ponerme más fanegas de lo debido también estabá ahí.
Sin bolsillo en mis pantalones cortos, ni tampoco en la camiseta, no me quedaba otra que llevarme una sudadera. Necesitaba llevar algo con lo que medir el tiempo que llevaba corriendo, a falta de cronómetros en la muñeca el móvil era el elegido. Y ya está? No joder, las llaves.
Tras diez minutos andando llegaba al parque de las naciones donde ya podría hacer el paripé. Dos pasos y me di cuenta que las llaves no podían ir en los bolsillos. Suficiente iba a tener con mi respiración de perro para encima llevar un árbol de Navidad en mi sudadera. No quedaba otra que llevarlas en la mano. Bien.
Siempre he sentido un gran respeto por la gente que hace footing. En Londres los veía por todos lados y, de verdad, les admiraba. Era algo así como: Tío, estás corriendo sin un motivo evidente como perder el autobús o que te esté cayendo un cahaparrón de cojones, sin que nadie te obligue... ¡lo haces por tu salud!. Es como si comer verdura cansara.
Y ahí estaba yo, dando las primeras zancadas, admirándome y alentándome en como el ritmo que llevaba no solo me hacía adelantar a los jubilados que habían salido a pasear esa mañana, sino también algunos jubilados que habían salido a correr esa mañana. No podía evitar aumentar un poco el ritmo cuando me cruzaba con algún otro corredor como diciendo: eh! que no voy tan lento como creías!, mientras le miraba de arriba abajo para ver donde cojones había guardado él las llaves. Y entonces tras un rato largo corriendo sin rumbo y con mi respiración empezando a acelerarse, miré a mi crono con la esperanza de llevar cerca de... ¿15 minutos?

CUATRO MINUTOS.
¿¿¿Cómo??? Ostia puta. Vale, calma. Aun no estás cansado, simplemente estabas testeando que tal ibas. ¿Decepción? Bueeno, mientras lo meditas sigue pasando el tiempo. DESPACIO, pero sigue pasando. Y mira ese viejete... seguro que lleva tres cuartos de hora corriendo. Y mira ese otro, seguro que lleva mas de dos horas dándole con la vara al olivo para coger alguna aceituna. ¿Es que vas a ser tu menos?.
Y con el espiritú de un entrenador de baloncesto de high school metido en mis venas, aumentaba el ritmo mientras notaba como se me caían los mocos, caía en la cuenta de que no había estirado un puto músculo antes de empezar y sentía como el puño cerrado que guardaba las llaves se iban fusionando con estas a través de un sudor oxidado del que ni mil duchas me iban a liberar jamás.
Y habiendo llegando al final del parque y ya volviendo, me di cuenta que las consecuencias de haber corrido sin un rumbo fijo se estaban pagando. Me había perdido. No sabía como cojones llegar a la salida, seguía corriendo al lado de un campo de golf, cagándome en la puta, en Ely del Valle y en el pijerio de los golfistas que, oh!, por no cansarse, recorren el campo en un cochecito.
No puedo más, no puedo más... no puedo m... y me paraba. Miré el cronometro marcaba 25 minutos. Andando fue más facil orientarme y encontrar la salida fue cuestión de segundos. Mientras lo hacía podía notar los dedos apuntándome de los corredores que pasaban al lado mía, de los ciclistas y también de los obreros y los golfistas. Había perdido la partida, pero joder... LA HABÍA JUGADO.
Llegando a casa arrastrando los pies como hacía tiempo, me quité la camiseta y tiré ese trapo mojado al cesto de la ropa sucia contento por hacerlo porque apestara a sudor, y no a humo de tabaco que ni siquiera era mio.
Gracias Ely. Mañana repito.
miércoles, octubre 01, 2008
Who is it?
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Hay vacíos en la memoria. Sitios en los que la información que llega, se pierde sin que nos de tiempo a encontrar un papel para apuntarlo y dejarlo así plasmado. En ese sitio está el número en el que una y mil veces me han comentado que el peso ideal de una persona es ¿? centímetros de diferencia entre los centimetros de tu estatura y los kilos de tu peso. Y si ha caído en ese vacío es, sin lugar a dudas, porque me importa una polla. No así una teoría propia que he creado a lo largo del tiempo y que me permite saber la hora a la que no es una completa absurdez intentar conciliar el sueño. Esto es:
La hora a la que es accesible conciliar el sueño es, como mínimo, a partir de las doce horas que lleve despierto ¿antes? No estoy más que haciendo tiempo a oscuras, lo cual a veces busco.
Escribiendo este post se cumplirán algo más de esas doce horas. Hago tiempo escribiendo en lugar de hacerlo comiendo techo ya que, además, algo tiene estas horas para escribir. La luz del flexo iluminando las teclas es más íntima, las canciones que suenan son más personales, y hasta el traqueteo del sonido de los dedos contra el teclado tiene su cosa. No sé muy bien el motivo de que esto me parezca así. Lo cierto es que me importa otra polla.
Tras nueve horas de autobús parando en Sevilla para mear y estirar la espalda, llegamos por fín a Matalascañas. Dejando la maleta en casa y cogiendo un carrito de la compra al que se le iba cayendo la rueda derecha, fuimos al supermercado a por provisiones: leche, pan, cebolla, ron, pizza, galletas, horchata... Joder, la ilusión que puede llegar a hacer una lista de la compra.
Como un domingo en el que es más recurrente la pregunta de "¿Qué hora crees que es?" en lugar de "Que hora es?" el reloj existía por curiosidad o por saber si nos habremos depertado a tiempo para desayunar viendo Los Simpsons. Y eso es exactamente lo que buscaba. Ese domingo en el que no hacer nada no es algo apático, sino algo apetecible. Muchas horas de sueño, otras tantas de playa, sustituimos a los fantasmas que golpeaban las persianas por los mosquitos que zumbaban alrededor de nuestras orejas. Qué hijos de puta. Como el hombre del tiempo, en serio, nada como no hacerle caso para saber que tiempo haría al día siguiente. Lo que sea, nos hizo buen tiempo, ostia puta, nos bañamos!
Los días se repetían como un día de la Marmota versión española. La playa vacía, las tiendas cerradas. Bueno esperate el fin de semana... esto se peta. Jugar a darles las vueltas a las conchas fué divertido. También lo fue hacerlo al parchís. ¿Los Pepes cierran los miércoles? ábreme esa heladería por lo que más quieras. Me podría acostumbrar a aquello.
Como borrón del viaje me dejo sin escribir la historia del cerrajero por darme lástima a mi mismo y por no querer hacer más leña del árbol caído. Solo diré que, si solo hay unas llaves del piso en el que estais cerca de él, nunca, NUNCA, se os ocurra olvidaros las llaves dentro del propio piso. No hace gracia.
Nota: Miguel Angel se convirtió en el nombre del viaje y es que un Miguel Angel con una barriga cervecera como jamás vi, nos abrió la puerta, y otro Miguel Angel con una cara rara de cojones, ganó el "Quieres cenar conmigo?" de esa semana.
Especial dedicación del post a Ana, compañera de fatigas del que escribe y probable fan numero uno del Roco Loco y del pescaíto andaluz. Y olé.
Hay vacíos en la memoria. Sitios en los que la información que llega, se pierde sin que nos de tiempo a encontrar un papel para apuntarlo y dejarlo así plasmado. En ese sitio está el número en el que una y mil veces me han comentado que el peso ideal de una persona es ¿? centímetros de diferencia entre los centimetros de tu estatura y los kilos de tu peso. Y si ha caído en ese vacío es, sin lugar a dudas, porque me importa una polla. No así una teoría propia que he creado a lo largo del tiempo y que me permite saber la hora a la que no es una completa absurdez intentar conciliar el sueño. Esto es:
La hora a la que es accesible conciliar el sueño es, como mínimo, a partir de las doce horas que lleve despierto ¿antes? No estoy más que haciendo tiempo a oscuras, lo cual a veces busco.
Escribiendo este post se cumplirán algo más de esas doce horas. Hago tiempo escribiendo en lugar de hacerlo comiendo techo ya que, además, algo tiene estas horas para escribir. La luz del flexo iluminando las teclas es más íntima, las canciones que suenan son más personales, y hasta el traqueteo del sonido de los dedos contra el teclado tiene su cosa. No sé muy bien el motivo de que esto me parezca así. Lo cierto es que me importa otra polla.
Tras nueve horas de autobús parando en Sevilla para mear y estirar la espalda, llegamos por fín a Matalascañas. Dejando la maleta en casa y cogiendo un carrito de la compra al que se le iba cayendo la rueda derecha, fuimos al supermercado a por provisiones: leche, pan, cebolla, ron, pizza, galletas, horchata... Joder, la ilusión que puede llegar a hacer una lista de la compra.
Como un domingo en el que es más recurrente la pregunta de "¿Qué hora crees que es?" en lugar de "Que hora es?" el reloj existía por curiosidad o por saber si nos habremos depertado a tiempo para desayunar viendo Los Simpsons. Y eso es exactamente lo que buscaba. Ese domingo en el que no hacer nada no es algo apático, sino algo apetecible. Muchas horas de sueño, otras tantas de playa, sustituimos a los fantasmas que golpeaban las persianas por los mosquitos que zumbaban alrededor de nuestras orejas. Qué hijos de puta. Como el hombre del tiempo, en serio, nada como no hacerle caso para saber que tiempo haría al día siguiente. Lo que sea, nos hizo buen tiempo, ostia puta, nos bañamos!
Los días se repetían como un día de la Marmota versión española. La playa vacía, las tiendas cerradas. Bueno esperate el fin de semana... esto se peta. Jugar a darles las vueltas a las conchas fué divertido. También lo fue hacerlo al parchís. ¿Los Pepes cierran los miércoles? ábreme esa heladería por lo que más quieras. Me podría acostumbrar a aquello.
Como borrón del viaje me dejo sin escribir la historia del cerrajero por darme lástima a mi mismo y por no querer hacer más leña del árbol caído. Solo diré que, si solo hay unas llaves del piso en el que estais cerca de él, nunca, NUNCA, se os ocurra olvidaros las llaves dentro del propio piso. No hace gracia.
Nota: Miguel Angel se convirtió en el nombre del viaje y es que un Miguel Angel con una barriga cervecera como jamás vi, nos abrió la puerta, y otro Miguel Angel con una cara rara de cojones, ganó el "Quieres cenar conmigo?" de esa semana.
Especial dedicación del post a Ana, compañera de fatigas del que escribe y probable fan numero uno del Roco Loco y del pescaíto andaluz. Y olé.
martes, septiembre 23, 2008
Asesina las cervezas 2.0
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Hay días en los que llega la hora de dormir y me alegro. Me alegro de cojones. A falta de un interruptor en mi cabeza de encendido o apagado, lo más cercano a eso que encuentro y que verdaderamente necesito es por fín irme a dormir queriendo a veces hacerlo durante dos o tres días sin tener un despertador perturbándome a medio metro de mi oido.
