jueves, junio 17, 2010

Satisfecho





Vuelven a dar las tantas de la madrugada. Abro el armario de las camisetas, me quito la del pijama y me pongo la amarilla de los Lakers. Cara a cara con el ordenador tengo un pensamiento tan infantil como sincero agradeciendo a... a..., simplemente agradeciendo que existe Internet por darme la posibilidad de ver una noche más otro partido.

El corazón me late a toda velocidad y que asi sea me alivia, porque de este modo puedo pensar en lo mucho que me late el corazón en lugar de en el partido y así en cierto modo, relajarme. Este sentimiento dura poco cuando los Celtics ya han metido tres canastas seguidas por ninguna de los Lakers. Imposible recostarse en el sofá y apoyar la cabeza en la almohada, la tensión me hace acercarme lo más posible a la pantalla dejando mi culo al borde del sofá y recolocándolo exclusivamente para no caerme al suelo. Asi será durante las casi tres horas de partido salvo los tiempos muertos y descansos que aprovecharé para ir a mear o comer un bol de cereales.

- ¿Estuviste viendo ayer una película de misterio? - me pregunta discretamente mi madre
- No, ¿por qué?
- Ay no sé, te escuchaba gritando y dando algún golpe
- No no, jugaban los Lakers

Puñetazos a algun cojín por alguna decisión arbitral que aun siendo correcta, yo no la considero tal o algún cabezazo fortuito con la nuca en la pared al celebrar un 2 + 1 de Gasol, salen de manera tan espontanea que no solo no puedo evitarlo, sino que ni siquiera pretendo que asi sea.

Y así ocurre madrugada tras madrugada. El baloncesto, la pantalla y yo sin que se trate ya de una simple afición, sino de una pasión tan sincera y profunda que hacen que merezca la pena esas noches insomnes tras el partido por la emoción de una victoria, o por el sufrimiento de una derrota.

Mañana Los Angeles Lakers y los Boston Celtics juegan el último partido de la final de la NBA. Quién gane el partido gana el título. Y animaré a los Lakers, sufriré, saltaré y mi cojín volverá a sentir mis ataques de ira o emoción. Pase lo que pase, de lo que verdaderamente me alegro es de que ALGO consiga hacerme sentir tan vivo.

viernes, junio 11, 2010

Los felpudos de goma no secan, mojan más.

Ando solo hacia el metro con el suelo mojado por la lluvia. De camino hacia este voy pensando en como en el día anterior desde que salí de casa y le dije 'adiós' a mi madre, no volví a decir una sola palabra hasta que volví y le dije 'hola'. Entre medias pasaron siete horas y hoy, volvería a pasar exactamente lo mismo.

Resbalo con algo del suelo lo suficiente como para levantar las manos para estabilizarme, pero no tanto como para temer por aterrizar con mi mochila en la acera. Mi preocupación en cambio está en descubrir con qué he resbalado, concretamente si con lo que he resbalado ha sido con una mierda húmeda o con una cáscara de plátano seca. Miro al suelo y veo que solo es una alcantarilla mojada con una firma plateada en la que pone "Farlopa". Siempre es mejor resbalar con farlopa que con una truño, oh sí.

Entro al metro, pasan unas cuantas paradas. No tengo música, no tengo libro y poco a poco me doy cuenta de que tampoco tengo vida porque se me va escapando poco a poco por cada puerta abierta de una nueva parada. La gente a mi alrededor es desagradablemente fea. La gente a mi alrededor es tan fea que hasta me atrevo a afirmar sin ningún tipo de vacilación que yo soy el más guapo. Estoy convencido que ahí fuera sigue lloviendo.

Entra en Quintana un dominicano con un pañuelo enrollado en la cabeza y una gorra de los Yankees llovida del cielo con una pegatina dorada en ella. Me cae mal, aunque tampoco es su culpa. Se queda de pie a pesar de haber unos cuantos asientos libres. Un rato después y con el metro parado en Diego de León, un borracho se tambalea frotando la mano contra el cristal del vagón haciendo un ruido estrídente bastante desagradable consiguiendo que la gente fea ponga cara aún más fea. Entonces el borracho levanta la manivela de la puerta, esta se abre, y en seguida se vuelve a cerrar con el borracho aguantando esta con la mano de manera sorprendemente fácil. Entonces el borracho, con la mano sujetando la puerta para que no se cierre, mira al dominicano a los ojos y mueve los hombros hacia arriba:

- ¿Qué te pasa a ti?
- ¿A mí?... ¿Qué te pasa a tí?
- Fffff.

Se quedan mirando unos segundos en los que todos los pensamientos random de toda esa gente fea del metro se ha disuelto para atender a ese momento. Algunos desean que se ostien, otros quieren salir de allí, y otros solo quieren que el borracho siga su camino natural, salga del metro y entonces puedan volver a su pensamiento random.

- Gilipollas - dice el borracho.

Entonces el borracho le estira el dedo corazón, se lo besa, lo estira al cielo y sale del vagón sembrando dudas y pestazo a vino en el ambiente.

Llego a la facultad, voy a mirar una nota que no está puesta, bajo a la biblioteca y empiezo a leer basura aburrida sobre Schmoller.

Pasan cuatro horas. Vuelvo a casa.

- Hola mamá.

La voz me sale entrecortada con un gargajo que nunca debió estar ahí.

De esos días en los que llueve y por más gente con la que te rodees, sigues estando solo.

lunes, mayo 10, 2010

For instance.

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Viajo sentado en un coche en el viaje de vuelta de algún lugar. Estoy mirando a través de la ventanilla un paisaje aleatorio de extensos campos cultivados de yo qué sé. Si alguien tuviera que adivinar donde estoy a partir de una descripción de lo que veo, podría decir cualquier carretera de Castilla y León que seguro acertaría. Uno de esos paisajes que siempre ves con muchos kilometros ya recorridos y probablemente aun muchos más por recorrer.

Miro a alguien que se sienta a mi derecha y que también mira por la ventanilla. Pienso que lleva un rato sin decir nada, y pienso que durante todo ese rato siempre ha estado hablando consigo mismo. De una forma extraña nuestro cerebro no para, pensando cuando no hablamos y hablando cuando no pensamos. Todos esos pensamientos quedarán perdidos en rincones de nuestra memoria con un paisaje de fondo repetitivo y anodino. Y es posible que esa persona al lado mio esté pensando en el filete de cerdo que va a comerse cuando llegue a casa, o en el video de Impacto TV que vio hace poco en Youtube y en el que Carlos García Hirschfield entrevistaba en "riguroso directo" a Don Facundo Dominguez, por haber sido capaz de escapar por los pelos a ese casi atropello en el que un coche de Rally se salió de la carretera mientras el bueno de Facundo se encontraba en el público comiendo un bocata de sobrasada, detrás de esa cuerda de mimbre que delimitaba la grada de la carretera, ajeno a cualquier peligro.




Lo bueno es que yo nunca tendré ni puta idea. Ver a una persona callada, mirando por la ventanilla de un coche un paisaje con el sol reflejado en sus ojos, siempre tiene un halo de misterio que pende de un hilo al poder convertirse en mierda porque a esa persona de repente le parece interesante compartir una subnormalidad con nosotros. Joder, el silencio está infravalorado. Y entonces dejo de pensar de puertas hacia fuera, y empiezo a centrar el pensamiento en mi mismo. ¿En qué estaba pensando yo ahora mismo?, o lo que es lo mismo ¿Cómo de misterioso o subnormal podría resultar de "cara al público" si expresara en voz alta mis delirios?. Y entonces empiezo a recordar.

