En mi casa, para ir de mi habitación a la cocina, tengo que pasar por el salón. Pocas cosas pueden hacer interrumpir mi paso cuando voy a por un yogurt de fresa. Algo lo ha conseguido esta vez, extraño teniendo en cuenta que ese algo venía de la tele. Cuando me he querido dar cuenta estaba volviendo sobre mis pasos, del salón hacia la habitación, porque sentía que el viaje ya había merecido la pena sin necesidad de abrir la nevera. En la tele: LA ESCOBA RECOGELOTODO.
Si y SI, por fín un teletienda que me hace recuperar la fe de aquellos días en los que Ovideo, entre saltos, nos anunciaba las plantillas para los pies, o en el que Martín Godián, ilustre médico, nos recordaba como el Slenderton llegaba no a miles, sino a millones de terminaciones nerviosas en nuestro cuerpo.
Debido a que el formato de los teletiendas son todos muy parecidos entre sí, resulta muy fino el hilo que separa un buen teletienda, de un teletienda mediocre. Así pues el mix presentador-producto juega un papel fundamental en estos anuncios de la vida real.
Puesto este producto tan jodidamente atractivo sobre la mesa, faltaba el otro factor determinante, el presentador: gordo, con ojeras y aburrido de si mismo… ese hombre nos enseñaba como la escoba recogelotodo llegaba a los rincones más complicados del hogar pulsando tan solo un botón. Impagable el momento en el que tenía que elevar la voz hasta el punto de gritar cuando le daba al botón para que se le oyera o como cuando barría se daba golpes en el micrófono haciendo de esta forma inútiles sus gritos.
- Y da igual moqueta, alfombra, parqué… sobre todas las superficies es efectiva nuestra escoba!
Que grande. Y mientras aquí sigo yo, con aún la resaca de lo que acabo de ver y una maleta sin terminar de hacer en mi espalda. Y es que mañana me voy un fin de semana a Barcelona casi de rebote aprovechando un hueco vacío en el coche de unas amigas que han tenido la equivocada idea de ajuntarme. Todo sea para que la gasolina les salga más barata. Je!.
Rellenando mi tiempo como buenamente puedo hace unos días un amigo me facilitó esta tarea dándome la solución para que jugar al Guitar Hero no conlleve pegarme un viaje de más de media hora hasta casa de Manolo.

A falta de videoconsola, el Guitar Zero emula la version de este gran juego para ordenador. Pero que cutre jugar con el teclado, ¿no? – pensarás tú. Pues sí, así sería sino fuera porque el teclado emula la guitarra, y cuando juegas al Guitar Zero, más allá de colocarte como si fueras a charlar por el Messenger, tienes que coger el teclado como si de una guitarra se tratara, siendo las efes las teclas, y el enter la “cuerda”.
Y ya está. Horas de perdición delante del ordenador creando conflictivas caras de extrañeza cuando entra alguien a mi habitación y me ve con el teclado en la mano como si lo estuviera meciendo…
En fín, merece la pena parecer un loco.
Hasta la vuelta.