Luego hay otra forma más aconsejable a la vez que menos accesible de desconectar: Viajar.
Mañana -y quien dice mañana dice dentro de seis horas- me voy a Matalascañas durante seis días a hacer una version 2.0 de este viaje al que iba sin saber muy bien con lo que me iba a encontrar y que me dejó, no solo con las ganas, sino también con la necesidad de repetir.
Y lo veo como un viaje en el que despedir el año ya que después de este, empieza otro curso, otra rutina distinta y, en definitiva, otra etapa que si bien no me motiva una mierda me consuelo con saber que es otra etapa al fin y al cabo, y que a veces es mejor cambiar de cuesta arriba, antes que estar constantemente andando por la misma carretera recta donde en el horizonte solo se ve una planta rodadora y un cactús inyectándose heroina - Otra metáfora de mierda patrocinada por Poluciones Nocturnas -
¿Te vas a la playa? Pues que putada tío, porque va a hacer mal tiempo esta semana - he podido oir recientemente. Whatever. Porque a veces no hacer nada es el mejor de los planes. Sin horarios y sin prisas. No fui en Semana Santa a ponerme moreno o a reencontrarme con los amigos para ir a discotecas de mierda y lo último que hice fue echarlo de menos.
Hecha la maleta y a punto de irme a dormir, no me queda más que dejarme llevar y ver que pasa.
Feliz semana.
Hay días en los que llega la hora de dormir y me alegro. Me alegro de cojones. A falta de un interruptor en mi cabeza de encendido o apagado, lo más cercano a eso que encuentro y que verdaderamente necesito es por fín irme a dormir queriendo a veces hacerlo durante dos o tres días sin tener un despertador perturbándome a medio metro de mi oido.
Luego hay otra forma más aconsejable a la vez que menos accesible de desconectar: Viajar.
Mañana -y quien dice mañana dice dentro de seis horas- me voy a Matalascañas durante seis días a hacer una version 2.0 de este viaje al que iba sin saber muy bien con lo que me iba a encontrar y que me dejó, no solo con las ganas, sino también con la necesidad de repetir.
Y lo veo como un viaje en el que despedir el año ya que después de este, empieza otro curso, otra rutina distinta y, en definitiva, otra etapa que si bien no me motiva una mierda me consuelo con saber que es otra etapa al fin y al cabo, y que a veces es mejor cambiar de cuesta arriba, antes que estar constantemente andando por la misma carretera recta donde en el horizonte solo se ve una planta rodadora y un cactús inyectándose heroina - Otra metáfora de mierda patrocinada por Poluciones Nocturnas -
¿Te vas a la playa? Pues que putada tío, porque va a hacer mal tiempo esta semana - he podido oir recientemente. Whatever. Porque a veces no hacer nada es el mejor de los planes. Sin horarios y sin prisas. No fui en Semana Santa a ponerme moreno o a reencontrarme con los amigos para ir a discotecas de mierda y lo último que hice fue echarlo de menos.
Hecha la maleta y a punto de irme a dormir, no me queda más que dejarme llevar y ver que pasa.
Feliz semana.
jueves, septiembre 18, 2008
I can't handle this
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Mi conciencia es un calcetín sudado. Tengo los ojos tan abiertos que el techo se hace nítido por más oscuro que esté. No puedes dormir, no puedes dormir, no puedes dormir! Me repite una y otra vez una voz por cada amago. La música no llama al sueño y levantarme a ver teletiendas no me atrae por una parte porque es posible que ver un trozo de plástico que dobla la ropa, o alargadores de pene que funcionan como un garrote vil tenga un efecto contraproducente, y por otra porque mi habitación está tan hecha mierda que levantarme supondría tener que encontrar un hueco para apoyar un pie en el suelo y no en unos pantalones o una camiseta de antes de ayer. Es pensarlo y me da pereza. ¿La pereza llama al sueño? Supongo que esa sería otra razón.
Y ahí estoy, boca arriba, mirando al techo con las manos entrelazadas a la altura de mi pecho notando los latidos de mi corazón y pensando en situaciones que se podrían dar en Cosas de Casa. No sé ¿que pasaría si me encontrara un maletín lleno de dinero?lo denunciaría a la policía o me lo quedaría para mi? bueno, supongo que depende de la cantidad, pero eh!, depende de la cantidad lo devolverías si es mucho o si es poco? no se tío tendría que darse la situación... Y llegado a este punto entro en un bucle que para nada ayuda a encontrar el sueño y es... ostia, si pasara pensaría, hace no se cuanto tiempo pensé que esto iba a pasar!. Eh Eh! ¿Y si pasara ahora? no solo pensé que imaginé que esto iba a pasar,sino que además, también pensé que había imaginado que podría haber pasado. Y asi se empieza a retroalimentar una estupidez que se corta agitando la cabeza y diciendo: basta imbécil.
Es entonces cuando recordé a mi vecino inglés. Un día cualquiera nos cruzamos en el portal y pasó eso que pasa. Tu vas para un lado convencido de ir a ese lado pero resulta que él también va a ese mismo lado y oh!, tropiezo, ¿Qué pasa? que los dos cambiais hacia el mismo sitio haciendo una especie de quiebro que normalmente termina con algo asi como "ohppp! perdona!" tras cuatro quiebros y una mirada gacha de aqui no ha pasado nada. Este inglés, en esta típica situación, me dijo algo que me hizo reirme de verdad y no por compromiso como el 95% de las veces que sonrío cuando me cruzo con un vecino. Él, a los dos tropiezos, se paró, estiró el brazo derecho, se puso el izquierdo en el estómago y con ese acento tan inglés y esa cara tan rosa me dijo: ¿Bailamos?
A veces siento como si la cama tuviera tres universos paralelos según el lado al que esté mirando. Podría tener cuatro, pero creedme, la respiración puede llegar a ser muy sofocante cuando estás mordiendo la sábana de la almohada.
Cambiando de posición para ver si se me daba mejor la tarea de encontrar el sueño, me metía en otro universo y era uno en el que ya había estado antes muchas otras veces, y no era otro que el de imaginar una historia, un sueño, algo que me gustaría que pasara. Este """truco""" tiene bastante tiempo, y es por eso que ya casi de forma automática cojo el sueño que tenía cuando era un adolescente que se gastaba las pagas (que no las pajas) en revistas de NBA. Ese sueño no era otro que jugar en los Knicks, en el Madison Square Garden con John Starks como compañero y chocándole la mano a Spike Lee al meter ese triple decisivo que nos daría la victoria. Creo que por eso los sueños se llaman sueños... yo rara era la vez que llegaba a chocarle la mano a Spike Lee porque ya me había quedado frito por el camino metiéndole variantes nuevas a la historia como hacerle un mate en la cara a Reggie Miller o caerme encima de las cheerleaders mientras ellas se reían y comentaban lo afortunadas que eran cuando yo volvía a la cancha despues de decirles: Estais bien chicas? y sonreirles con una de esas sonrisas que brilla el colmillo hasta el quinto anfiteatro.
Pero esa es la adolescencia - en este punto del post pienso que me está quedando largo, pero maldita sea, estoy escribiendo de carrerilla y tengo que aprovecharlo porque probablemente no ocurra hasta dentro de una semana o siete- ahora, cambio a la tercera postura antes de haber salido siquiera del vestuario.
¿Y qué hay en el tercer universo? Joder, el tercer universo, ese en el que a pesar de no verlo, noto el gotelé de la pared a escasos centimetros de mi cara. Ese lado, ese universo es en el que estás jodido. Examenes, trabajo, dinero, responsabilidades, calor, calcetines sudados, habitación desordenada, peste a sobaco en el metro, yogures de frutas del bosque completamente blancos, en definitiva... SAL DE AHÍ ECHANDO OSTIAS.
Y así, volviendo a ponerme boca arriba, decidía hace un rato mover el culo, hacer un hueco para mis pies entre esa puta pocilga y escribirlo para, si no encontrar el sueño, al menos hacer tiempo para tener más sueño a la hora de reencontrarme con esa cama tan apetecible en la que imaginarse historias y descubrir universos.
Mi conciencia es un calcetín sudado. Tengo los ojos tan abiertos que el techo se hace nítido por más oscuro que esté. No puedes dormir, no puedes dormir, no puedes dormir! Me repite una y otra vez una voz por cada amago. La música no llama al sueño y levantarme a ver teletiendas no me atrae por una parte porque es posible que ver un trozo de plástico que dobla la ropa, o alargadores de pene que funcionan como un garrote vil tenga un efecto contraproducente, y por otra porque mi habitación está tan hecha mierda que levantarme supondría tener que encontrar un hueco para apoyar un pie en el suelo y no en unos pantalones o una camiseta de antes de ayer. Es pensarlo y me da pereza. ¿La pereza llama al sueño? Supongo que esa sería otra razón.
Y ahí estoy, boca arriba, mirando al techo con las manos entrelazadas a la altura de mi pecho notando los latidos de mi corazón y pensando en situaciones que se podrían dar en Cosas de Casa. No sé ¿que pasaría si me encontrara un maletín lleno de dinero?lo denunciaría a la policía o me lo quedaría para mi? bueno, supongo que depende de la cantidad, pero eh!, depende de la cantidad lo devolverías si es mucho o si es poco? no se tío tendría que darse la situación... Y llegado a este punto entro en un bucle que para nada ayuda a encontrar el sueño y es... ostia, si pasara pensaría, hace no se cuanto tiempo pensé que esto iba a pasar!. Eh Eh! ¿Y si pasara ahora? no solo pensé que imaginé que esto iba a pasar,sino que además, también pensé que había imaginado que podría haber pasado. Y asi se empieza a retroalimentar una estupidez que se corta agitando la cabeza y diciendo: basta imbécil.
Es entonces cuando recordé a mi vecino inglés. Un día cualquiera nos cruzamos en el portal y pasó eso que pasa. Tu vas para un lado convencido de ir a ese lado pero resulta que él también va a ese mismo lado y oh!, tropiezo, ¿Qué pasa? que los dos cambiais hacia el mismo sitio haciendo una especie de quiebro que normalmente termina con algo asi como "ohppp! perdona!" tras cuatro quiebros y una mirada gacha de aqui no ha pasado nada. Este inglés, en esta típica situación, me dijo algo que me hizo reirme de verdad y no por compromiso como el 95% de las veces que sonrío cuando me cruzo con un vecino. Él, a los dos tropiezos, se paró, estiró el brazo derecho, se puso el izquierdo en el estómago y con ese acento tan inglés y esa cara tan rosa me dijo: ¿Bailamos?
A veces siento como si la cama tuviera tres universos paralelos según el lado al que esté mirando. Podría tener cuatro, pero creedme, la respiración puede llegar a ser muy sofocante cuando estás mordiendo la sábana de la almohada.