Pensaba en él, en si su silencio sería capaz de mejorar de alguna forma la opinión que tengo sobre él o si por el contrario no haría más que autoafirmar mis prejuicios. Pero no, no... antes de eso. Antes pensaba en los aburridos campos de cultivo que aun entonces, mientras refrescaba mis recuerdos, seguían repitiéndose como si de un paisaje de Delfi se tratara.Una y otra vez. Entonces ¿se supone que de donde nace ese relativo y posible halo de misterio que reflejan mis ojos a traves de la ventanilla, es esa mierda?

Y cabalgo en mis recuerdos mientras el paisaje se repite una y otra y otra vez. Y mientras intento rememorar pensamientos otro pensamiento aborda mi cabeza, ¿que pasaría si alguien ahora mismo me preguntara "¿En que estás pensando?"?.

Agito la cabeza, y de repente me doy cuenta de que el rato pensando en pensamientos, ha sido suficiente para llegar a la ciudad y dejar atras esos horribles cultivos.
Nos paramos en un semáforo, miro a mi derecha y veo a un conductor que parece nervioso, sin hablar, solo pensando. De repente se dirige a su acompañante que se sienta justo al lado. Y entonces, guiado por un instinto más que por un impulso, miro en la parte de atrás del coche. Hay un niño con gafas y cara de pardillo, que mientras sujeta una bolsa de Risketos, me está mirando fijamente.
Como diciendo: ¿Y este tío, en qué cojones estará pensando?.

lunes, febrero 22, 2010

Everybody knows things are bad

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El otro día, de camino al parque para correr, una mujer me paró al lado del portal de mi casa para hacerme una encuesta que valoraba la calidad de vida de la población madrileña en situación de crisis. Diez minutos más tarde y ya en el parque corriendo, una sensación de desaliento me abordaba al recordar mis respuestas a algunas de sus preguntas: 25 años. Sin trabajo. Sin carnet. Viviendo en casa de mis padres. NdE: Y además tengo el DNI caducado, estudio una carrera que no me gusta y no consigo acabar y se me cae el pelo a puñaos. Estupendo.

Respuestas a preguntas que abordaban pensamientos que tengo prácticamente todos los días y que, sin lugar a dudas y como si se tratara de escucharse la voz en una cinta TDK, al decirlos en voz alta a una persona ajena sonaban mucho peor que dentro de mi cabeza, tal vez porque los pensamientos no tienen la voz de alguien con muchos mocos que va a correr sin ganas.

Me pregunto a quien le puede interesar leer algo así. Lo hago de verdad y sin ningún afán de victimismo. Quiero decir, cada uno, y especialmente en días como los que corren, tiene que lidiar con su propia mierda... ¿qué necesidad hay además de leer la mierda que se le amontona a un chaval de 25 años, sin trabajo, sin carnet, que vive en casa de sus padres y que tiene un blog de tres al cuarto?. A la gente le gusta ver a Karlos Arguiñano cocinando cosas que ellos no se van a poder permitir y que, en el caso de que pudieran, la pereza de tener que rebozar ese pescado o batir esos huevos a punto de nieve, descartarían la posibilidad llamando a un chino o comiendo en el restaurante de alitas de pollo de debajo de su casa. La gente ve Bricomanía porque le encanta ver como un tipo simpático se desloma haciendo algo que a nosotros nos encantaría poder hacer, pero la realidad es que nadie en su casa tiene una broca del 17 ni espacio para colocar el armatoste que está ajustando el presentador con la black and decker, ni esos brazos de sansón para levantar las vigas de ocho por ocho con las que se anima nuestro amigo.

En definitiva, a la gente le gusta leer cosas que le hagan sentir mejor, y es por esa sensación de solidaridad con los que me leen, y a pesar de que tengo muchas cosas que contar, por lo que prefiero ser coherente y dejar este sitio aparcado durante no mucho tiempo. Esa es la mala noticia para los tres fieles lectores de este blog. La buena es que se que este sentimiento es pasajero (no es la primera vez que ocurre) y que de alguna forma no estoy más que cogiendo carrerilla para volver con más fuerza.

Stay tuned.

miércoles, febrero 03, 2010

No me fio

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No me fio de la gente que me llama "socio" sin conocerme. No me fio de aquellos que, después de años conociéndome, no sabe decirme que tengo una hermana. Melliza.

No me fio de los que despliegan su alegría silbando solos por la calle. No me fio de los que pretenden parecer tristes para conseguir un cochino abrazo.

No me fio de los que solo escuchan "lo que suena en los 40". No me fio de los que se saben hasta el más mínimo detalle de cualquier grupo de música que exista.

No me fio de los que se pasan el día contando chistes. No me fio de los que no saben reirse de si mismos.

No me fio de los que se fian de todo. No me fio de los que no se fian de nada.

No me fio de los .exe. No me fio de los despertadores. No me fio de mis vecinos. No me fio de las señoras. No me fio de Iker Jimenez. No me fio de las palomas. No me fio de las chanclas. No me fio de los abrefácil. No me fio de los tallarines que venden los chinos en la calle. No me fio de los que no te fian nada.


No me fio de los días con nubes porque nunca sabes si echará finalmente a llover. No me fio de los días con sol porque no consigo siquiera fiarme de mi jodida sombra.

jueves, diciembre 24, 2009

Apollardao

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Y justo cuando lloriqueaba en el post anterior sobre las desavenencias del desempleo, mi amigo Gonzalo me conseguía un trabajillo seis días dispersos durante estas navidades, para realizar actividades lúdicas con críos. Lo que viene a ser hacer de canguro pero venido a más. Otra vez.

Con el horario de sueño más que cambiado debido a mi inactividad, la hora a la que finalmente me pude dormir rondaba las 5 de la madrugada con el inconveniente de que esta vez tenía que despertarme a las 7.15. Cuando duermo entre dos y tres horas, la sensación de sueño es sustituida por la de ser un zombi sin hambre. Lo que no cambia eso sí, es la mala hostia infinita del que teniendo lo que necesita tan cerca, no puedo acceder a ello.

No quiero hablar, no me apetece hacerlo. De hecho, no me apetece ni siquiera gruñir afirmando o negando. Solo quiero poder despertarme y de ahi llegar al autobús y que la primera palabra que salga de mi boca sea el "hola" al conductor, sin tener que responder preguntas. Pero mi padre está en la cocina.

- Hola hijo, buenos días, ¿qué tal estas?, ¿qué tal has dormido?, ¿dónde vas tan temprano?
- Mff... brll prffff trabajo - digo mientras remuevo el café con cara de choped.
- Ajá. Oye, está lloviendo, llévate un paraguas.
- Jm - respondo mientras apuro el café más rápido que me haya bebido jamás.
- Y oye, ¿sólo vas a desayunar eso?¿te preparo un bocadillo?
- No, gracias - respondo apunto de estallar y con el gracias más vacío que me haya salido en mucho tiempo.

Salgo echando ostias de la cocina con ganas de coger una escopeta y disparar al techo, pero en lugar de eso me pongo las lentillas a duras penas, me visto y salgo corriendo de casa con la voz de mi padre haciendo eco en el portal diciéndome: ABRIGATE BIEEEEN.

Gracias, padre, pero de verdad, a veces soy gilipollas hasta reventar.

Con este pensamiento aun en la cabeza salgo a la calle a eso de las 7.45. Llueve a mares y es de noche. Paralizado durante cuatro segundos en el portal, se me escapa una risa nerviosa. Agito la cabeza y salgo escopetao porque me parece sentir cercano el eco de la voz de mi padre.

Andando hacia la parada del autobús reflexiono sobre ese rumor que dice que el mundo sigue girando cuando nosotros dormimos. Que a las ocho de la mañana hay atasco y que, poco importa que llueva, sea de noche o víspera de navidad. La N-II seguirá atascada, aunque tu no seas consciente de ello.

Llego a mi destino. El trabajo se desarrolla en un centro cultural con muchos niños que nada tienen que ver con los demonios a los que me enfrenté en La Cañada Real. Es por eso que la situación que a continuación voy a relatar me dolió hasta el punto de paralizarme y sentirme una persona repugnante (Rober, atento que esta te va a hacer gracia).

Acompañaba a un niño y una niña de unos siete años al cuarto de baño del centro cultural, siguiendo las instrucciones que anteriormente nos habían dado. Una vez en los servicios el baño de los chicos quedaba a la derecha y el de las chicas a la izquierda. Veo a los dos entrar en el baño de las chicas asi que le digo al niño: Hey! que ese es el de las chicas hombre!. A lo que él me responde:

Es que soy una chica.

Sin encontrar palabras para arreglar la situación, me limité a balbucear en silencio mientras la niña me miraba con cara angelical y me decía: "es que me he cortado el pelo", lo que conseguía palidecer mi cara aún más y resaltar la impotencia en un silencio. Dos chicas de mi edad pasaban al lado, medio riéndose medio compadeciéndose.

Con el peor de los sentimientos de culpa volví al aula y le comenté la jugada a Gonzalo. Corroborar que él también creía que era un chico me hizo sentir mejor, no asi, en cambio, que él escuchara el nombre de ella antes de meter la pata tan hasta el fondo.

Estas y otras historias (dejaré para otro día la del niño que durante una hora no hacía más que decir "coches de choque") se han sucedido en el que ha sido un primer día que bien puede resumirse con la palabra que da título al post.

Mis más sinceras disculpas por el tocho.

martes, diciembre 15, 2009

Chances

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-¡Demonios, Stephanie! Es el quinto plato que rompes este mes... ¿Acaso crees que los platos crecen en los armarios? No, maldita sea, NO. Los platos los pago yo con el sudor de mi frente para que sean útiles, no para que una estúpida niña consentida de Wisconsin se dedique a recordarme el terrible error que cometí al contrarla. Es el último aviso, Stephanie, EL ÚLTIMO AVISO. A la próxima estarás despedida - dijo el jefe agitando el puño en el aire

- ¿Sabe qué señor Thompson? - dijo Stephanie con la voz temblorosa y los ojos a punto de estallar - Que no me despide usted... ¡¡porque soy yo la que se va!!

Entonces Stephanie se quita el delantal, lo arroja con fuerza contra la mesa y sale dando un portazo que estremece a todo el establecimiento.

SIGUIENTE ESCENA

Vemos a Stephanie llorando desconsoladamente en el rellano de su casa, cuando su amiga Nancy aparece para preguntarle por la causa de su desazón: "He tenido que... snif... largarme de ese maldito bar. ¡No lo aguantaba más!".

Su amiga Nancy la abraza consolando su pena.

SIGUIENTE ESCENA

Stephanie está trabajando de recepcionista en un bufete de abogados: "Un momento señor Stewart, ahora mismo le paso la llamada".

- ¡Stephanie! ¿Cómo tu por aquí? - dice un atractivo abogado
- Pues ya ves, hace dos semanas terminé en el bar donde trabajaba. Tuve que buscar otro trabajo asi que -risita estúpida- aquí estoy de manera temporal
- Estupendo - dijo el atractivo abogado con una sonrisa a la que se le iluminaba un colmillo.


Porque desgraciadamente la vida no son tres escenas... yo me cago en tu puta madre Stephanie. Asi lo hago porque después de un año buscando trabajo de lo que sea, para ir sacando algun dinero compaginando con los estudios, a lo más cerca que he llegado es a trabajar dos semanas de canguro en verano, y a alguna que otra entrevista fallida.

La última de ellas, eso sí, en una importante multinacional:



Allí estuve puntual. Me digné incluso a ponerme una camisa. Esperaba justo delante de una puerta cerrada rodeado de gente que se miraba entre asustada y expectante. Seríamos unas quince personas entre las que no había muchos extranjeros, pero si muchos bakalas. A los cinco minutos un hombre nos animó a entrar.

Ya en una habitación repleta de sillas el hombre se presentó. Tenía pinta de sentirse cómodo en esa situación y, no sabría muy bien el motivo exacto, pero alrededor de él existían aires de "vosotros, parados de mierda, aunque os contratemos seguiré estando muy por encima vuestro, que os quede claro". Ese traje, esa pedantería del todo innecesaria... le calé en seguida.

Lo primero que hizo fue ponernos una presentación en Powerpoint. ¿La fuente? Comic Sans. Y es que aunque fuera una presentación para evaluar los presupuestos del Estado, el que estuviera escrito con la letra en la que te llegan todos los powerpoints de ositos reclamando un abrazo a tu amigo, ya lo convierte automáticamente en cutre, con el añadido de que, efectivamente no estas en el consejo de ministros de la Moncloa si no que sigues en una habitación sórdida rodeado de una mayoría de bakalas mientras un yupi de tres al cuarto se hace el importante.

Tras esta presentación en la que narraba la historia de España de McDonalds, nuestros futuras tareas, y nuestros futuros salarios, el simpático muchacho nos dio a rellenar unos tests. En ellos tenías que responder que accederias a hacer en distintas situaciones trabajando en McDonalds. A estas alturas tuve que recordar el espiritú de Akim del Principe de Zamunda para no mandarle a tomar por culo y es que las preguntas del test eran impertinentes y ambiguas.

Entregué el test y dijo que si salía seleccionado me llamaría al día siguiente a la una de la tarde. No hubo llamada y por lo tanto, no hubo trabajo. Una lástima porque se ajustaba a mi horario y me daba dinero, un alivio por... bueno, por todo lo demás.

lunes, noviembre 02, 2009

Mind the shower

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NO QUEDA GEL.

Uno esta en pelotas, empapado y con champú en la cabeza y, oh, que bien, no queda gel. Y exprimes, aprietas el bote como si te fuera la vida en ello y nada, ni una sola gota. Es entonces cuando tu ingenio se dispara: Abres el bote y ese mínimo resto que queda y que jamás llega a caer, lo llenas de tres dedos de agua. Le das vueltas sutilmente, no vaya a ser que el tapón no cierre bien y desborde tu esperanza y entonces, te lo echas por encima para después exclamar un:

Pfff ¿en serio?

De pie y desamparado te encuentras con un bote completamente vacío y un escupitajo de gel en el cuerpo. Guiñas un ojo y miras dentro de la botella revisando hasta el último rincón. Nada. La suerte no parece haberte dado la espalda del todo y recuerdas que en el armario hay un bote. Uno lleno en concreto. Sales de la ducha y, con los pies en la alfombrilla, miras el suelo y piensas que al fin y al cabo, sería una pena inundarlo. Entonces empiezas a arrastrar la alfombrilla de la ducha con los dos pies apoyados y alternando un empujón del derecho, con otro del izquierdo, avanzando lo que debe ser medio centimetro por empujón.