Cambiando de posición para ver si se me daba mejor la tarea de encontrar el sueño, me metía en otro universo y era uno en el que ya había estado antes muchas otras veces, y no era otro que el de imaginar una historia, un sueño, algo que me gustaría que pasara. Este """truco""" tiene bastante tiempo, y es por eso que ya casi de forma automática cojo el sueño que tenía cuando era un adolescente que se gastaba las pagas (que no las pajas) en revistas de NBA. Ese sueño no era otro que jugar en los Knicks, en el Madison Square Garden con John Starks como compañero y chocándole la mano a Spike Lee al meter ese triple decisivo que nos daría la victoria. Creo que por eso los sueños se llaman sueños... yo rara era la vez que llegaba a chocarle la mano a Spike Lee porque ya me había quedado frito por el camino metiéndole variantes nuevas a la historia como hacerle un mate en la cara a Reggie Miller o caerme encima de las cheerleaders mientras ellas se reían y comentaban lo afortunadas que eran cuando yo volvía a la cancha despues de decirles: Estais bien chicas? y sonreirles con una de esas sonrisas que brilla el colmillo hasta el quinto anfiteatro.
Pero esa es la adolescencia - en este punto del post pienso que me está quedando largo, pero maldita sea, estoy escribiendo de carrerilla y tengo que aprovecharlo porque probablemente no ocurra hasta dentro de una semana o siete- ahora, cambio a la tercera postura antes de haber salido siquiera del vestuario.
¿Y qué hay en el tercer universo? Joder, el tercer universo, ese en el que a pesar de no verlo, noto el gotelé de la pared a escasos centimetros de mi cara. Ese lado, ese universo es en el que estás jodido. Examenes, trabajo, dinero, responsabilidades, calor, calcetines sudados, habitación desordenada, peste a sobaco en el metro, yogures de frutas del bosque completamente blancos, en definitiva... SAL DE AHÍ ECHANDO OSTIAS.
Y así, volviendo a ponerme boca arriba, decidía hace un rato mover el culo, hacer un hueco para mis pies entre esa puta pocilga y escribirlo para, si no encontrar el sueño, al menos hacer tiempo para tener más sueño a la hora de reencontrarme con esa cama tan apetecible en la que imaginarse historias y descubrir universos.
martes, septiembre 09, 2008
Las moscas también se reproducen
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En algún lugar del mundo, alguien, ahora mismo, estará sentado en el sofá de su casa con un churrete de tomate en el bigote, los pies apoyados encima de la mesa y viendo una película de mierda, por la sencilla razón de que no puede cambiar porque no encuentra el mando.
En algún lugar del mundo, alguien estará borracho en su casa con los zapatos puestos en camiseta de tirantes blanca, calzoncillos blancos a rayas, calcetines de oficinista tan lisos que casi se transparenta los pocos pelos de las piernas que tiene, y tan altos y estirables que casi llegan a la altura de la rótula y unos zapatos color caqui (que son caqui porque él los ha pedido caqui en la zapateria) preguntándose por qué no es capaz de agradar a las mujeres mientras se lava la cara en el cuarto de baño y se frota los ojos como si de esta forma pudiera cambiar lo que la imagen del espejo le escupe.
En algun lugar del mundo, alguien estará comiéndose una cucaracha y diciendo en su dialecto “¡Oh! Demonios, cuán sabroso manjar... CUÁN SABROSO”
En algun lugar del mundo, un tipo apuesto estará sentado frente a la pantalla de su ordenador con los pantalones bajados a la altura de los tobillos, haciéndose una paja con el último video de gordas con medias de rejilla que le ha llegado de esa página tailandesa de la que es suscriptor.
A veces me da por imaginarme lo grande que es el mundo. Lo insignificante que uno solo de nosotros podemos llegar a ser en comparación con bla bla bla y toda esa mierda de filosofía de los cuadernillos de filosofía de vacaciones Santillana. A donde quiero llegar es que, somos tantas y tantas personas en el mundo, que me da por pensar que cualquier cosa que se nos pase por la cabeza, por rara que sea, es posible que alguien, en algun lugar del mundo, la esté haciendo.
O eso creía hasta hace poco.
Y no me tengo que ir lejos. En algun lugar de este nuestro país, el alto standing de TVE buscaba renovar su look para su nueva temporada sin ser excesivamente transgesores. Lo visualizo, lo visualizo!: “Si... algo fresco, nuevo... ELEGANTE” Contraton a un diseñ... contrataron a una puta compañía entera de diseño. Horas de trabajo, ¿horas?... DÍAS (Guiño godianesco). Bocetos y más bocetos. Maldita sea González, se que puedes dar más de ti... sé que puedes hacerlo!. Un equipo trabajando a la luz de un flexo descansando solo para comer comida china en esas cajas rectangulares con bordes redondeados y, por supuesto, con palillos chinos, mientras siguen hablando de ideas, de bocetos...
... hasta que por fín obtienen un resultado.

Y se supone que debería haber una foto de las nuevas moscas de TVE en el hueco de antes, pero joder, me parece que es tan horrible que ni siquiera Google lo registra. Para explicarlo basta decir que son un uno y un dos desaliñados, con un círculo alrededor que parece el típico espectro raro que ves alrededor de las cosas cuando te acabas de levantar y te frotas los ojos con fuerza.
Y por muy ancho de mente que intente llegar a ser, de verdad que no me entra en la cabeza que alguien haya podido realmente parir algo así y que, posteriormente, a otro alguien le haya parecido de puta madre y haya decidido incorporarlo porque MOLA UN MAZO.
Nos dan nuevas excusas para dejar de ver la tele, por si no fuera suficiente excusa que la programación apeste más por cada día que pasa. Y yo me pregunto, ¿que será lo próximo? ¿un documental de pies callosos presentado por Ramón García? No es necesario, a mi ya me habeis convencido.
En algún lugar del mundo, alguien, ahora mismo, estará sentado en el sofá de su casa con un churrete de tomate en el bigote, los pies apoyados encima de la mesa y viendo una película de mierda, por la sencilla razón de que no puede cambiar porque no encuentra el mando.
En algún lugar del mundo, alguien estará borracho en su casa con los zapatos puestos en camiseta de tirantes blanca, calzoncillos blancos a rayas, calcetines de oficinista tan lisos que casi se transparenta los pocos pelos de las piernas que tiene, y tan altos y estirables que casi llegan a la altura de la rótula y unos zapatos color caqui (que son caqui porque él los ha pedido caqui en la zapateria) preguntándose por qué no es capaz de agradar a las mujeres mientras se lava la cara en el cuarto de baño y se frota los ojos como si de esta forma pudiera cambiar lo que la imagen del espejo le escupe.
En algun lugar del mundo, alguien estará comiéndose una cucaracha y diciendo en su dialecto “¡Oh! Demonios, cuán sabroso manjar... CUÁN SABROSO”
En algun lugar del mundo, un tipo apuesto estará sentado frente a la pantalla de su ordenador con los pantalones bajados a la altura de los tobillos, haciéndose una paja con el último video de gordas con medias de rejilla que le ha llegado de esa página tailandesa de la que es suscriptor.
A veces me da por imaginarme lo grande que es el mundo. Lo insignificante que uno solo de nosotros podemos llegar a ser en comparación con bla bla bla y toda esa mierda de filosofía de los cuadernillos de filosofía de vacaciones Santillana. A donde quiero llegar es que, somos tantas y tantas personas en el mundo, que me da por pensar que cualquier cosa que se nos pase por la cabeza, por rara que sea, es posible que alguien, en algun lugar del mundo, la esté haciendo.
O eso creía hasta hace poco.
Y no me tengo que ir lejos. En algun lugar de este nuestro país, el alto standing de TVE buscaba renovar su look para su nueva temporada sin ser excesivamente transgesores. Lo visualizo, lo visualizo!: “Si... algo fresco, nuevo... ELEGANTE” Contraton a un diseñ... contrataron a una puta compañía entera de diseño. Horas de trabajo, ¿horas?... DÍAS (Guiño godianesco). Bocetos y más bocetos. Maldita sea González, se que puedes dar más de ti... sé que puedes hacerlo!. Un equipo trabajando a la luz de un flexo descansando solo para comer comida china en esas cajas rectangulares con bordes redondeados y, por supuesto, con palillos chinos, mientras siguen hablando de ideas, de bocetos...
... hasta que por fín obtienen un resultado.

Y se supone que debería haber una foto de las nuevas moscas de TVE en el hueco de antes, pero joder, me parece que es tan horrible que ni siquiera Google lo registra. Para explicarlo basta decir que son un uno y un dos desaliñados, con un círculo alrededor que parece el típico espectro raro que ves alrededor de las cosas cuando te acabas de levantar y te frotas los ojos con fuerza.
Y por muy ancho de mente que intente llegar a ser, de verdad que no me entra en la cabeza que alguien haya podido realmente parir algo así y que, posteriormente, a otro alguien le haya parecido de puta madre y haya decidido incorporarlo porque MOLA UN MAZO.
Nos dan nuevas excusas para dejar de ver la tele, por si no fuera suficiente excusa que la programación apeste más por cada día que pasa. Y yo me pregunto, ¿que será lo próximo? ¿un documental de pies callosos presentado por Ramón García? No es necesario, a mi ya me habeis convencido.
domingo, septiembre 07, 2008
Respiremos
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Es curioso, no me importa tener prisa para llegar a mi destino, de hecho, no me importa llegar con quince minutos o media hora de antelación, si desde el piso de arriba del metro de Alameda de Osuna veo el tren esperando con las puertas abiertas, voy a bajar las escaleras a carajo sacao para que este no se vaya. La diferencia no va a dejar de ser el sitio donde voy a tener que esperar, pero qué se yo... un instinto o algo.
Entrando el otro día acelerado en un vagón, en seguida pude comprobar que hacía un calor de tres pares de cojones en el mismo. Creyendo que sería el tío más ocurrente de la linea 5, cambié de vagón antes de que el tren diera su bocinazo de salida. Allá voy. Antes de entrar metí el brazo derecho en él para comprobar si también se me derritirían los testículos ahí dentro. Era un vagón nuevo, y en este punto de la historia yo me pregunto: ¿Por qué los vagones que son diferentes, con colores más chillones y con menos asientos... yo los creo mejores? Mierda pa mí, allí hacía el mismo calor que en el vagón anterior. Insaciable que es uno y animado aún por el estado espídico en que me encontraba, me decidí a correr al siguiente mientras entre el escaso recorrido que había de uno a otro y escuchando por fín el pitido del tren diciendo que nos íbamos, yo pensaba: Aire acondicionado, Aire acondicionado, Aire acondicionado.

Tercera mierda consecutiva pa mi.
Resignado me senté en aquel vagón vacío preguntándome en cual de las siguientes paradas me daría una lipotimia.