Y si bien la alfombrilla se mueve muy poco, parece ser que otra cosa no esta tan de acuerdo y el efecto péndulo alcanza un nuevo significado.

Llegas al armario, te agachas a por el gel, te miras al espejo, te descojonas.

De nuevo en la ducha y habiendo sido generoso en la abundancia de gel por todo el cuerpo, sales y, oh, qué bien (bis), la toalla está colgada en la otra punta del baño. Repites la maniobra teniendo que recorrer aun más distancia cuando a mitad de camino oyes que alguien tira del pomo de la puerta. Durante esa fracción de segundo que no recuerdas si el pestillo estaba echado te ha dado tiempo a dar un paso para atrás con la alfombrilla y a taparte eso que pendulea.

Y es que tu casa nunca fue de esas en las que se ven en pelotas los unos a los otros.

La persona al otro lado de la puerta capta el mensaje y decide marcharse. Tu te has quedado a mitad de camino, a la altura del armario y, otra vez, a la altura del espejo.

- Fiuuuu, eso estuvo cerca - dices disparándote a ti mismo.

martes, octubre 27, 2009

Espíritu de supervivencia

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Abro la nevera con hambre sin saber que coger esperando aclararme con algún resto rápido que no necesite ser cocinado. Veo una botella de horchata. Cuando hay horchata en la nevera, no existe lugar a la duda, echo un tiento mientras sigo rebuscando alguna idea: lechugas, paquetes de salchichas, verduras, botes de distintas salsas...
Desisto mientras le doy el que debe ser el cuarto tiento a la botella de horchata. Suelto la botella, cierro la nevera y vuelvo a mi habitación con un buen sabor de boca pero con el estómago vacío.
Vuelvo a abrir la nevera diez minutos más tarde. Repito exáctamente el mismo procedimiento.

Pasan dos horas, he sacado a mi perro y vuelvo a casa con el estómago tan exigente que hasta me veo capaz de hacerme un bocadillo. Abro la nevera. Me encuentro un bol lleno de gambas.

- ¡¡¡SI!!!

Veo entonces la botella de horchata. La miro. Miro el bol de gambas. Cojo una que amenaza con soltar mucho jugo cuando le quite la cabeza. La suelto. Cojo la botella y la agito en el aire comprobando que, inexplicablemente, le debe quedar aún más de la mitad. Suelto la botella. Cierro la nevera.

Abro la nevera y le pego otro tiento a la botella de horchata. La paladeo mientras miro las gambas. Le doy otro trago, un tercero. Un cuarto. Suelto la botella.

- Me tenía que duchar de todas formas. Me ducho, me lavo los dientes y ya estaré dispuesto a comerme cuatro o cinco de estas.

Cierro la nevera.

Cenando gambas en la cocina le comento a mi madre que se ha acabado la horchata. Pero aún no está todo perdido...

martes, octubre 20, 2009

Algo que contar

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A punto de doblar una esquina, recordaba haber meado hace poco pero no recordaba, en cambio, haberme subido la bragueta. Doblo la esquina y veo a cinco metros a dos monjas que andan con la mirada fija hacia alante sin hablar una sola palabra entre ellas. Al no considerar apropiado el momento para llevarme la mano a la entrepierna para comprobar, prefiero esperar a que las monjas pasen y entonces descubrirlo. Pero no me hace falta esperar ya que nada más terminar de pensar esto, una de ellas clava su mirada en mi pantalón. Pillado.

- Anda que, tenían que haber sido unas monjas... Y encima con los calzoncillos estos de rayas y de botón, ¿Y si el botón está desabrochado? Un descuido lo tiene cualquiera, ¿no?. ¿Pueden las monjas echar mal de ojo?.

Al instante de dejar las monjas atrás, procedo a corroborar a través de la bragueta si los calzoncillos parecían menos blasfemos vistos desde fuera.

Pero la bragueta estaba subida.

Sigo andando hacia el bar. No me encuentro nada bien. A mi derecha veo un cartel en el que Fernando Alonso posa con un reloj Viceroy. Veo mi cara en el reflejo del cristal. Una monja me acaba de mirar el paquete y segundos después Fernando Alonso me pone morritos. Pienso en ello, vuelvo a mirar el cartel y vuelvo a ver mi cara reflejada.



Vuelvo a mirar mi bragueta. Sigue subida.

Me cruzo con mucha gente. Les veo y pienso: ¿irán a comprar pan?¿leche?¿cocaína?.
¿Quién vivirá más tiempo, este tipo o yo?¿Cuándo fue la última vez que este otro hecho un casquete? Dios, tiene cara de llevar mucho tiempo sin echar un polvo. ¿Habrá echado un casquete?. ¿Cómo es posible que este tipo me transmita la sensación de tener millones de periquitos en su casa? ¿Cómo es posible que alguien, por la forma de vestir, de andar y por su aspecto físico me llegue a reflejar que tiene millones de periquitos en su casa?
¿Seguro que tengo subida la bragueta?.

Despierto entonces de un letargo absurdo. Miro a mi alrededor y me doy cuenta que llevo un rato andando en dirección equivocada. Llego tarde y con mal cuerpo.

También empieza a hacer frio y creo que esto es bueno, porque siempre está bien tener algo que contar.

jueves, octubre 01, 2009

Takeshi's Battle

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¿Os acordais de Humor Amarillo? Sí, sí, ese programa que la gente no hacía más que reclamar que volviera para que en pocos meses se fuera a tomar por culo por bajas audiencias. Pues bien, en este programa existía la prueba del laberinto y en ella, el concursante tenía que cruzar este intentando no encontrarse con los dos malos malísimos que sigilosamente esperaban dentro para untar la cara de mierda a dicho concurstante. Otra dificultad que entrañaba la prueba era que la puerta de salida que uno se podía encontrar no era solo la valida, sino también una puerta trampa que daba a un charco lleno de barro y mierda a rebosar. En esta prueba existía un momento crítico en la vida del concursante, este consistía en que, una vez escuchados los gritos de las dos malas bestias que venían pisándole los talones para patearle el culo, el concursante abría la puerta que daba al charco de inmundicia.

- ¡Bien! entonces ahora mis opciones son o bien tirarme a esta cloaca que huele a ratas muertas, o que el calvo gigante y el pelirrojo mellao me cojan y traten de estrangularme con sus guantes bañados en queroseno.

Hace unos años (unos cuantos ya) un joven y fresco Curro recien aprobado selectividad, decidió escoger la carrera de Trabajo Social como primera opción para iniciarse en sus estudios universitarios. Oh joven Curro, menudo subnormal de las pelotas.

Años después sigo estancado en esta carrera con una sensación sofocante de no ser capaz de aprobar ni una sola asignatura más por una desmotivación tan brutal que me atasca en un pozo de mierda del que no puedo salir. ¿Aprobar las que me quedan de una puta vez, o tirar la toalla?, para el resto de la población humana una decisión guiada por la evidencia, ¿para mí? una decisión guiada porque no quiero que el calvo y el mellao me pateen el culo.

Con mi futuro tambaleándose más que una gelatina en la linea 6, mis motivaciones solo se rigen por el debo y no por el puedo. Me cuesta dormir, mi cabeza piensa rápido y las ganas de que me sigan preguntando '¿cuanto te falta?' gente que acabó hace años mientras sueltan un "puff" al escuchar mi respuesta, son las mismas ganas que tengo de vomitar azufre.

No deja de ser curioso que a pesar de todo, a esta carrera le deba prácticamente quien soy ahora. Me ha hecho encontrar por el camino a mis mejores amigos, uno de los cuales incentivó que me fuera a Londres conociendo allí a esa otra mitad de personas que rigen mi estabilidad para no volverme medio majareta un día de estos. Oh amigos, ¿qué cojjjj... me quedaría si no fuera por vosotros?

Y supongo que después de desahogarme de esta manera dormir será un poco más fácil. Siempre viene bien hablar sobre el monstruo que nos come cada día un poquito más el estomago y además, he hecho bastante tiempo con esta especie de redacción para el cole sobre como ves tu futuro.

viernes, septiembre 25, 2009

1,2,3 y...

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Llegando a mi habitación, noto una extraña sensación de frío que poco tiene que ver con la temperatura ambiente. Suelto la mochila, entro al baño, me aposento y al estirar el brazo para abrir el armario de las revistas, entiendo a que se debe esa sensación. En el lugar de la montaña de revistas de NBA, hay un pequeño catálogo de Ikea del que no me queda otro remedio que hojear.

Mi hermano Álex, en un constante empeño en darle la razón al ciclo de la vida, se ha ido de casa y se nota. Se nota bastante.

Desde hacía ya un tiempo, la diferencia en que mi hermano estuviera o no en casa venía siendo que la puerta de su habitación estuviera cerrada o abierta. Comía y cenaba en su habitación, veía la tele en el mismo, y es posible que de haber tenido un orinal y una nevera allí, nadie supiera si estaba en casa. Bajo estas circunstancias, el tiempo que quedaba para que se fuera no era sino una pura anécdota.

¿Y se nota bastante dices?

Sí, se nota. Y es que las relaciones con las personas tienden a cambiar sin necesidad de llevar una etiqueta de "mejor" o "peor". Estas simplemente son distintas y uno no puede hacer más que adaptarse. Y si bien no nos preguntábamos jamás "¿qué tal tu día?", bastaba con cruzarnos por el pasillo y que me palpara amablemente los testículos para saber que todo estaba en orden. Humor extraño el de los Gil.


conversación -tristemente- real entre mis dos hermanos. ENTRE MIS DOS HERMANOS MAYORES.

Y ganas de vomitar al mismo tiempo.

Me alegro que siga su camino, que tenga su propio espacio que tanto necesitaba y que en definitiva, esté contento, dándome cuenta que parte del malestar es la consciencia de haber puesto punto y final a una historia que ha acabado aquí, pero que se remonta a cuando desde pequeños jugábamos a las canicas, invocábamos a falsos espiritús haciendo la ouija, compartíamos equipo de baloncesto o simplemente, nos cruzábamos por el pasillo. Y es que lo que jode no es que las cosas se acaben, es hacerse conscientes de que estas lo han hecho.

lunes, agosto 17, 2009

Comentarios del director: ON

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Bajando las escaleras oigo el ruido de un tren que se va. Aprieto los dientes hasta que consigo ver el marcador: 14 minutos. Unos trece minutos y medio después y con el metro entrando en la estación, veo desde mi asiento a un tío que corre sonriente al ver como, quizá la suerte de haber cogido ese semáforo en verde, o esperar un rato más hasta atarse los cordones, ha merecido la pena.

Esa gente, inevitablemente, me cae mal. Las imagino en sus casas, terminando su última partida al Mario Kart acabándose un burrito que desborda guacamole y pollo por todos lados, mientras yo tatuo a fuego los cuadrados metálicos del asiento que se hacen incómodos por momentos.

/Me gusta escribir sobre historias cotidianas. Me gusta hablar de gente que me cae mal de una forma tonta e irracional. Me gusta imaginarme que es lo que estarían haciendo esas mismas personas momentos antes de odiarlas.

Tres paradas y un transbordo interminable me espera a sabiendas de que debo tomarlo con rapidez si no quiero perder el último tren. Ando lo más rápido que puedo y mientras lo hago me pregunto dos cosas:

1) ¿Por qué tengo la sensación de que en los transbordos, andes en la dirección que andes, el viento siempre te va a dar de lleno en la cara? (entendiendo por viento esa corriente tóxica que parece venir del tubo de escape de un autobús)

2) ¿Como hace la tía de alante para andar tan increiblemente rápido?

Sigo andando y las respuestas a mis preguntas parecen esfumarse tras el hipnótico movimiento de pélvis de la prima de Usain Bolt, mientras siento que el viento transgénico está pudriendo mis lentillas.

/Me gusta preguntarme cosas incluso sin la necesidad de que tengan que tener una respuesta. Me gusta sentir que lo que en principio parece un coñazo, es en realidad una buena historia que escribir.

Sofocado por el brutal ritmo que imponía la liebre, me encuentro ya a pocos pasos del andén al que segundos antes había decidido entrar con los ojos cerrados. Siento que así voy a tener más posibilidades de que el metro llegue antes porque, cerrando los ojos con fuerza y deseando que de verdad llegue pronto, tendré muchas más posibilidades de que esto asi ocurra.

Abro los ojos: el próximo trén va a efectuar su entrada en la estación

De ninguna manera oculté mi satisfacción en la expresión, y mi cara de soy el puto amo no pasó desapercibida ni para la liebre que esperaba en el andén de enfrente a su trén que llegaría en 10 minutos, ni para aquel chico que, sentado en el asiento de pequeños cuadraditos de metal, me miraba con una cara mezcla de aburrimiento, asco, y odio. Más allá de apartar mi mirada, le devolví esta con una mueca y un levantamiento de hombros.

Estoy completamente convencido que aquel chico pudo adivinar el significado de ese gesto como un: He tenido suerte ¡pero eh!, ten por seguro que no me estaba comiendo un burrito mientras jugaba al Mario Kart.


/Me gusta sentir que algo tan absurdo como apretar los ojos con fuerza pueda significar algo. Me gusta empatizar de una forma tan brutal con alguien sin que ni siquiera me dirija la palabra. Me gusta creer que se lo que la gente piensa con solo ver su mirada. Me gusta que me gusten esas cosas y me gusta que me apetezca escribirlas.

miércoles, agosto 05, 2009

Aj

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A veces se lleva bien, otras quizá un poco peor y otras simplemente se te pone mal cuerpo e intentas sonreir, responder rápido y cambiar pronto de tema para que no hurguen más en tu herida.

¿Qué tal en Londres? - preguntan por ahí

Es evidente, uno se va de vacaciones y bien sabe que a la vuelta le van a preguntar. Unas veces porque les interesa y otras porque es lo que se supone que deben hacer aunque en el fondo les importe una polla. Y el hecho de que refleje mi hostilidad a la vuelta de la semana en Londres, es sin embargo una buena señal. Es señal de que todo ha sido tan increible que enfrentarme a lo de siempre me pone mal cuerpo. Y es que la cola para entrar en un avión de vuelta a casa es de las peores cosas que le puede pasar a un ser humano cuando queriendo guardar recuerdos, se encuentra con españoles muy españoles, con caras muy españolas y contando chistes muy españoles. Y sí, creo que esto ya lo había escrito alguna otra vez, pero es que en serio, duele mucho más que una sola vez.

Trafalgar Square tiene una similitud gigante con la respuesta a esta pregunta: Uno puede decir "guay" "de puta madre" o "cojonudo" que va a destilar sabor a deshonesto por los cuatro costados. No pueden usarse las mismas palabras para explicar eso que las que puedan utilizar un adolescente de La Peseta al resumir que tal ha ido su rave en Alcorcón. SIMPLEMENTE NO SE PUEDE, COJONES.