Empezó a entrar gente lo que no hizo mejorar la situación y es que, ver los síntomas de calor de algunas personas, puede hacer que el calor se multiplique por... pues no sé, por bastante. El vagón empezó a llenarse y yo me lo temía. Gente tan “ocurrente” como yo venía de vagones contiguos y tendían a rendirse cerca de mí para restregarme sus “oy que calor” y su peste a sobaco, como si yo no me hubiera dado cuenta (cojones).
Moviendo la nariz como si fuera mi perro, puse cara de estar diviendo 657 entre 49 ¿qué era eso?. Oh dios, otra de esas pestuzales a sobaco y que en cambio esta vez pude notar especialmente cerca. Miré al tipo de la camisa blanca de al lado, luego me miré a mi mismo y entonces pensé: Amigo... esto es entre tu y yo.
Astutamente me rasqué la nariz con el dorso de la mano alrgando este movimiento hasta prácticamente el hombro mientras hacía algo así como Mffffffffffffff.
Allí seguía oliendo a mierda de la misma manera, pero en mi cabeza tenía el consuelo de que el precio que pagué por el desodorante había merecido la pena.
El tipo de la camisa blanca de al lado mío se convirtió en un personaje aislado del mundo. Una mujer sentada más allá agitaba con fuerza su abanico haciendo así ese puto ruido tan característico al golpear este contra sus pulseras de vírgenes y perlas,igual. Otro tipo al que le sudaba el mostacho como jamás he visto sudarle a alguien el mostacho en mi vida le pasaba lo mismo. Se aislaban. Era como cuando en las películas de repente ponen un primerísimo primer plano de algunos personajes a camara lenta, con una iluminación sofocante, unas gotas de sudor estratégicamente colocadas y unas moscas revoloteando por encima de sus cabezas... algo así pero en el metro, y apestando a sobaco.
Salí vivo de allí. Hacía mucho menos calor que dentro del vagón y la cerveza que me iba a tomar la iba a notar caer por esófago como si fuera la primera vez que ocurriera aquello. Haber estado tan puteado minutos antes me hizo estar más contento entonces.
Hoy cené comida china, vi una buena película y se me olvidó que era sábado. Dicen algunos que mañana tengo que estudiar, pero yo no les acabo de creer.
Es curioso, no me importa tener prisa para llegar a mi destino, de hecho, no me importa llegar con quince minutos o media hora de antelación, si desde el piso de arriba del metro de Alameda de Osuna veo el tren esperando con las puertas abiertas, voy a bajar las escaleras a carajo sacao para que este no se vaya. La diferencia no va a dejar de ser el sitio donde voy a tener que esperar, pero qué se yo... un instinto o algo.
Entrando el otro día acelerado en un vagón, en seguida pude comprobar que hacía un calor de tres pares de cojones en el mismo. Creyendo que sería el tío más ocurrente de la linea 5, cambié de vagón antes de que el tren diera su bocinazo de salida. Allá voy. Antes de entrar metí el brazo derecho en él para comprobar si también se me derritirían los testículos ahí dentro. Era un vagón nuevo, y en este punto de la historia yo me pregunto: ¿Por qué los vagones que son diferentes, con colores más chillones y con menos asientos... yo los creo mejores? Mierda pa mí, allí hacía el mismo calor que en el vagón anterior. Insaciable que es uno y animado aún por el estado espídico en que me encontraba, me decidí a correr al siguiente mientras entre el escaso recorrido que había de uno a otro y escuchando por fín el pitido del tren diciendo que nos íbamos, yo pensaba: Aire acondicionado, Aire acondicionado, Aire acondicionado.
Tercera mierda consecutiva pa mi.
Resignado me senté en aquel vagón vacío preguntándome en cual de las siguientes paradas me daría una lipotimia.
Empezó a entrar gente lo que no hizo mejorar la situación y es que, ver los síntomas de calor de algunas personas, puede hacer que el calor se multiplique por... pues no sé, por bastante. El vagón empezó a llenarse y yo me lo temía. Gente tan “ocurrente” como yo venía de vagones contiguos y tendían a rendirse cerca de mí para restregarme sus “oy que calor” y su peste a sobaco, como si yo no me hubiera dado cuenta (cojones).
Moviendo la nariz como si fuera mi perro, puse cara de estar diviendo 657 entre 49 ¿qué era eso?. Oh dios, otra de esas pestuzales a sobaco y que en cambio esta vez pude notar especialmente cerca. Miré al tipo de la camisa blanca de al lado, luego me miré a mi mismo y entonces pensé: Amigo... esto es entre tu y yo.
Astutamente me rasqué la nariz con el dorso de la mano alrgando este movimiento hasta prácticamente el hombro mientras hacía algo así como Mffffffffffffff.
Allí seguía oliendo a mierda de la misma manera, pero en mi cabeza tenía el consuelo de que el precio que pagué por el desodorante había merecido la pena.
El tipo de la camisa blanca de al lado mío se convirtió en un personaje aislado del mundo. Una mujer sentada más allá agitaba con fuerza su abanico haciendo así ese puto ruido tan característico al golpear este contra sus pulseras de vírgenes y perlas,igual. Otro tipo al que le sudaba el mostacho como jamás he visto sudarle a alguien el mostacho en mi vida le pasaba lo mismo. Se aislaban. Era como cuando en las películas de repente ponen un primerísimo primer plano de algunos personajes a camara lenta, con una iluminación sofocante, unas gotas de sudor estratégicamente colocadas y unas moscas revoloteando por encima de sus cabezas... algo así pero en el metro, y apestando a sobaco.
Salí vivo de allí. Hacía mucho menos calor que dentro del vagón y la cerveza que me iba a tomar la iba a notar caer por esófago como si fuera la primera vez que ocurriera aquello. Haber estado tan puteado minutos antes me hizo estar más contento entonces.
Hoy cené comida china, vi una buena película y se me olvidó que era sábado. Dicen algunos que mañana tengo que estudiar, pero yo no les acabo de creer.
domingo, agosto 31, 2008
escribeescribeescribeescribe
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A veces me pongo a imaginar en las reacciones de las personas cuando estas ven a otras en situaciones, no sé, llamémoslo raras.
Hace cinco minutos estaba en la cocina con la nevera abierta intentando elegir el sabor del yogur que me apetecía en ese momento. Alargué la mano y cogí el primero que a tientas salió de ahí sin la necesidad de disclocarme el brazo para romper el pack de cuatro. ¿Frutas del bosque? De puta madre.
Dejando la nevera abierta para que la única la luz de la cocina en ese momento me siguiera alumbrando, fui a por una cucharilla e inmediatamente después abrí el yogur de frutas del bosque pensando que el sonido que hacía la tapa del yogur al abrirse era bastante guay. Fffflip. Un sonido limpio y la tapa sin un solo churrete que tener que relamer con la lengua y asi no correr el riesgo de pillar Lupus (porque sí... es así como se pilla Lupus). La aparición de un nuevo pensamiento absurdo surgía en mi cabeza al mismo tiempo que metía la cuchara en el yogur y, recordemos, aún con la puerta de la nevera abierta.
¿Cómo es posible que un yogur de frutas del bosque sea de color blanco?
Supongo que esa es una de las causas por las que ese yogur cuesta la mitad que un danone, pero Eh! Ese pensamiento no había aparecido aún en mi cabeza. Se entrecortó a mitad de frase para dar pie a otra que enlaza con la primera frase del post.
La situación: Un tío a oscuras en la cocina de su casa, con la camiseta de los Miami Heat de Dwayne Wade hiperancha por el relleno de vacío que este ocupa y con los pelos del pecho asomando por el pico del cuello, metida por dentro de unos pantalones cortos del Gestisa Alameda de Osuna con un numero 12 semigastado, descalzo, con gafas y cara de sueño, mirando fijamente a un yogur blanco sabor frutas del bosque e iluminado únicamente por la luz de su nevera mientras se pregunta: ¿Por qué un yogur blanco de frutas del bosque?
Entonces, en mi cabeza, antes de dar respuesta a esta pregunta y mirando a mi camiseta ha aparecido una idea que vendría a ser:
¿Que cojones pensaría Dwayne Wade si viera esa situación en ese momento?
Y según acabo de escribir la pregunta me pregunto si realmente esta era digna de un post, pero bueno, qué cojones... YO CREO QUE SÍ.
Quiero decir, si yo fuera Dwayne Wade y...
Creo que lo voy a dejar aquí.
A veces me pongo a imaginar en las reacciones de las personas cuando estas ven a otras en situaciones, no sé, llamémoslo raras.
Hace cinco minutos estaba en la cocina con la nevera abierta intentando elegir el sabor del yogur que me apetecía en ese momento. Alargué la mano y cogí el primero que a tientas salió de ahí sin la necesidad de disclocarme el brazo para romper el pack de cuatro. ¿Frutas del bosque? De puta madre.
Dejando la nevera abierta para que la única la luz de la cocina en ese momento me siguiera alumbrando, fui a por una cucharilla e inmediatamente después abrí el yogur de frutas del bosque pensando que el sonido que hacía la tapa del yogur al abrirse era bastante guay. Fffflip. Un sonido limpio y la tapa sin un solo churrete que tener que relamer con la lengua y asi no correr el riesgo de pillar Lupus (porque sí... es así como se pilla Lupus). La aparición de un nuevo pensamiento absurdo surgía en mi cabeza al mismo tiempo que metía la cuchara en el yogur y, recordemos, aún con la puerta de la nevera abierta.
¿Cómo es posible que un yogur de frutas del bosque sea de color blanco?
Supongo que esa es una de las causas por las que ese yogur cuesta la mitad que un danone, pero Eh! Ese pensamiento no había aparecido aún en mi cabeza. Se entrecortó a mitad de frase para dar pie a otra que enlaza con la primera frase del post.
La situación: Un tío a oscuras en la cocina de su casa, con la camiseta de los Miami Heat de Dwayne Wade hiperancha por el relleno de vacío que este ocupa y con los pelos del pecho asomando por el pico del cuello, metida por dentro de unos pantalones cortos del Gestisa Alameda de Osuna con un numero 12 semigastado, descalzo, con gafas y cara de sueño, mirando fijamente a un yogur blanco sabor frutas del bosque e iluminado únicamente por la luz de su nevera mientras se pregunta: ¿Por qué un yogur blanco de frutas del bosque?
Entonces, en mi cabeza, antes de dar respuesta a esta pregunta y mirando a mi camiseta ha aparecido una idea que vendría a ser:
¿Que cojones pensaría Dwayne Wade si viera esa situación en ese momento?
Y según acabo de escribir la pregunta me pregunto si realmente esta era digna de un post, pero bueno, qué cojones... YO CREO QUE SÍ.
Quiero decir, si yo fuera Dwayne Wade y...