Y es que existen ciertos lugares en el mundo con los que conectas de una forma distinta. Lugares que independientemente de lo bonitos que sean, el simplemente estar cerca de ellos te hace sentir mejor. Esto me ocurre a mi con Trafalgar Square en Londres. Ya hace dos años que dejé de vivir allí y las sensaciones que sentía al ver a toda esa gente de un lado a otro en la plaza sentado en las escaleras gigantes estaban alli esperándome. Entraron en mi cuerpo en forma de pelos de punta y sentí como incluso me preguntaban: 'Oye tío, ¿donde coño estabas?'.

- ¿Qué tal Trafalgar Square?
- Joe, de puta madre

una semana después

- ¿Qué te pareció Trafalgar entonces?
- Buéhj, una mierda en realidad. De hecho, la ciudad entera no me ha gustado en absoluto

Y duele, porque algunos tienen el rincón de su barrio, el bar del cuñado o el parque aquel de los columpios, pero yo siento que tengo ese sitio que no está ni siquiera en mi ciudad y al que miles de palomas cagan cada día.

Y bueno, esto así en caliente. Igual mañana eso el blog para algo más en plan "Querido diario" y no tanto como un escupidero.

viernes, julio 24, 2009

Curro Gil: 1984 -

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Con varias dósis de experiencia en cuanto a trastornos del sueño se refiere, uno ya sabe perfectamente que mezclar el calor, el cargo de conciencia y el cambio de biorritmos, no ayuda para nada a conciliar el sueño a horas decentes ni a hacerlo en paz cuando este llegue. Es por esto que al final ese uno ya no se escandaliza cuando ve el reloj avanzar por la madrugada sin que los párpados pesen ni un ápice, ni cuando acostarse en la cama con la luz apagada se convierte en un paripé necesario para que no quede esa cosa tan incómoda dentro de "deberías haberlo intentado".

Entonces ese uno, aprovechando la intimidad que desprende la madrugada, intenta encontrar cosas con las que sentirse cómplice sabiendo que esta potenciará esa sensación como lo haría dar un trago de agua después de correr durante 30 minutos al sol. Me puse otro capítulo de Six Feet Under (A Dos Metros Bajo Tierra) para hacer tiempo hasta encontrar esa cosa y lo curioso resultó que en el propio camino estaba la meta.

¿Esa es una serie de una familia de sepultureros, no?, me preguntaba Litos. Le respondía que sí y no mentía. De lo que me he dado cuenta es que lo verdaderamente importante de esta serie no es que sean sepultureros, sino que sean una familia. El hecho de que restauren cadaveres y dirigan una funeraria, no es más que un gancho para establecer un vínculo emocional que hace a uno sentirse parte de ella hasta unos níveles ridículos que, como te puedes imaginar, se potencian a las mil de la madrugada. Y es que pueden pasar capítulos y capítulos en los que la trama se quede estancada en una misma historia, pero acabas perdonándoselo porque de una forma extraña esa gente te importa. Esos putos locos forman parte de tu familia.

A mi me han engatusado, lo han hecho hasta el fondo, y es por eso que me encanta haberlos encontrado. Por cierto, la serie tambíén trata cosas de la muerte.

¿Y como era esto que se decía ahora? ¡Ah, si!: Un capítulo más y a dormir.

viernes, julio 17, 2009

Quizá sea posible

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Una vez más el despertador suena a las 7.26. Me levanto sorprendido por la vitalidad con la que me encuentro y voy pensando en ello de camino a la cocina. Vuelvo a derramar la leche y vuelvo a culpar a las legañas.

Salgo apresurado de camino a casa de los niños. Otro día más la luz del sol vuelve a cegarme pero no me impide ver a ese chico con el que me llevo cruzando regularmente desde que empecé a cuidar a los críos. De una forma extraña siento que cruzármelo ya no forma parte de un instante, sino de un proceso necesario para que el día transcurra con normalidad. Siento que si algún día no me lo cruzara mi día estaría incompleto, no de una forma irreperable pero sí como si hubiera salido de casa sin un calcetín o si hubiera recordado que me he dejado la luz del baño encendida. Cruzamos miradas serias, ninguno de los dos dice nada y nos limitamos a seguir nuestro camino con la sensación de que la rutina necesita de ciertos hábitos.

Llego a casa de los niños, un día más me espera el padre, me comenta el menú del día y en cuestión de dos minutos se despide de mi desde la puerta mientras yo acomodo mi culo en el sofá preparado para una sobredosis de dibujos animados a la que me empiezo a acostumbrar y a identificar. Ya con Javi y Pablo en el salón empieza la maratón: Bola de Dragón, Brandy y Mr Whiskers, Fineas y Pherb, Hannah Montana... Todo se sucede uno tras otro mientras ellos leen, hacen los deberes, se visten, se lavan los dientes y hacen sus camas sin que practicamente yo diriga una sola palabra. Recuerdo como yo mismo hacía un rato y antes de cruzarme con aquel chico, había salido de casa con la cama sin hacer y siento un inevitable bochorno que se mezcla con un orgullo casi fraternal hacia esos niños, a los que inevitablemente he acabado cogiendo cariño.

Pregunta: Cuanto dura de media la eyaculación másculina - suena en un concurso de la tele.

- Curro, ¿qué es eyacular?
- Emmmm, pues...
- ¿Tiene que ver con hacer el amor?
- Bueno...
- ¿Les pasa solo a los chicos o también a las chicas?
- Creo que esto es un tema que tu padre podría explicarte perfectamente o si no tu libro de conocimiento del medio.

Escabullirme de este tipo de cuestiones no ha sido nada sencillo y ha formado parte de un proceso tan natural como el de sentirme un anciano al darme cuenta que dos niños de 8 y 9 años no tienen consciencia de la peseta, no tienen ni puta idea de quienes son las Spice Girls o Miliki, o que ponen cara de oler un truño cuando les hablo de cierto juego de lucha llamdo Street Fighter. Y entonces, de verdad que no resultaban ostiables o repelentes según lo que has contado?, os preguntaréis.

- Curro!, no mires que me voy a cambiar ehhh... te voy a estar vigilando - me decía Javi señalando con dos dedos sus ojos y los míos
- Tranquilo hombre, no tengo especial interés
- Bueno, tampoco pasa nada, no hay nada que tu no tengas
- Eso es cierto
- Pues claro que sí - decía Pablo - una cola grande y con pelos a los lados

A la una de la tarde aprovechando el descanso mientras ellos iban a tenis y natación, compraba el pan en el indio de al lado de mi casa. Otro día más, a la misma hora, una barra. Una pistola que me esperaba ya metida en la bolsa y que me hacía sonreir al dármela sin que me dejara siquiera abrir la boca.

Se acabó el trabajillo y teniendo en cuenta los precedentes en la convivencia con niños, no ha podido ser más positivo ya no sólo por haber cobrado por ver Bola de Dragón, jugar a la Wii, bañarme en la piscina o echar unas canastas, sino también por haber conseguido que entrar en cierta rutina no me haya dado ganas de vomitar, sino que al contrario la haya aceptado con cierta esperanza.

lunes, julio 06, 2009

Beware of the kid

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Yo de pequeño era bastante tonto. Y no hablo del tonto inocentón infantil o del tonto que te suelta una chica cuando le haces un cumplido, nada de eso. Yo era tonto de cojones.

Recuerdo aquella vez en que viendo un álbum de fotos antiguas en una de esas reuniones familiares, hice provocar un ataque de risa a todo el que estaba alrededor que cualquier monologuista envidiaría: "Y una pregunta... ¿cuándo dejaron las personas de ser en blanco y negro?". Eso pregunté. El tonto inocentón infantil del que hablaba hubiera preguntado algo así como: "¿Las personas eran en blanco y negro, o son las fotos las que no tenían color?", pero no fue el caso y asumir, dar por hecho que no es la tecnología la que ha cambiado a lo largo de los años sino la pigmentación de la piel de las personas de una generación a otra, me convertía automáticamente en tonto de cojones.

A veces, en mis peores días, tengo la sensación de que ese niño tonto de los cojones todavía sigue conmigo. Me deprime no ser capaz de relativizar las cosas, no entender lo que leo (será el contexto - pienso), ver a gente a mi alrededor que con menos saca más.
Otras veces, en mis mejores días, esa sensación cambia y si bien puede que no tenga el talento, me convenzo de que desde luego tengo el deseo y que al fin y al cabo eso es lo que me va a mantener a flote, porque el talento sobra, lo que hace falta son las ganas.

Intento concentrarme para tener más cercana la sensación de mis mejores días, y es que aun con mis limitaciones, esa sensación me hace mirar hacia delante con esperanza y no agacharme y esconderme sin hacer nada que me produce esa otra sensación tan desagradable de mis peores días.

¿Una frase metáforica con la que acabaría el post?:
Puede que no sea el que más grande la tiene, pero haré lo que pueda por ser el que mejor folle.

lunes, junio 22, 2009

Updating

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El viernes pasado recibí una llamada desde Viena de mi amigo Gonzalo:

- Qué pasa, caballero
- ¡Hey! ¡Qué tal tío! ¿Cómo va por Viena?
- Pues bien, precisamente me dirijo ahora a un escenario a ver a Faith No More para luego ver a Nine Inch Nails y acabar el día con Metallica.

Cuando a mi una persona tiene los santos cojones de soltarme una frase de ese estilo, asi de sopetón, todo lo que a continuación no sea un insulto sonoro y profundo poco sentido tiene.

Con motivo de su ausencia en Madrid por la visita a este festival, accedí a sustituir a Gonzalo en su trabajo durante los tres días que no podría acudir. Este consistía en dar clases de informática e internet a nivel básico a unos ancianos durante un par de días y a un loco, una colombiana y dos - cito textualmente- "putos crios" otro.

Unas semanas antes y aun metido de lleno en las prácticas, mi hermana me preguntaba si estaría interesado en hacer de canguro (!!!) a dos niños del barrio durante un par de semanas. Después de haber tanteado el suicidio como una opción razonable tras los siete meses en las prácticas con los niños marroquíes, y con la imagen de canguro en mi cabeza de una tipa llamada Amber masticando chicle con la boca abierta, con una coleta a un lado y llevándose al novio a la habitación de los padres para 'pegarse el lote' sin quitarse la ropa mientras los niños destrozan la casa, las dudas sobre aceptar el trabajo eran más que considerables. Finalmente accedí.

Seis personas a lo sumo, una clase cerrada sin ventanas ni aire acondicionado y unos cuantos ordenadores despidiendo fuego, hacían que de primeras el panorama fuera poco alentador. A los quince minutos de la primera clase, y con los nervios ya liberados, me veía a mi mismo enseñando algo a personas que tendrían tantas cosas que enseñarme a mí, que convertía aquello en una curiosa paradoja. Y es que si ya se me hizo raro escuchar a principios de año que alguien me llamara 'profe', cuando ese alguien tiene más de setenta años la sensación de rareza se multiplica.

El siguiente día, al ver a mis alumnos por primera vez, recordaba las palabras de Gonzalo a modo de flashback: Hay un colgao que siempre va con mallas de ciclista a la clase y que se te queda mirando como esperando alguna respuesta. Dejé escapar una risotada al ver que lo de las mallas no era ninguna broma y que además lo acompañaba una camiseta de publicidad que podría pertenecer perfectamente a Borja de 'Que Vida Más Triste'. Tras la raquítica clase con el loco y la colombiana vinieron los "dos putos críos". Su edad era esa en la que una madre no debería seguir vistiéndote pero que aun así lo hace. Acabé la clase recomendándoles seriesyonkis.com entre otras paginas para ver series en streaming y, adelantándome a la pregunta, ninguna de ellas porno.

¿Lo de canguro? Dos semanas haciendo nada en un salón ajeno esperando que unos niños rubios con ojos azules y angélicales no metan el tenedor en la tostadora o el cepillo de dientes en el microondas, hacen que cobrar una miseria merezca la pena por poder costear las vacaciones fugaces que espero tener este verano. Referencias anteriores me comentan que mi mayor preocupación con ellos será que no me humillen demasiado cuando juguemos a la Wii.

Y ya está. Sí, este es el post. Porque a veces viene bien recuperar la idea original de un blog, que no es otra que contar novedades en tu día a día y conseguir que estas les puedan interesar a un completo desconocido porque, a pesar de no conocerte, ha sentido un consquilleo por saber que más te va a ocurrir. Algo así como haber encontrado un diario ajeno cerrado con un candado con forma de corazón en el que uno lee con la morbosa curiosidad de saber cuando va a hablar esa chica sobre sus relaciones sexuales o de sus peleas en el colegio.

Eso será en otro post.

miércoles, junio 10, 2009

Verde pistacho

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Entro en el cuarto de baño restregándome por todas las paredes del bar para mantenerme en pie. Llego al cuartito donde estaba el váter, y coincide el momento en el que empiezo a mear con el que suena esa canción que tanto me gusta. Siempre ocurre. Segundos después y con el agua del retrete aun burbujeando, se apaga la luz. Totalmente a oscuras empiezo a palpar la pared sintiéndome cada vez más desequilibrado y noto que el burbujeo ha cesado. No sabía muy bien si estaba meando en la pared del váter, en ese charco gigante que había en el suelo o si sencillamente me estaba meando en los pies. Seguí palpando la pared. Apoyé mi hombro contra esta y finalmente encontré ese interruptor magnético que tardó en responder. Se me escapó una risotada, miré hacia abajo y comprobé aliviado que donde estaba meando era en el suelo poniendo mi aportación a ese océano de inmundicia que si no fuera por lo asqueroso de su olor me provocaría simpatía.

A punto de llegar a las últimas sacudidas se dirigió a mí el tipo que había en el urinario de al lado y que no había visto aparecer:

- Quiero unos pistachos

- Bueno, bien. ¿Algún motivo en concreto?

- Sí, tío. Soy un personaje de tu historia y debo tener un deseo.

- Uau, eso si que no lo esperaba.¿Y no puedes ser simplemente el personaje que está meando a mi lado?

- Ese papel no me pertenece a mí. Yo soy un personaje influyente en tu historia... Acuérdate, lo dijo Robert McKee en Adaptation: "No puedes tener un personaje sin deseo, no tiene ningún puto sentido" Bien… mi deseo son unos pistachos

- Sabía que ese chupito sobraba…

- Bueno, que me dices: ¿me ayudas a encontrarlos?