Creo que lo voy a dejar aquí.
jueves, agosto 28, 2008
Staple Center de Farmington
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A veces ocurren historias en el día a día de las que se pueden sacar titulares impactantes. De esos que cuando los oyes ya necesitas saber de que va esa historia aunque te imagines el transcurso de esta sin saber más que su titular. A veces, para los que tenemos un blog, se nos presentan este tipo de historias y nos vemos con una especie de come come por dentro ( lo que me gusta esta expresión y las pocas oportunidades que tengo de utilizarla) que nos dice que debemos dejar constancia de esas historias por aquí aunque sea testimonialmente. Como una obligación implícita. Algo así como que si de una historia pudiera sacar el titular: "Ayer me encontré a Angelina Jolie comiéndose un bocata de Morcilla en las fiestas de Parla" pues, aunque lo único que haya ocurrido en toda la historia sea precisamente eso, el deber del bloggero es dejar constancia para su bienestar interior.
Todo esto es para comentar un titular que tengo estos días en mente y que mi responsabilidad como bloggero (cada vez más en declive por la pasividad y la pereza) me lleva a relatar y que dicho me parece bastante molón (quizá no tanto como el de Angelina Jolie). Y dice así:
Tengo cuatro grapas clavadas en mi cabeza.
Sabeis lo típico de cuando estas sentado en una silla de coca cola haciendo un descanso del estudio en la biblioteca y tienes unas escaleras de acero encima tuya y llevas tanto tiempo sentado debajo de ella que ya se te ha olvidado que estan y entonces te levantas con impulso para ir lanzado a estudiar y entonces te das en la cabeza, te haces una brecha, la escalera vibra, tu te mareas, la cabeza te sangra, tu hermana y una amiga suya te llevan al ambulatorio para que te miren, te tienen que poner grapas pero alli no tienen y entonces tienes que ir al Ramón y Cajal y una vez allí esperas más de tres putas horas hasta que te grapan sin anestesia y te vas de allí sin el informe porque te quieren hacer esperar para dártelo a pesar de que ya tienes el petipuá en la cabeza???
Pues eso me pasó.
Y bueno, no es un gran asunto, pero insisto, el titular me parecía tan imprescidible que merecía la pena contar el resto de la historia.
Y hablando de responsabilidades:

Responsabilidad mía es recomendar The Shield a toda persona...humana.
¿Y qué es The Shield, Curro? Oh... Todo aquel que le surja esa pregunta en su cabeza ya merece la más absoluta de mis envidias.
The Shield es la mejor serie de televisión que un servidor ha tenido la suerte de ver jamás. Y podría dar muchas razones, pero con la que me quedo y creo que diferencia a esta con las demás es el hecho de, no solo no dejar un cabo suelto (alguien ha dicho Lost?), sino de jugar con ellos, entrelazarlos entre todas sus temporadas y no dejar nada a la casualidad, sino que toda lo que ocurre tiene un por qué. TODO.
Recomendada queda pues esta serie a todo el mundo en general, y a los amantes de las series de polis en particular (yo no lo era).
Intercambio de sms a mediados de la primera temporada entre mi hermano Rafa(el que me la recomendó a mí) y yo:
Curro a Rafa *bip bip * bip bip: El Comisario es también una serie de polis, verdad?
Rafa a Curro *bip bip * bip bip: Sí, y Papa Piquillo una peli del oeste.
Increible como he simulado la vibración de la llegada de un sms, eh?. Qué puedo decir, soy un tipo de recursos. Eso, y si veis The Shield hacerlo en Version Original, por los clavos de cristo.
A veces ocurren historias en el día a día de las que se pueden sacar titulares impactantes. De esos que cuando los oyes ya necesitas saber de que va esa historia aunque te imagines el transcurso de esta sin saber más que su titular. A veces, para los que tenemos un blog, se nos presentan este tipo de historias y nos vemos con una especie de come come por dentro ( lo que me gusta esta expresión y las pocas oportunidades que tengo de utilizarla) que nos dice que debemos dejar constancia de esas historias por aquí aunque sea testimonialmente. Como una obligación implícita. Algo así como que si de una historia pudiera sacar el titular: "Ayer me encontré a Angelina Jolie comiéndose un bocata de Morcilla en las fiestas de Parla" pues, aunque lo único que haya ocurrido en toda la historia sea precisamente eso, el deber del bloggero es dejar constancia para su bienestar interior.
Todo esto es para comentar un titular que tengo estos días en mente y que mi responsabilidad como bloggero (cada vez más en declive por la pasividad y la pereza) me lleva a relatar y que dicho me parece bastante molón (quizá no tanto como el de Angelina Jolie). Y dice así:
Tengo cuatro grapas clavadas en mi cabeza.
Sabeis lo típico de cuando estas sentado en una silla de coca cola haciendo un descanso del estudio en la biblioteca y tienes unas escaleras de acero encima tuya y llevas tanto tiempo sentado debajo de ella que ya se te ha olvidado que estan y entonces te levantas con impulso para ir lanzado a estudiar y entonces te das en la cabeza, te haces una brecha, la escalera vibra, tu te mareas, la cabeza te sangra, tu hermana y una amiga suya te llevan al ambulatorio para que te miren, te tienen que poner grapas pero alli no tienen y entonces tienes que ir al Ramón y Cajal y una vez allí esperas más de tres putas horas hasta que te grapan sin anestesia y te vas de allí sin el informe porque te quieren hacer esperar para dártelo a pesar de que ya tienes el petipuá en la cabeza???
Pues eso me pasó.
Y bueno, no es un gran asunto, pero insisto, el titular me parecía tan imprescidible que merecía la pena contar el resto de la historia.
Y hablando de responsabilidades:

Responsabilidad mía es recomendar The Shield a toda persona...humana.
¿Y qué es The Shield, Curro? Oh... Todo aquel que le surja esa pregunta en su cabeza ya merece la más absoluta de mis envidias.
The Shield es la mejor serie de televisión que un servidor ha tenido la suerte de ver jamás. Y podría dar muchas razones, pero con la que me quedo y creo que diferencia a esta con las demás es el hecho de, no solo no dejar un cabo suelto (alguien ha dicho Lost?), sino de jugar con ellos, entrelazarlos entre todas sus temporadas y no dejar nada a la casualidad, sino que toda lo que ocurre tiene un por qué. TODO.
Recomendada queda pues esta serie a todo el mundo en general, y a los amantes de las series de polis en particular (yo no lo era).
Intercambio de sms a mediados de la primera temporada entre mi hermano Rafa(el que me la recomendó a mí) y yo:
Curro a Rafa *bip bip * bip bip: El Comisario es también una serie de polis, verdad?
Rafa a Curro *bip bip * bip bip: Sí, y Papa Piquillo una peli del oeste.
Increible como he simulado la vibración de la llegada de un sms, eh?. Qué puedo decir, soy un tipo de recursos. Eso, y si veis The Shield hacerlo en Version Original, por los clavos de cristo.
miércoles, agosto 20, 2008
Otro de esos
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Cinco palabras:
Yahe ter mi na do
Las que, a petición propia y desde el más oscuro rincón de la casa, podía oir mi madre en forma de canturreo y con voz infantil e inocente.
Cuando termines, me avisas – decía ella sin perder la compostura en ningún momento.
Ser madre no se escribe en el Currículum. Las madres no se pavonean de serlo. Las madres van al mercado y dicen “mi hijo es ingeniero agrónomo”, o “pues el mío tiene su propio bufete de abogados” pero en ningún momento dicen “SOMOS MADRES”.
- Mamá, mamá... que tengo caca mala.
- Mmmmmm... ¿has tirado ya de la cisterna?
- Si – respondía con la cabeza gacha y semiavergonzado por haberlo hecho.
- Ya te he dicho que si tienes caca mala me avises. La próxima vez que no se te olvide.
- Si, mamá
Y entonces llega esa próxima vez cuando desde el cuarto de baño de la casa se oía ese canturreo: Yaaaaaheeee teeeeer miiiiii naaaaaaa dooooooooooo (el cual tengo aún perfectamente grabado en la cabeza). Y tu madre deja de cocinar y va al cuarto de baño para ver como de mala es tu caca, tira de la cisterna y vuelve a la cocina para prepararte una manzanilla.
Y uno se tumbaba en la cama y en seguida se ponía a pensar en donde estaría esa canica que le falta, o si ya se habría pasado la hora en la que echaban Oliver y Benji sin pensar realmente en que lo que acaba de ocurrir. Eres un niño y todo lo que es habitual que se haga, no es un gran asunto, porque así es como funcionan las cosas. Y tu madre acaba de mirar cara a cara a ese montón de mierda que ha salido por tu pequeño culo y tu sigues pensando en las canicas y en Oliver Y Benji.
Madres del mundo, años después de que todo eso ocurriera: GRACIAS.
Y bueno, quizá un día de estos en el blog deje de hablar de caca y de pis, pero eso será solo quizá, y si recibo comentarios amenazantes para que deje de hacerlo.
Cinco palabras:
Yahe ter mi na do
Las que, a petición propia y desde el más oscuro rincón de la casa, podía oir mi madre en forma de canturreo y con voz infantil e inocente.
Cuando termines, me avisas – decía ella sin perder la compostura en ningún momento.
Ser madre no se escribe en el Currículum. Las madres no se pavonean de serlo. Las madres van al mercado y dicen “mi hijo es ingeniero agrónomo”, o “pues el mío tiene su propio bufete de abogados” pero en ningún momento dicen “SOMOS MADRES”.
- Mamá, mamá... que tengo caca mala.
- Mmmmmm... ¿has tirado ya de la cisterna?
- Si – respondía con la cabeza gacha y semiavergonzado por haberlo hecho.
- Ya te he dicho que si tienes caca mala me avises. La próxima vez que no se te olvide.
- Si, mamá
Y entonces llega esa próxima vez cuando desde el cuarto de baño de la casa se oía ese canturreo: Yaaaaaheeee teeeeer miiiiii naaaaaaa dooooooooooo (el cual tengo aún perfectamente grabado en la cabeza). Y tu madre deja de cocinar y va al cuarto de baño para ver como de mala es tu caca, tira de la cisterna y vuelve a la cocina para prepararte una manzanilla.
Y uno se tumbaba en la cama y en seguida se ponía a pensar en donde estaría esa canica que le falta, o si ya se habría pasado la hora en la que echaban Oliver y Benji sin pensar realmente en que lo que acaba de ocurrir. Eres un niño y todo lo que es habitual que se haga, no es un gran asunto, porque así es como funcionan las cosas. Y tu madre acaba de mirar cara a cara a ese montón de mierda que ha salido por tu pequeño culo y tu sigues pensando en las canicas y en Oliver Y Benji.
Madres del mundo, años después de que todo eso ocurriera: GRACIAS.
Y bueno, quizá un día de estos en el blog deje de hablar de caca y de pis, pero eso será solo quizá, y si recibo comentarios amenazantes para que deje de hacerlo.
miércoles, agosto 06, 2008
Relato de un pobre infeliz
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La duda me asalta en un día cualquiera de Agosto.
Abro el cajón de los calzoncillos y puedo ver que solo hay unos los cuales la última vez que me los puse, Jacinto de Gran Hermano estaba en la cresta de la ola. El plan B era coger unos pantalones cortos del equipo de baloncesto y ya. Este tipo de duda me humaniza. A por ello.
Salgo de la ducha y me tumbo en la cama pensando por qué no me ducho tres veces al día. Aun con la reflexión en la cabeza entra mi padre a la habitación descojonandose:
- ¿Tu has ido a hacer pis?. Un balbuceo resume mi respuesta en lo que se correspondería a un “Bueno, si te refieres a alguna vez en mi vida: si! Hace poco? Más bien no, quizá hace un par de horas” o lo que es lo mismo: Puebllbuee....mrfff.
– Lo digo porque está la taza meada por fuera macho.
Si me hubiera dicho algo así seriamente pues mi contestación de “yo no he sido” habría quedado lógica, al estarse descojonando cualquier replica sonaba a pataleta de tio de 23 años que se hace pis en los pantalones.
-Ah por cierto, saca a Rey.
Hoy por hoy hace calor para cualquier cosa en el mundo. Sacar al perro no es una excepción. Calor, Calor, Calor.

Dios, todo el mundo habla del calor. Del calor y de la crisis económica. Y pensar en la crisis económica da aún más calor. Y tres noticias principales por telediario nos invaden de distinta forma. Tres reporteros que se van a la playa micrófono en mano, y nos dicen con la playa detrás como hace un calor de la ostia. Y tu te preguntas porque cojones no suelta el micrófono, se desnuda y se mete en el agua en vez de quedarse ahí diciendo lo que ya todos sabemos. Hazlo, innova, y que la gente se cague en tu puta madre o que al menos se ria y piense que no todos estamos tan puteados. De eso te puedes librar, ¿de la crisis económica?. Te dicen que la gente no se va de vacaciones, que en Madrid hace años se notaba el tráfico más fluido pero que ahora sigue igual porque la gente no se ha ido de vacaciones, porque no tiene un puto duro. Te lo dicen de siete formas distintas.
Yo creo que en realidad no hace calor. DE VERDAD. Es que repitan lo jodidos que estamos 18 veces al día lo que nos sofoca. Y luego voy yo y pienso: ¡Aiba! Si nome han renovado en el trabajo. Y pienso en la crisis económica. En el calor.
EN SU PUTA MADRE.
Y espero a que se haga de noche para sacar a Rey. Y en un momento de brisa ya de noche de repente creo que el tiempo es bastante perfecto y creo que, aunque solo sea durante ese rato, mi vida es perfecta, porque el tiempo es la ostia y sacar a mi perro es gratis.
La duda me asalta en un día cualquiera de Agosto.
Abro el cajón de los calzoncillos y puedo ver que solo hay unos los cuales la última vez que me los puse, Jacinto de Gran Hermano estaba en la cresta de la ola. El plan B era coger unos pantalones cortos del equipo de baloncesto y ya. Este tipo de duda me humaniza. A por ello.
Salgo de la ducha y me tumbo en la cama pensando por qué no me ducho tres veces al día. Aun con la reflexión en la cabeza entra mi padre a la habitación descojonandose:
- ¿Tu has ido a hacer pis?. Un balbuceo resume mi respuesta en lo que se correspondería a un “Bueno, si te refieres a alguna vez en mi vida: si! Hace poco? Más bien no, quizá hace un par de horas” o lo que es lo mismo: Puebllbuee....mrfff.
– Lo digo porque está la taza meada por fuera macho.
Si me hubiera dicho algo así seriamente pues mi contestación de “yo no he sido” habría quedado lógica, al estarse descojonando cualquier replica sonaba a pataleta de tio de 23 años que se hace pis en los pantalones.
-Ah por cierto, saca a Rey.
Hoy por hoy hace calor para cualquier cosa en el mundo. Sacar al perro no es una excepción. Calor, Calor, Calor.

Dios, todo el mundo habla del calor. Del calor y de la crisis económica. Y pensar en la crisis económica da aún más calor. Y tres noticias principales por telediario nos invaden de distinta forma. Tres reporteros que se van a la playa micrófono en mano, y nos dicen con la playa detrás como hace un calor de la ostia. Y tu te preguntas porque cojones no suelta el micrófono, se desnuda y se mete en el agua en vez de quedarse ahí diciendo lo que ya todos sabemos. Hazlo, innova, y que la gente se cague en tu puta madre o que al menos se ria y piense que no todos estamos tan puteados. De eso te puedes librar, ¿de la crisis económica?. Te dicen que la gente no se va de vacaciones, que en Madrid hace años se notaba el tráfico más fluido pero que ahora sigue igual porque la gente no se ha ido de vacaciones, porque no tiene un puto duro. Te lo dicen de siete formas distintas.
Yo creo que en realidad no hace calor. DE VERDAD. Es que repitan lo jodidos que estamos 18 veces al día lo que nos sofoca. Y luego voy yo y pienso: ¡Aiba! Si nome han renovado en el trabajo. Y pienso en la crisis económica. En el calor.
EN SU PUTA MADRE.
Y espero a que se haga de noche para sacar a Rey. Y en un momento de brisa ya de noche de repente creo que el tiempo es bastante perfecto y creo que, aunque solo sea durante ese rato, mi vida es perfecta, porque el tiempo es la ostia y sacar a mi perro es gratis.
sábado, julio 19, 2008
Again, And Again, And Again
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Hay algo en los españoles, un deje, un aire... un tufo. Creo que fue en Londres cuando empecé a darme cuenta de esto y a su vez desarrollé una habilidad especial para detectarlos. Como un sentido de alerta les veo llegar de lejos y sin necesidad de que digan una palabra lo sé. Se que son españoles, que se me van a poner los pelos de punta y que me van a hacer callar la boca para siempre hasta que pasen, para que no descubran que soy de los suyos.
No amigos, esto no se trata de un sentimiento antiespañol político de los cojones, esto va más allá. Y es que la importancia de unas vacaciones tiene que ver, no solo con el sitio al que vas, sino el sitio que dejas y la necesidad de desconectar de este. Y es por eso que cuando andando por Goteborg, Estocolmo, Malmo o Copenhague escuchaba un grupo de españoles de interrail con “ganas de conocer gente y salir de marcha” me encerraba en un cascarón asqueado, arrancándome los pelos de los brazos y cagándome en la puta por ser español. O porque ellos lo fueran.
El sentimiento postvacacional es eso. Es subirte a un avión y empezar a notar la masiva afluencia de españoles hijos de puta como tú. Y bajarte de este y ver que todos los que te rodean son unos hijos de puta como tú, sin excepción alguna. Y piensas en encerrarte un mes en tu habitación saliendo solo a mear y a coger horchata de la nevera.
No sé en que estado me encuentro ahora mismo, jodido, triste, cabreado... solo sé a pesar de todo, ha merecido la pena.
Hay algo en los españoles, un deje, un aire... un tufo. Creo que fue en Londres cuando empecé a darme cuenta de esto y a su vez desarrollé una habilidad especial para detectarlos. Como un sentido de alerta les veo llegar de lejos y sin necesidad de que digan una palabra lo sé. Se que son españoles, que se me van a poner los pelos de punta y que me van a hacer callar la boca para siempre hasta que pasen, para que no descubran que soy de los suyos.
No amigos, esto no se trata de un sentimiento antiespañol político de los cojones, esto va más allá. Y es que la importancia de unas vacaciones tiene que ver, no solo con el sitio al que vas, sino el sitio que dejas y la necesidad de desconectar de este. Y es por eso que cuando andando por Goteborg, Estocolmo, Malmo o Copenhague escuchaba un grupo de españoles de interrail con “ganas de conocer gente y salir de marcha” me encerraba en un cascarón asqueado, arrancándome los pelos de los brazos y cagándome en la puta por ser español. O porque ellos lo fueran.
El sentimiento postvacacional es eso. Es subirte a un avión y empezar a notar la masiva afluencia de españoles hijos de puta como tú. Y bajarte de este y ver que todos los que te rodean son unos hijos de puta como tú, sin excepción alguna. Y piensas en encerrarte un mes en tu habitación saliendo solo a mear y a coger horchata de la nevera.
No sé en que estado me encuentro ahora mismo, jodido, triste, cabreado... solo sé a pesar de todo, ha merecido la pena.
miércoles, julio 02, 2008
Sverige 2008
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Este viernes a las cinco menos veinte de la tarde Fanny, Quico y yo estaremos cogiendo un avión que nos dejará en Goteborg, Suecia. Estaremos dos semanas de vacaciones en las que pasaremos cuatro días en Goteborg, cuatro en Estocolmo, tres en Malmo terminando en Dinamarca para pasar los tres últimos días en Copenhague.
Vacaciones en el sentido más estricto de la palabra. No hay doble lectura. Viajar, oh viajar, resulta curioso que las cosas por las que continuamente más me ilusione estén ligadas al hecho de irme lejos de donde estoy. Escapar, tomar aire y sentir que allá donde voy nace una persona con dos semanas de vida que morirá en el momento en el que baje del avión que me traiga de vuelta. Así es un poco como recuerdo los otros grandes viajes que he hecho a lo largo de mi vida. Un periodo de tiempo en el que las responsabilidades forman parte del ocio y que la mayor preocupación que debo tener es no perder el tren que me lleve a la siguiente ciudad en la que emborracharme.
¿Y por qué Suecia? Pues...
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Todo se empezó a gestar hace cosa de un año cuando a raiz de conocer a Víktor, este chico con tan cara de sueco que sale en la foto, y pasar este unos cuantos días en casa de Manolo, dijimos algo asi como “el año que viene vamos para Suecia”. Que una propuesta así se haya convertido en una realidad y no haya quedado en ese puto saco roto donde quedan todas esas promesas sin cumplir, es algo que me emociona y que me hace coger con más ganas si cabe este viaje.
Manolo no viene finalmente haciendo de esto el gran “pero” de las vacaciones. Como meta a futuro esperamos conseguir que ese “ya lo haremos otro año” no caiga en el saco de mierda del que hablaba.
Y es que me encanta, me encanta que los recuerdos se construyan paso a paso sin tener que hacer nada, sin tener por qué gastarnos cinco gigas de memoria en la camara digital y contentarnos a veces con pasear al lado de una costa o mirando por la ventana de un tren que se convierte en el puente entre dos ciudades. Y sí, hoy me permito ser cursi en este último post antes de irme por dos razones:
1) Porque me sale de los cojones
2) Porque me sale de los huevos
No sé que más decir. Estoy emocionado.
Nos vemos a la vuelta.
Este viernes a las cinco menos veinte de la tarde Fanny, Quico y yo estaremos cogiendo un avión que nos dejará en Goteborg, Suecia. Estaremos dos semanas de vacaciones en las que pasaremos cuatro días en Goteborg, cuatro en Estocolmo, tres en Malmo terminando en Dinamarca para pasar los tres últimos días en Copenhague.