Ya en la calle, mi producto de la imaginación y yo, nos dirigíamos a por esos pistachos. Andaba desgarbado, feliz de estar más cerca del objetivo de su existencia. No le importaba ser feo y gordo, ni trabajar barriendo el suelo para ese restaurante de mierda, o que lo único que se le diera bien en esa vida fuera encontrar diferentes opciones de pornografía en el satélite. Él lo único que quería en su vida era unos pistachos, y estaba a punto de conseguirlos.

- Y una cosa… ¿por qué unos pistachos?

- No te sigo

- Quiero decir, está bien tener un deseo. Algo por lo que luchar, algún tipo de meta a la que querer llegar para ser feliz, pero… ¿unos pistachos? No se referiría McKee a desear una mujer, o atracar un banco, o conquistar una ciudad a través de…

- ¿Y a mi que me cuentas? Yo soy producto de tu imaginación. Si estaba en ese bar en ese momento es por tu culpa. Si soy asi de feo, tengo esta puta mierda de trabajo o encuentro sexo con maduras a cualquier hora en cualquier canal, es todo porque tu lo has querido así.

- Pues si que soy imbécil, ¿no? ¿Qué tipo de juego puede dar alguien que lo que desea son unos pistachos? ¿Que clase de reflexión moral o simplemente graciosa o atractiva para el que lea esta historia puede surgir de alguien que lo único que quiere son unos pistachos?

- Ya estamos cerca de la tienda, pronto lo averiguaremos.

- ¿Y por qué no haber creado un superhéroe en un traje de la ostia que me da una escopeta con la que nos cargamos a todos los zombis que han resultado convertirse la gente que estaba en ese bar meado?

- Creo que me voy a meter siete pistachos en la boca sin siquiera quitarles la cáscara

- O… podía haber creado una tía con las tetas enormes que su único deseo fuera limpiar ese puto charco de pis, para después agradecérmelo en su deseo de hacerme una mamada.

- ¿Hace falta cuchillo y tenedor para comerse unos pistachos?


Entramos a la tienda de alimentación. Buscamos mi nuevo amigo y yo entre los pasillos aquella bolsa de frutos secos. Él porque los deseaba, ¿yo? pues como en las películas, para saber que cojones iba a pasar después. Encontramos la bolsa de pistachos, la dejo en el mostrador y mientras busco las monedas en mi cartera para pagar, notó clavada en mi cara la mirada de la dependienta:

- ¿PISTACHÍN?

Levanto la vista y ahí está ella. Con la misma cara de loca de siempre y llamándome de la misma forma de loca que me había llamado en su día.

- Ho… ho…

- ¿Qué compras? Jajaja


- Nada, nada, esto no era para mí, era para mi…

Miré hacia atrás y mi amigo feo, gordo, fracasado y explorador de porno via satélite, había desaparecido.

- Acabo el turno ahora, ¿me esperas y nos tomamos esta bolsa de pistachos... pistachín? - acto seguido me guiña un ojo.

- Dalo por hecho.


Fue entonces cuando noté una arcada subiendo de mi estomago hacia mi esófago. Aquello era sólo el principio de otro deseo mucho más atractivo: la venganza.

miércoles, junio 03, 2009

Dormir mola

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Con más frecuencia de la que me gustaría tengo pensamientos absurdos. El problema no es este, el problema es tener la necesidad de dejarlos plasmados en algún sitio. Algo así como no sólo tenerla pequeña, sino sentir la necesidad de hacerlo público a la mínima ocasión.


En una de estas pensaba yo en por qué, POR QUÉ dormir tiene que ser tan la ostia. Por qué madrugar es tan fácil pensándolo la noche antes, y es tan dificil cuando suena el despertador. Desarrollando mi pensamiento mientras me rascaba la cabeza acababa en la siguiente pregunta: ¿Qué pasaría si las personas no dumiéramos?

Jornadas laborales de 100 horas a la semana por lo que la economía se dispraría y la producción sería desorbitada con lo que los coches volarían y nuestra vida se parecería más a la de Futurama que lo que es ahora, poder ver partidos de la NBA sin cargo de conciencia, sustitución de la palabra "despertador" por la de "reloj de mesa", la no posibilidad de hacerte fan en Facebook de "a mi también me encanta dormir acompañado", "5 minutos más y me despierto" o "último capítulo y me voy a dormir", obesidad disparada al existir siete comidas diarias equilibrada en cambio en otros paises por el aumento de las relaciones intimas entre parejas, natalidad más pronunciada, viajes de jovenes al extranjero más frecuentes al no tener que alquilar hostales para dormir y poder hacer en tres días lo que harían en seis, mortalidad juvenil más pronunciada, natalidad más pronunciada, bienes hoy casi necesarios relegados a ser desconocidos: café, colchones, almohadas, etc. Y, probablemente la más importante de todas: inexistencia de la pajilla de antes de irse a dormir. De eso y de los somníferos.

Era ya tarde cuando tirado en la cama me tocaba poner el despertador por la mañana temprano para aprovechar el día desde bien pronto. ¿A qué hora sería eso?, empezaba entonces un diálogo conmigo mismo:

- Pues a ver, si quiero estar allí a las diez debería salir de aquí a las nueve por lo que me puedo levantar a las ocho y media.
- ¿Ocho y media? Bueno eso si no me ducho. - Tras olerme el sobaco - Joder, debería ducharme
- Una ducha rápida venga, ocho y cuarto.
- Ostia espera, tengo que buscar los apuntes de esta asignatura que a saber donde cojones están. Eso y sacar los tapers de la mochila. Venga a las ocho. A las ocho con dos cojones y así redondeo.

Pongo el despertador lejos para tener que levantarme para apagarlo. Me acuesto a las cuatro de la madrugada. Suena el despertador a las ocho de la mañana, me incorporo de un salto y empiezo, cuatro horas después, otra conversación:

- ¿QUÉ? ¿DON...? ¿CÓMO? ¿¿Qué pasa??
- ¿¿¿Que ya son las ocho??? ¿¿¿Qué puta broma es esta???
- Evitando olerme el sobaco - Bueno, lavarme el sobaco con jabón en vez de una ducha me puede dar quince minutos más de sueño.
- Ohjjj... sí, quince minutos.

Quince minutos después vuelve a sonar el despertador

- Ufffffffff, no puede seeeeeeeeer. Uffffffffggggnnnnnggggg.
- Aaaaaaaaaaaaaaaaaaajjjjjjjjjjjj.
- De todas formas, piénsalo Curro, de verdad te hacen falta quince minutos para buscar esos apuntes y sacar los tapers de tu mochila? Además, si no encuentras esos apuntes siempre puedes... buscar... otros.
- Sí, venga. Merece absolutamente la pena.

Quince minutos más tarde la habitación vuelve a vibrar alterada por ese puto sonido:

- Fuufffffffffffffffffff.
- Mierda.
- Mierda... me he quedado sin cosas que aplazar.
- Me tengo que levantar ya, lavarme los sobacos, buscar los apuntes y sacar los tapers de la mochila.
- Voy a hacer todo eso.
- Tengo que hacer todo eso.
- De todas formas ¿no era tan importante que fuera hasta allí a estas horas de la mañana no?

- Quiero decir...

Tres horas más tarde me despertaba con un sentimiento de culpa que no me cabía dentro del cuerpo. Nada más levantarme fui a darme una ducha para después sacar los tapers de la mochila y acabar encontrando los apuntes que resultaban estar encima de la mesa.

Y siento que este post podría ser algo así como el resumen de mi vida, y decir eso cuando la única foto que he subido es una de Boris Izaguirre me asusta.

Me asusta mucho.