Vacaciones en el sentido más estricto de la palabra. No hay doble lectura. Viajar, oh viajar, resulta curioso que las cosas por las que continuamente más me ilusione estén ligadas al hecho de irme lejos de donde estoy. Escapar, tomar aire y sentir que allá donde voy nace una persona con dos semanas de vida que morirá en el momento en el que baje del avión que me traiga de vuelta. Así es un poco como recuerdo los otros grandes viajes que he hecho a lo largo de mi vida. Un periodo de tiempo en el que las responsabilidades forman parte del ocio y que la mayor preocupación que debo tener es no perder el tren que me lleve a la siguiente ciudad en la que emborracharme.
¿Y por qué Suecia? Pues...
Todo se empezó a gestar hace cosa de un año cuando a raiz de conocer a Víktor, este chico con tan cara de sueco que sale en la foto, y pasar este unos cuantos días en casa de Manolo, dijimos algo asi como “el año que viene vamos para Suecia”. Que una propuesta así se haya convertido en una realidad y no haya quedado en ese puto saco roto donde quedan todas esas promesas sin cumplir, es algo que me emociona y que me hace coger con más ganas si cabe este viaje.
Manolo no viene finalmente haciendo de esto el gran “pero” de las vacaciones. Como meta a futuro esperamos conseguir que ese “ya lo haremos otro año” no caiga en el saco de mierda del que hablaba.
Y es que me encanta, me encanta que los recuerdos se construyan paso a paso sin tener que hacer nada, sin tener por qué gastarnos cinco gigas de memoria en la camara digital y contentarnos a veces con pasear al lado de una costa o mirando por la ventana de un tren que se convierte en el puente entre dos ciudades. Y sí, hoy me permito ser cursi en este último post antes de irme por dos razones:
1) Porque me sale de los cojones
2) Porque me sale de los huevos
No sé que más decir. Estoy emocionado.
Nos vemos a la vuelta.
martes, junio 24, 2008
Worst Post Ever
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Estoy tumbado boca abajo en mi cama con la habitación semi oscura iluminada tan solo por la pantalla del ordenador. Suena el Mezzanine de Massive Attack, un oído lo tengo puesto en el disco y otro en el cuarto de baño esperando a que la puerta se abra para asi poder entrar de una vez. Mientras, empiezo a recordar la consulta del médico que he tenido esta misma tarde.
Se abre la puerta del cuarto de baño, noto que alguien ha hincado la rodilla en colchón y puedo intuir que será mi hermana en uno de esos abrazos que me da a traición y sin que yo me lo espere... nada más lejos de la realidad. En lugar de eso tengo a mi hermano Alex en cuestión de segundos sentado encima de culo y azotándome en este insinuándome que “no sea maricona”. Hoy es su 25 cumpleaños, no le he regalado nada e imagino que vendrá a por lo suyo.Sin tiempo a que le de una respuesta se marcha y me deja meditando sobre la consulta del médico. For my family forever.
Recuerdo la cara del médico. La cara de un tipo soso que se aburre detrás de un ordenador y que lo que ve detrás de su escritorio son minutos de menos que le falta hasta que se vaya a casa a ver Mira Quien Baila o lo que ostias echen ahora.
- ¿Qué te pasa Francisco?
- Pues nada, desde ayer vengo teniendo mareo y dolor de cabeza. También tengo fiebre y esta mañana me he despertado con flemas...
Escribía y escribía en su ordenador para entonces mirarme a través de sus centelleantes gafas y hacerme una pregunta que me pillo fuera de juego:
- ¿De que color son las flemas?
Como reponderle “No lo sé, la mayoría de ellas me las trago porque me pilla en la cama y por no levantarme ya se sabe” no me parecía muy decoroso, le dije que:
- Pues tampoco es que me fije mucho pero yo diría que son transparentes...
Me mandó entonces a la camilla, me senté, cogió la linterna, echó un vistazo a mi garganta y como el mecánico que dice “esto es de las bujías” al conductor, a mi me dijo “esto es amicdalítis”. Ibuprofeno, Paracetamol y un protector gástrico para que no me vaya por la pata abajo con tanta pastilla.
Algo así es lo que se me había ocurrido escribir tumbado en la cama, escuchando el Mezanine y con mi hermano acabado de azotarme en el culo. Te he dicho ya que felicidades?
Estoy tumbado boca abajo en mi cama con la habitación semi oscura iluminada tan solo por la pantalla del ordenador. Suena el Mezzanine de Massive Attack, un oído lo tengo puesto en el disco y otro en el cuarto de baño esperando a que la puerta se abra para asi poder entrar de una vez. Mientras, empiezo a recordar la consulta del médico que he tenido esta misma tarde.
Se abre la puerta del cuarto de baño, noto que alguien ha hincado la rodilla en colchón y puedo intuir que será mi hermana en uno de esos abrazos que me da a traición y sin que yo me lo espere... nada más lejos de la realidad. En lugar de eso tengo a mi hermano Alex en cuestión de segundos sentado encima de culo y azotándome en este insinuándome que “no sea maricona”. Hoy es su 25 cumpleaños, no le he regalado nada e imagino que vendrá a por lo suyo.Sin tiempo a que le de una respuesta se marcha y me deja meditando sobre la consulta del médico. For my family forever.
Recuerdo la cara del médico. La cara de un tipo soso que se aburre detrás de un ordenador y que lo que ve detrás de su escritorio son minutos de menos que le falta hasta que se vaya a casa a ver Mira Quien Baila o lo que ostias echen ahora.
- ¿Qué te pasa Francisco?
- Pues nada, desde ayer vengo teniendo mareo y dolor de cabeza. También tengo fiebre y esta mañana me he despertado con flemas...
Escribía y escribía en su ordenador para entonces mirarme a través de sus centelleantes gafas y hacerme una pregunta que me pillo fuera de juego:
- ¿De que color son las flemas?
Como reponderle “No lo sé, la mayoría de ellas me las trago porque me pilla en la cama y por no levantarme ya se sabe” no me parecía muy decoroso, le dije que:
- Pues tampoco es que me fije mucho pero yo diría que son transparentes...
Me mandó entonces a la camilla, me senté, cogió la linterna, echó un vistazo a mi garganta y como el mecánico que dice “esto es de las bujías” al conductor, a mi me dijo “esto es amicdalítis”. Ibuprofeno, Paracetamol y un protector gástrico para que no me vaya por la pata abajo con tanta pastilla.
Algo así es lo que se me había ocurrido escribir tumbado en la cama, escuchando el Mezanine y con mi hermano acabado de azotarme en el culo. Te he dicho ya que felicidades?
lunes, junio 23, 2008
Rojo menstruación
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La marea roja. Joder. Dos horas de un partido aburrido nos llevan a los únicos cinco minutos que merecen la pena. Abrazos, saltos, despedidas, un chicle de menta y un tren de la linea cinco de metro que tardará 13 minutos en llegar.
España contra Italia en los cuartos de final de la copa de Europa. Contra Italia, y en los cuartos. Por si los presagios no fueran suficientes para una derrota segura de la selección, tras un partido aburrido en el que España ha jugado mejor, han llegado a los penaltis.
Y España ha ganado.
Cuando uno no estudia un examen y las posibilidades de aprobar son casi nulas, tiene la ventaja de que en el caso de que entre a este no va a estar nervioso porque el suspenso asoma al otro lado del folio. Con el partido de hoy, pues igual. España contra Italia, en cuartos y en la tanda de penaltis... yo no estaba nervioso. Enhorabuena Italia. Otro año será. Jugamos mejor pero no pudo ser. La tanda de penaltis es una lotería. A por ellos, oé, oé, oé... Y va España y gana.
Tócate los huevos.
Alegría, buen rollo en el cuerpo y un chicle que tiro en la papelera del transbordo del metro, abre la brecha para que empiecen a salir adolescentes con carta blanca para hacer el cafre en el momento y de la forma que sea. Tras el transbordo llego al andén de la linea 5 y el cartel luminoso me ha da un ostiazo diciendo que tengo que esperar 13 minutos para que llegue el tren.
Viva España. Enredemos nuestras banderas alrededor de nuestro cuello, pintémonos la cara, quitémonos las camisetas pero sobre todo... CANTEMOS COMO HIJOS DE PUTA. Por que sí, porque somos felices y porque el “LO” es una sílaba lo suficientemente potente como para convertirla en la letra del himno de nuestro país. Cantala. “No seas soso.... que hemos ganao”.
“Rubia guapa! Tu también!!”
Entonces el tren se va vaciando, entra Fer, comento el partido con él, se baja a las tres paradas, bajo del metro, veo que mi padre tiene el coche aparcado en la puerta, llego a casa, saludo a Rey que me espera con la zapatilla en la boca y recuerdo que España ha ganado por penaltis en los cuartos de final de la copa de Europa a Italia.
Estoy feliz aunque mañana sea lunes.
La marea roja. Joder. Dos horas de un partido aburrido nos llevan a los únicos cinco minutos que merecen la pena. Abrazos, saltos, despedidas, un chicle de menta y un tren de la linea cinco de metro que tardará 13 minutos en llegar.
España contra Italia en los cuartos de final de la copa de Europa. Contra Italia, y en los cuartos. Por si los presagios no fueran suficientes para una derrota segura de la selección, tras un partido aburrido en el que España ha jugado mejor, han llegado a los penaltis.
Y España ha ganado.
Cuando uno no estudia un examen y las posibilidades de aprobar son casi nulas, tiene la ventaja de que en el caso de que entre a este no va a estar nervioso porque el suspenso asoma al otro lado del folio. Con el partido de hoy, pues igual. España contra Italia, en cuartos y en la tanda de penaltis... yo no estaba nervioso. Enhorabuena Italia. Otro año será. Jugamos mejor pero no pudo ser. La tanda de penaltis es una lotería. A por ellos, oé, oé, oé... Y va España y gana.
Tócate los huevos.
Alegría, buen rollo en el cuerpo y un chicle que tiro en la papelera del transbordo del metro, abre la brecha para que empiecen a salir adolescentes con carta blanca para hacer el cafre en el momento y de la forma que sea. Tras el transbordo llego al andén de la linea 5 y el cartel luminoso me ha da un ostiazo diciendo que tengo que esperar 13 minutos para que llegue el tren.
Viva España. Enredemos nuestras banderas alrededor de nuestro cuello, pintémonos la cara, quitémonos las camisetas pero sobre todo... CANTEMOS COMO HIJOS DE PUTA. Por que sí, porque somos felices y porque el “LO” es una sílaba lo suficientemente potente como para convertirla en la letra del himno de nuestro país. Cantala. “No seas soso.... que hemos ganao”.
“Rubia guapa! Tu también!!”
Entonces el tren se va vaciando, entra Fer, comento el partido con él, se baja a las tres paradas, bajo del metro, veo que mi padre tiene el coche aparcado en la puerta, llego a casa, saludo a Rey que me espera con la zapatilla en la boca y recuerdo que España ha ganado por penaltis en los cuartos de final de la copa de Europa a Italia.
Estoy feliz aunque mañana sea lunes.
lunes, junio 16, 2008
This is one called: Perfao
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Si alguien le preguntara a una persona a la que apuntan con una pistola en la cabeza y puede notar el frío acero de esta en su sien, qué siente, esta no respondería miedo. O si a algun niño futbolero desde pequeño y fan del Real Madrid le dejan jugar un partido en el Bernabeu con todas sus estrellas, este tampoco diría que siente felicidad. Es algo que sé. ¿Y por qué? Pues porque ayer, con motivo de trasnochar para ver el quinto partido de la final de la NBA, no dormí más que una hora. Lo que sentí por la mañana al despertarme y luego en el trabajo no era sueño, era una pistola apuntándome a la cabeza, era un partido de fútbol en el Bernabeú, era algo más.
El sueño, cuando me levanto, me hace bostezar, remolonear en la cama largo rato, estirarme... no sé, esas cosas. La sensación de esta mañana al sonar el depertador fue estirar el brazo para apagarlo como si no hubiera ocurrido nada y entonces seguir durmiendo. Pero entonces una pequeña voz dentro de mí que resultaba ser la única parte consciente que tenía en ese momento me relataba lo que acababa de ocurrir: Tío, ha sonado el despertador, luego has estirado el brazo para finalmente apagarlo y ¿sabes por qué ha sonado el despertador? - me decía esa vocecilla. Y entonces yo me despertaba de una vez, en seco y asustado para coger el despertador con la mano derecha, mirarlo y entonces decir algo así como:
¡Y UNA POLLA!
Lavarme la cara no servía, la ducha tampoco. Me movía por la casa con los ojos rojos y la boca abierta buscando algún sentido a aquello: “No puede ser” “No puede ser” me repetía. Cualquier cosa que no fuera seguir durmiendo era la idea más absurda que a nadie se le hubiera ocurrido, y si esta idea resultaba ser ir a trabajar, pues bueno, esto... era peor aún. La idea de llamar al trabajo y decir que no podía ir porque TENÍA MUCHO SUEÑO, se me pasó por la cabeza mientras iba a desayunar y de hecho, si a quien se lo contara le pudiera reflejar en una milésima parte mi estado en aquel momento, vendría a casa a contarme un cuento, arroparme y darme un beso en la frente para seguir con su labor no sin antes acariciarme el pelo y decir “ay.... pobre”.
Pero claro, luego asalta el motivo por el cual estaba así de puteado lo cual si para todo ser humano supone un “tío, pues te jodes” a mi me ha dejado la sensación de “ha merecido la pena” a pesar de todo.
Recuerdo con especial cariño dos momentos de los playoffs de la NBA que me hicieron gritar y saltar a las seis de la mañana como si hubiera ganado un viaje a Cuba en un rasca y gana. A alguno le sonará.
Ayer no hubo un final tan dramático. De hecho, los Lakers (equipo al que apoyo) ganaron sí, pero siguen abajo en la eliminatoria y lo tienen más que jodido para llevarse el título. Aun con esas el reencuentro con la NBA de madrugada me pareció muy mágico y algo por lo que mereció la pena despertarse puteado un lunes e incluso, escribir este post.
Y supongo que este post podría responder también a la pregunta de ¿Qué tal llevas el examen del viernes?
Emmm, ufff, he perfao...
Si alguien le preguntara a una persona a la que apuntan con una pistola en la cabeza y puede notar el frío acero de esta en su sien, qué siente, esta no respondería miedo. O si a algun niño futbolero desde pequeño y fan del Real Madrid le dejan jugar un partido en el Bernabeu con todas sus estrellas, este tampoco diría que siente felicidad. Es algo que sé. ¿Y por qué? Pues porque ayer, con motivo de trasnochar para ver el quinto partido de la final de la NBA, no dormí más que una hora. Lo que sentí por la mañana al despertarme y luego en el trabajo no era sueño, era una pistola apuntándome a la cabeza, era un partido de fútbol en el Bernabeú, era algo más.
El sueño, cuando me levanto, me hace bostezar, remolonear en la cama largo rato, estirarme... no sé, esas cosas. La sensación de esta mañana al sonar el depertador fue estirar el brazo para apagarlo como si no hubiera ocurrido nada y entonces seguir durmiendo. Pero entonces una pequeña voz dentro de mí que resultaba ser la única parte consciente que tenía en ese momento me relataba lo que acababa de ocurrir: Tío, ha sonado el despertador, luego has estirado el brazo para finalmente apagarlo y ¿sabes por qué ha sonado el despertador? - me decía esa vocecilla. Y entonces yo me despertaba de una vez, en seco y asustado para coger el despertador con la mano derecha, mirarlo y entonces decir algo así como:
¡Y UNA POLLA!
Lavarme la cara no servía, la ducha tampoco. Me movía por la casa con los ojos rojos y la boca abierta buscando algún sentido a aquello: “No puede ser” “No puede ser” me repetía. Cualquier cosa que no fuera seguir durmiendo era la idea más absurda que a nadie se le hubiera ocurrido, y si esta idea resultaba ser ir a trabajar, pues bueno, esto... era peor aún. La idea de llamar al trabajo y decir que no podía ir porque TENÍA MUCHO SUEÑO, se me pasó por la cabeza mientras iba a desayunar y de hecho, si a quien se lo contara le pudiera reflejar en una milésima parte mi estado en aquel momento, vendría a casa a contarme un cuento, arroparme y darme un beso en la frente para seguir con su labor no sin antes acariciarme el pelo y decir “ay.... pobre”.
Pero claro, luego asalta el motivo por el cual estaba así de puteado lo cual si para todo ser humano supone un “tío, pues te jodes” a mi me ha dejado la sensación de “ha merecido la pena” a pesar de todo.
Recuerdo con especial cariño dos momentos de los playoffs de la NBA que me hicieron gritar y saltar a las seis de la mañana como si hubiera ganado un viaje a Cuba en un rasca y gana. A alguno le sonará.
Ayer no hubo un final tan dramático. De hecho, los Lakers (equipo al que apoyo) ganaron sí, pero siguen abajo en la eliminatoria y lo tienen más que jodido para llevarse el título. Aun con esas el reencuentro con la NBA de madrugada me pareció muy mágico y algo por lo que mereció la pena despertarse puteado un lunes e incluso, escribir este post.
Y supongo que este post podría responder también a la pregunta de ¿Qué tal llevas el examen del viernes?
Emmm, ufff, he perfao...
domingo, junio 01, 2008
Quizá algun día
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Días de lluvia ya metidos en Junio me trasladan a Londres. Llueve, se despeja para al cabo del rato volver a llover y acabar el día con un desconcierto en el cielo que hacen de las nubes un cuadro. Otra vez recordando. OTRA VEZ. Recuerdos buenos en días de hastío hacen de estos historias que creías olvidadas, quizá por una forma de autodefensa o de un contraataque que se echa encima sin pedirlo, películas con bandas sonoras que se engrandecen en sus últimas notas haciéndote mirar otro lado para que nadie vea que de tus ojos está a punto de salir una lágrima del tamaño de tu puño.
Me gusta ver una foto y meterme dentro de ella, buscar cosas que me den pistas para saber lo que allí detrás pasaba. Relojes, prendas de vestir, expresión de las caras, desperdicios del suelo, reflejos en cristales abandonados o en las gafas de sol de cualquiera que se deje, anuncios de próximos eventos o de productos nuevos sin trascendencia, aquel padre que le echa la bronca a su hija, semáforos en rojo o el marcador del metro que te dice cuantos minutos faltan para que este llegue. Eso es al fin y al cabo una foto, un montón de recuerdos en forma de imagen que a su vez evocan otros recuerdos.
Pero eso ya no vale.
Hoy en día lo que vale es la foto como escaparate. Que la única motivación de alguien sea hacer de una foto un JOTA PE GE en el que te enseño lo grandes que son mis tetas o lo bien que salgo en esta foto en la que, por caprichos del destino o alguna luz/sombra en el lugar apropiado, mis defectos se ocultan. Personalmente me parece una putada.
Cumpleaños, reyes... comuniones, cualquier excusa puede ser buena para regalar una cámara digital. Antes la gente tenía la limitación de tener que apoquinar para revelar una foto lo que hacía a esas personas pensarse dos veces si dirigir la cámara a sus testículos afeitados o a lo que se ve por su ventana. Ahora esa traba no existe y para mí es como si de un día para otro a todo el mundo se le diera la oportunidad de grabar un disco o rodar un corto con el único sacrificio de tener que recargar la batería cuando esta se te acabe. Que si aún con esas la mierda desborda, pues hagámonos una idea.
¿Alguien dijo Fotolog?
Días de lluvia ya metidos en Junio me trasladan a Londres. Llueve, se despeja para al cabo del rato volver a llover y acabar el día con un desconcierto en el cielo que hacen de las nubes un cuadro. Otra vez recordando. OTRA VEZ. Recuerdos buenos en días de hastío hacen de estos historias que creías olvidadas, quizá por una forma de autodefensa o de un contraataque que se echa encima sin pedirlo, películas con bandas sonoras que se engrandecen en sus últimas notas haciéndote mirar otro lado para que nadie vea que de tus ojos está a punto de salir una lágrima del tamaño de tu puño.
Me gusta ver una foto y meterme dentro de ella, buscar cosas que me den pistas para saber lo que allí detrás pasaba. Relojes, prendas de vestir, expresión de las caras, desperdicios del suelo, reflejos en cristales abandonados o en las gafas de sol de cualquiera que se deje, anuncios de próximos eventos o de productos nuevos sin trascendencia, aquel padre que le echa la bronca a su hija, semáforos en rojo o el marcador del metro que te dice cuantos minutos faltan para que este llegue. Eso es al fin y al cabo una foto, un montón de recuerdos en forma de imagen que a su vez evocan otros recuerdos.
Pero eso ya no vale.
Hoy en día lo que vale es la foto como escaparate. Que la única motivación de alguien sea hacer de una foto un JOTA PE GE en el que te enseño lo grandes que son mis tetas o lo bien que salgo en esta foto en la que, por caprichos del destino o alguna luz/sombra en el lugar apropiado, mis defectos se ocultan. Personalmente me parece una putada.
Cumpleaños, reyes... comuniones, cualquier excusa puede ser buena para regalar una cámara digital. Antes la gente tenía la limitación de tener que apoquinar para revelar una foto lo que hacía a esas personas pensarse dos veces si dirigir la cámara a sus testículos afeitados o a lo que se ve por su ventana. Ahora esa traba no existe y para mí es como si de un día para otro a todo el mundo se le diera la oportunidad de grabar un disco o rodar un corto con el único sacrificio de tener que recargar la batería cuando esta se te acabe. Que si aún con esas la mierda desborda, pues hagámonos una idea.
¿Alguien dijo Fotolog?
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